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Después de todo soy yo

Summary:

Al llegar a Isla Ballena volvió a estudiar, porque al parecer irse de aventura por dos años era igual a dejar acumular cientos de tareas que, en definitiva, no quería hacer. Aun así las hacía, porque de alguna forma lo distraía de su deprimente realidad: sin Nen, sin metas, sin Killua, sin nada mejor que hacer.

Hacía cualquier cosa que lo mantuviera ocupado para no pensar, para no llegar a la misma conclusión, extrañando a la misma persona y lamentándose por su ausencia.
Todos sus pensamientos parecían llevar al mismo resultado, una y otra vez. ¿Se estaba volviendo loco? ¿Por qué cuando era un niño no se sentía así? ¿Por qué Isla Ballena se sentía tan pequeña?

Cuando estaba Killua, la isla no se sentía así. Cuando estaba con Killua no sintió ningún sentimiento agobiante.

Para Gon estar en casa se sentía diferente… Tal vez porque todo ahí seguía igual, pero él había cambiado.

“¿Soy yo?”

 

O…

 

La crisis de identidad de Gon después de todos los eventos del anime. Y cómo lo soluciona (spoiler: Killua es de gran ayuda)

Notes:

Holaaaaa, que tal? Nuevo oneshot. Este lo escribí literalmente el año pasado… ya puedo decir libremente que del 2023 no debo nada, ya todo publicado. Ahora empiezo a publicar los primeros oneshots que escribí a inicios de año jsjsjsj

Este fanfic está inspirado en un tiktok (perdí el link al vídeo 🥲) que prácticamente seguía el trend este donde se utiliza unos diálogos de Undertale. Me da un poco de flojera explicar el contexto pero… sí, prácticamente me basé en unas líneas de un videojuego para hacer este fanfic.

Y por cierto!! Si notan que hay menos errores de costumbre y todo se ve bonito, es gracias a Mon_Alice, mi nueva beta:D gracias Mon por tu excelente trabajo corrigiendo! Jsjs trataré de no sobreexplotarla 😭😭😭 hay DEMASIADAS cosas que quiero publicar. Hay mínimo ocho fanfics que ya tengo listos ☠️☠️☠️ pero bueno, en fin, disfruten la lectura!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Soy yo ”, pensó Gon al verse en el espejo, alegre de compartir miradas con su reflejo.
Tiene doce años y cada mañana, antes de bajar a desayunar junto con su madre y bisabuela, va al baño para hacer sus necesidades y cepillarse los dientes. Se lava la cara con el agua fría del grifo y se sonríe a sí mismo.


Siempre es la misma sonrisa perlada, con la mayoría de sus dientes de leche ya mudados y la excelente formación de su mandíbula.
Pero hoy su sonrisa era aún más grande de lo habitual.


Hoy es un día especial, porque finalmente va a cazar al Señor del lago; el pez gigante que es protagonista de Múltiples leyendas, y que logró ser cazado por Ging, su padre.
Si logra hacerlo —y sabe que lo hará— podrá abandonar su isla natal para ir a tomar el examen del cazador; todo en pro de empezar la búsqueda de su progenitor. ¡Mito-san le prometió que le daría permiso para iniciar su aventura si lograba cazarlo!


Estaba esperanzado y muy emocionado. Sus ojos ámbar brillaban; sus pómulos estaban altos por la sonrisa segura que sus labios formaban. Se veía como un niño y lo era, pero cuando se fuera y después regresara, posiblemente después de encontrar a Ging, ya no se vería como este niño pequeño y de bordes suaves. Se vería como un Cazador, uno fuerte y real.


Salió del baño y tomó la caña de pescar que se apoyaba en la esquina de su cama. Sus pasos resonaron cuando bajaron las escaleras y con voz melodiosa saludó:


—¡Buenos días, Mito-san! ¡Buenos días, Abe-san!

 


 

 

Cuando volvió a casa tras completar con éxito el examen, aún no había encontrado a Ging; Realmente ni siquiera podría decir que estaba cerca de hacerlo, pero no tenía prisa. Primero se reunirá con Kurapika y Leorio —sus amigos— el primero de septiembre en YorkNew.


Y hablando de amigos…


Killua .


Cuando volvió a casa, sería incorrecto decir que llegó con las manos vacías, pues llegó con un amigo, su nuevo mejor amigo.
Él parecía un gato asustadizo, casi siempre encorvado sobre sí, como si no quisiera ocupar demasiado espacio. Era una pena, porque Gon quería compartir cada centímetro de su casa y existencia con él, así que terminó poniéndose como un reto personal que Killua se sintiera cómodo y en calma en su nuevo hogar.


“Que lo mío sea suyo también”. 


Mito-san les sirvió comidas deliciosas y bocadillos. Los regañó por ensuciarse, por tardarse en darse un baño y gastar el agua caliente, y también los reprendió por hacer un desorden en el cuarto de Gon. Y de la misma forma que grita y les jala las orejas, también les hablaba dulce y escuchaba con atención todas sus aventuras. Le cortó el cabello de Killua cuando lo tenía muy largo, los abrazó incontables veces, les guardó el almuerzo, incluso si regresaron a casa hasta la hora de la cena; y siempre les sonreía con un gesto gentil. Todo eso les hizo sentir lo acogedor de un hogar.


