Chapter Text
preludio
Esa noche, cuando termina la pelea contra Noroshi, sólo faltan un par de horas hasta el alba.
Para Sakura, más bien, faltan todavía un par de horas hasta el alba. El dolor en los huesos y los golpes recibidos le laten bajo la capa de músculo como un recuerdo distante, uno que no alcanza a encajar en su mente dentro de esta misma noche que aún no acaba, y que tiñe de surrealismo la oscuridad bajo sus pies. Quizás por la fuerza con la que Endou ha estrellado su cabeza contra el suelo pedregoso, Sakura camina como si flotara. Bajando un tramo de escaleras tras otro, sus rodillas se hunden como si pisara algodón, con un ardor difuso radiándole desde la articulación a cada paso.
Su cuerpo no se siente exactamente como si le perteneciera. Su espíritu ya ha escapado a mañana, tirando de él desde la línea del alba. Sakura se pregunta si está soñando.
Cuando llega al primer nivel y sale al patio de la Fuurin, sin embargo, una idea lúcida consigue abrirse paso: Togame aún no se ha ido.
Sakura no siente sus propias heridas, pero las de Togame las percibe sin entumecimiento. Poco importa que los golpes sean un premio seguro en cualquier pelea, y que Togame accediera por sí mismo a unirse a esta; Sakura… a Sakura le duele la cabeza. Cuando ve la silueta magullada de Togame dibujarse entre dos halos de farolas, y ve el polvo que le ha cubierto la ropa — y ve, sobre todo, que Togame seguía esperándolo —, la punzada de culpabilidad que lo atraviesa despierta a Sakura por completo.
Se tambalea.
— ¡Sakura!
Togame no grita. La urgencia que siente la transmiten sus pisadas rápidas, como si no hubiera acumulado horas de cansancio, y la mano tibia que se adelanta para sujetarle el codo a Sakura. Vacilante, Togame se aparta poco después.
Tiene restos de sangre seca sobre la nariz y los labios. A Sakura le duele todo.
— ¿Estás-
— ¿Quieres-
Lejos, los primeros albores del cielo avanzan lento. Sakura aprieta los dientes. La mirada de Endou en su espalda le pesa como un empujón inexistente.
— ¿Quieres — repite Sakura — venir a mi casa? Si vas andando hasta la tuya, se hará muy… La mía está más cerca, de todos modos. Puedes desinfectarte las heridas y dormir un poco hasta que se haga de día.
La mano de Togame ha vuelto a sujetarle el brazo sin que se diera cuenta. Durante unos segundos, el reflejo de las farolas titila en sus ojos.
— Hm — asiente al fin, lento, y Sakura no necesita oír nada más.
………
Es en esa madrugada cuando Togame descubre hasta qué punto es precaria la casa que tiene alquilada Sakura.
La oscuridad había logrado camuflar el estado de la residencia y el crujir de los escalones exteriores mientras Sakura lo guiaba a los apartamentos de la segunda planta, pero, cuando Sakura empuja la puerta, la bombilla blanca del genkan evapora todo rastro de duda.
Togame no dice nada, por supuesto. La mirada que pasea en derredor sólo se posa unos instantes en la pared agrietada y el mueble desvencijado de la cocina antes de volver a los ojos de Sakura, larga y silenciosa.
Sakura no tiene energía para preocuparse por las apariencias. Ha reservado las últimas gotas de fuerza para obligarse a caminar recto, ignorando el palpitar de sus sienes mientras empuja la puerta corredera del baño y se agacha a buscar el botiquín metálico que trajo con él desde muy lejos.
Bajo el algodón y la yema de sus dedos, la piel de Togame está ardiendo.
………
— ¿Seguro que no te molesto?
— Seguro — insiste Sakura, y frunce el ceño. Su bostezo a mitad reprimido ha levantado una pequeña nube gris entre los estantes del armario. Tiene que estar en alguna parte —. Ah. No te importa que tenga un poco de polvo, ¿no?
Togame ríe.
— Ahora mismo… podría tumbarme en medio del suelo y dormirme al instante.
En medio del suelo está extendido su propio futón, en realidad, pero Sakura aparta la mirada sin decir nada. Ha logrado emerger de la polvareda del armario con el futón de invitados que la casera dejó milagrosamente ahí antes de alquilarle el apartamento.
— ¿Sirve?
Togame ladea la cabeza. Es más bien un balanceo sonriente y con sueño.
— Sirve.
El clic del interruptor vuelve a sumirlos en una penumbra azulada.
………
Pese al sueño, Sakura no duerme en esas dos horas. En sus noches de insomnio se ha familiarizado con el desfase que siempre sobreviene en algún momento, cuando la mente desvelada comienza un nuevo día pero el agotamiento todavía inmoviliza todos los músculos del cuerpo.
En su infancia, eran noches pasadas al acecho. Oído avizor esperando a un crujido que denunciara unas pisadas, y con ellas otro torrente de gritos.
Esta vez, en cambio, Sakura está pensando en los dos capitanes. Aunque le pesen los párpados guarda los ojos abiertos, alimentado por la ansiedad que le corretea en el pecho. Piensa en Umemiya, y en la azotea. Piensa en Endou, cuya mirada se ha sorprendido a sí mismo comprendiendo mejor de lo que querría. Y piensa en Togame.
Lo más inquietante de todo es probablemente cómo duerme a su lado sin que los instintos de Sakura lo identifiquen como una presencia extraña.
Sakura no es especialmente territorial. Con su par de camisetas blancas y posesiones que caben en una mochila, se ha movido de vivienda en vivienda sin tomarle demasiado apego a ninguna de ellas. Si tienen huellas de otros, que así sea. Es sólo que le gusta estar solo. Cuando al llegar aquí encontró este edificio sacado de una película de terror, lo que más le atrajo no fue únicamente el alquiler mínimo, sino el crujir del suelo. A la mínima intrusión, la casa reacciona con chirridos y corrientes procedentes de ninguna parte, como si quisiera asegurarle a Sakura que la quietud de las noches es garantía de soledad. Eso le gusta.
Y por eso, quizás, no logra despegar la mirada de la silueta dormida de Togame. Con toda su altura y su peso, no le ha sacado un solo ruido a los viejos tatamis del suelo. La casa se adapta en torno a su presencia sin hacer preguntas.
(Y Sakura también.)
Cuando al fin el sol entra por la ventana, el haz que forma en el suelo cubre también a Togame sin apenas perturbarse. Sigiloso, moldeándose inafectado a la curva de su espalda, y tan progresivo que, cuando su calidez se hace de notar y Togame abre los ojos con una mueca, ya han pasado largos minutos.
Lo que encuentra al enfocar la vista son los ojos de Sakura puestos en él.
Una tos fingida, con la que Sakura intenta desviar la mirada.
Y una pequeña mancha de sangre ahí donde había estado apoyado en el futón.
Togame se lleva la mano al corte reabierto en su labio.
— Ah… Sakuraa…
Sakura está demasiado cansado para que una mancha le importe… probablemente. Ha borrado de un plumazo su expresión sobresaltada de hace apenas un momento, enterrándose en el futón hasta la cabeza, y ahora Togame sólo puede adivinar bajo la colcha el gesto indiferente de sus hombros, el tono amortiguado de su voz.
— Es problema tuyo. La próxima vez que vengas también te tocará usar eso.
Y, aunque ya ha despertado por completo, la mente de Togame se queda en blanco.
