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Lo que queda

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De relaciones pasadas, corazones rotos y segundas oportunidades.

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Pasada la medianoche es cuando siempre solían atacarle los momentos de añoranza, acostado antes de dormir, cuando veía alguna serie acomodado en su sofá, cuando se toma un café viendo por la ventana. Cuando la sensación de anhelo le invadian de repente y le dejaban entumecido el pecho.

Le tomó algún tiempo, más del que supuso necesario pero sí el suficiente para dejar de pensar a diario en el rubio que le había robado el corazón, que le había hecho sentir parte de algo, hubieron momentos incluso en los que Sergio llegó a pensar que tal vez nunca podría sacarlo de su corazón tan facil como él lo había sacado de su vida.

¿Cuando conoció a Max Emilian ? No puede recordarlo pero se siente como toda una vida. Parece ser un ente que ha estado ahí siempre pero a la vez parece que nunca lo hizo. Nada ha cambiado realmente en su vida más que la ausencia de alguien muy expresivo que en algún momento le hizo feliz. Va al trabajo con casi la misma ruta que lo ha hecho siempre, realiza las mismas actividades, sale a comer a la misma hora y a los mismo lugar, va al mismo supermercado, habla con las mismas personas, aún renueva la membresía en el mismo gimnasio cada mes.

Antes había creído que se moriría si no estaba junto a él, que la vida no tendría sentido ni razón si un día no estaba junto a él pero aquí está, aquí está y está perfectamente bien. Sí, solía sentir un vacío extraño, que algo le faltaba los primeros meses, se sentía incompleto. ¿Pero no es así como se sentía también cuando estaban juntos? Lo que ya no tiene no le hace falta y no le hace falta la inmensa soledad que también le hacía sentir, ¿Que si se sentía solo? Claro que sí pero también ha estado solo siempre y jamás se había sentido mal por eso. De cosas cómo estás es de las que se ha estado dando cuenta desde que habla con su terapeuta, que es un ángel. Un verdadero ángel para él, quién le ha ayudado desde que Max decidió que ya no quería su amor, que ya no necesitaba estar con alguien con quién al final no iría a ningún lado.

Después de algún tiempo de idas y venidas, de estar y no estar en una relación, aquella noche en la que al fin se pusieron las verdaderas cartas sobre la mesa y dejaron todo claro para ambos, decidieron poner fin a todo lo que les tuvo jugando, o más bien, su bonito chico rubio de ojos verdes había decidido que no quería continuar más en aquel juego tonto de hacerse compañía porque no tenían a nadie más. No había habido mucho que arreglar después de todo, lo que sea que haya habido entre ambos, fué solo entre los dos y absolutamente nadie supo nada al respecto.
Antes parecía que era imposible poder encontrar al hombre, como si después de dejarle con el corazón roto se lo hubiera tragado la tierra, Sergio incluso había llegado a pensar que tal vez se había mudado de ciudad. Y ahora, después de que estaba avanzando en el proceso de rehabilitar su vida, ahora que no necesitaba verle ni la sombra, se le aparecía en cada lugar al que iba. Las veces posteriores en las que se volvieron a ver, a penas se miraron a la cara, parecían completos desconocidos, después fueron solo simples asentamientos en señal de reconocimiento y nada más, para cuando al fin se sintió con el suficiente valor le devolvió la sonrisa que este le solía dedicar a lo lejos, una sonrisa sin ganas, tensa y hasta ridícula considerando todo lo que había pasado entre ellos.
Y desde entonces y hasta ahora no había habido ningún tipo de contacto más allá de esos encuentros muy esporádicos. Había considerado en un inicio cambiar su dirección, su número de teléfono, incluso de trabajo y no por temor a que él otro fuera a buscarle, suponía que el rubio jamás lo haría y él tampoco, solo no quería tener que volver a encontrarse con él y conservar la poca dignidad que aún le quedaba manteniendose lejos de Max Verstappen.
Tenía algunos nuevos amigos, estaba en un nuevo ambiente, se podría decir que lo estaba superando bastante bien, incluso había buscado a ayuda profesional, que le había sentado bastante bien en tan poco tiempo, a su parecer.
Solo había tenido un puñado de noches en las que los recuerdos le invadian y le hacían sentir un poco patético.