El tiempo que pasó en isla Ballena le hizo preguntarse a Killua, ¿por qué Gon quiso salir de la isla en primer lugar? ¿Por buscar al padre que lo abandonó? Sabía que su amigo era idiota… pero nunca pensé que tanto.
Isla Ballena es un lugar cálido y divertido. Fue muy fácil para Gon y Killua formar una rutina que les permitiera explorar hasta el último rincón del lugar. También era fácil encariñarse con sus pocos habitantes, su clima y paisajes, tanto, que te hacía no querer irte jamás. Aunque quizás no era así para todos.


Somos solo nosotros”, Gon pensaba con alegría cada mañana al levantarse junto a Killua, e ir al baño a cepillar los dientes. A veces sus hombros chocaban, y una vez sin querer, Gon escupió a la vez que Killua se inclinaba en el lavamanos; se ganó un buen golpe por arruinarle el pelo con los restos de su pasta dental y saliva, pero aquello terminó siendo una buena anécdota y Mito-san se rio mucho cuando se enteró.


Los días pasaron. Se lavaban la cara y se tallaban los ojos en las mañanas; siempre se dormían hasta muy tarde porque se quedaban hasta la madrugada hablando de cualquier tontería. De pronto, en el reflejo del espejo, ya no solo estaba la mirada de Gon. Si el moreno desviaba la mirada de su reflejo, podía encontrarse con la imagen de Killua. Sin prisa observaba su piel lechosa y las ojeras que resaltaban bajo sus ojos; Aun así, seguía viéndose como un muñeco de porcelana. Su pelo siempre estaba alborotado en las mañanas y cada movimiento en él era armonioso. Todo en él se veía lento y bonito, tan etéreo.
Gon se siente afortunado por poder verlo desde el inicio de su día.


“¡Qué bueno que somos nosotros y no solo yo!”, celebró en su mente.



Se empujaban entre risas mientras corrían escaleras abajo y el olor a algo sabroso inundaba la casa.


Eran toscos; no había lugar para la delicadeza entre ellos. Empezaban peleas de lucha libre por cualquier cosa; se gritaban y se molestaban en una forma extraña de mostrarse amor. Aunque no siempre eran tan raros. También había miradas y roces suaves, como la vez que Gon se acercó al cuerpo de Killua contra el suyo una noche para abrazarlo; las veces que se quedaron en silencio y se sintió cómodo, porque la presencia del otro ya lo volvía todo interesante.


También estaban esas veces en que caminaban en la orilla de la playa, y sus manos amenazaban con entrelazarse a unos pocos centímetros. O cuando Gon se acercaba un poco más sin razón, para después apoyar su cabeza en el hombro de Killua, y aunque era vergonzoso, ninguno se quejaba ni pedía explicación.


No es necesario que sean obvios. En el fondo ambos ya lo sabían: era amor. Hermanos, amigos, amantes, no importaba el cómo, pero el sentimiento es real.
Gon se alegraba de poder hacer que Killua se sintiera cómodo en su hogar. Se alegra de haberlo traído con él, y sobre todas las cosas, se alegra de haberlo conocido.


Ahora, Gon anhelaba seguir su meta de encontrar a Ging junto a Killua. 



 


 

Pasó mucho tiempo para que Gon volviera a su hogar. Cuando regresó, estaba por cumplir quince años; ya había logrado su objetivo de conocer a Ging y había perdido todo lo demás.


A todos los demás.


Bajó del barco cabizbajo, sintiéndose derrotado y abrumado por muchas razones. Mito-san lo estaba esperando desde el muelle del puerto, y sus ojos se llenaron de lágrimas cuando vio a su muchacho.


—Mito...


Ella lo abrazó antes de que pudiera decir algo más. Ahora son del mismo tamaño y cuando Gon la rodeó con sus brazos la sintió frágil, pero eso no le impidió acurrucarse contra ella y llorar como un niño pequeño.


—Estaba tan preocupada… ¡Me dijeron que estabas en el hospital!


Los sollozos sacudieron su cuerpo y Gon lamentó no haber pensado en Mito antes; Nunca se imaginó cómo iba a reaccionar al enterarse de lo que ocurrió con Pitou, aunque ni siquiera se imaginó que podía enterarse.


—Lo siento, mamá… —Gon murmuró abatido, pero a la vez más tranquilo—. Pasaron muchas cosas...


—Está bien, me contarás todo con calma más tarde, Gon —La mujer pelirroja se alejó para mirarlo directamente a los ojos—. Necesito saberlo todo, ¿de acuerdo?, lo bueno y lo malo.


Un nudo se formó en la garganta de Gon, pero logró hablar con voz débil.


—De acuerdo.


Mito acarició las mejillas de Gon para limpiar las lágrimas secas.


—Vayamos a casa —dijo y tomó a Gon de la mano para guiarlo a través del pueblo, casi como si a Gon se le hubiera olvidado el camino a su hogar.


Por el camino, la gente de la isla, los pescadores y las pescadoras que lo vieron crecer, lo miraron desde sus casas o desde las calles arenosas. En otras circunstancias lo hubieran saludado y celebrado la llegada del hijo de Ging, del sobrino de Mito… Pero no lo hicieron porque notaron algo diferente en él, algo además de su notorio crecimiento.


