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Algo apretaba su pecho desde que había despertado, sus manos se apretaron en el volante, fijó su mirada mientras esperaba que el semáforo estuviese en partida, aceleró en parada haciendo rugir el motor. Tomó aire y en cuánto el semáforo mostró la luz de partida, salió de su lugar comenzando la carrera. Checo no salía de los primeros puestos, salía del quinto por lo que en la vuelta número 25 recién se percató que su compañero venía detrás de él, una sonrisa se formó en su rostro.
Vuelta número 30, la molestia en su pecho no se quitaba, miró por el retrovisor y fue ver todo en cámara lenta, O'Con chocaba a Checo por detrás haciendo que esté se desviará chocando con las ruedas delanteras los neumáticos que estaban fuera de pista vio el auto de Checo dar tres vueltas de campanas quedando boca abajo en el piso de ruedas, frenó en seco, agradecía que no viniese nadie más cerca de él.
—Max ¿Qué mierda haces?
—Checo
—Max, sigue la carrera.
No escuchó la voz de GP, ya que de fondo escuchaba a Horner gritar a Checo, sabía que no le estaba respondiendo, algo estaba mal, muy mal. Estacionó el monoplaza como pudo sin importarle nada, bajo de este para comenzar a correr dónde estaba el auto dado vuelta, vio a Charles corriendo de igual manera, quitó su casco para tirarlo por la vía al igual que la banda de seguridad dejando que el viento golpeará su rostro, haciéndole saber que aquello era una realidad. Saltó una rueda para empezar a saltar las demás.
Safety Car aún no llegaba y en su mente maldecía por cada segundo que pasaba, llegó hasta dónde estaba el monoplaza.
—¡Hay que darlo vuelta, Charles!
—No vamos a poder solos, Max.
Miro a su alrededor.
—¡Mierda de Safety Car!
—¡Charles, Max!
Fernando, Lance, Lewis, Logan venían a su encuentro. Max pudo respirar un poco.
—¡Hay que dar vuelta el monoplaza! -grito-
Los pilotos se apuraron para ir en ayuda, en cuanto Fernando terminó la cuenta regresiva dieron la vuelta el monoplaza de Checo, se acercó para revisar a su compañero, se encontraba con el casco partido y se notaba que había una herida en su frente, con sus manos temblorosas comenzó a desabrochar cada cinturón para poder sacarlo rápido de allí, sacó su comunicador, el sistema al menos seguía funcionando.
—¿Checo?
—Chris, manda una ambulancia o que se apresure Safety Car, Checo tiene el casco partido y le veo sangre, está herido, veo mucha sangre.
—Tranquilo Max, si puedes sacarlo...
No hubo que decir dos veces, ya que quitó el casco del mexicano para pasárselo a Alonso, le pidió ayuda a Charles y rápidamente lo sacó del auto para empezar a correr hacia dónde comenzaba a bajar el personal médico y Safety Car, colocó a Checo en la camilla mientras veía como el personal médico comenzaba a gritar cosas que en ese momento no entendía
"Pulso en 0"
"No está respondiendo"
"Herida de gravedad en el abdomen"
"Cabeza. Herida"
Miró hacia abajo dónde estaban sus manos, temblaba, manchadas de un rojo carmesí. ¿Así terminaría todo? ¿Ya no habría sonrisas, ni abrazos, ni besos ni nada? ¿Ningún te amo pronunciado en español? Tenía un dolor en su garganta, carraspeó pero entonces sintió sus mejillas mojadas ¿Estaba llorando? ¿Cuándo había comenzado a temblar? Max se quedó paralizado al escuchar esas palabras, todo a su alrededor parecía desvanecerse en un murmullo lejano. Los sonidos de los médicos trabajando febrilmente, las luces intermitentes del Safety Car, el eco de los motores que aún rugían en la pista… todo se mezclaba en un torbellino de emociones que lo ahogaba. Miro a su lado cuando sintió una mano en su hombro, fue entonces que sintió que su mundo comenzaba a ceder, agradecía al cielo que Charles estuviese ahí porque pudo esconderse en su hombro y llorar, gritar y maldecir a todo aquel que fuese dueño de la vida y el destino. Checo estaba inconsciente y él no iba a poder decirle que quería pasar lo que quedaba de vida con él, que compraran una casa en el fin del mundo para ir a vivir.
