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A song of green dragons and black towers

Summary:

Rhaenyra Targaryen y sus dulces niños, el príncipe Aegon, la princesa Helaena y su más reciente niño, el pequeño príncipe Aemond. Hijos suyos con Laenor Velaryon.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Rhaenyra entra con cuidado al cuarto de sus niños, sin querer alterar al pequeño Aemond en su mundo de sueños o sacar a sus niños mayores de su mundo de juegos, deteniendo sus pasos cuando ve a Aegon sostener a Helaena entre sus brazos desde las axilas, siendo inestable mientras la levanta para que vea a Aemond dentro de la cuna, decidiendo permanecer en silencio para observar la interacción.

—Tendrá dos ojos hasta el fin de sus días—su niña murmura, mirando al bebé sin parpadear.

Rhaenyra contiene una media sonrisa al ver la expresión de su niño mayor a las palabras de su hermana, siempre extrañado ante su comportamiento.

—Eres siempre tan extraña, dulce mariposa—lo escucha suspirar, bajandola con cuidado para dejarla volver con sus cajas de cristal en las que guarda sus insectos.

Nadie excepto Helaena sabe que en alguna otra versión de si mismos, Aegon es cruel con ella, aplastando sus pequeños amigos y burlándose de ella, llamándola loca. Pero este Aegon es diferente, teniendo años al cuidado de, la que en otra vida conoció como su hermana, quien no tiene más que palabras dulces, apodos tiernos y toques suaves para ellos, enseñándoles los mismos modos de ser entre ellos.

—Todos en esta familia somos algo extraños a nuestra manera—Rhaenyra sonríe, yendo hacia la cuna para acunar la carita de su primer niño entre sus manos y dejar un beso en su frente para después acariciar la barriguita de un bebé Aemond dormido, en un lenguaje de amor físico que nunca compartiría con su Helaena hasta que ella fuera quien se acercara primero para entrelazar sus dedos meñiques, en una muestra de que estaba lista para recibir un toque ajeno.

Ella está feliz de tener a sus niños juntos en un cuarto cercano al suyo, acostandolos con ayuda de Laenor durante la noche cuando la hora de dormir llega, pasando con ellos unos momentos antes de que descansen. El espacio es amplio y acogedor, donde cada uno de ellos puede hacer que lo pinten y ordenen a su gusto. Aegon es como su abuelo, aunque no siente el mismo interés por los libros pesados de textos, posee múltiples mesas de tamaño mediano en las que reposan varias herramientas y prototipos de todo lo que destaca de Valyria, todas piezas aún moldeadas torpemente debido a sus manos pequeñas, pero que el rey Viserys siempre está encantado de agregar a su maqueta. Su dulce niño siempre se entusiasma con cualquier actividad en la que pueda desarrollar algún tipo de arte en los que es libre de utilizar las diferentes arcillas y pinturas que su abuelo Corlys le trae del otro lado del Narrow Sea, por otra parte, el lado de Helaena es siempre el más lleno de vida...literalmente, con terrarios y cajas de cristales en los que crea pequeños ecosistemas para que vivan sus insectos, siendo ella quien elige dar el mantenimiento y asegurarse de alimentar a todos, siempre emocionada cuando consigue ejemplares nuevos o Laenor tiene para ella insumos que encargó hacer con los expertos en cristalería y manipulación de vidrio que habían realizado el exquisito trabajo de las decoraciones de los ventanales en Driftmark. Su pequeño Aemond, sin embargo, aún no tenía nada más que su cuna y algunos artículos para bebé junto con pocos juguetes, pero ella no podía esperar a verlo crecer y desarrollar una personalidad propia tal y como sus hermanos.

Sus niños son bueno. Buenos, dulces y amables. Sus risas en los jardines durante las tardes de té y pasteles deleitan a nobles y sirvientes por igual, todos siempre dispuestos a tomar un momento de su tiempo para dedicarlo a observar sus dulces juegos, en los que Aegon está feliz de ser el caballero valeroso que rescata a la dulce princesa Helaena de las garras de la bestia marina interpretada por Laenor, o los momentos en los que la princesa Rhaenyra toma el aire en el jardín con el pequeño príncipe en sus brazos, quien es entretenido por sus hermanos mayores que le acercan algunas hojas de pasto, flores y todo lo que puedan encontrar para mostrárselo por primera vez repitiendo de forma lenta el respectivo nombre de cada cosa y tratando de hacerlo decir sus nombres.

Rhaenyra sabe que es demasiado joven para tal hazaña, pero su niño mayor está seguro de que su último balbuceo era demasiado similar a la pronunciación de su nombre como para ser coincidencia y no será ella quien arruine su alegría, por lo que está feliz de tomar partido por él en sus discusiones con Laenor, quien también asegura que uno de los últimos balbuceos de Aemond sonaba igual a su nombre.

•••

Durante la noche, la cena es de un ambiente incómodamente tenso, teniendo las mismas divisiones asignadas en las que su padre se encuentra a la cabeza, con ella a su derecha y Alicent a su izquierda, ambas enfrentadas y con una fila hacia el costado donde, en la suya, se encuentran sus dos niños mayores y Laenor al final, ambos ayudándolos con la cena en lugar de darle esa responsabilidad a cualquier sirviente o dama, y en la de Alicent por otra parte, ella es seguida de sus hijos ordenados por edades.