Todos lo miraron en silencio ya la distancia, mientras que Gon miró el camino sin ánimos de saludar a nadie.


Subieron la colina y Abe los recibió sentada en su mecedora, luciendo más cansada que nunca, más marchita. Gon miró a su alrededor y sintió su hogar diferente; Estaba en casa, pero no estaba seguro de que pudiera llamar hogar a ese lugar.


Ese día hubo un festín para la cena. Mito-san lo miró ansiosa, esperando a que devorara toda la olla de estofado de pollo. Pero Gon no tenía nada de hambre; mordió, tragó, masticó esto y aquello, pero la comida en vez de satisfacer su estómago solo se quedó estorbando en su garganta. Había algo que le molestaba.


Más tarde, cuando Abe se retiró a dormir, le contó a Mito-san todo. No es que quisiera excluir a su bisabuela a propósito, pero pensó que sería demasiado para ella soportar oír todo lo que su joven bisnieto tuvo que vivir.


Así, Gon y Mito subieron a la vieja habitación de Gon y se sentaron en la cama. Estuvieron en silencio un rato y luego escucharon la historia de Gon desde el punto que él cree que es correcto: desde que conoció a Killua.
Obviamente, Mito-san ya ha oído toda esa historia, y la que venía después también: de cómo fue a su mansión a rescatarlo, y cómo fueron al Coliseo del cielo a entrenar; También escuchó de la vez que fueron a York New por aquel juego de consola, y de cómo consiguieron pasar una prueba para ser jugadores y entrar al mundo del juego. Pero Gon le contó aún más. Relató lo que pensó y cómo se sintió mientras atravesaba todo eso.


Le habló de lo frustrado que estaba cuando terminó el examen, todo porque no se sentía suficiente, porque Hisoka lo había ayudado a pasar una prueba y después estuvo sintiendo que tenía la obligación de demostrarle que era un verdadero cazador.

Le contó de lo enojado que estuvo cuando Illumi le dijo cosas horribles a Killua y lo obligó a irse de su lado. Y lo peor de todo fue la impotencia que sintió, porque no estuvo allí para defenderlo ni para enfrentar a ese patán.

Le habló de lo preocupado que estaba por Kurapika en York New; de lo mucho que quería ayudar, y otra vez no fue capaz. Le habló también de Bisky, y de cómo en Greed Island finalmente sintió que avanzó de verdad; que mejoró y se volvió un cazador más apto.

Después, al completar el juego, bueno…

De verdad pensó que ya era lo suficientemente bueno como para una misión del rango de las hormigas quimeras.

Pensó que no sería un estorbo para Kite, que él y Killua podrían ayudarlo y podrían deshacerse de esos bichos fácilmente.

 

Su madre sobó su espalda mientras hablaba de todo lo ocurrido en NGL, y cuando la voz de Gon empezó a quebrarse, Mito le prestó su hombro.


Gon se sintió mal al hablar de eso. De todo eso.


El nombre de Pitou se sintió como si los cuchillos estuvieran desgarrando las paredes de su garganta, a la vez que escupía y babeaba ácido.


Pensar en Kite le nubla los ojos, y las lágrimas revivieron el odio a sí mismo, porque no fue lo suficientemente bueno para ayudarle en su misión de cazador, ni lo suficientemente apto para rescatarlo… Incluso si él revivió… lo que pasó y lo que hizo en un patético intento de remendar sus errores, lo marcó para siempre.


Fue en vano. Hacer ese contrato autoimpuesto para obtener el poder para matar a ese monstruo y sus decisiones de aquel momento, terminaron por quitarle lo que le daba valor como cazador; ¿Cómo se supone que siga con sus aventuras si no puede usar nen? ¿Cómo lo hará siendo un inútil?


Cuando relató cómo trató a Killua, sus sollozos sacudieron su cuerpo. Casi hacía que Mito-san lamentara haber pedido que le contara todo, así que solo lo abrazó.


—No tuviste que haber enfrentado nada de eso, amor. Tú solo eres un niño. Solo eran unos niños… ¿Cómo se supone que iban a estar preparados?


La charla terminó cuando Gon habló de su separación con Killua, de cómo fue su encuentro con Ging, y de cómo conocerlo no sanó ni cerró ninguna de sus heridas ni vacíos.


Mito-san lo escuchó todo, y cuando vio el cansancio apoderarse de Gon, lo arropó como cuando era un infante, presionando sus labios en su frente en un beso gentil. Le deseó dulces sueños y acarició su rostro una vez más, dejándolo a solas en su cuarto oscuro, con todos sus pensamientos y recuerdos acechando.


Para Gon estar en casa se sentía diferente… Tal vez porque todo ahí seguía igual, pero él había cambiado.

 


“¿Soy yo?”

 


Es la pregunta que se hace Gon cada mañana al despertar y ver en el espejo como sus ojeras se marcan más y el cansancio lo abraza como si no hubiera dormido en días. Parece agotado; sus ojos no son tan redondos y brillantes como antes; la grasa en sus mejillas está desapareciendo. ¿Tal vez solo es la pubertad? No lo sabe.