No iba a poder decirle que lo amaba desde que tenía 17 años y había sido el único piloto en sonreírle y darle su apoyo en ese mundo de velocidad sin piedad.
—Max —la voz de Lewis sonaba más suave ahora, llegando a su lado—, lo van a llevar al hospital. Nosotros también iremos allí. Estará en buenas manos.
Pero esas palabras no eran suficientes para calmar la tormenta que se agitaba en su pecho. Max asintió débilmente, sentía la mirada de todos los pilotos sobre él, pero ninguna palabra de consuelo podría aliviar el dolor y la culpa que sentía en ese momento. La carrera había dejado de importar. Lo único que importaba ahora era que Checo sobreviviera.
Max no sabía cuánto tiempo había pasado cuando finalmente sintió que alguien lo estaba guiando hacia un auto que lo llevaría al hospital. Todo se movía a su alrededor, pero en su mente solo había una imagen: la de Checo, con su casco partido, desvanecido en sus brazos. Un nudo en la garganta amenazaba con ahogarlo, pero no podía permitirse derrumbarse ahora. No mientras Checo luchaba por su vida.
El trayecto hacia el hospital se sintió interminable. Max, sentado en el asiento trasero del coche, apenas era consciente del movimiento a su alrededor. Sus pensamientos se arremolinaban, repasando una y otra vez las imágenes del accidente, buscando algo que hubiera podido hacer para evitarlo. ¿Podría haber reaccionado más rápido? ¿Debería haber intentado bloquear a Ocon? La culpa le pesaba en el pecho, cada pensamiento era un golpe a su espíritu.
El auto se detuvo abruptamente frente al hospital, y la puerta se abrió. Max salió sin decir una palabra, sus pasos rápidos y decididos lo llevaban hacia la entrada, aunque por dentro se sentía desmoronarse. Horner y algunos miembros del equipo ya estaban allí, sus rostros marcados por la preocupación, pero Max apenas los notó. Todo su enfoque estaba en llegar a donde tenían a Checo.
Un enfermero lo guio a través de los pasillos hasta la sala de emergencias. Afuera, el equipo médico trabajaba a toda prisa, las puertas de la sala oscilaban mientras entraban y salían, pero lo que ocurría dentro era un misterio. Max quería entrar, exigir respuestas, pero una enfermera lo detuvo.
—No puede pasar, señor. Estamos haciendo todo lo posible, pero necesita esperar aquí.
Max asintió, aunque cada fibra de su ser quería luchar contra esas palabras. Quería estar al lado de su amigo, asegurarse de que no estuviera solo. Pero al final, solo pudo quedarse allí, de pie, con la mirada fija en las puertas cerradas, esperando alguna noticia, cualquier cosa que pudiera darle un rayo de esperanza.
Horner se acercó a él, poniendo una mano en su hombro.
—Max, sé que es difícil, pero debes mantener la calma. Ellos están haciendo su trabajo.
—Lo sé —respondió Max en un susurro—. Pero no puedo dejar de pensar que esto es culpa mía. Yo debería haberlo protegido. Debería de haberme adelantado en la vuelta 28
—No es tu culpa, Max —Horner habló con firmeza—. Los accidentes ocurren, especialmente en este deporte. Checo lo sabe, tú lo sabes. Ahora lo importante es que él reciba la mejor atención posible, y confío en que lo está haciendo.
Las palabras de Horner resonaban en su mente, pero no lograban apaciguar el torbellino de emociones que sentía. Max se pasó las manos por el rostro, tratando de calmarse, pero era inútil. El silencio y la espera eran insoportables.
