Chapter Text
Dumbledore me dio un pequeño empujón en la espalda. Quedé frente a la casa de mis tíos; Vernon estaba muy cauteloso, viendo al hombre viejo.
—No te preocupes, Harry, tus cosas aparecerán en un momento dentro de la casa, hasta el próximo año escolar.
Dumbledore se despidió y desapareció tan rápido como me hizo aparecer a mí frente a esta cárcel.
—Entra, muchacho —mi tío señaló la puerta. Mi tía entró junto con Dudley, pero Vernon se quedó esperando mientras yo solo miraba aquella casa—. ¡Dije que entres! —movió su pesado cuerpo hacia mí. Retrocedí un poco y él me agarró del brazo—. No creas que estamos felices de tenerte aquí. La verdad es que a todos nos hubiera gustado que te quedaras en esa escuela de fenómenos como tú.
—Yo también deseaba eso —susurré mirando al piso.
—¿Qué dijiste, fenómeno? Para que sepas, pensé en mi humilde generosidad darte una de las habitaciones de Dudley, pero luego de este altercado me veré en la obligación de castigarte.
Vernon me arrastró por el pasillo hasta la escalera, abrió la puerta del armario de escobas y me empujó dentro. Caí fuerte y me golpeé la cabeza y el cuerpo con mi baúl y las demás cosas que tenía de Hogwarts. "Así que a esto se refería con que mis cosas aparecerían dentro de la casa", me dije mientras me golpeaba la cabeza e intentaba no llorar. Otra vez mi cuerpo dolía y, por cómo iba la situación, al parecer seguiría así todo el verano.
—¡Vas a dormir ahí hasta que tus extremidades se atrofien y solo sirvan como hueso para perro! —Vernon cerró la puerta bruscamente detrás de mí. Suspiré: "Este va a ser un largo verano, pero al menos ahora los tengo a ellos" y comencé a pensar en mis amigos, en el mundo mágico que era tan mágico que me hacía sonreír al pensarlo. Quería regresar ya, pero ahora mismo solo podía dejar que mi imaginación fluyera y plasmara un poco de esa magia en papel.
Las primeras semanas fueron difíciles, se había acostumbrado a su cuerpo a comer hasta rodar en el colegio, con comida tan rica, banquetes de reyes todos los días y una cocina con elfos siempre felices de darle de comer cualquier antojo que desee en cualquier momento del día. . Ahora volvió a su misma rutina de 9 años, comer de vez en cuando o cuando su tía le tiene una pizca de compasión que eso no es nada común, ahora que regreso y como castigo por haberlos dejado esperando como idiotas en el tren no pudo comer. . . por 3 días y se le restringió la cena dos semanas, esas semanas fueron duras.
Volvió a su viejo hábito de robar comida, a pesar de tener algo para comer que escondió de sus días de escuela se tuvo que comer la mayoría que se caducaría en menos de 14 días. Así que ahora estaba hambriento y casi sin reservas.
Espero a la madrugada, que sus tíos fueran a dormirse y así poder salir a robar algo, no había comido en todo el día por no haber cocinado bien el desayuno ese día, Dudley y Vernon tenían un sueño profundo así que podía hacer algo de ruido. . . antes de llamar la atención de ellos, aunque su tía estaba más pendiente de esas cosas. Cuando creyó que era seguro salió de puntillas, se acercó y abrió la nevera, busco entre las cosas que más había y que sabía que no se daría cuanta su tía que faltaba algo. Había bastante queso así que tomo una pequeña rebanada, también había bastante pan de molde para sándwiches así que podría hacerse un pequeño sándwich.
Mientras masticaba el pan sintió una respiración agitada detrás de su espalda y en un momento antes de girar un fuerte golpe en su cabeza hizo que mordiera fuerte su lengua, tosió y escupió algo del pan, miro hacia arriba aterrorizado.
—¡Que crees que haces fenómeno! —su tío lo agarro del pelo, lo levanto del suelo y lo llevo cerca del lavabo— ¡esta es nuestra comida, ya mucho reparamos en gastos dejándote vivir con nosotros!
Su tío le metió la mano en su poco tocando su garganta y comenzó a golpear la boca de su estómago con su puño.
