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Shaka entiende lo que es sentirse miserable cuando Athena lo mira con tanta lástima. Cuando los ojos de su diosa brillan con tristeza cuando se da cuenta del tipo de problema que debe afrontar el santo de virgo en esta nueva oportunidad de vivir. Como si su vida no hubiera sido lo suficientemente complicada siendo un santo de Athena, peleando constantemente por la justicia. Ahora, el dios del amor lo pone a prueba, situando sobre su cabeza una espada invisible que podría matarlo en cualquier momento.
—Shaka... —Athena murmura con un suave suspiro —. Por favor, te lo suplico. Debes decirle.
—Me temo que será inútil hacerlo, mi diosa. No cambiará nada.
—Pero, Shaka, incluso tú eres incapaz de leer el corazón de otras personas. Una cosa es adivinar si alguien es realmente bueno o malo, si su camino se alinea con la justicia o la maldad. Pero conocer los sentimientos de otra persona no es algo que puedas hacer.
El santo de virgo lo sabe mejor que nadie. Entiende cuáles son sus capacidades y hasta dónde pueden llegar. Aun así...
—Athena, ruego que me entienda. Si debo sufrir esta maldición, lo haré. Pero no confesaré mis sentimientos.
Los ojos de Athena brillan, conteniendo las lágrimas que se niega a dejar escapar. No delante de su santo de oro. A su lado, quién nombraron como nuevo Patriarca tras la resurrección de todos los santos de oro de esta generación, Aldebarán, antiguo santo de tauro, parece contener la impotencia apretando sus puños con fuerza.
Shaka puede recordar cómo fue que lo escogieron a él de todas las opciones disponibles. El santo de tauro nunca dejó que la maldad corrompiera su alma, como hicieron otros santos de oro. Tampoco dejó que sus creencias mancharan su visión de justicia. A pesar de su poder y fuerza, posee una paciencia importante; no deja que su ira contamine sus pensamientos, y aun así, cuando debe atacar, el santo de tauro siempre ha estado dispuesto a clavar su cornamenta contra los enemigos. De todos, quizás no era el más sabio, ni el más fuerte, pero era el más capaz para liderar el Santuario.
—Shaka, compañero; hemos pasado por muchas cosas. Hemos peleado en guerras, hemos derrotado innumerables enemigos y hemos pasado por muchas pruebas antes. Sé bien que una maldición impuesta por un dios no será suficiente para terminar contigo. El santo de virgo que yo conozco no dudaría en mirar hacia delante y afrontaría el problema de la manera más directa y sencilla posible. Entonces, si la solución es tan clara, ¿qué te impide tomar ese camino?
—Aldebarán, tienes razón en cuanto al tipo de persona que soy. Hace tiempo, no habría dudado en declarar estos sentimientos. No me habría importado las consecuencias, ni habría pensado en nada más que en mi satisfacción personal. Pero me temo que, esta vez, lo mejor es mantenerme en silencio.
—¿No crees que eso es egoísta por tu parte? —lo critica, sin miramientos, el actual Patriarca —. Sabes cómo es Shun. El tipo de persona que es. Lo sensible que es su corazón. Tarde o temprano lo sabrá. Si mueres antes de tiempo por esta maldición, ¿no crees que, de saberlo, se sentirá infinitamente culpable?
Shaka se burla abiertamente, torciendo el rostro en una mueca de disgusto evidente.
—Y si le digo y no corresponde, entonces se sentirá peor por más tiempo, viéndome morir lentamente sin poder hacer nada por evitarlo. Su corazón estará más herido de esta manera.
—Shaka... —Athena solloza.
Poco después de resucitar, el santo de virgo sorprendió a todos sus compañeros tosiendo demasiado. Aun siendo humanos, los santos, sobre todo los dorados, no suelen enfermar fácilmente. Especialmente virgo. Días después, la tos se complicó y de su boca escaparon pétalos de flor de loto manchados con sangre. De los ahí presentes, fue Milo quién tuvo primero la idea de ir hacia la diosa para comentárselo, sabiendo que si había alguien que podría dar una respuesta, esa era Athena. Entonces, la diosa de la sabiduría les explicó qué maldición tenía Shaka y cuales eran las consecuencias.