Todos sus dientes de leche se han caído y reemplazado, no de forma natural como se esperaría, sino que ha ocurrido en medio de sus aventuras, cuando un golpe muy fuerte asestaba su cara… Tal vez por eso su sonrisa ya no se veía tan pura. como antes, y ahora parecía forzada y extraña.


Cuando Nanika lo curó, pensó que todo seguiría su curso igual que antes y nada cambiaría. Pero todo cambió.


Al llegar a Isla Ballena volvió a estudiar, porque al parecer irse de aventura por dos años era igual a dejar acumular cientos de tareas que, en definitiva, no quería hacer. Aun así lo hacía, porque de alguna forma lo distraía de su deprimente realidad: sin Nen, sin metas, sin Killua, sin nada mejor que hacer.


A veces se iba desde la primera hora de la mañana al bosque, a pasar el rato con los animales, a nadar en el mar lo suficientemente lejos para no ver la orilla; a pescar y devolver al mar lo que atrapaba su caña, y otras veces ayudaba a los ancianos de la isla con sus trabajos de hogar. Hacía cualquier cosa mientras lo mantuviera ocupado para no pensar, para no llegar a la misma conclusión, extrañando a la misma persona y lamentándose por su ausencia.
Todos sus pensamientos parecían llevar al mismo resultado, una y otra vez. ¿Se estaba volviendo loco? ¿Por qué cuando era un niño no se sentía así?


¿Era por qué había crecido?


A veces salía a caminar o trotar sin rumbo. Ya conocía la isla como si fuera la palma de su mano y nunca se perdía, pero deseaba hacerlo. Quería encontrar algo nuevo entre todos esos árboles, pero eso nunca pasó. Siempre terminaba en el mismo punto de partida, incluso cuando no quería volver a casa.


¿Por qué Isla Ballena se sentía tan pequeña?

¿Es por qué ahora era consciente del maravilloso mundo que había afuera?
Cuando estaba Killua, la isla no se sentía así. Cuando estaba con Killua no sintió ningún sentimiento agobiante.


Los días pasaron uno a uno, y las ideas de Gon siempre terminaron en lo mismo; no importó cuantas vueltas dio en círculos por la isla; siempre caía en el mismo pozo que tenía la forma de su silueta, al igual que llegaba a la conclusión de que tuvo que haber retenido a Killua. ¡Incluso si eso era egoísta!


“Lo siento, por todo. Lo arruine, nos arruine. No tuve que haberte dicho eso, perdóname por haberte dejado de lado… Tenía miedo que salieras lastimado; no merecías la muerte, no como yo. Estaba tan cegado por el odio… Lo siento mucho. Sé que tienes que alejarte de mí por tu propio bien, antes de que vuelva a lastimarte. Pero no puedo vivir sin ti”.


¿Si hubiera dicho eso, Killua se hubiera quedado? ¿Al menos lo hubiera pensado? ¿Si le hubiera dicho todo eso en vez de darse la vuelta y simplemente irse…? ¿Irse por el patán de su padre? Dios, se sintió tan imbécil por sus últimas decisiones junto a Killua, y de nuevo terminaba en el punto de partida: arrepentido del pasado, añorando a Killua e impotente por no saber qué camino seguir. ¿Qué hacer?


Así eran sus días y cuando el sol bajaba y se escabullía entre los árboles, Gon regresaba a casa para cenar con Mito y Abe, luego subía a su cuarto y se encerraba allí hasta el día siguiente. Se plantaba en su escritorio a hacer tareas como un loco, dando todo de sí para no quedarse dormido mientras leía esos aburridos libros de texto, rellenando cuestionarios, haciendo investigaciones larguísimas, tratando de resolver problemas matemáticos.


Por lo general, se quedaba dormido arriba de todo el papeleo incompleto, babeando y haciendo un desastre, soñando con recuerdos ahora amargos que avivaban los sentimientos confusos en su pecho. 

 

 


“¿Soy yo?”

 

 


Nada mejoró con el tiempo, ni siquiera cuando empezó a mandarse cartas con Killua. Algo era diferente… Killua hablaba de sus increíbles aventuras con Alluka, y Gon solo podía comentar vagamente sobre los peces que había pescado.


En definitiva, había cambiado algo. Las conversaciones que tenían eran sintéticas y robóticas. No solo eran las palabras en el papel que no trasmitían sonidos y muecas; la experiencia completa de una conversación real cara a cara. Era algo más, y Gon sabía qué era, pero no sabía si debía decirlo. ¿Deberías?


¿Debería sacarse todo eso que tenía en el pecho? Se supone que era bueno comunicando lo que sentía; Siempre animaba a Killua para que hiciera lo mismo, pero ahora ya no sabía cómo hablar de sus sentimientos… Leves diferencias, grandes cambios. Prefería resolver las cosas con los puños o con un abrazo. Prefería seguir adelante y no mirar hacia atrás.


Pero ahora no podía apartar la mirada del pasado.


Ahora no podía resolver las cosas con sus puños… Tampoco con un abrazo; de todos modos, nunca abrazó a Killua en su vida, no de la forma en que le gustaría para demostrarle todo eso que siente: su amor. 


Voy a desear encontrarme con Killua una vez más. Anhela verlo, disculparse como es debido por todo lo que pasó con Pitou y Kite, y agradecerle una y mil veces más por salvarle la vida y quedarse a su lado. Pe no puede.


