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Curita para el alma

Summary:

Universo alterno: videojuego My child Lebersnborn, basado en un proyecto que se hizo durante la segunda guerra mundial.

 

Rachel siempre quiso tener una familia. Ahora que la tiene, debe hacer lo que esta a su alcance para mantenerla a salvo, a su pequeña Max. No será sencillo, las consecuencias de la guerra las harán atravesar diversos obstáculos. Donde Max descubrirá que no esta sola, afuera, viviendo circunstancias similares, hay más niños como ella. Niños odiados.

Work Text:

Rachel se despertó con entusiasmo. Hoy su pequeña cumple otro año. Se dio un pequeño baño, se puso la ropa y se fue al cuarto de su pequeña. Verla dormir con esa sonrisa en su rostro es lo mejor del mundo. Ojalá pudiera darle una mejor calidad de vida pero hará lo mejor que pueda. Si, lo hará. Aún si tenía que hacer malabares con el poco dinero a su alcance, no dejará que pase hambre. Respiro profundo. Solo debe ser positiva. Al menos tiene un empleo y todo irá bien. Le dio un beso en la frente antes de sacudirla ligeramente.

-Despierta mi amor, ya amaneció-

-¡Oh, es cierto! ¡Hoy es mi cumple!-exclamo levantándose de un salto. 

-Así es, amor. Hoy es tu cumple-la abrazo con cariño. Siete años. No puede creer lo rápido que crece. 

La ayudo a bañarse y ponerse ropa limpia antes de servirle el desayuno. Avena. Se muerde el labio al verla comerla aún si no le gusta. Es tan dulce su niña. ¿Qué hizo para merecerla? 

-¿Mami?-pregunto jugando con sus dedos. No dejo ni una pizca en su plato-a Kristen y Fernando les dieron pastel cuando cumplieron años-baja la cabeza, con las mejillas sonrojadas-yo…entiendo si no podemos-

-Max, quizás no pueda darte uno entero pero…¿Qué dices si hacemos uno pequeño? Solo para las dos-

-¡De verdad mamá!-al verla asentir no pudo evitar bajar de la silla para abrazarla-¡Gracias! ¡Muchas gracias!-

-Daria todo por ti, mi amor, todo-le dio un beso en la mejilla-¿quieres acompañarme a la tienda?-

-Yo…¿si puedo?-como le dolía que, siendo tan pequeña, conozca el desprecio. Asintió, tenía que ser fuerte por ella-¡genial!-

Hace buen tiempo, menos mal, porque aun no termina de reparar su suéter. Le dio la mano y salieron a la tienda. Trato de evitar que escuchara las conversaciones llenas de desprecio de los vecinos al contarle sobre los diferentes ingredientes que puede llevar un pastel. Compraron lo suficiente para hacer uno pequeño y un poco de queso para untarle en el pan. Por suerte aún tenían un poco. En una mano tenía la bolsa de la tienda y en la otra sostuvo la mano de su niña. Empezaron a hacer el pastel tras guardar el queso. Fue divertido. Y no mancharon la cocina, bueno, un poco, pero lo importante es ver la sonrisa en su rostro. Aún más cuando probaron el pastel. Oh, Max. Te prometo esforzarme por alimentarte mejor, se prometió así misma. Cuando terminaron de comer, le dio su obsequio. Unos lápices de colores. Eran usados, no pudo darle uno nuevo pero, a su dulce niña no le importo, le dio las gracias y se pusieron a colorear un rato. 

-¿Mami? ¿Crees que pueda ayudarte si vendo mis dibujos?-

-Mi amor, es mi deber darte lo que necesitas-le acaricio la mejilla con ternura-pero si quieres ayudarme, esta bien. Eres la mejor niña que pude a haber deseado. ¿Tienes ganas de ir al bosque?-

-¡¿Podemos recoger bayas?! ¡Puedo ayudarte a hacer mermelada!-

-¡Por supuesto que si, mi vida!-le revolvió el cabello-¿Lista?-le ofreció la mano antes de salir al bosque. Si tuviera un buen empleo no tendrían que hacerlo, pero, al menos es un ingreso extra de alimentos, y ella lo necesita para crecer fuerte y sana. No pudieron recoger muchas bayas, pero lo suficiente como para casi llenar el frasco.