Entre su momentáneo sentir auto compasivo y que era ya cerca de las nueve de la noche, alguien que toca a su puerta le saca de su ensoñación y Sergio piensa en todas esas veces en las que ha salido a ver quién es y no ha encontrado a nadie, supone que es algún estúpido haciéndose el gracioso de nuevo y no le da mayor importancia. En algún momento descubrirá quién es y está seguro que le romperá la cara por hacerlo salir incluso a deshoras de su departamento y hacerlo quedar como un tonto.

Solo que está noche es diferente por qué está ocupado intentando verse al menos la mitad de jóven y guapo que antes. Ha conocido a alguien hace algún tiempo, alguien que es muy agradable, que le ha presentado a todo su grupo de amigos e incluso solo a los que son conocidos, se la pasan muy bien juntos y Sergio se siente en paz cuando está junto a Lance, han salido ya una gran cantidad de veces que ya ha perdido la cuenta, aunque solo como amigos o acompañados de otras personas. Está vez, Lance, le ha pedido una cita, una verdadera cita con el potencial de algo más, él lo sabe, se supone que le estará esperando en la entrada del edificio y Sergio continúa arreglándose sin hacer caso a la puerta. No quiere hacer esperar al chico y perderse el show de fuegos artificiales al que le ha invitado.

Pero es al salir que se encuentra con quién menos se ha esperado. La sorpresa en su rostro es normal hasta cierto punto, lo que si le sorprende pero deja ir bastante rápido es cuando descubre que tenerle de nuevo tan cerca no le ha dejado congelado en la entrada como algunas veces llegó a pensar que le pasaría si algún día volvía a tenerle así de cerca.
— Yo... Yo quería, eh — el rubio luce un poco torpe arrastrando las palabras— quería verte. Solo quería verte.— Esta claro que estaba por llamar a la puerta cuando Sergio justamente abrió y no le ha dado tiempo de preparar su discurso.
— Max, que... sorpresa.— dice Sergio ya más repuesto de la impresión inicial.
— ¿Estás ocupado?— indaga el rubio, acentuando con su mirada el aspecto arreglado de Sergio. — Quisiera que habláramos un momento.
—En realidad sí, estaba por salir. —y el pelinegro no podría estar más feliz de que no se esté enredado con sus propias palabras. —Me están esperando abajo, quizá en otro momento.
—¿Quieres que me vaya? ¿No me has extrañado? Por qué yo a ti sí, te he hechado de menos. — De entre todas las fantasias que tuvo Sergio antes y posteriores a su separación, nunca imagino que ver a Max con cara de atormentado diciéndole apresurada y torpemente que le ha hechado de menos fuera a hacerse realidad.
—¿Cómo has estado? —agrega nuevamente, quizá con la esperanza de alargar el momento.
Pero aún cuando ya Sergio le ha dicho que está por irse y es más que evidente que necesita pasar, Max no se mueve ni un milímetro de su sitio.
—Me tengo que ir, Max.
La mente de Sergio solo puede pensar en que Lance ya debe de estar abajo esperando y no quiere que por alguna razón vaya a subir y se encuentre con esta escena. Le preocupa que Lance vaya a pensar alguna cosa equivocada.
—¿Por qué? ¿Se va a enojar si estoy aquí? —y aunque Max no levanta la voz, ni suena autoritario si parece estarle suplicando con la mirada que se quede, con él.
—No podría importarle menos si estás o no aquí— Sergio no quiere ser grosero pero quizá la voz le sale un poco más alta de lo que pretende— déjame pasar, Max, por favor.
—¿No me has extrañado entonces? ¿Ya me haz reemplazado? ¿Así? ¿Tan fácil?— A Max siempre le ha gustado como suena su nombre en la firme voz de Sergio.
—Ya no hay nada entre nosotros, puedo hacer lo que yo quiera. —Sergio se mueve hacia adelante en un intento de salir de entre la puerta y el cuerpo sólido frente a él.
—¿Así? ¿Tan fácil? ¿Tan fácil haz metido a otro a tu cama? ¿A ocupar mi lugar?— pero el rubio parece estar plantado en su sitio y no le deja atravesarle.
—¿Qué? ¿Es en serio? ¿Celos, ahora?— Sergio suena solo un poco ofendido pero sí ya un poco molesto, al final de cuentas ambos son hombres y Sergio lo mueve de todas formas para poder salir.
—Sí, sí estoy celoso. — acepta Max al mismo tiempo en el que le sujeta de un brazo para que Sergio no siga avanzando y le dejé ahí parado.
—Estas borracho y estás molestándome — la acusación le saca una ligera risita al rubio en señal de aceptación— si no te vas voy a llamar a seguridad.
—Vine aquí para decirte algo, solo para decirte una cosa—el tipo en serio que luce mal, parecía que tuviese a punto de vomitar o a desmayarse incluso.
— No necesito oír nada de lo que vayas a decir, suéltame, Max. —decirlo solo es una cortesía de parte de Sergio por qué de todos modos se suelta, no es como si realmente Max estuviera haciendo un gran esfuerzo para retenerle cuando lo único que este quería era sentir otra vez por lo menos un poco de la piel y el cuerpo de Sergio. —No importa, ¿si? Ya no importa, si es para disculparte o lo que sea, ya no importa. Lo nuestro terminó incluso antes de que lo dijeras la última vez. Yo sé, sí, lo sé, que a ti simplemente no te nace quererme. Aquí— y la ligera presión que el rubio siente en su pecho, justo sobre su corazón le hace estremecer hasta lo más profundo de su ser—no hay nada para mí.
Por qué Sergio no necesita que el rubio lo repita una onceava vez, o no sabe que vez será porque ya ha perdido la cuenta de cuántas veces el rubio lo dijo y ya le ha quedado claro. Cuando por fin se aparta de él, el pelinegro camina hacia el elevador arreglando su camisa sin siquiera mirarle.