Finalmente, después de lo que parecieron horas, un médico salió de la sala de emergencias. Todos se giraron hacia él, las miradas cargadas de expectativa y temor.
—¿Cómo está? —preguntó Max, su voz temblando ligeramente.
El médico lo miró con seriedad antes de hablar.
—Ha sido una situación crítica, pero logramos estabilizarlo. Tiene varias lesiones graves, incluyendo una contusión en la cabeza y una herida profunda en el abdomen. Lo estamos preparando para cirugía ahora mismo. Los próximos minutos serán cruciales.
Max sintió que el suelo se movía bajo sus pies, pero se obligó a mantenerse en pie. Al menos Checo seguía luchando. Eso era algo.
—¿Puedo verlo antes de que lo lleven a cirugía? —pidió, casi rogando.
El médico dudó por un momento antes de asentir.
—Solo por un momento. Ven conmigo.
Max lo siguió rápidamente, pasando por las puertas que lo habían mantenido alejado de su amigo. Al entrar en la sala, vio a Checo en la camilla, rodeado de tubos y máquinas que monitoreaban cada aspecto de su condición. Su rostro, normalmente tan vivaz, estaba pálido y cubierto de vendas. El casco roto había sido dejado a un lado, y la herida en su frente estaba cubierta por un vendaje grueso.
Max se acercó despacio, con el corazón en un puño. Tomó la mano de Checo con cuidado, como si temiera lastimarlo aún más.
—Checo, sé que puedes escucharme —dijo en voz baja, su garganta apretada—. Tienes que salir de esta, ¿de acuerdo? Tienes que pelear. No puedo… no puedo imaginar esto sin ti. Eres el mejor compañero que he tenido, y te necesito aquí. Todos te necesitamos aquí.
Max apretó la mano de Checo, deseando con todas sus fuerzas que pudiera sentir su presencia, que supiera que no estaba solo. Los segundos pasaron lentamente, y aunque no hubo respuesta, Max sintió una calma momentánea al estar allí, a su lado.
Finalmente, uno de los enfermeros se acercó para indicarle que era hora de llevar a Checo a cirugía. Max soltó su mano con dificultad, sus ojos siguiendo la camilla hasta que desapareció por otra puerta.
Quedó solo en la sala, el eco de sus palabras flotando en el aire. Se apoyó contra la pared, sintiéndose más solo y vulnerable que nunca. Pero sabía que debía mantenerse fuerte, por Checo y por el equipo. Afuera, en el pasillo, todos esperaban con la misma ansiedad, compartiendo la misma preocupación.
20 pilotos se encontraban en el hospital más Sebastián Vettel y Nico Rosberg, Ocon se notaba bastante afectado, Max intentó irse a puños con el francés si no hubiese sido porque Carlos le detuvo en el momento exacto y es que no quería ver a Esteban allí, sabía que no tenía la culpa pero en su dolor no pensaba aquello.
—La operación salió bien -murmuró el médico cuando terminó, saliendo a la sala para darles las noticias a Horner y a Helmut Marko- deberá quedarse hospitalizado por la contusión ya que aún no sabemos cuando despertará.
La noticia del médico trajo un suspiro colectivo de alivio entre los pilotos y el personal que esperaba. Sin embargo, el alivio fue breve. Max, que había estado luchando por mantener la compostura, sintió una nueva oleada de emociones cuando escuchó las palabras "aún no sabemos cuándo despertará". Era un pequeño rayo de esperanza, pero también un recordatorio de lo delicada que era la situación.
Max no podía quedarse quieto. Se levantó de su asiento y comenzó a caminar de un lado a otro, sintiendo la mirada de todos sobre él. El León holandés estaba enjaulado, sabía que estaban tan preocupados como él, pero no podía encontrar consuelo en eso. Cada minuto que pasaba sin que Checo despertara era una tortura.
—Max, deberías descansar un poco —dijo Sebastian Vettel, acercándose a él con una mano en su hombro—. Has estado aquí todo el tiempo, y esto va a ser una larga espera.
