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Mientras la familia prepara todo para el almuerzo en manada, Joe decidió escaparse al bosque.
No es que no deseara estar allí, pero necesitaba privacidad para lo que iba hacer y la privacidad es algo que no ha tenido en toda su vida. A veces quisiera ser tan desvergonzado como Carter y hacerlo sin importarle que lo escuchen, esperando que todos entiendan y enfoquen sus sentidos en otra cosa, pero no quiere tener que sentarse luego en la mesa y hablar con Ox como si nada, fingiendo que no acaba de correrse pensando en él y sabiendo que toda su familia sabe lo que había hecho.
Al cumplir doce su padre lo llevó al interior del bosque y le dio “las charlas” una sobre cómo funciona la sexualidad en los humanos, otra sobre cómo funciona en los hombre lobo y otra sobre cómo funciona en los futuros alfas.
Decir que sintió vergüenza sería quedarse corto, no quieres que tu padre te diga cómo ha notado que no dejas de mirarle el culo a tu (todavía no) compañero, cuando este no se da cuenta. No quieres que te hable de erecciones incómodas, crecimiento del vello corporal, feromonas, semen y nudos. Y no quieres que al volver a casa tu madre te pida con amabilidad que, por favor, no uses los cojines del sofá para frotarte cómo hizo Carter cuando descubrió cómo funciona su “cabezona”, como le gustaba llamar a su pene, el idiota. El olor a lobo excitado no sale fácil de la ropa.
Ahora, con diecisiete años, se encuentra caminando en lo profundo del bosque con una remera sudada de Ox en la mano, que tomó prestada sin avisar. Se dirige al mismo lugar al que ha ido durante cuatro años para hacer sus cochinadas sin tener que molestarse por no hacer ruido.
La calidez del suave césped se siente agradable bajo sus pies descalzos. El verano es pesado, por lo que dejó su remera en casa y tan solo usa un pantalón corto. No le gusta usar ropa interior, es molesta y los accidentes nocturnos de la adolescencia solo hicieron que fuera más fácil dejar de comprar calzoncillos, pues siempre terminaban arruinados por la enorme cantidad de semen que los manchaba. Sí, también aprendió en sus charlas con su padre que los lobos machos eyaculan mucho, múltiples veces. Sus padres fueron amables al no preguntar sobre el por qué dejó de poner su ropa interior en la cesta de ropa sucia.
Al llegar a su “lugar especial” se quita los pantalones, deja la remera de Ox a un lado y se acuesta de espaldas, estira sus brazos y los apoya detrás de su cabeza, siente el olor de sus axilas. Abre y estira sus piernas, incluso los dedos de sus pies. Su miembro descansa flácido sobre sus bolas.
La luz del sol baña su cuerpo joven y tonificado, cubriéndolo con su luz dorada. Excepto su rostro que se encuentra bajo la sombra de un árbol, regalándole algo de frescura, una que es insuficiente para calmar el calor que siente.
Decide finalmente tomar el asunto en sus manos. Tiene más de una hora para que Ox vaya a casa, tiempo suficiente para ocuparse del problema entre sus piernas.
De solo pensar en el chico mayor su corazón da un salto, toma la remera que dejó a un lado y cubre con ella su rostro.
Piña, bastones de caramelo y épico y asombroso lo inundan de golpe.
Puede imaginar a Ox allí, acostado a su lado, con sus ojos cafe siempre atentos y amables para él, con esos labios gruesos y suaves, sabe que lo son, le encanta que Ox le de besos en las mejillas y en la frente ¿Cómo se sentirá que Ox lo mire de otra manera? ¿Cómo se sentirá que Ox pase sus manos grandes y fuertes por su cuerpo? ¿Cómo sería que lo bese en los labios?
Su mano derecha baja a su pecho, acaricia un poco sus pezones rosados, los acaricia y pellizca un poco. Luego su mano viaja por su abdomen, siente el fino vello que lleva a su verga ya hinchada y húmeda. Los machos lubrican mucho, para poder meterles la verga a sus parejas de inmediato.
Sí Ox estuviera ahí ¿Le gustaría el fuerte olor de su pene? ¿Lo chuparía y se tragaría todos sus fluidos? ¿O le parecería asqueroso? No, son compañeros, son literalmente el uno para el otro, el mayor seguro amará su pene cuando lo pruebe.
Si él lo viera como a un hombre, ya se habría encargado de satisfacerlo hace mucho tiempo. No necesitaría acostarse con otros para obtener placer. Joe puede darle eso y más.
Se concentra en inhalar el fuerte aroma y siente como sus músculos dejan de estar tensos. Deja de gruñir cuando se da cuenta de que había comenzado a hacerlo. A veces es difícil controlar el enojo.
Las imágenes de Ox con otros hombres sin rostro cambian a otras con él allí, acostado y sin ropa a su lado. Joe nunca lo ha visto desnudo, no cree poder controlarse, pero el verano siempre ha sido una buena ocasión para apreciar ese cuerpo.
Su piel morena un poco más oscura por el sol, los músculos de sus brazos, sus piernas largas y fuerte, su culo duro, redondo y grande, su pecho musculoso y los pezones que se asoman detrás de esas remeras sin mangas, el bulto dentro de esos condenados pantalones cortos. Si no fuera porque podría olerlo, pensaría que el mayor trata de seducirlo. Siempre dispuesto a tomar su mano, a ser abrazado, olfateado y bañado con su olor. Ox es la mayor obsesión en su vida.