Ya era tarde, así que, tras leerle un cuento y darle un beso en su frente, la pequeña se quedo profundamente dormida. Rachel bostezo. Fue un buen día. Termino de limpiar la cocina. No sabe en que momento se quedo dormida pero, recuerda estar limpiando la mesa y, ya sea el dolor de espalda o el sonido de los pájaros, la despertó. Gimió con pesar. Lo hace por Max. Lo hace por ella. Por eso le prometió averiguar más sobre sus padres. Pero no esta segura si logrará encontrar las respuestas que busca, o si algún día tendrá el valor para contarlo todo. Lo intenta, jura que lo intenta, pero, es tan difícil. Por eso decidió escribir un diario. Cuando su niña tenga la edad para entender su historia se lo dará. Y estará a su lado, dándole animo.

Jamás podría olvidar cuando llego a su vida. Pensó con una sonrisa. Hace un par de años años, cuando estaba leyendo el periódico, apareció su foto, diciendo que estaba en adopción. Acababa de cumplir tres años y mencionaron que formaba parte de los huérfanos de la guerra. Siempre quise tener hijos, alguien a quien cuidar y colmarlo de amor. No lo dudo y acudió al orfanato. Llego a verse con su madre para llenar los documentos de adopción y tutela. Mencionó que, para sobrevivir a la guerra, aceptó a tener una especie de relación con un soldado alemán, y, poco después de octubre de 1944, a la edad de dieciséis años, dio a luz. No estaban casados. No quería cargar con Max, es una pena y, al mismo tiempo, una fortuna, que dejará a la pequeña con sus abuelos paternos, al menos hasta que los obligaron a salir del país. Así te conocí. Pensó Rachel.

Agarro el pan y la mermelada que hicieron ayer para hacerle un pequeño emparedado. Agarro un vaso y lo lleno con agua. Con algo de suerte, podrá comprar un poco de leche en unos días. Apenas iba entrar al cuarto para despertarla cuando la vio salir del baño ya lista para ir a la escuela. Esto debe salir bien, pensó con temor. La abrazo y la llevo a la cocina. Con calma le explico que podrían molestarla por su origen. Una posibilidad. 

-No te preocupes ma-sonrío de oreja a oreja-¡estoy segura que haré más amigos!-

-Por supuesto que si-respiro profundo antes de añadir con tristeza-solo, por si acaso, si alguien te molesta dile a algún maestro-

-Está bien…-frunció el ceño. 

-Solo es por si acaso Max-al verla asentir con lentitud le dio un beso en la mejilla-vamos, cielo-le ofreció la mano-luego podremos hacer algo divertido, ¿qué dices?-

-¡Si!-la abrazó con fuerza antes de tomarle la mano.

Rachel no pudo dejar de lado la extraña sensación de que algo saldría mal. Ojalá hubiera sido eso. Cuando llegó la hora del recreo pudo ver como los niños la estaban molestando. Se las ingenio para alejarlos de su pequeña, quien tenía los ojos llorosos. La abrazo, consolándola un rato hasta que se tranquilizó, poco antes que sonara la campana y regresara a sus clases. Cuando la vio irse a casa, solo pudo pedir que llegara sana y salva.

-Mami-verla con la ropa llena de barro y un moretón en su mejilla la hizo hervir de coraje.

-¡¿Quién fue?!-casi se golpea así misma al notarla asustada-perdóname Max. No estoy enojada contigo-le aseguró rodeándola con un abrazo-ven, vamos a limpiarte-al verla asentir la cargo hasta al baño.

Ninguna habló hasta que termino de ayudarla a ponerse la ropa. La arropo y le contó una historia. Apago la luz y estaba por salir cuando escucho un débil mamá. 

-¿Que es un bebé nazi?-casi se pega con la puerta al escucharla.

-¿Quien te lo dijo?-logró preguntar tras unos minutos.

-Todo el mundo…-

Rachel corrió a abrazarla con fuerza. Disculpándose por todo. Por no tener un buen trabajo, por no poder encontrar un mejor lugar para vivir. Se durmieron abrazadas, hasta que amaneció. vendrían días difíciles, pero lo resolverán, juntas. A veces su hija llegaba con una sonrisa, sobre todo cuando recibía cumplidos de su maestra preferida. Otros días, hacia lo imposible por hacerla reír. Suplicando porque todo mejorará. Cuando el otoño llego, con las hojas cambiando de tono, y el aire volviéndose, poco a poco, más frío, consiguió tela suficiente para hacerle una bufanda. 

