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Sucedió un día viernes.
Katsuki Bakugo comenzó el día como siempre. Ducha, desayuno, trabajo por la mañana. Su almuerzo sería diferente: un gran inicio para una larga tarde de cita con Izuku Midoriya.
Cómo héroes, ambos tenían agendas ocupadas, pero Katsuki se había asegurado de liberar esa tarde de viernes. Estaba seguro de que Izuku había hecho lo mismo. Sin embargo, Katsuki no quería aceptar que lo imprevisible era constante en el universo.
Al menos, no ese día en particular.
Sería la primera vez que se atrevió a pedir una cita a su amor de largos años, no era un juego para él ese encuentro: su primero de muchos con Izuku, si se atreviera a soñar.
Por supuesto, los sueños eran solo una voluta de deseos intangibles, y sus ojos solo habían vislumbrado los del otro héroe cuando los interrumpió el caos y la tragedia.
Su cita tan esperada por años y años, se perdió en el desorden.
Y entonces, fue viernes otra vez.
Ni siquiera había vuelto a la cama antes de despertar en la misma.
No fue algo fácil de asimilar.
Katsuki Bakugo se frustró con todo y todos, durante las primeras diez veces que pasó. Se saltó su rutina habitual de los viernes y no descubrió el problema, hasta que lo llamaban por las tardes por su ausencia en el trabajo.
De ahí en más, se saltaría todo a propósito.
Buscar ayuda para su problema era lo principal.
Los bucles temporales solo podían ser la respuesta al uso de un quirk, sin embargo, cada intento de encontrar una solución era infructuoso. Incluso, a veces, el mismo no concluía. El bucle se reiniciaba por razones aleatorias de vez en cuando y Katsuki creyó estar enloqueciendo hasta que encontró un punto de enfoque.
Y fue viernes muchas veces más, pero esta vez los pasaría con Izuku.
Un Izuku sorprendido, por la invitación a escabullirse a patrullar juntos y no separados; también alarmado, por las invitaciones de Katsuki a saltarse el trabajo; frustrado a veces, cuando Katsuki se negaba a dejarlo solo a pesar de ser necesitado en otra área; pero esperanzado, al escuchar a Katsuki en su oído todo el día tras iniciar una llamada.
Nunca llegaban a cumplir su cita.
Fue el viernes cuarenta y seis, cuando Katsuki dijo algo aparentemente necesario:
—No necesito una cita para disfrutar estar contigo.
Fue en medio de un enfrentamiento con un par de villanos e Izuku brilló por las implicaciones todo el tiempo, hasta que encontró un momento para aislarlos del resto y abrazarlo con fuerza.
En ese instante, Katsuki volvió a recordar por qué se había enamorado de él.
Cuando llegó el día viernes cincuenta, se besaron por primera vez y el bucle se estabilizó para reiniciarse siempre a las ocho de la noche.
La mañana del viernes número sesenta y seis, Katsuki lo buscó temprano y le dijo a Izuku que lo amaba.
Fue el primer día que no pasaron juntos desde el inicio de esa pesadilla.
Después, Katsuki se rindió.
En su lugar, dedicó tiempo a entrenar, a meditar e incluso a estudiar cosas nuevas. También viajó bastante, aunque a una distancia que le permitiera el reinicio.
Extrañó a Izuku como una extremidad arrancada por casi dos meses.
En un viernes ya sin número, Katsuki volvió a buscarlo por la mañana. No le dijo que lo amaba, tampoco cuánto le importaba, simplemente, le demostró cuánto lo valoraba antes de todo: haciendo bien su trabajo con lo que había aprendido gracias a él.
Fue Izuku quien lo besó ese día y el reinicio del bucle de movió hasta las diez.
Katsuki comprendió entonces, que como todo en su vida, no lo lograría por la vía fácil así que habló con sus acciones, no con palabras durante muchos ciclos. Izuku siempre lo buscaba para un abrazo o un beso apasionado cuando lo hacía bien, cuando se lo merecía.
Aprendió que si existía alguna salida de todos estos viernes, llegaría a él por manos de Izuku y no por la suya.
Había perdido la cuenta de todos los viernes repetidos, pero ya no le importaba si al final del día podía demostrarle a Izuku cuánto lo quería. ¿Lo positivo?, podía ver como el otro se enamoraba de él a diario, poco a poco, hasta que se fundían en un beso que representaba ese tesoro.
Los sentimientos correspondidos eran una especie de milagro en todo ese lío.
Jamás supo por qué comenzó el bucle en primer lugar, pero después de que Izuku lo arrastrara a su apartamento por primera vez y compartieran la intimidad de sus cuerpos, no pudo guardarse el secreto.
Le dijo todo, incluyendo la habilidad de Izuku para alargar el ciclo de las repeticiones.
—Entonces… ¿cuándo empezará el viernes otra vez? —había preguntado, la preocupación y curiosidad fundiéndose en sus ojos verdes.
Katsuki había suspirado, acariciando su muslo desnudo.
—A las 3 am.
Con una promesa de encontrar una solución juntos, Izuku se despidió de él esa noche. No es que hubiera importado, después de todo, el siguiente no sería el único viernes que empezarían otra vez.