—No puedo —respondió Max, sacudiendo la cabeza—. No puedo descansar hasta saber que Checo va a estar bien. No puedo.
Vettel lo miró con empatía, entendiendo el peso que Max llevaba sobre sus hombros. El ambiente en la sala de espera era tenso, cada piloto lidiando con sus propias emociones. Ocón, que había estado sentado en silencio, se levantó lentamente y se dirigió hacia Max. Su rostro estaba marcado por la culpa y la preocupación, y aunque dudaba, sabía que tenía que hablar.
—Max… lo siento mucho. Yo… nunca quise que esto pasara. —La voz de Ocón estaba cargada de remordimiento, sus palabras sinceras pero llenas de dolor.
Max se detuvo en seco, sus ojos oscuros fijándose en los de Ocón. Por un momento, pareció que las palabras de Ocón habían pasado desapercibidas, pero luego Max respiró hondo, tratando de controlar la ira y el dolor que aún sentía.
—Lo sé, Esteban —dijo finalmente, con la voz tensa—. Sé que no fue tu intención, pero eso no hace que sea más fácil. Solo quiero que Checo esté bien.
Ocón asintió, sabiendo que no había nada más que pudiera decir para aliviar el dolor de Max. Se alejó lentamente, dándole espacio, mientras Carlos y Vettel permanecían cerca de Max, listos para intervenir si las cosas volvían a calentarse.
La sala volvió a sumirse en el silencio, interrumpido solo por el ocasional sonido de pasos y murmullos a lo lejos. Horner y Helmut Marko continuaban hablando en voz baja con el médico, tratando de entender todos los detalles de la situación de Checo, mientras los demás pilotos intentaban encontrar maneras de lidiar con la incertidumbre.
Pasaron varias horas, y aunque la mayoría de los pilotos permanecieron en el hospital, algunos comenzaron a marcharse, sabiendo que la espera sería larga. Sin embargo, Max no se movió de su lugar. Horner le había ofrecido ir a un hotel cercano, descansar un poco, pero Max se negó. No iba a dejar el hospital hasta saber que Checo estaba fuera de peligro.
Finalmente, ya bien entrada la noche, el médico volvió a salir, esta vez con una expresión algo más relajada.
—El estado de Checo es estable por ahora, pero aún no ha recuperado la consciencia. Hemos hecho todo lo posible para tratar sus heridas y lo estamos monitorizando de cerca. Los próximos días serán cruciales, pero soy optimista. Ahora lo trasladaremos a la UCI, donde estará bajo observación constante.
Max sintió que una pequeña parte del peso en su pecho se aliviaba. Sabía que aún no estaba fuera de peligro, pero escuchar que su estado era estable era lo mejor que había oído en todo el día.
—¿Puedo verlo? —preguntó, casi con timidez, como si temiera la respuesta.
El médico asintió.
—Solo por un momento, y uno a la vez. Está muy débil, así que no queremos agitarlo. Puedes ir cuando estés listo.
Max se volvió hacia Horner, quien asintió en silencio, dándole el permiso que necesitaba. Caminó hacia la sala donde habían trasladado a Checo, sintiendo cada paso como si fuera más pesado que el anterior. Al entrar, vio a su amigo conectado a varias máquinas, su respiración controlada por un respirador, pero aunque estaba cubierto de vendajes, había un leve color en su rostro.
Max se acercó a la cama, tomando una vez más la mano de Checo. La frialdad que había sentido antes había desaparecido, reemplazada por un calor que le dio un poco de esperanza.
—Checo, estoy aquí. Todos estamos aquí, esperando a que despiertes —susurró, sus palabras llenas de una promesa silenciosa—. Tómate tu tiempo, pero vuelve. Tenemos muchas más carreras que correr juntos. Debo decirte cuanto te amo.
Max se quedó allí, en silencio, durante lo que parecieron horas, aferrado a la esperanza de que Checo escuchara sus palabras, de que supiera que no estaba solo. Y aunque no hubo respuesta, Max decidió que no se movería de allí. No hasta que Checo abriera los ojos.