Navidad. Logro conseguir más dinero al trabajar turnos extras, a expensa de dejar sola a su hija. No es lo mejor, sobre todo con tanto desprecio del pueblo donde viven. Él único agradable es la señora Grant, la maestra de historia y artes. Menos mal. Aunque sea había alguien en ese terrible lugar que era amable con su hija. Y está muy agradecida de que la deja salir antes que los otros niños.

Lo único mejor era que hoy era el último día de clases. Aún si ella debía ir una semana más al trabajo. Mientras su hija esté a salvo en casa todo estará bien. Cuando llegó a casa, el último sábado, empezando sus vacaciones hasta la segunda semana de enero, su pequeña se encontraba enferma. Con fiebre y temblando en cama. No perdió el tiempo. Salió corriendo hasta la farmacia, gastando gran parte del presupuesto de navidad, para conseguir el medicamento e i Frei de tres para hacer sopa caliente. Llegó a casa a empezar a preparar la comida, y le dio el jarabe a su hija. Se dirigía a conseguir suficientes hierbas para un té cuando su hija, con la voz cansada, triste y rasposa, la llamo. 

-Lo siento-murmuro con lagrimas en los ojos-lo siento-

-Max, esta bien. Nos las arreglaremos- 

Con la ropa más vieja que tenían saco tela de diversos colores. Suficiente para tejerle un zorro, su animal preferido. Lo envolvió con periódico y un moño que encontró cerca de la tienda. Espero que le guste. Quizás no tuvieron una cena navideña, pero disfrutaron el pescado que consiguió el otro día. Decoraron el árbol e intercambiaron regalos. Max casi grita de emoción al ver su nuevo peluche, lo abrazo con fuerza. Rachel se alegró. Quería lo mejor para su pequeña.

¿Por qué no podían detener el tiempo? Enero llegó muy rápido. Al menos consiguieron información del padre de Max. Si, él tampoco la quiere en su vida. Pero les prometió ayudarlas a salir de ahí. Justo cuando creyó que su suerte cambiaría, sucedió lo impensable. Su pequeña… Que pésima madre es, no pudo protegerla. Extraña su sonrisa. Sus dibujos. Apenas quiere probar bocado…ya no deja que la abrace o le muestre afecto físico. El baño es una lucha constante. El salvavidas llegó justo a tiempo. Una carta con dinero. Bastante dinero. El padre de Max cumplió. Podrá sacar a su hija de este horrible pueblo, y no piensa perder un solo segundo.

Comenzó a idear un sin fin de planes en su mente. Polonia quedará atrás, como un mal sueño. Espera...una sonrisa de oreja a oreja apareció en su rostro. Max siempre decía que le gustaría conocer Francia. No podían ir a una ciudad, habrían más posibilidades de encontrarse con gente mala, pero, ¿un pueblo? Si, puede ser una buena idea. Al ver a su hija removerse en su sueño, su pequeña sufriendo, no lo dudo más. Escribió una carta de renuncia y se puso a empacar lo más necesario. Durmió sobre una de las cajas que empaco. En una caja metió toda la ropa de ambas, en la más pequeña, la comida que les quedaba junto con algunos platos, vasos, ollas, entre otras. Y en la tercera, donde se quedo dormida, metió sus herramientas y un poco de material.

-¿Mamá?-alzo la mirada cuando la escuchó-¿qué haces?-

-Max-se paró, sacudiéndose el polvo de la ropa, con una sonrisa-¿te gustaría mudarte?-

-¡¿De...de verdad?¡-

-Conseguí dinero. Nos vamos en un par de días-

-¿De verdad podemos irnos de aquí?-preguntó con una pequeña chispa de esperanza.

-Si, Max. Nos vamos-le respondió con lágrimas de felicidad. 

-¿Será mejor?-bajo la mirada, sin dejar de jugar con sus manos.

-No lo sé-la abrazó con fuerza-pero estaré a tu lado. Lo prometo-

-Te amo...-

 

**********

 

-Odio esto-se quejo por quinta vez.

-No puedes quedarte toda la mañana en la cama-le regaño mientras le daba la ropa-anda, ve a bañarte-

-Como sea-le arrebato la ropa de las manos y se fue al baño. Cerrando la puerta con furia. 