No puede porque estaba atrapado en la isla.
Acorralado en la monotonía; en la horrible rutina del día a día.


Prisionero en la realidad, consecuencia de sus acciones. Atrapado consigo mismo.

 

 

“¿Soy yo?”

 




Las cartas de Killua continuaron llegando y Gon siguió respondiendo, pero nunca hablaron de volver a verso. Con el tiempo, Gon llegó a la conclusión de que Killua no quiere verlo, y de alguna forma lo comprendía a pesar de que le dolía, así que nunca mencionó el tema.


Hasta que Killua lo hizo.


A primera vista, la carta que recibió parecía igual a las demás. Killua le preguntó de esto y aquello; le habló sobre la genial cueva que visitó con Alluka, y adjuntó algunas fotos recortadas y pegadas en el papel, donde pudo ver que Killua se dejó crecer el pelo y sus ojos brillaban más que nunca. Alluka se ve también radiante.


Todo era normal... Hasta que sus ojos se arrastraron hasta el último párrafo, y entonces sintió que su corazón se asomaba por su garganta. Con la emoción creciendo en su pecho, Gon leyó:


«Oye, Gon, ya ha pasado un tiempo desde nuestra separación. 2 años, eh… No ha habido señal de Illumi desde hace más de seis meses. Alluka quiere conocer isla Ballena, y bueno, pensé que era un buen momento, ¿no crees? ¿Tú qué opinas? Te extraño mucho también. Quiero volver a verte.
Mándame tu respuesta pronto.

 

Killua.»


Tan pronto terminó de leer, Gon abrazó la carta contra su pecho y su mirada se iluminó. Acostado en su cama con la mirada perdida en el techo, sintió que se sonrojaba. Con todas sus fuerzas resistió las ganas de gritar de la emoción, pero no pudo contener la sonrisa ilusionada que, si se hubiera visto en un espejo, se hubiera dado cuenta de que era el mismo gesto que ponía cuando era realmente dichoso al lado de Killua. .


¿Killua lo extraña también? ¡Eso era genial! Porque él se estaba muriendo de ganas de verlo.


La alegría incontenible que sintió lo sacó de la cama de un salto; no sabía por dónde empezar, bueno, si sabía. Primero se acercó a su escritorio y tomó todo lo que necesitaba para escribirle una respuesta entusiasta a su amigo. Después se prepararía para su tan ansiado reencuentro. 



 

Killua y Alluka llegaron al puerto de isla Ballena dos semanas después de recibir la respuesta de Gon. El día de su llegada, Gon salió a recibirlos mientras Mito-san se quedó en casa terminando de preparar la cena.
La sonrisa de Gon se afianzó en su rostro hasta que le dolieron las mejillas y la mandíbula, pero no pudo hacer nada al respecto; las comisuras de sus labios se elevaban con la sola idea de volver a ver a Killua. Cuando el ferry se acercó a la costa y el par de hermanos Zoldyck ni siquiera se había bajado del barco, Gon empezó a gritar sus nombres con euforia.


—¡Alluka! ¡¡KILLUA!! 


Gon saltó sobre su mejor amigo apenas lo tuvo al alcance, y Killua se aferró a sus hombros mientras Gon le daba vueltas en el aire.


—¡Te extrañé tanto!


Killua se rio avergonzado, con su sonrojo llegando hasta la punta de sus orejas. Sentía que Gon le estaba quitando el aire de los pulmones con la fuerza excesiva que estaba usando para aferrarse a su cintura.


—¡Gon, qué vergüenza, todos nos miran! —Killua gimió cuando sintió las miradas curiosas de todos los pescadores y personas en el puerto.


Pero más le intimidaba la mirada juguetona que le daba Alluka; esa sonrisa diabólica era inconfundible. Era la burla inconfundible de saber lo que aquel abrazo le provocaba a Killua.


Al Freecss, por el contrario, no le importaba si los demás lo miraban o juzgaban por Dios sabe qué razones. Él lo único en lo que podía pensar era en la satisfacción que le producía saber que una vez más estaba completa, que volvía a tener a su mejor amigo; su mejor compañero, su mejor persona, su alma gemela que estaba allí con él. Todo era dicha, aun así había una pizca de culpa latiendo en la parte posterior de su cabeza y un diablillo sobre su hombro susurrando sus errores del pasado, pero Gon lo ignoró para concentrarse en la explosión de emociones que surgían en su pecho.


“Killua estaba aquí.”
“Killua había vuelto”.
“Killua quería verlo”.


Volvían a ser uno.


Gon quería permanecer abrazado a él para toda la eternidad; no quería apartarse de su lado nunca más. Al estar así de cerca, sus corazones estaban más juntos que nunca. Y los latidos de Killua resonaban con los suyos, iban rápido y confirmaban que la euforia era mutua.


Gon lo puso en el suelo delicadamente, sonriendo de una forma igual de brillante que antes. Sí, su sonrisa de antaño había vuelto.


—Oh, Killua. Estás bellísimo. —Gon habló primero para halagarlo; lo miró de arriba a abajo, con el oro de sus ojos derritiéndose, y Killua lo golpeó en el hombro—. ¡Ey!