Tres días habían pasado desde ese fatídico día, Sergio Pérez seguía en esa camilla sin despertar y Max Verstappen comenzaba a desesperarse, le había rogado a Horner que lo dejará con él aquellos tres días, que Sergio despertaría, pero no lo hacía. Helmut lo había amenazado. O volvía o lo sacaba de las carreras por lo que quedaba de temporada y sin derecho a reclamo, no podían estar rogándole por algo que era su trabajo.
Acomodó su mochila en su hombro mientras miraba al moreno, no quería irse, no quería dejarlo.
—Estará bien, Max -murmuró Alice- cualquier cosa te avisaremos con Jo.
—Solo…no lo dejen solo, por favor, no quiero que se despierte sin ver rostros conocidos a su alrededor
Alice asintió, tomó aire y se colocó de pie para regalarle un beso en la frente a su mexicano, cerró los ojos para poder juntar sus frentes.
—Por favor, no me dejes -murmuró el rubio- pronto volveré por ti ¿Sí?
Max se quedó un momento más, con la frente apoyada en la de Checo, susurrando esas últimas palabras como si al decirlas en voz alta pudiera hacerlas realidad. Sentía que cada segundo que pasaba lejos de su compañero era una eternidad, pero sabía que no tenía más opciones. Helmut había sido claro, y aunque la idea de dejar a Checo en ese estado lo destrozaba, sabía que tenía un deber que cumplir.
Finalmente, se apartó, sus ojos llenos de una mezcla de tristeza y determinación. Miró una vez más al hombre que había sido su aliado en tantas batallas en la pista, y aunque no quería admitirlo, el miedo de que Checo no despertara nunca lo atormentaba.
—Volveré pronto, Checo —repitió en voz baja, más para sí mismo que para su amigo. Luego se giró y salió de la habitación, sintiendo como si dejara una parte de su corazón atrás.
Alice lo observó mientras se alejaba, compartiendo su dolor. Sabía lo importante que era esa relación para ambos, y lo difícil que era para Max tener que alejarse en un momento tan crítico. Cuando la puerta se cerró detrás de él, volvió su atención a Sergio, sentándose nuevamente a su lado.
—Escuchaste a Max, ¿verdad? —dijo en voz baja, acariciando la mano de Checo—. Tienes que volver, por todos nosotros. Pero sobre todo, por ti. No puedes dejar que todo termine así. Tu familia llegará pronto y no querrás que tus hijos te vean así.
Max estaba de vuelta en la pista, pero su mente no podía concentrarse. Cada vez que subía al monoplaza, lo hacía con el corazón dividido. Aunque su cuerpo estaba allí, su mente seguía en esa habitación de hospital, junto a Checo. Cada giro, cada aceleración, le recordaba a su compañero, y aunque intentaba dar lo mejor de sí, todos notaban que no era el mismo.
La sesión del viernes y sábado continuaron, pero Max no podía dejar de preocuparse. Cada llamada que recibía entre sesión le hacía contener la respiración, temiendo lo peor, pero siempre eran actualizaciones similares: no había cambios en la condición de Checo. Max se había convertido en una sombra de sí mismo, haciendo lo necesario para cumplir con sus obligaciones, pero sin el fuego que lo caracterizaba. El león estaba atado
Finalmente, el domingo mientras Max se preparaba para la carrera de Mónaco, su teléfono sonó. Era Alice.
—Alice -murmuró con preocupación- ¿Sucedió algo? ¿Le paso algo a Checo? ¿Despertó?
Silencio en la línea, una suave risa se hizo presente.
—Leoncito…
—Checo… —dijo, su voz quebrándose mientras miraba a Charles quién se acercaba rápidamente hacía él la verlo en ese estado, sentía que en cualquier momento se iba a desmayar, Lando lo tomó del brazo antes que pasará algo más, sus ojos nublados en lágrimas, su labio inferior temblando— Pensé que te había perdido.
—Tardaría más en deshacerme de ti, Max que tú de mí. —bromeó, el mexicano en un tono dulce.