—Te amo — Max dice al final, aunque ya no hay nadie que escuche la sincera confección que le ha dejado con los ojos acuosos y el pecho ardiendo—Yo si te amo.

•••

Lance Stroll es todo lo que esta bien en un hombre, en una pareja, en un amigo, incluso solo como compañero de trabajo. Por eso cuando Sergio le encuentra esperando en la acera no menciona nada de lo que escuchó cuando subió para sorprender al pelinegro ni el tiempo que este se todo en salir, Lance supone que se tomó un momento para recomponer sus ánimos y se lo abrace por eso, en cambio, le sonríe al verle y a Sergio por supuesto que le han encantado las rosas que le ha obsequiado. Han pasado una noche agradable cenado bajo las luces de colores de los juegos artificiales, descubrieron la química que los dos comparten al bailar, caminaron un poco por las calles poco transitadas hasta que el efecto del alcohol le permitió a Lance conducir de regreso, es casi las dos de la madrugada cuando le acompaña hasta su puerta.

— No estás obligado a corresponderme, yo sé que en tu corazón no hay espacio para mí todavía y estoy bien con eso, tu amistad es suficiente para mí, por ahora.

Y la declaración toma un poco por sorpresa a Sergio porque él más bien había estado esperando un beso desde que Lance le tomó de la mano antes de dejarle entrar a su departamento.
Tal vez los ojos de Lance sean un poco más oscuros que los que estaba acostumbrado a ver pero al menos estos si le miran solo a él.

Ahora Sergio sabe que no va a estar estar triste hasta que muera y que su corazón en realidad no fué arrancado y está donde siempre ha estado.