-Los niños son tan complicados-dijo con cansancio. 

Respiro profundo antes de tender la cama. Vio de reojo los juguetes, bueno, al menos los guardo. Un paso a la vez. Agarro la mochila escolar, verificando que todo estuviera en orden para el día siguiente. Nuevo año. Con suerte, este será uno mejor. Libretas, listas. Colores, lápices y eso, en orden. Un poco de sencillo, por si acaso, guardados en el cierre oculto. Bien. Esa niña podía seguir ordenes si se lo propone. Un nuevo portazo le hizo apretar los puños. Paciencia, se dijo. Debe ser paciente con ella. Cerro la mochila y se fue a preparar el desayuno. Avena y agua. Un desayuno ligero para iniciar el día. Con fruta picada como postre. 

El resto de la mañana se la paso fabricando las sillas, le faltaban dos más para finalizar el pedido. Aceptaba cualquier tipo de trabajo con tal de obtener ingresos. Prometido a su amada que su hija estaría a salvo. Y no piensa fallar a su palabra. No señor, no lo hará. Cuando se dio cuenta, el sol estaba por ocultarse. Cerro la bodega con llave, mejor prevenir que lamentar, y fue a decirle a Chloe que empezaría a preparar la comida y la quería sentada en la mesa de la cocina, sin rechistar.

David sabía que esto sería complicado. Por eso nunca quiso tener hijos. Tenía miedo de repetir los mismos errores de sus progenitores. No quería ponerle la mano a un inocente, menos hacerlo sufrir como le sucedió en su niñez. Bueno, ya no hay marcha atrás. Vio de reojo a la niña, quien no dejaba de verlo con el ceño fruncido, sentada en la mesa. El sentimiento es mutuo, pensó con fastidio. Joyce. Lo hace por ella. Además, un niño no debe cargar con la culpa de los adultos. Aún recuerda cuando las conoció. Poco antes de terminada la guerra. Si, lo admite. No pudo evitar sentir repulsión por la pequeña. La hija de un alemán. Pero, tras seguir relacionándose con Joyce, se dio cuenta que no podía alejar a la niña.

Y, siendo sincero, Chloe no era tan mala. Solo debe mejorar en la escuela y en su lenguaje. Más fácil decirlo que hacerlo. Esa fue la razón principal de haberse ido de Polonia a las afueras de Francia, más seguro. Un par de pendejos como el cascarrabias de Stein, pero nada que no pudiera manejar. Tendrían que pasar sobre su cádaver y su colección de armamento, menos mal que conservo los contactos. Sacudió la cabeza, ya resolverían ambas situaciones. La sopa estaba casi lista. Dejo los cuencos y cubiertos en la mesa, advirtiéndole que estaba caliente.

-No soy un bebé. Tengo casi nueve años imbécil-murmuro cruzando los brazos.

-¿Qué hemos dicho acerca de las groserías?-

-No decirlas-rodo los ojos con fastidio. 

-Exacto-ignoró el gesto. Sabe que ha sido difícil para ella. Apenas ha pasado un año de la muerte de su madre-ahora come-le dijo mientras servía el jugo de naranja.

-Gracias-el sarcasmo era notable. Más se encogió de hombros. 

-De nada-

Tras eso, se enfocaron en terminar su comida, viéndose de reojo cada cierto tiempo. Apenas terminaron, David le indicó que fuera a acostarse, mañana iniciaban las clases. Un bufido fue la respuesta de la niña. Limpio los platos, sumergido en los recuerdos. Ojalá Joyce siguiera aquí. Ella sabía que hacer. Dejo escapar un suspiro antes de asegurarse que Chloe estuviera dormida. Sonrío al verla profundamente dormida. Entro, evitando hacer ruido, y la cubrió con la sabana. No quería que se resfriara. Apagado la luz y se fue a dormir. Enumerando lo que faltaba de la despensa. Sus ojos se cerraron en un instante. Fue un día pesado. 

-¡Despierta, ya es tarde!-gritó tan fuerte que el pobre hombre se cayó de la cama, golpeando su cabeza con el buro.

-¿Contenta?-pregunto con una débil sonrisa. Al verla asentir no pudo enojarse, eran pocas las veces que la escuchaba reír.