Max soltó una carcajada, una risa que era mitad alivio y mitad pura felicidad. No importaba lo que había pasado, no importaban las cicatrices que ambos llevarían después de esto. Lo único que importaba en ese momento era que su amigo, su compañero, el amor de su vida había vuelto.
—Nunca más me asustes así —dijo Max, mirando a los pilotos que empezaban agruparse a su alrededor—. Tenemos muchas más carreras por delante, y no pienso correrlas sin ti.
—Claro que sí, amor —Max no sabía que significaba esa palabra dicha en español pero había sido un parche curita para su herido corazón- solo que ahora tu debes correr en Mónaco ¿Bien? ¿Me prometes que lo harás? Alice ya me contó que no querías hacerlo.
—¡Lo haré! —Bajó un poco la voz al darse cuenta de que casi lo había gritado— lo haré, lo prometo y te dedicaré ese premio.
—Ese es mi campeón, no te dejes derrotar, Max. —Murmuró Checo en un tono más alegre, Max cerró los ojos mientras lo imaginaba acostado en la cama viendo la televisión- y dile a los demás que no sean chismosos, que los estoy viendo que están alrededor tuyo.
—Lo haré, Checo —respondió Max con firmeza, sintiendo que su voz se llenaba de una nueva determinación—. Dice Checo que no sean chismosos, sí Russell empezando por ti
Los pilotos que se habían reunido alrededor de Max soltaron algunas risas al escuchar la última broma de Checo, aliviados al ver que el mexicano seguía siendo el mismo, a pesar de todo lo que había pasado. Lando le dio una palmada en la espalda a Max, mientras Charles esbozaba una sonrisa tranquila, ambos aliviados por la mejora de su amigo.
—Dile a Checo que aquí estamos todos apoyándolo —dijo Charles con una sonrisa cálida—. Y que estamos esperando verlo en la pista pronto.
Max asintió, transmitiendo el mensaje a Checo, quien rio suavemente al otro lado de la línea, colocó su celular en altavoz para que pudiesen escuchar el último mensaje del tapatío.
—Gracias, Charles, y a todos ustedes. —La voz de checo sonaba cansada pero llena de gratitud—. No veo la hora de volver a la pista, pero por ahora, me conformaré con ver a Max llevarse la victoria en Mónaco.
—Y lo haré, Checo —repitió Max, con más confianza que antes—. Ahora descansa, ¿sí? Nos veremos pronto.
—Eso haré, leoncito. Cuídate y recuerda que estaré viendo cada movimiento tuyo en la pista. No me falles.
—Nunca te fallaré —dijo Max, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza al escuchar esas palabras. Sabía que esta carrera no sería como cualquier otra. Iba a correr con una motivación más grande que nunca, con Checo en su mente y en su corazón.
Cuando colgó, Max se tomó un momento para absorber todo lo que había pasado. Miró a su alrededor, viendo las caras de sus compañeros de equipo, de los otros pilotos, todos ellos con una mezcla de alivio y apoyo en sus expresiones. Sabía que no estaba solo en esto, y eso le dio una fuerza renovada.
—Bueno, vayan preparándose porque tengo una carrera que ganar y pasar 19 pilotos hasta llegar a puesto número 1 -murmuró el Holandés al recordar su pésima Qualy y como debía comenzar el último puesto-
—Ay no, ya temo por nuestras vidas -murmuró Yuki- la realidad de Max va a estar bien alterada.
Una carcajada colectiva se escuchó por el lugar, los comisarios comenzaron a llamarles para poder comenzar el desfile, Max se limpió rápidamente las lágrimas de sus mejillas mientras era abrazado por los hombros por Fernando quién sonreía feliz, la alegría había vuelto al paddock.
Cuando la carrera comenzó, Max se sintió más concentrado que nunca. Cada vuelta en el circuito fue ejecutada con precisión, cada movimiento calculado. No era solo una carrera para él; era una promesa que había hecho, una promesa que estaba decidido a cumplir.