Harry tosió y tosí hasta que vomito algo de lo que había comido, Vernon siguió metiendo su mano en lo más profundo de la garganta del niño hasta sacarle sangre mientras seguía golpeando repetidas veces su estómago para que votara todo lo que ingirió.
—¡¿Crees que puedes venir a esta casa y comer nuestra comida sin nuestro permiso?! ¡RESPONDE! —Vernon lo dejo caer al suelo.
Harry yacía tendido en el suelo tosiendo algo de sangre, tapo su boca con sus manos evitando el seguir tosiendo y miro con odio a ese hombre que tenía que llamar tío, solo era un maldito cerdo salvaje. Esa mirada de odio enojo aún más al hombre que le tiro una patada en la cara para que dejara de verlo.
—Y no creas que esto solo quedará así, mañana ni en toda esta semana probaras bocado ¿no piensas que has engordado mucho? Antes no eran tan pesados cuando te cargaba.
Harry no dijo nada, apenas y podía respirar porque aquel hombre le rompió la nariz de una patada y ahora estaba sangrando tanto de la boca como de la nariz.
—Levántate ahora y ve a tu armario, no quiero tener que arrastrar tu pesado cuerpo hasta ahí —Harry solo lo vio irse, aun con odio en su mirada.
Se arrastró por el piso y se metió de nuevo a su armario cerrándolo detrás de él. De su baúl saco unas hojas de pergamino y las uso para secar la sangre de su nariz, que importaba, mañana estaría mejor, se curaría como todas las veces que paso de niño así que solo descansó su cuerpo en aquel colchón viejo tendido en el suelo .
Decidió entretenerse, saco hojas de pergamino y un carboncillo y comenzó a trazar, dibujo y dibujo, intentando aliviar con eso el gran peso que lo estaba asfixiando, plasmo en aquellos pergaminos a su musa, su lechuza Hedwig, a sus amigos, Draco, Ron. . . y Hermione. Los recordaba con tanto apreciaba que producía calor en su pecho, hacía que los golpes dolieran menos. Les escribieron, les escribieron tantas, pero tantas cartas, las mando con Hedwig todas y cada una, jamás hubo respuesta, nadie le habló, estaba aislado del mundo mágico, del mundo en general.
A nadie le importaba.
Nadie hablaría con él porque no era su amigo.
¿Quién sería amigo de un monstruo?
"Recuerde señor Potter, inhale y exhale" intento respirar mejor, su interior rebosante de odio quería salir, pero no podía dejar que eso pasara, haría daño a sus tíos...
Pero se lo merecen, ellos son malos.
Nadie merece morir.
¿En serio nadie?
Solo un monstruo mataría gente.
Como tú, como Voldemort.
"Inhala... exhala..."
Eres un monstruo y siempre estarás solo.
El piso comenzó a temblar, comenzó a transpirar ya temblar más fuerte que el suelo, podía sentir como el enojo cubría todo mi cuerpo y nublaba mi mente.
—¡Ah!
Sentí un arrepentido dolor en la cabeza, mi escoba me había caído en la cabeza, Hedwig estaba alterada y gritándome.
—Lo siento —me moví un poco y la saqué de su jaula— te dejaré volar un rato, pero que mis tíos no se enteren y ¿podrías enviar esto? —le mostré los pequeños dibujos de mis amigos y ella asintiendo.
A pesar de que sabía que no tendrían respuesta alguna, me daba ilusión mostrárselos, luego haría más hasta que me quedara sin espacio en este pequeño armario para pegar. Todo hubiera seguido medianamente bien, podía soportar todas las vacaciones de verano ¿no?…
Viernes en la madrugada ¿qué día? La verdad él no sabía, todos debían seguir dormidos así que era su momento, el momento de darse un buen baño a tempranas horas de la mañana para que ni sus tíos o primo lo notaran en el baño, les daba asco que usara su baño, pero al menos no decían nada si no lo encontraban ahí, tampoco lo dejaban usar cosas de higiene personal que eran de sus tíos o su primo porque les pasaría alguna enfermedad, ojalá, pero eso lo dejaba sin herramientas para su higiene, ya que tampoco le proporcionaron alguna, robo unos jabones y algo de champú y cremas del colegio, no importaba cuantas veces agarrara siempre aparecían mágicamente. Le encantaba.