El mayor de ellos, Jacaerys Targaryen, lo recuerda como un niño altanero y malcriado que no había tardado mucho en imitar el comportamiento pasivo-agresivo de su madre, siempre dirigiendo hacia ella y sus hijos una mirada sucia cargada de todo el odio que, aparentemente, la reina logró transmitirle a su corazón. No había ni un ápice del rastro del bebé que sentaba en su regazo y la llamaba "Nyra" en los primeros y últimos meses que a ella se le permitió interactuar con sus medios hermanos, antes de que las acciones pasivo-agresivas de Alicent se tornaran desgastantes y ella tuviera los signos del comienzo de su primer embarazo.

Lucerys Targaryen, a diferencia de su hermano de cabellos platinos y rasgos valyrios, tenía los rizos y el cabello rojizo de su madre; a Rhaenyra no le parecía un mal niño...aún, pero a veces copiaba fácilmente el temperamento de su hermano cuando notaba que sería mejor integrado de esa forma. Como la vez que él había estado interesado en ayudar a Helaena a buscar una especie de gusano peludo, cuyo nombre había olvidado, solo para unirse a Jacaerys cuando este empezó a llamarla por apodos crueles.

Independientemente de lo que puedan hacer, Rhaenyra aún en ocaciones siente pena por sus medios hermanos, siempre pareciendo tan enojados y a la defensiva con todo el mundo; en un comienzo se había negado a dejar a sus hijos en la guarderia debido a esas razones, con Jacaerys tornándose agresivo en ocaciones, no quería hacer a sus hijos ver eso, un pensamiento que la hizo sentir culpable cuando en una ocasión lo vio salir de los aposentos de la reina, con los ojos rojos y el labio partido, o aquella vez en la que encontró a Lucerys al borde de perder la conciencia en una de las terrazas con nada más y nada menos que leche de amapola, algo que aparentemente había descubierto que hacía un efecto más rápido y fuerte que el vino que siempre consumía en exceso.

¿Qué más podían ser capaces de aprender ellos en un entorno así?

Aegon tiene la boca manchada de la salsa de las costillas de puerco y Helaena tiene sobre el labio superior con restos del espeso jugo de frutas con el que acompaña la cena, porque Laenor y ella no estan dejando a sus niños consumir ni siquiera vino diluido en agua, pero Rhaenyra detesta ver a esos niños en apretadas ropas verdes, completamente rectos contra el respaldo de la silla, ambos con expresiones demasiado serias para niños de sus edades. Y para ella no pasa desapercibida la forma en la que Lucerys miró de reojo a su madre cuando casi dejó caer una copa por accidente, con Jacaerys en medio apretando con fuerza los cubiertos.

Le hace preguntarse cuánto tiempo tiene hasta que la crueldad de Alicent alcance a Aegon, Helaena e incluso al pequeño Aemond, quienes ya arriesga demasiado en los momentos en los que los deja convivir con sus medios hermanos, o incluso, cuánto tiempo tiene antes de que a Laenor le pasen factura todos los comentarios que Alicent hace en murmullos a las víboras de sus damas, todas mujeres presuntamente recatadas y seguidoras de la fé de los siete que lo llaman por apodos disgustante.

Dragonstone es su mejor opción a esta altura. Independiente de ofrecer un refugio seguro para ella y su familia, es su derecho y su deber como heredera. Estarán allí al final del año si todos los planes funcionan como se fue previsto.

Laenor y ella descansarán de las lenguas maliciosas y ojos criticones de la corte, en un asiento que pueden reclamar como propio, ambos coexistiendo en la armoniosa unión como compañeros que previamente a sus nupcias habían pactado. Aegon, Helaena y Aemond tendrían un lugar para vivir más cómodos cerca de las raíces de sus antepasados, Dragonstone ofreciéndoles un hogar más adecuado ahora que la Red Keep se tornaba ligeramente de verde.

Cuando la comida acaba y Helaena se encuentra dormitando en brazos de su padre, deciden ser los primeros en retirarse, excusándose y deseándole buenas al rey, ignorando deliberadamente a Alicent. Su niña tiene la mejilla reposada sobre el hombro de su padre, quien la carga con un brazo y le ofrece la mano libre a Aegon para que la tome, con ella haciendo el mismo ofrecimiento.

—Pobre de los antiguos dragones marinos, ahora encadenados bajo las llamas verdes de la torre—su niña murmura mientras salen del salón, dejándole ver a Rhaenyra que sus somnolientos ojos púrpuras no dejaron de ver a Jacaerys hasta que los guardias cerraron las puertas.

Notes:

• Helaena en realidad siente algo de pena por sus "tíos" ahora que son ellos quienes se encuentran en la otra cara de la moneda, ella sabe que sin importar que profecía mencione, las garras de Alicent se clavan hasta el fondo y no habrá nada que pueda hacer para traerlos de vuelta.
• ¿El título es aunque sea mínimamente ingenioso? me encanta el hecho de que puedo hacer el o.s en una hora y media pero el titulo me puede llevar días pensarlo.