—No digas cosas vergonzosas, Gon. Apenas estoy llegando. —Killua cubrió su rostro, oyendo una risita maquiavélica por parte de Alluka—. Aunque tú también tuviste suerte con la pubertad, eh —bromeó para redirigir la atención de él.


Gon no pudo evitar sonrojarse un poco por el cumplido.


—B-bueno, eh… ehm.


Gon soltó una risa nerviosa. La mirada aguda de Killua le hizo sentir calor.


—¡Vamos! ¿Dónde está mi abrazo? —Alluka extendiendo sus brazos, acercándose sin pena alguna al azabache.  ¿Dónde está mi abrazo? —Alluka extendiendo sus brazos, acercándose sin pena alguna al azabache.


—¡Oh, Alluka, mil disculpas! —El azabache la carga por la cintura, alzándola hasta que sus pies flotaron sobre el suelo—, ¡tú también te ves bellísima!


—Gracias, Gon. —Alluka se regocijó, apoyándose en los hombros anchos del adolescente—. ¡Perdón por tardar tanto en venir! ¡Killua se moría de ganas de verte!


—¡¡Alluka!! —Killua soltó un chillido y el rojo en sus mejillas se notó más.


—Sí, hermano. No te avergüences, ¡era demasiado obvio! —Alluka se separó del abrazo, moviéndose hasta quedar al lado de su hermano mayor—. Pero creo que no era el único que se moría de ganas. —Alluka susurró a su hermano, dándole un codazo juguetón.


Killua resopló.


—Bueno, ¡Mito-san los está esperando en la casa! Hay que apurarnos antes de que se enfríe la comida. —Gon exclamó y tomó a Killua por su muñeca para arrastrarlo con él.
Tal vez la idea de apresurarse era solo un pretexto barato para tomar la mano de Killua… Pero para Gon era emocionante sentir la piel de Killua entre sus manos; tal vez más de lo que debería.


El trío de adolescentes subió la colina donde estaba la casa Freecss. La mujer pelirroja recibió al par de hermanos con los brazos abiertos; llenó a Killua de elogios por lo mucho que había crecido desde la última vez que lo había visto; Alluka le agradó desde el primer momento, y ambas tuvieron una química instantánea. Todos se sentaron a comer juntos, mientras que Killua y Alluka hablaban sobre todos los lugares que habían visitado en esos dos años.


Gon estaba embobado cada vez que Killua hablaba; su tenedor se clavaba en su comida y no se movía de allí; su mandíbula se veía floja y sus ojos brillaban. La voz de Killua, ahora más ronca y grave, se encargó de hablar sobre aventuras y sobre tesoros que llegó a ver en su viaje con Alluka: islas, montañas, pueblos, ciudades, praderas. Sin duda, Killua le mostró a su hermana el mundo y sus bellezas.


Él se veía tan elegante, sus movimientos precisos en cada segundo, la forma en que sus pestañas se batían en el aire y su sonrisa se veía tan sofisticada. Su pelo era largo; sus rizos alocados habían evolucionado hasta volverse en ondas suaves que caían como cascadas sobre sus hombros.
Gon aún no procesaba que tenía a Killua enfrente, que era real. Al que veía era el nuevo Killua, el Killua que se había formado al alejarse de él y encontrarse a sí mismo y concentración en su hermana.
Parecía un sueño.


Y entre todo eso, Gon se dio cuenta de algo: no le gustaba en quién se había convertido él. A diferencia de Killua, su nuevo yo estaba estancado en la sombra de quien había sido, pero no había nada que pudiera hacer. No podía cambiar lo que había hecho, lo que le hizo a Killua, y aunque no estaba preparado, debía enfrentarlo y aceptarlo.


Como dijo Ging: si lastimas a un amigo, debes disculparte y prometer que nunca más cometerás el mismo error.


Debía pedirle perdón a Killua, demostrarle ese arrepentimiento que lo ha estado torturando desde hace tanto, y remendar la fisura que había dejado en la amistad que tenían.


Y lo iba a hacer. Lo haría, aunque le diera miedo, porque quería a Killua a su lado y la idea de perderlo de nuevo le aterraba más.
Estaba decidido, y mientras la cena seguía su curso normal, Gon no pudo despegar su vista de Killua y de esa aura deslumbrante a su alrededor.


Killua le dedicó miradas fugaces de vez en cuando, y cada vez que sus ojos se encontraban, ambos pensaban en lo mismo: “Te extrañé”.

 

 

 


Una semana después, Killua y Gon se dirigieron a una playa a la que solo se podía acceder a través de una pequeña entrada bloqueada por arbustos y espinas. La arena era más blanca allí; las ramas de los árboles se encorvaban y producían sombras como si el sol ni siquiera supiera sobre la existencia de ese rincón en isla Ballena.


Alluka se había quedado en la casa de la colina, aprendiendo a tejer con Abe-san; la anciana era una experta en la materia y le había ofrecido amablemente a la muchacha enseñarle algunas cosas básicas. Así que el par de adolescentes estaban solos por primera vez en mucho tiempo, ya que desde su reencuentro habían estado divirtiéndose en la isla junto con Alluka. Siempre tres, nunca no dos. A Gon nunca le molestó eso, porque, de hecho, la idea de estar a solas con Killua era intimidante.