Los jabones olían bien, no irritaban su piel como el jabón de ropa o de trastes, el champú era oloroso y bastante rico al tacto, hacía bastante espuma y lo relajaba de manera increíble, su pelo quedaba más esponjoso y lindo, pocas veces había disfrutado tanto bañarse como sus días en Howarts. Pero no debía quedarse hipnotizado por los increíbles aromas tan relajantes, debía salir rápido antes que alguno de ellos viniera. Salió lo más rápido que pudo de la bañera y se colocó una toalla en la cintura ya lista para irse cuando de la nada se abre la puerta del baño.
Era su tío, semidesnudo, enojado y cansado “mierda” pensé "hoy era viernes, el viernes él iba a una reunión en el trabajo y se iba a levantar temprano"
—Te dije que no te bañaras en el baño de la casa —su tío comenzó a acercarse.
Mire al suelo, pero no puedo estar sin bañarme.
—Tú sabes que no debes dejar que mi mujer te vea o mi hijo y menos en mi presencia —estaba tan cerca que podría sentir su respiración. Me hice bolita y esperé lo peor.
Hubiera esperado un golpe o algo parecido, lo que sentí fue su mano en mi muslo, junte mis piernas y me cerré más en una bola. Podía sentir como sus manos recorrían mi cuerpo, pero no podía hacer nada… lo intento varías veces, no era lo suficientemente fuerte para quitar o mover un poco su mano, solo podía quedarme ahí y esperar mientras solo podía pensar.
"Como si un jabalí salvaje hambriento hurgara por comida"
Temble y aguante ganas de llorar.
"En serio ahí queda tu coraje y espíritu de lucha"
"¿Qué sabes si esta vez puedes hacer algo?"
Respire con dificultad, un fuego en mi pecho no me dejaba seguir quiero, intento lanzar una patada, pero solo logro que el jabalí se enojara más, aun hambriento agarro mi pierna y se la puso sobre su hombro, me presionó más y me enjaulo contra la pared, comenzó a hurgar con su gran hocico en mí entre pierna. No queria pensar que esto le estaba pasando de nuevo a él quizás una película...
"Si sigues terminarás golpeado"
Pero no podía dejar eso así, con sus manos jaló e intento rasgar la cara del jabalí ¿qué era lo que había hecho con el troll esa vez? Pincho con su dedo uno de los ojos del jabalí, este solo se enfureció más y le propinó un golpe en la cara que lo dejo casi completamente aturdido, sus lentes cayeron al suelo del baño, rompiéndose más. Ahora simplemente no escuchaba nada, todo era un zumbido en su cabeza, le costaba respirar y sentía cómo que agua caliente bajara por su nuca.
Dolia
Se sentía asqueroso
No podía hacer nada
¿En serio no podía?
Sigue luchando, mataste a ese mago oscuro dos veces ¿por qué no podría contra un jabalí salvaje?
"La varita"
"¿Dónde está mi varita?"
"¿Dónde?"
¿Dónde?
¿¡DÓNDE?!
"Sobre el baúl"
Mire sobre el masivo cuerpo del jabalí, de la puerta del baño venía rápidamente volando una vara de madera con una forma en particular ¡era su varita! Ella llegó a su mano de manera mágica e increíble. Le apunte al jabalí "¿Qué había dicho Draco contra aquel monstruo en el bosque?"
—immobulus —dijo fuerte, con determinación y la furia que calentaba y llenaba todo su cuerpo. El jabalí quedó inmóvil aún con su hocico entre su toalla, pero ahora ya se podía mover. Bajo su pierna aquel hombro y salió corriendo hasta su pequeño armario debajo de las escaleras.
Su tío lo mataría cuando volviera a moverse así que monto una pequeña barricada con su baúl en la puerta y se escondió detrás abrazándose fuerte con Hedwig, ella no protestó, de alguna extraña manera comenzó a sobarlo ya consolarlo como si supiera que se sentía mal. ¿En qué momento empezó a llorar?