Chloe lo quería, en el fondo, muy en el fondo. Solía temerle, creyéndolo igual a otros adultos, pero se equivoco, lo cual fue un alivio. Aún si nunca lo admitirá en voz alta. No le gusta la escuela, ¿para qué? No sirve de nada. Solo recibe regaños, castigos y burlas. Ah, pero nunca le han podido golpear. Dejaron de intentarlo cuando le rompió la mandíbula a un niño y magullado un par de costillas a otros tres. Su padre, si, por lo regular le llama por su nombre. No puede evitarlo. Piensa con una sonrisa traviesa. Le encanta molestarlo. Al ver la hora se encoge de hombros. Se coloca la mochila en sus hombros y, tras despedirse, se va al infierno en tierra. 

Camino en silencio. Un camino aburrido, sin contar las miradas de sus "queridos vecinos", y largo. Estaba por llegar cuando ve a una niña pecosa siendo golpeada por dos imbéciles. Habría pasado de largo cuando escucha insultos conocidos. Frunció el ceño. Oh, no lo harán. Tiró su mochila al suelo, dio la vuelta y se abalanzo al más cercano. Sangre en sus nudillos. Asqueroso. Luego se limpiará eso. Esquivo una patada, agachándose y rodando con gracia para darle un golpe en sus piernas. Sonrió con malicia al verlo caer de dolor. Le dio un fuerte pisotón en la cara, rompiéndole la nariz en el proceso. Cuando ve que el otro niño, sangrando de la boca y con un espacio entre sus dientes, le lanzo un puñetazo, lo tomo de la muñeca y lo aventó al suelo. Espero, con los puños al frente, por si alguno quería más. Se burlo de ellos al verlos irse con la cola entre las patas.

-Gra...gracias...-murmuro con lágrimas en los ojos.

Chloe la vio de reojo. Ojos azules, parecidos a los suyos. Pecas esparcidas en su rostro. Quizás, solo quizás, podrían ser amigas. No es de confiar en la gente pero, siendo sincera, le gustaría tener a alguien con quien pasar el rato. Es como ella. Tienen sangre alemana. Son vistas como algo malo, sería bueno estar juntas. Y, si en algo era buena, sentía que ella ha sufrido bastante. Bueno, no más. Pensó con firmeza, acercándose con calma hasta llegar frente a ella.

-No es nada-respondió con una pequeña sonrisa. Si, hay algo en esa niña que la hace sentir calidez. 

-Soy Max-habló tan bajo que apenas capto el nombre.

-Un gusto, soy Chloe-

Caminaron juntas hacía la escuela, charlando entre sí.  Al llegar se separaron para entrar a sus clases, ansiando el recreo para comer juntas. El día, por extraño que parezca, se fue como agua al desagüe. Ultima campanada. Libres hasta la mañana siguiente. Chloe le ofreció acompañarla hasta su casa, oferta que la más joven acepto al instante. Feliz de tener, finalmente, a una amiga. Vaya coincidencia, estaban a pocas casas de distancia. Al abrir, casi tiembla al ver el rostro de la mujer. Es como si la hubiera conocido en otra vida, o algo así. 

-Disculpa a mi mama-le dijo con las mejillas sonrojadas-a veces puede ser intimidante-

-No hay problema-aseguro encogiéndose de hombros-si vieran al mío-

-¿Quieres quedarte a comer?-preguntó sin dejar de jugar con sus dedos.

-Me gustaría, pero hoy tengo que ayudarle a mi padre a armar unas cosas-siente un nudo en la garganta al verla triste. Le alboroto los cabellos y añadió con burla-¿qué pasa super Max? Mañana puedo venir por la tarde...-se detuvo al ver a la intimidante mujer de brazos cruzados, viéndola con una ceja levantada-si tu madre esta de acuerdo-

-Sin problemas-dijo con una sonrisa-¿te gusta el pescado?-al verla asentir se fue a la cocina. Regresando con un plato con un emparedado de pescado-espero te guste. No es mucho pero...-

-¡No!-exclamo avergonzada-no se preocupe-

-Insisto-

-Esta bien-murmuro a regañadientes. Tomo con cuidado el plato-mañana se lo entrego señora...-

-Rachel-la interrumpió con una burlona sonrisa-solo dime así, cariño-

Max lucía como un pequeño tomate. Su madre si que es todo un caso, pensó Chloe. Tras despedirse de su primer amiga se fue a casa. Su padre creyó que se había metido en problemas. Oh, vaya. Se quejo. No siempre se porta mal. Ah...no siempre. Dividieron el emparedado. Sabía muy rico. Cuando su padre preguntó quien se lo dio, no pudo ocultar su sonrisa. Le conto todo. David la escucho, se alegro de que al fin consiguió una amiga. Ya era hora. Lavo el plato y, tras preguntarle a su hija, ambos se dirigieron con este a la tienda, donde compraron un par de golosinas para dárselas a Max. 

