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Luffy había estado todo el día cabizbajo, dando suspiros por cada esquina del barco, con un aura apagada, y por supuesto, fue una completa sorpresa para sus compañeros, pero el obstinado capitán no dejaba de ignorar las preguntas sobre qué le pasaba, si le molestaba algo o si necesitaba hablar sobre cualquier cosa. Y así estuvo hasta la noche, donde después de asegurarse de que todos sus compañeros estuvieran dormidos, fue a sentarse en la cabeza del Sunny, abrazando sus rodillas, dejando que abundantes lágrimas escaparan de sus ojos, las lágrimas que estaba sosteniendo para un momento de soledad.
La ligera brisa marina se sentía extrañamente pesada, porque no quería estar ahí, no quería estar solo, pero tampoco quería ser visto así por ni uno de sus compañeros… o tal vez sí. Pronto una mujer estuvo detrás de él sin que éste se diera cuenta. La mujer lo había estado observando desde que se levantó de su cama para ir a desvelarse en su asiento favorito, y cuando lo vio llorar, se apresuró en ir hacia él.
—Luffy, ¿qué pasa? —una mano apareció en el hombro del susodicho, y acarició su cabeza enrollando los cabellos del joven en sus finos dedos.
—Ace… —fue lo único que respondió Luffy a su compañera, aceptando sus caricias.
Después de esa respuesta, la mujer hizo crecer varias manos para tomar el cuerpo de Luffy y así llevarlo justo frente a ella en la cubierta del barco. Luffy la miró con sorpresa, y se abalanzó hacia ella obteniendo un cálido abrazo.
—Robin —a pesar de que había tratado de no preocupar a sus compañeros durante el día, en ese momento agradeció que Robin estuviera para él—, lo extraño mucho… —dijo entre sollozos.
—Lo sé —Robin dejó que el silencio se hiciera presente, mientras solo seguía acariciando suavemente a Luffy, su cabello, sus mejillas, sus orejas. Era verdad que su corazón dolía al ver a su capitán llorar, y sentía ganas de llorar también, pero las aguantó, porque quería ser el apoyo de Luffy como él lo había sido en su momento.
—Si yo hubiera sido más fuerte, si no hubiera tenido que protegerme…
—No es tu culpa —Robin le dio unas palabras con un tono duro, quería que Luffy lo entendiera, y Luffy no dijo nada más, solo apretó su agarre en la ropa de Robin, descansando su cabeza en su hombro.
Unos minutos pasaron y el llanto de Luffy se apaciguó. Ambos fueron a la cocina por idea de Robin, y ahí se encontraron al cocinero de la tripulación, en pijama y con los ojos cansados.
—Sanji —murmuró Luffy al verlo.
—Toma asiento Luffy —respondió el nombrado—, haré un poco de té para que estés más tranquilo —y le dio una tierna sonrisa a sus dos compañeros.
Brook llegaba también a la escena, dando un gran bostezo mientras pasaba por la puerta del comedor.
—Luffy San —dijo viendo una expresión inusual en el rostro del susodicho; los ojos de Luffy estaban enrojecidos después de llorar, tenía su nariz y mejillas rojas, y las pestañas aún mojadas con sus lágrimas.
—Brook, no tenías que levantarte —dijo Sanji, ciertamente preocupado porque su compañero tuviera un buen descanso, pero tras un segundo se preguntó: “¿Necesita dormir?”
—Mn —el músico solo negó con su cabeza— Estoy preocupado por Luffy San, no puedo dormir tranquilo mientras mi capitán llora en soledad.
La débil sonrisa de Luffy se hacía cada vez más grande, sintió como su corazón era apretujado por la gran felicidad que sintió al ver el interés de sus compañeros por él.
—Gracias… a todos —inesperadamente, otra vez habían lágrimas cayendo por su rostro— Ugh… lo siento —intentó limpiar su rostro, sorbiendo su nariz, y frunció sus labios en un intento fallido de evitar llorar otra vez.
Los tres tripulantes se apresuraron para llegar al lado del capitán. Robin volvía a abrazarlo, Brook limpiaba con suavidad sus mejillas con pañuelos, y Sanji en realidad no sabía muy bien qué hacer para consolarlo, entonces solo se quedó frente a él, mirándolo con las cejas fruncidas y una notable mueca triste en sus labios.
—Tranquilo, llora todo lo que quieras —dijo Brook.
—Nosotros entendemos tu dolor —dijo Robin.
—No estás solo —dijo Sanji.
Y con esas últimas palabras, Luffy débilmente se rió ante la mirada de sus compañeros. Rió al recordar y pensar en lo tonto que fue en esos momentos de duelo diciendo que estaba solo, confirmando una vez más que siempre tendría a sus amigos a su lado. Estiró sus brazos para darle un gran abrazo a los tres, dejándolos bastante sorprendidos del repentino cambio en sus emociones.
—¡Sanji, Brook, Robin, los quiero mucho!