Al rato su alguien bajo, sabía que era su tío, podía reconocer sus pesadas pisadas en cualquier lugar, abrazo más fuerte a Hedwig, tenía miedo… su tío tocaba y tocaba repetidas veces la puerta de su armario, tan fuerte que creía que derribaría su puerta, al cabo de un rato paro y luego pudo escuchar como se iba. Quien diría que este lugar tan pequeño y agobiante que lo asfixiaba desde su infancia fue su salvación otra vez, era su más grande castigo como su prisión.
Todo fue relativamente bien ese día, su tío no le dijo nada a su tía de lo que paso en el baño y eso estaba bien, quería ahorrarse la vergüenza de que alguien supiera lo que pasó. A la noche mientras cocinaba la cena pudo notar como su tío le tenía un poco de temor, era tan satisfactorio ver como tenía pequeños temblores cuando servía la mesa. Una lechuza llegó en media cena con una carta, la arrojó en su cara, Dudley se la arrebato y se la entregó a su padre, él la abrió y leyó en voz alta, una extraña sonrisa adorno si asqueroso rostro.
—Estimado señor Potter, el ministerio de magia le comunica que por favor se abstenga de hacer magia niño fuera de la escuela, es de suma importancia esa ley, pero no se preocupe, aún es un y entendemos que se le haya podido resbalar, solo es una advertencia a tener en cuenta, tengo una linda noche —cito su tío riendo mientras me veía, sentí un sudor frío por toda mi espalda.
— ¿A qué viene esto? Fenómeno ¿hiciste magia? ¿Desde cuándo te hemos permitido hacer ese pecado en esta casa? —su tía lo miro con desprecio.
—Me quise jugar una pequeña broma querida, pero ahora ya sabe que no puede hacer nada —me dirigió una sonrisa con sorna. Se levantó y agarro mi pequeño plato con verduras y un pequeño trozo de pollo y se lo sirvió a él mismo.
—Eso no es justo maldito cerdo —él me dio una cachetada y luego se sentó a comer, mi primo solo se río y mi tía me ignora.
Era tan asqueroso, hasta el mundo mágico lo había abandonado y le había dado la espalda, aunque quisiera y necesitara defenderse de su tío no podría. Salí de la casa corriendo sin rumbo alejándose lo más posible, miré por el rabillo de mis lentes a la señora Figg, comenzó a temblar y sentí como que algo en mi interior rugía por salir. En algún momento me quedé sin conocimiento y volví a despertar con mi ropa rota en aquel parque, un molesto parque lo suficientemente cerca de Privet Drive, suspiré y caminé de regreso, parecía que pasó la noche ahí porque ya estaba saliendo el sol. Quería vomitar.
—Todos ya tienen sus papeles para cuando vengan los invitados, ¿muchacho? —su tío se dirigió a él.
—No hacer ruido y hacer parecer que no existe.
—Bien, bien, muchacho. Ahora, todos a sus posiciones y tú —me señaló.
—A mi armario —comencé a caminar de la sala de estar al armario debajo de las escaleras y me encerré allí—. "Sería fácil fingir que no existe, lo he hecho la mayor parte de mi vida." Saqué uno de sus libros de hechizos y comencé a leer, ni cómo que tuviera algo mejor que hacer.
Al rato vinieron las encantadoras visitas de Vernon, que, según lo impulsarían a tener un ascenso, y si Dios de verdad existe, tendría que irse él de la casa a trabajar en Escocia. Así que no podía arruinar esta gran oportunidad, pero ¿por qué las cosas jamás le salen bien?
Un puff sonó de la nada en su armario, donde apareció un elfo doméstico. No parecía a los de las cocinas; Vestía más sucia.
Curvé una ceja. —¿Quién eres y qué haces aquí? —Me senté sobre el colchón.
—Oh, me llamo Dobby, soy un elfo doméstico. Vengo a advertirle algo, señor Harry Potter —el elfo se sentó sobre mi baúl.
— ¿Anunciarme algo? ¿Qué pasa?
—No debe volver este año a Hogwarts, señor Potter, no es seguro.