Al hablar, pasaba algo similar a sus charlas por carta: sus conversaciones eran planas; las palabras iban y venían como tenía que ser, pero no se sentían como debía.
Se notaba la distancia… Incluso cuando estaban al lado uno del otro.


—¡Voy a entrar! —Killua corrió al agua, sacándose la camisa y dejándola abandonada en la arena.


Gon miró su pálida espalda alejarse. En pocos segundos, Killua se sumergió en el mar y entró de clavado cuando estaba lo suficientemente profundo; luego nadó con una agilidad sorprendente.


—¡Oye, espérame! —Gon se rio, se quitó la camisa y siguió a Killua al mar.


El agua estaba tibia y el sol le picó un poco en la piel. La humedad se filtró por sus hebras cuando sumergió la cabeza en el agua, y cuando salió a flote, sus largos mechones se interpusieron en su vista; Todo su pelo se pegó desordenado en su cara, provocando risas en el albino cuando lo miró.


—¡Qué es tan gracioso!? —Gon cuestionó en un puchero, usando sus dos manos para peinar su cabello hacia atrás.


—Nada, solo es curioso verte con el cabello así. —Killua se encogió de hombros, y antes de que Gon pudiera decir algo, el albino le salpicó agua con fuerza—. ¡Toma eso! —se carcajeó.


Gon bufó y respondió al ataque con uno más fuerte que empapó al albino. Así empezaron una pequeña guerra: se persiguieron mutuamente; formaron pequeñas y grandes olas; y fingieron tener alguna fuerza sobrenatural en el agua que los rodeaba. De repente todo se sintió como antes, como cuando tenían doce años. Gon ignoró el leve picor en sus ojos por la sal del agua y río a carcajadas todo el rato; Estaba encantado de sentirse envuelto en la sensación nostálgica que lo abrazaba por la espalda, y no apartó su vista de Killua por miedo de que todo eso se desvaneciera.


Momentos así le habían hecho mucha falta.


—Killua… —Gon lo llamó luego de un rato de haber detenido su juego tras llegar a una silenciosa tregua. Ambos nadaban uno al lado del otro, en una comodidad que Gon no quería romper, pero que necesitaba—. Necesito hablar contigo.


—Ya lo estás haciendo, tonto. —Killua resopló y cerró sus ojos para ponerse a flotar. Se veía sereno.


—Sí, pero… —Gon dejo ir una risa nerviosa. Sus pies ya no tocaban la arena del fondo; se habían alejado lo suficiente como para ver la orilla más pequeña de lo que en realidad era, como una silueta difusa, más mar que tierra—. Mmh, yo solo quería pedirte perdón, Killua.


Gon echó la cabeza para atrás y se puso a flotar, dejando que la corriente lo llevara, igual que a Killua que estaba a su lado. El ruido del oleaje se apoderó del momento. De vez en cuando sus manos se rozaron, y al estar con los ojos cerrados, ninguno vio algo aparte de oscuridad rojiza por el sol que se alzaba en lo alto.


—¿Pedirme perdón? —Killua rompió el silencio.


—Sí, por todo lo que pasó en la NGL… Te traté muy mal, Killua. —Gon respondió—. Te cosas dije que te lastimaron, fui demasiado egoísta y por mi culpa… bueno, tuvimos que separarnos.


Hablar de eso era complicado. Pero Gon ya había pensado en este momento tantas veces y había practicado en su mente sus diálogos, que ahora sabía bien qué decir para enfrentar su miedo.


Killua no dijo nada al principio, y Gon aprovechó su silencio.


—Hice que las cosas se pusieran incómodas entre nosotros, arruiné la confianza que teníamos, y por mi culpa estropeé ese vínculo… No me di cuenta hasta que llegué aquí después de haberme encontrado con Ging y descubrir que… —Gon suspiró—: él no Valía la pena.


—¿Él no valía la pena? —Killua sonaba aturdido, pero Gon no abrió los ojos. Siguió flotando a su lado.


—Es un idiota, yo realmente nunca le importé… No me arrepiento de haber hecho ese viaje porque pude volverme un cazador, pude entrenar y volverme fuerte, pude aprender mucho, pero no diría que él era realmente el premio que estaba esperando… —Gon tratado de explicar—. Sueña ridículo, ¿no? Literalmente hice todo por él y al final no era lo que quería… Es raro. Pero, el verdadero premio que conseguí fue poder conocerte, Killua.


Tras la confesión, el dolor llenó el silencio que siguió. Pero Gon aún tenía más que decir.


—Después de reflexionar en todo el tiempo que pasé atrapado aquí, me di cuenta de que preferí tener una charla mundana con un tipo que apenas conozco, que evitar que tú te fueras… Sé que nuestra separación era necesaria por lo que te había hecho, pero… si pudiera retroceder en el tiempo, te habría pedido perdón genuinamente y te hubiera rogado que me dejaras ir contigo, incluso si eso era egoísta y yo era y soy un completo inútil sin nen... —Gon habló con el corazón acelerado— . Me cegué cientos de veces debido a mi objetivo: Ging, Kite, lo que sea, siempre pensé que estarías a mi lado y cuando te lastimé y te fuiste, yo me quedé con mi victoria, pero pronto me di cuenta de lo vacío que era …


Gon hizo una pausa, y al no recibir respuesta de Killua siguió:


—Desde que nos separamos, todo el tiempo que he estado aquí, encerrado y dando vueltas en círculos como un animal enjaulado, comprendí lo vital que eres para mí. Comprendí cómo las consecuencias de mis actos me han afectado tanto. Comprendí que me merecía todo lo que me pasó por ser tan egoísta, tan desconsiderado. ¡Nunca te he merecido, Killua!