Su pecho sube y baja, su respiración cambia de ritmo ¿En qué momento empezó a salivar?
Sujeta su verga y baja el prepucio, la piel se extendía hasta la punta, pero un tirón lento reveló la linda punta rosada debajo.
Sus ágiles dedos se deslizan hacia arriba y hacia abajo. Imágenes difusas inundan sus pensamientos: Ox mirándolo, Ox tocándolo, Ox chupándo su pene, Ox cabalgando su verga y llamándolo buen chico cuando Joe empuja sus caderas con fuerza.
Su pene está húmedo y palpita, la temperatura de su cuerpo sube cada vez más y está sudando mucho. Debajo de la tela las gotas caen por su frente y rostro.
Con su mano izquierda sujeta sus bolas mientras tira de su verga con la derecha. El ritmo aumenta y el corazón le late fuerte en el pecho.
Las imágenes se convierten en fantasías cada vez más lujuriosas, imagina al mayor acostado de espaldas y abierto de piernas; en cuatro, con sus manos extendiendo sus nalgas para revelar su agujero. En todas ellas Joe se la mete tan fuerte que deja al otro llorando y sin conciencia.
Te sentirás muy bien en mi nudo.
También quiere que Ox disfrute hundiéndose en él.
Con el líquido viscoso que segrega su pene, inserta con rudeza dos dedos dentro de él. Intenta estirarse para que su Ox lo tome. En su mente ya no sabe quién se está follando a quién.
—Ox —aclama—. Estás tan apretado y caliente. Necesitas mi nudo, ¿no? —Hm —suspira —. Te voy a follar muy fuerte. No me importa que seas hombre, te voy a preñar hasta que estés embarazado con mis cachorros.
Ese deseo ridículo junto a sus dedos entrando y saliendo de su agujero necesitado, golpeando su próstata, provoca que su miembro salte con interés.
—Te sientes tan bien. Me aprietas como si no quisieras soltarme nunca —. Imagina cómo se escucharía su voz gruesa y necesitada, reclamando por él sin misericordia.
Joe, sí, sí, así…
Métemela más, más fuerte…
Quiero tu nudo…
El aire escapa cada vez más de sus pulmones a medida que se acerca la eyaculación. El nudo comienza a hincharse en la base de su pene y sus bolas se contaren. Los dedos golpean su entrada más fuerte y se masturba cada vez más rápido.
¡Joe…!
Y cuando llegó al punto sin retorno, se quedó completamente sin aliento.
Te amo
—Hnnnggg... ¡Ahhhh! —gimió. Muerde la remera con fuerza, anhelando que fuera un cuello, y su cuerpo sufre varios espasmos durante segundos eternos, los dedos de sus pies se retuercen mientras experimenta un orgasmo delirante.
La eyaculación de los lobos, en especial de los alfas, es larga cuando anudan, largas y espesas cuerdas de semen caen en todo su abdomen y pecho, llegando incluso a manchar la remera sobre su rostro. Esto dura varios minutos.
La nube de éxtasis desciende a la par que el nudo se desinfla. Saca los dedos de su culo y retira la remera de su rostro. Jadea e intenta tranquilizar su respiración. Su cuerpo esta sudado y pegajoso.
Vaciar sus bolas siempre le ayuda a pensar mejor. Se sienta y sus labios se curvan en una sonrisa cansada, ahora sigue la parte molesta.
Se limpia el sudor y el semen con la remera de Ox, luego se acerca a un arbusto espeso cerca de donde estaba acostado y toma la bolsa sellada, llena de viejas prendas de ropa manchadas. No va a devolverla todavía (ni nunca), guarda la nueva prenda allí, vuelve a sellarla y esconderla. Nadie debe saber lo que hace, lo castigaran por robar la ropa y no puede devolverla a la casa de Ox manchada, no es su culpa que él no esté tragando su semen. Aunque no sería mala idea que Ox ande por ahí con ropa sobre la que eyaculó, pero devuelta, lo castigarían por robar.
Antes de que su mente empiece a divagar sobre si debería sentirse culpable por lo que hace y que el lobo comience a gimotear por no poder hacer estas cosas con su compañero, llega a su nariz los aromas de sus hermanos. Deben haber ido a buscarlo para ayudar a preparar las cosas en casa para la comida.
En lo que llegan a él, disfruta un poco más del sol y el viento acariciando su cuerpo desnudo, luego se agacha para ponerse los pantalones e ir al encuentro con sus hermanos.
Está seguro de que, antes de que lo vean, sabrán lo que estuvo haciendo, por eso no se molesta en tratar de ocultar el fuerte olor a semen sobre su cuerpo. Y sabe que no preguntaran sobre el olor a Ox sobre él, tantos años junto al mayor hicieron que sea natural que siempre huela un poco a él.
Con calma se encuentran y bromean cuando Carter hace comentarios estúpidos sobre que Joe está en la flor de su juventud. En el camino siguen bromeando y cuando se acercan a casa puede oler a Ox en ella.
Espera que algún día pueda cumplir sus fantasías con él.
Porque ese “algún día” puede ser cualquier día.
Incluso hoy.
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FIN