— ¿No es seguro? ¿No puedo regresar a Hogwarts? Hogwarts es mi hogar, no aquí. Tengo que regresar. He soportado mucho estando aquí como para que un elfo de la nada venga y me diga eso —fruncí el ceño y dejé de lado el libro de hechizos.
—Estoy preocupado por usted, señor Potter. No solo yo, también mi pequeño amo. Estoy seguro de que si supiera lo que ocurrirá en Hogwarts, no lo dejaría volver.
—¿Quién es tu amo? ¿Qué ocurrirá? Aunque supiera, probablemente sería igual.
—Yo... Dobby no puede decir eso, señor. Mi amo no le permitiría a un elfo como yo decir algo, pero... no debería haber dicho eso —el elfo corrió y comenzó a golpearse la cabeza contra la pared.
Me levanté y lo sostuve intentando detenerlo. —Dobby, para, mi tío no puede escucharte.
El elfo se calmó. —Esto es el castigo al que se tiene que someter un elfo doméstico si habla mal de sus amos —decía con la voz temblando—. Señor Potter, digame que no volverá a Hogwarts.
—Dobby, no puedo prometer eso. Me enfrentaré a cualquier cosa con tal de volver a Hogwarts.
—¿Por qué quiere volver al lugar donde no tiene amigos? Ninguno ha respondido sus cartas.
—Lo sé, pero... pero... Dobby, ¿cómo sabes eso? —paré un segundo a pensar lo que dijo y de pronto sentí como algo encajó en mi mente, miré con furia al elfo doméstico.
Dudley sacó de la nada un manojo de cartas viejas, algunas se miraban más recientes. —Yo creí que si el señor se sentía solo, no querría volver a Hogwarts.
Fruncí el ceño y con voz firme. —Dobby, dame las cartas —le ordené.
—No —Dobby se relajó y de la nada escuché a alguien venir al armario. Agarré al escurridizo elfo y lo metí de golpe en mi baúl y me puse sobre él para, con mi peso, cerrarlo.
Vernon abrió de golpe la puerta. —¿Por qué estás haciendo tanto ruido? Tengo visitas aquí, arruinaste mi chiste de golf —asentí a todo intentando reclinar mi peso sobre el baúl—. Te juro que si vuelves a hacer otro ruido, desearás no haber nacido —me advirtió.
—Lo he deseado desde los 5 años —susurré con molestia. De pronto sentí una cachetada y miré en dirección a mi tío.
—Cierra esa bocota floja cuando yo hable.
Vernon se fue y se separó del baúl. De pronto, el elfo volvió a aparecer con un chasquido frente a él y salió corriendo del armario hacia la cocina. Lo seguimos y acabamos frente a frente.
—Regresa esas cartas, Dobby —susurré.
El elfo comenzó a mirar el pastel de mi tía. —Prométame que no volverá a Hogwarts este año —levantó su mano y parecía que en cualquier momento chasquearía los dedos.
—No te puedo prometer eso.
Todo pasó tan rápido. El elfo desapareció con mis cartas y el pastel levitó hasta la visita. Intenté detenerlo y agarrarlo antes de que cayera, pero en vez de eso, pareció como si yo lo tirara encima de la señora. Las visitas me miraron enojadas ya mis tíos se les cayó la cara de vergüenza. La golpiza que le vendría después valdría esas caras. Y así fue, luego de despedir a las visitas, Vernon lo levantó del suelo, lo empujó en su armario y comenzó a darle una paliza hasta dejarlo casi inconsciente.
—¡Jamás volverás a esa escuela de anormales! —Vernon cerró la puerta de golpe, dejándolo a él ahí tirado buscando respirar. Cerró los ojos un momento bastante largo.
"Paraca."
"Duelo."
"Asco."
Toc, toc, toc. Escuchó que tocaron la puerta de su armario. Abró el ojo que no tenía golpeado y vio a su alrededor que ahora estaba a oscuras.
Toc, toc, toc. Volvieron a tocar la puerta de su armario— ¿Harry? ¿Amigo, estás ahí? — se sobresaltó "¿Qué hace Ron aquí???". See levantó y vio por las rejillas de su puerta que del otro lado se encontró con los ojos azules de su mejor amigo.