Cuando finalmente cruzó la línea de meta, primero, el rugido de la multitud fue ensordecedor. Max al salir de su monoplaza levantó los brazos en señal de victoria, pero en su mente, solo había una persona a la que quería dedicar ese momento.
—Max, hiciste una carrera genial luego de un desastroso día de qualy ¿Algo que agregar respecto a esto?
—Fue una carrera muy buen a decir verdad —Comentó con una pequeña sonrisa en sus labios— no soy muy bueno en los circuitos callejeros y por un momento pensé que quedaríamos entre los siete primeros, no con la victoria
—¿A que se debe esto? —Comentó Rosberg con una sonrisa, ya sabía el por qué, Checo le había enviado un mensaje hace una hora atrás que lo hizo gritar de felicidad en su lugar—
—Max se encogió de hombro —Le prometí a alguien que lo ganaría, así que Checo me debes algo cuando salgas del hospital porque gané nuestra carrera.
El público estalló en aplausos y vítores cuando Max mencionó a Checo, y el ambiente en el circuito se llenó de una mezcla de emoción y camaradería. Nico Rosberg sonrió ampliamente, sabiendo que esa declaración era más que una simple broma entre compañeros; era un testimonio del profundo amor y conexión que existía entre los dos pilotos.
—Vaya, Max —dijo Nico, con un tono de complicidad—. Parece que Checo te motivó más que cualquier otra cosa hoy. ¿Algo que quieras decirle mientras se recupera?
Max tomó un segundo para responder, su mirada se suavizó, y aunque seguía con esa sonrisa que tanto lo caracterizaba, había un destello de sinceridad en sus ojos.
—Checo, sé que estás viendo esto —comenzó, hablando directamente a la cámara—. Quiero que sepas que hoy corrí con todo lo que tenía, no solo por mí, sino por ti. Este trofeo es tan tuyo como mío. Recupérate pronto, pecas, porque aún tenemos muchas más carreras que ganar juntos.
El público volvió a estallar en vítores, y algunos de los otros pilotos que estaban cerca se acercaron para felicitar a Max. Se podía sentir la unión y el respeto que había en el paddock, no solo por la victoria de Max, sino por lo que esa victoria significaba.
Mientras Max levantaba el trofeo en el podio, su mente seguía en ese hospital, con Checo. Sabía que su amigo estaría sonriendo, quizás soltando algún comentario sarcástico sobre cómo podría haberlo hecho mejor, pero también sabía que estaría orgulloso.
Después de la ceremonia, mientras caminaba hacia los pits, Max revisó su teléfono. No esperaba mensajes, pero algo en su interior lo impulsó a hacerlo. Y ahí estaba, una notificación de un mensaje de Alice.
"Está viendo la carrera desde la cama. Dice que hiciste un buen trabajo, leoncito."
Max soltó una risa al leerlo, sintiendo una ola de alivio y felicidad. No pudo evitar contestar rápidamente.
"Dile que lo espero en la próxima. Ya no tiene excusas para perder."
Guardó el teléfono y, por primera vez en semanas, sintió que todo estaba en su lugar. La temporada continuaría, las carreras seguirían siendo desafiantes, pero hoy había ganado algo más que un trofeo: había recuperado al amor de su vida, y con él, la certeza de que, pase lo que pase, siempre tendrían el uno al otro.
Al final del día, mientras el sol se ponía sobre el circuito de Mónaco, Max se permitió un momento para reflexionar. La carretera por delante aún era larga y llena de incertidumbres, pero sabía que con Checo a su lado, podían enfrentar cualquier cosa.
Y con esa certeza, Max se dirigió al próximo desafío, con el corazón lleno de determinación y la promesa de que siempre daría lo mejor de sí, no solo por él mismo, sino por aquel que había demostrado ser más que un compañero de equipo: Un aliado en las curvas más difíciles de la vida.
Quizá pronto podría llamarlo su pareja. Y tener siete hijos como lo tenía planeado desde que lo había conocido.