El grito de Gon se perdió en el sonido del mar, pero Killua todavía no respondió.
Gon abrió los ojos, para asegurarse de que no está flotando solo en medio del eterno mar. Lo primero que captó fueron los rayos brillantes que cegaron su retina. Lo segundo que vio al mirar de reojo, fue la forma en que Killua lo miraba mientras nadaba al lado suyo, con los ojos bien abiertos y todo su cabello cayendo húmedo sobre sus hombros.


A Gon se le secó la boca. Más de lo que ya estaba. Sus labios agrietados se apretaron en una línea y de repente sintió miedo.
¿De qué? ¿De qué Killua le dé la razón? Él sabe que todo lo que dijo es cierto. Gon odia mentir.


—Eres un estúpido, Gon.


Sí, él ya sabía eso.


— ¿Cómo puedes siquiera pensar eso? —Killua reprochó—. Sí, no niego que fuiste un idiota en la NGL. Pero también eras un niño, Gon; Estabas pasando por tanto estrés… Y aunque me dolió, yo entendí por qué actuabas así. No fue tu culpa que tuviéramos que separarnos, yo tenía que aprender a vivir sin ti… ¿Sabes?


—¿Qué?


Gon se incorporó sorprendido. Killua suspir y fue su turno de hablar.


—Tú eras como el sol, Gon. Y yo orbitaba a tu alrededor, y eso estaba bien… hasta que, bueno, ya no lo estuvo. No era realmente sano. —Killua se encogió de hombros y apartó la mirada con algo de incomodidad—. En este tiempo que estuvimos separados, finalmente pude madurar y ver por mi propio bienestar. Alluka y Nanika también me ayudaron con eso, de hecho.


Killua se rio un poco. Gon lo miró confundido.


—Lo que quiero decir, es que esa separación tenía que ocurrir tarde o temprano; no digo que la haya querido o disfrutado, no, no, no… ¡Te extrañé tanto, Gon! —Killua exclamó—. Pero no todo fue tan malo, ¿no? Obtuvimos toda esa introspección y esa mierda cursi y filosófica. Pudiste sumar dos y dos y ver que Ging es una mierda, ¡eso es genial! —Gon resopló entre risas tenues—. Y no digas que no me mereces o algo así. Tú me ayudaste mucho, Gon. Y aunque nuestra amistad escaló a algo tóxico, pues… eso no borra el hecho de que sin ti tal vez estaría aun siendo un sicario espeluznante. —Killua apoyó su mano delicadamente sobre el hombro del moreno—. Gracias.


—Yo debería darte las gracias a ti, Killua. —Gon suspiró y, con una timidez que se estaba desvaneciendo, miró con intensidad a Killua—. Sin ti no hubiera podido cumplir ninguna de mis metas, incluso si al final no eran tan interesantes. Sin ti mi viaje no hubiera sido tan divertido. Sin ti, yo hubiera perdido la cordura en NGL, o incluso mucho antes de eso. —Otra vez esa sensación de picor en los ojos, y esta vez no era por la sal del mar—. Yo realmente ya no me siento yo, Killua, pero estar aquí contigo… no sé, me hace poner los pies en la tierra, tal vez.


—Oh, Gon, —Killua susspiró y negó con la cabeza—, después de todo, sigues siendo tú. —Una risa que desconcertó a Gon se apoderó de Killua, pero pronto recuperó su seriedad, y aunque sus labios se curvaban sonrientes, su mente se aclaró y dijo—: Siempre serás tú, incluso si cambias mucho o poco; la gente evoluciona todo el tiempo… Solo hay que tratar de que sea para bien. iró y negoció con la cabeza—, después de todo, sigues siendo tú. —Una risa que desconcertó a Gon se apoderó de Killua, pero pronto recuperó su seriedad, y aunque sus labios se curvaban sonrientes, su mente se aclaró y dijo—: Siempre serás tú, incluso si cambias mucho o poco; la gente evoluciona todo el tiempo… Solo hay que tratar de que sea para bien.

Killua extendió ambos brazos para rodear el cuello del azabache. Gon correspondió al abrazo gustoso, aferrándose a la espalda del albino.


—Te extrañé tanto. —Gon lloró en su hombro.
Killua sonrió con dulzura, acariciando las hebras húmedas de su amigo.


—Yo también te extrañé, Gon. Te extrañé cómo no te imaginas.

 

 

 


Tal vez tenga razón… Después de todo, sigo siendo yo”, pensó Gon.

Notes:

Heeey, espero que les haya gustado la lectura. Todos los kudos y comentarios son gratamente recibidos <33

También, doy un pequeño aviso, voy a tratar de próximamente subir algunos de mis oneshots traducidos al inglés 😦 así que si alguien recibe una notificación de un fanfic extremadamente familiar, pues es por eso jsjsjs

 

Hasta la próxima<3

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