—¿Ron? —"¿Esto era un sueño? Si era así, ojalá que no se despierte", aunque el dolor inmenso de su cuerpo le decía que no era un sueño.
—Harry, amigo, ¿por qué estás aquí? ¿Sabes qué? Te sacaré... —Ron intentó abrir a la fuerza la puerta, que se abriría desde adentro. Solté una pequeña risa y puse mis manos en el picaporte para abrir, pero luego me detuve. "¿En serio Ron lo miraría así? Tan... golpeado." —¡Urg! No se abre. Llamaré a Fred, ya vengo, prometo que regresaré enseguida, ¿vale?
Escuché a Ron alejarse. No se sentía bien. Él, de alguna manera, viajó hasta su casa y vino a sacarlo de aquí. Estaba completamente agradecido con eso, pero no quería que viera su cara tan mal, aunque su cuerpo estaba peor y sus lentes... suspiró y abrí la puerta del armario.
Ron volvió y lo vio fuera del armario. Bajó la cabeza, tenía vergüenza de que lo vieran. Luego sintió un pequeño empujón que lo volvió algo adentro del armario. También sintió cómo su cuerpo era presionado en un gran abrazo, ahora sí lloraría.
Ron frotaba su cara contra el espacio de su cuello. —Amigo, no respondiste ninguna de mis cartas o las de los gemelos ni las de Hermeon. Todos estábamos tan preocupados. ¡Hasta Malfoy me escribió a MÍ preguntándome si me había respondido! —Ron se apartó y lo agarró de los hombros—. ¿Entiendes lo grave del asunto, que hasta el aireado ese me escribió? A mí, un traidor de la sangre y esas cosas de puristas. ¿Harry? ¿Qué te pasó en el ojo? —el pelirrojo examina su rostro mientras yo soltaba un par de lágrimas.
—Está bien, se curará en la mañana, creo... desde que salí de Hogwarts ahora mis heridas se curan más lento —sostuve su mano para que dejara de tocar el moretón. Dolía un poco, pero no lo diría en voz alta.
Ron frunció el ceño. —Amigo, esto—
—¿Ya sacaste a Harry? —Ron se apartó y vio por la puerta del armario—. Oh, ¿saliendo del armario, hermanito? No sabía que a ti también te gustan los niños —dijo la voz con picardía, y yo me asomé a ver de quién era esa voz que me resultaba familiar.
—Cállate, Fred. Encontré con Harry.
—No me digas, ¿en serio? ¿Y si es un imitador? —Ron se miraba irritado—. No me mires así, hermanito. ¿Qué hacía Harry en ese armario? Y ese ojo... saben, mejor me pregunto más tarde. Ya nos tenemos que ir. Estuve revisando las demás habitaciones, pasé por la de un viejo gordo, se tiró un pedo y me reí a lo idiota, y ahora creo que casi lo desperté.
—Vamos, Harry, sube al cuarto vacío del segundo piso.
—Vamos, Harry, sube al cuarto vacío del segundo piso. Ahí están George y Adrian con el auto. Fred, ayúdame con sus cosas.
"¿Auto? ¿Los magos tienen autos?"
Ron y Fred comenzaron a llevar sus cosas, y él agarró a su lechuza y fueron al cuarto vacío de juegos de Dudley. En la ventana estaba.
—¡¿un auto volador?! —casi se le cae la mandíbula de la impresión. Fred y George se rieron.
Escucharon puertas para abrirse y vieron cómo se encendían las luces en toda la casa.
—Chicos, apurense. Pásenme las cosas y las voy acomodando. Ya no tenemos tiempo para el secuestro —Adrian se inclinó desde una de las puertas del carro volador. Comenzamos a subir mis cosas rápidamente al coche antes de que llegaran mis tíos.
Abrieron la puerta detrás de él. Ron ya estaba subiendo al auto.
—¡¡¡MUCHACHO!!! —su tío salió corriendo desde la puerta de la habitación. Me subí rápido a la ventana y Ron me extendió la mano.
—¡ARRANCA, GEORGE! ¡¡¡ARRANCA!!! —gritó Adrián desde el coche.