Los días iban y venían. Chloe nunca le había interesado la escuela. Sobre todo cuando era objeto de burlas. Menos mal que no le arrebataba su esencia. Ella es toda una rebelde. Ni sensata, ni estudiosa ni cariñosa. Todo lo contrario. Hasta que la conoció. Tenerla a su lado cambió su vida, para mejor. Empezó a mejorar sus notas. Si bien los maestros las odiaban a ambas, eran, por increíble que parezca, justos a la hora de calificar. Eso le daba igual, pero disfrutaba ver el rostro de felicidad de Max. Si, realmente disfruta de aprender todo lo que puede. El frío la hizo temblar. Vaya, se asombro. El otoño llego rápido este año. Interesante. Cuando llego la noche, se quedó dormida, pensando en la noche cuando enterraron a su madre. Poco a poco, la oscuridad se hizo presente.

David no podía creerlo. Su esposa muerta. Lloro toda la noche, dentro de su auto. No quería verse débil frente a Chloe. Chloe. Ahora solo lo tiene a él. No puede romper la promesa que le hizo a Joyce. Sería un maldito si lo hiciera. La protegerá contra todo. Sin importar las consecuencias. Casi salta en su asiento cuando la puerta se abre. 

-¿David?-

-¿Si?-

-¿Me vas a abandonar?-

-No-

Y así, dos personas que solían discutir por cualquier cosa, permanecieron en silencio. No en uno incomodo, sino en uno relajante. Mirando hacía el frente. Sabiendo que no sería sencillo pero no tenían muchas opciones. David, sintiendo que era necesario, le empezó a contar historias de la guerra. Chloe escucho. 

 

**********

 

Finalmente, tras casi dos semanas, habían obtenido los documentos de propiedad. Una casa sencilla, a las afueras de un poblado en Francia. Parecía tranquilo. Pocos vecinos y una escuela a mitad de camino de otro pueblo. Escuela donde encontró un empleo como vigilante. Perfecto para mantener segura, o al menos eso espera, a su pequeña. Sin mencionar que podían recibir los libros usados y parte de los objetos perdidos, no reclamados de años anteriores. Consiguiendo una mochila, a la cual solo tuvo que costurarla un poco, unas camisas, colores usados y, lo más sorprendente, una chamarra casi intacta. 

Debido a esas cosas, pudo reparar y amueblar la casa. No importaba si eran de segunda mano, una pintadita aquí, unos clavos acá, cocer por aquí y se veía bien. Mientras estuvieran juntas, nada importaba.

-¿Segura que es un mejor lugar?-pudo sentir como su corazón se estrujaba al escucharla tan desolada.

-Eso espero Max-con gentileza, le dio un pequeño abrazo-¿estas lista?-le pregunto con una sonrisa forzada. También se siente insegura. 

-No...-masculló al romper el abrazo-¿tengo otra opción?-

-¿Quizás encuentres un amigo?-

-Lo dudo...-

Max no podía estar más feliz. No ha tenido la mejor infancia. Sus amigos la abandonaron cuando comenzó la escuela. No, no eran amigos, solo eran conocidos. La dejaron sola. Se reían de ella. Pero ya está en el pasado. Nada de eso importa. Al menos ya no. No cuando tiene a Chloe a su lado. ¡Es como ella! Sonriendo al recordar cuando se conocieron. Su madre tenía razón. Irse de Noruega fue lo mejor que pudo pasarles. Lejos de esas terribles personas. Con excepción de la señora Grant, siempre fue tan buena con ella. Y, si bien aun la extraña, ahora tiene a su lado a una persona increíble y valiente. Max y Chloe. Chloe y Max. Si, la vida puede ser extraña. Nada del otro mundo. Pero al menos no está sola. Tiene una madre amorosa, que le da todo. Una amiga con un espíritu de muerte. Y un tío, si, David se autonombro de esa manera. Quizás la vida no es tan mala. Ya no.