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Esa tarde Chu Wanning se sentía completamente estúpido. Arregló su cabello y se vistió con el mejor atuendo que tenía en su guardarropa, ¿y para qué? Solo para perder 1h de su tiempo frente al computador.
Tomó un sorbo de su café y meditó por largo rato el por qué había accedido a probar la estúpida idea de Xue Meng —el hijo de su actual jefe— para conseguir pareja. Aun así, deslizó su dedo para dar clic en “iniciar chat”. Estaba dispuesto a intentarlo una última vez, a pesar de ya tener un record de al menos una docena de hombres mostrando su miembro en cámara.
En esta ocasión, el rostro de un joven con expresión aburrida apareció en la pequeña ventana de chat. Ambos permanecieron inmóviles por varios segundos.
—¿Hola? —La voz grave del desconocido retumbó en sus oídos—, ¿de nuevo se congeló? —Wanning observó al joven bajar la cabeza y luego escuchó un fuerte golpe que movió su imagen en pantalla—. ¡Mierda!
—¡Insolente! —reprendió al instante, un mal hábito muy arraigado en él.
—¡Oh! ¿Qué tenemos aquí? ¿Acaso es un profesor? —El rostro del joven apareció en cuadro. Tenía una amplia sonrisa, desde su posición daba la impresión de ser presuntuosa—. Tiene una cara muy bonita para arruinarla con ese ceño fruncido.
—Y tú, una boca muy sucia —el muchacho estalló en carcajadas—. ¿Qué es tan gracioso?
—Es la primera vez que alguien se queja de mi boca. A muchos parece gustarle lo que hago con ella.
Wanning guardó silencio, la odiosa petulancia del joven lo estaba irritando. No se sentía en sincronía con la moda de los jóvenes, pero ese desconocido había sido el único que no lo recibió con un pene al aire.
—¿A qué te refieres? ¿Acaso cantas? —preguntó con genuina curiosidad.
—Veo que el profesor está interesado en mis talentos, ¿le gustaría probar alguna de mis habilidades? —Colocó su mentón sobre su mano de forma coqueta y le guiñó un ojo.
Antes de que Chu Wanning pudiese responder, se escuchó un fuerte ladrido y un gato blanco cruzó despavorido frente a la cámara. El joven se levantó de inmediato y gritó una sarta de maldiciones mientras intentaba separar a sus conflictivas mascotas. Ahí fue donde Wanning descubrió con horror lo que estaba oculto a sus ojos: el desconocido estaba completamente desnudo de cintura para abajo.
Con una profunda decepción, el hombre abandonó el chat. Su palabrería era una vulgar mofa de galantería. No, más bien fue él quien pensó que podría encontrar al menos una persona interesada en su persona en esa red social. En verdad era un completo estúpido.