—¡Harry, agárrate fuerte! —Ron me presionó la mano y yo me impulsé desde la ventana y di un salto apoyado en la mano de Ron para entrar al coche.
Mi tío intentó agarrarme del pie, pero terminó resbalando del segundo piso por la ventana y cayó a unos arbustos debajo de la casa. Todos reímos al unísono.
—Eso fue increíble, Harry —lo elogió Fred.
—Hay que volverlo a hacer —decía entre carcajadas George.
—Concuerdo. Todo para volver a ver cómo se cae mi tío —dije entre lágrimas de tanto reír.
Ron lo abrazó de nuevo, aún agotados ambos. —¡Feliz cumpleaños atrasado, Harry! —le regresó el abrazo fuerte.
—¡Un poste de luz! —apuntó Adrián al frente del coche.
—¡¡¡AHHHHHHH!!!! —gritaron todos y el coche chocó con el poste de luz, pero al menos no cayó al suelo.
—¡Mierda! ¡Ron, revisa si está completo el auto de papá! —Ron rápidamente se asomó por la ventana.
—Uyyy.
—¿Cómo que "uyy"? Habla, ¿qué pasó?
— ¿Esa abolladura se quitará con magia? —Ron señaló el gran hoyo que se le hizo al carro.
—Papá nos va a matar —se resignó Fred.
Adrian río y le dio un beso en la mejilla a Fred. Eso me incomodó un poco, pero estaba bien; se veían lindos. "¿Así se miraría Draco dándole un besito en la mejilla? Pero ¿por qué alguien lo besaría?" Aunque solo imaginaba esa escena con Draco hacía que mi panza se retorciera, no de una forma asquerosa, sino que era algo dulce... no sabía cómo explicarlo.
—Qué bueno que a Harry ya mí no nos van a decir nada. La señora Weasley me ama.
—Presumido —Fred le volvió el beso a Adrian.
—Sí, okey, coman frente al pobre —bufó George—. Oye, Harry, ¿y por qué no respondías nuestras cartas?
—Oh, bueno, un elfo doméstico de no sé quién me estaba robando las cartas.
Ron se sorprendió. —¿Era eso? Yo creí que era porque nuestra lechuza Errol las había perdida, así que le pedí a Percy si me prestaba su lechuza, pero no quiso porque ahora se la pasa enviándole cartas a su novia.
—¡¿Percy tiene novia?! ¿Quien? ¿Y desde cuándo lo sabes? —preguntó George al volante.
Adrian y yo miramos curiosos a Ron. —Uy —exclamó y se tapó la boca.
—¿En serio nos dejarás con la curiosidad, hermanito? —dijo de manera burlona George.
—Oye, Harry, ¿y por qué te tenían en un armario de escobas? Ni nuestra madre enojada nos haría un castigo así —habló Fred. Yo me tensé y volví a mirar al piso mientras me acomodaba en la parte de atrás del auto junto con Ron y Adrian para el largo viaje.
Parece que Ron notó eso y mandó a callar a los gemelos. Luego decidió cambiar el tema. —¿Sabes de Hermeon?
Quedé confundido. —¿Hermione? — Intenté encontrar similitudes en el nombre.
—Ahora es Hermeon. Habló conmigo y dice que le gustaría que le llamemos así. ¿No cambió casi nada el nombre, verdad? —dijo con gracia Ron.
—Mmm, ¿por qué? —comencé a acariciar a Hedwig.
—Me dijo que se sentía más cómoda así, pero cuando usé "cómoda" arrugó un poco la cara. Me pregunto por qué será, pero bueno, dijo que nos encontraríamos esta tarde en el Callejón Diagon para comprar todos nuestros útiles. ¿Qué te parece? Una salida de amigos —Ron le sonriendo.
—Yo también los acompañaré, aunque se supone que me iban a dejar en mi casa, pero terminamos en un pequeño secuestro. Ojalá esto no salga en el Profeta o mi madre me va a colgar —suspiro Adrian.
Sonreí. —"Un mago lo hizo" va a salir en los periódicos —los tres comenzamos a reír.
Ya íbamos de camino a la Madriguera, la casa de Ron. Estaba tan emocionado.
