Actions

Work Header

Sherlock Holmes y Miauriarty.

Summary:

En el estudio de Sherlock Holmes aparece un gato peculiar y de gran intelecto.

Chapter Text

No había casos. Ni aquí ni allá. Ni abajo ni arriba. No importaba si miraba a la izquierda o a la derecha; el crímen en Londres había desaparecido de la noche a la mañana, es más, ¡podría coronarse como la ciudad más segura del mundo!

Recostado en un sofá, Sherlock comenzaba a dudar de su cordura. La ausencia de Watson en el departamento podía o no podía estar acelerando su proceso como posible candidato a paciente de hospital psiquiátrico. 

Bufó y tiró su brazo al suelo, manteniendo sus ojos cerrados con el entrecejo fruncido.

— ¡Al carajo, voy a…!

Estaba por ponerse de pie y encaminarse a Scotland Yard por su cuenta hasta que una sensación de humedad en sus dedos lo distrajo, obligándolo a bajar la vista al suelo.

Allí estaba, un gato de pelaje amarillento olía su mano sin asustarse por los movimientos bruscos del detective. El animal llamaba la atención porque pese a la ausencia de un collar, de callejero tenía entre poco y nada. Holmes perdió la noción del tiempo contemplando los sedosos pelos de oro que cubrían al minino de pies a cabeza, sus pupilas trazaron maravilladas el patrón ocre que le hacía rememorar a un tigre.

¡Eso era! ¡Se trataba de una diminuta fiera salvaje! 

Al notar que fue descubierto, los ojos escarlata del felino se encontraron con los de Sherlock y comenzó un concurso de miradas que en cuestión de segundos el detective perdió cuando una ancha sonrisa se le dibujó en el rostro y acabó acariciando la cabeza de su inesperado invitado, éste correspondió frotándose contra el dorso de su mano. El pelaje del animal era como acariciar terciopelo. En definitiva, debía tener dueño.

Despreocupado por llenarse de pelos y con la nula resistencia del felino, lo cargó entre sus brazos y bajó las escaleras en búsqueda de su casera. La señorita Hudson, que estaba en la planta baja preparándose para salir, volteó ante un conocido sonido de pasos. De inmediato la expresión serena que adornaba sus rasgos faciales se distorsionó a una de evidente molestia.

—Antes que pueda decir nada —El detective se apresuró a esclarecer la situación—, tampoco sé de dónde ha salido. Y no, no planeo convertirme en su dueño. En realidad —Aclaró su garganta— la buscaba para resolver esa incógnita, aunque —Pausó, acariciando la barbilla del gato y él respondió con un ronroneo— permítame dudar que alguien de esta calle o del otro lado de la acera pueda darse el lujo de mantener con semejante cuidado a un gato como este.

Porque este no era como ese ni aquel . Emanaba un aura de elegancia propia de la aristocracia gatuna si cabiera la posibilidad de la existencia de una.

La señorita Hudson acabó suspirando y se acercó para observar más detenidamente a especimén peculiar.

—Ahora que lo dices, se ve cuidado y regordete —concordó—. No me digas que… ¿un noble lo habrá abandonado?

—Vaya, qué escenario más cruel —”Pero no imposible” pensó. 

—Es lo único que se me ocurre. Habría muerto al saltar de un carruaje en movimiento, ¿no te parece?

—Ciertamente, y si lo hizo, tuvo suerte de no fallecer.

Ambos cayeron en un silencio muerto. Hudson quería decirle a Sherlock que se deshiciera de él, mientras que Holmes sentía curiosidad por saber cómo había llegado a la calle Baker. Él estaba a punto de hablar cuando ella lo interrumpió.

—Haz lo que quieras mientras no se quede aquí. Sé que no me obedecerás de todos modos —Irguió su espalda mostrándose orgullosa y con la frente en alto giró el pomo de la puerta—. Cualquier cosa es mejor que tenerte holgazaneando allá arriba.

Sin dar tiempo a una respuesta, desapareció por el umbral de la puerta. 

Holmes miró al animal y a su vez, este le devolvió la mirada todavía ronroneando. Sin embargo, contra cualquier pronóstico, empujó los brazos del detective con sus patas traseras y tras liberarse del agarre, corrió al departamento de Sherlock.

— ¡O-oye, aguarda! —Corrió detrás de él, mas pese a sus esfuerzos, lo único que fue capaz de ver cuando llegó, fue la cola del minino desaparecer por el borde de la ventana—. Supongo que después de todo sí tiene dueño… —Chasqueó la lengua rascándose la nuca, decepcionado.

Había algo en ese gato que intrigaba al consultor, ¿serían sus penetrantes ojos rubí que parecieran querer develar todos sus secretos? En el fondo, deseaba que volviera a aparecer por ahí.