El dios Eros, a veces, maldecía a ciertos humanos y dioses con una característica enfermedad. Los motivos de por qué lo hacía no eran claros, pero Athena creía que era el método drástico del dios para empujar a estas personas a declararse a la persona que tanto amaban. Si la otra persona correspondía, entonces la maldición sería purificada. Si no correspondía, Eros comprendía que el sujeto maldito no era digno del amor de la otra persona y no deshacía la maldición. Si no se declaraba, la maldición también continuaría. Si esta no se disipaba, solo hallarían la muerte.
Tan terrible como era, Shaka no se vio afectado por las palabras de la diosa. Aceptó su destino con mucha facilidad. Como si ser víctima de las jugadas traviesas de un dios aburrido fuera algo que un santo de oro aceptaría sin protestar. Desde entonces, varios santos de oro habían intentado, sin éxito, que Shaka se declarara al santo de bronce de andrómeda. Como último recurso, Mu volvió a hablar con Athena. Pero ni siquiera la diosa parece poder convencer a Shaka de hacerlo.
—Shaka, al menos aclara mis dudas, por favor. ¿Por qué te niegas a declararte a Shun? ¿Acaso no contemplas la posibilidad de que Andrómeda pueda corresponderte? —cuestiona Athena —. Antes de la guerra santa, estuvisteis muy cerca el uno del otro. A menudo entrenabais y meditabais juntos. Se os podía ver hablar todo el tiempo, tomando té, leyendo libros, manuscritos, compartiendo vuestra filosofía. Cuando os observaba, podía ver que ambos erais muy felices el uno al lado del otro.
—Athena...
—Cuando la guerra santa terminó, los santos de bronce estuvieron muy afectados por vuestras muertes. Especialmente Shun, cuyo corazón es sensible. Pero, de todos, tú fuiste quién mas le impactó, Shaka. A menudo lloraba especialmente, y únicamente, por ti. ¡Por eso, sé que, como mínimo, eres importante para él de una manera que nadie más lo es! —ella exclama, apretando sus puños y dejando caer unas pocas lágrimas —. ¡No sé si él te ama como lo amas a él, pero sí estoy segura de que eres único para Shun! ¡Todos estos años, Shun estuvo llorando por ti! ¡Incluso Hyoga dejó de llorar por su maestro! ¡Todos avanzaron, pero Shun todavía te dedicaba un momento para pensarte, para llorarte, para recordarte!
Shaka siente como su corazón se aprieta de dolor ante la confesión de Athena. Por supuesto que siente alegría de saber que Shun lo tiene en un lugar especial de su corazón. Por supuesto que se siente cálido al saber que Shun lo extrañó todos estos años que tardaron en poder ser resucitados. Aun cuando el rostro del santo de virgo apenas muestra sus emociones, siempre sereno y tranquilo, por dentro la calidez del amor lo envuelve.
Y, aun así...
—Athena... Yo... ¿Acaso crees que soy digno del amor de Shun?
Tanto la diosa como Aldebarán se quedan estáticos ante la pregunta del santo de virgo. De todos los que podrían dudar de sí mismos, Shaka era el último en el cual pensarían.
—¿Por qué crees que no eres digno? —pregunta Aldebarán, desconcertado —. En lo que a mi respecta, eres admirable en todos los sentidos. Y, si hablamos de belleza, sin duda eres de los más bellos. En cuanto a fuerza, también destacas por encima de muchos compañeros. Posees un corazón noble, tu justicia es clara y tus ideales permanecen intactos. No veo por qué no serías digno de Shun.
—Shaka, mi santo, no puedo decir nada que no haya dicho Aldebarán. Por supuesto que creo que eres digno de ser amado.
Shaka no es inseguro. Nunca ha sentido la necesidad de que los demás lo admiren o lo quieran para saber quién es él. El hindú sabe cuánto vale. Es conocedor de su fuerza, de su destreza y sus habilidades. Sabe que es inteligente y sabio. Aun cuando no es perfecto y se ha equivocado en más de una ocasión, aprende fácilmente de sus errores. Siempre ha tenido la justicia por encima de todo, incluso de sus sentimientos. Por eso, no dudó en intentar asesinar a Shun cuando este fue poseído por Hades, aun cuando en ese entonces lo amaba profundamente. Aun cuando su corazón había derramado lágrimas de sangre ante la sola idea y su alma se tranquilizó cuando Athena detuvo su ataque. Aun así, ¿cómo podría compararse a Shun?
Un alma tan pura, tan blanca, tan brillante y hermosa... ¿Cómo podría él querer mancharlo con su amor?
Al final, Athena no logra que Shaka acepte declararse. Y un día más pasa, con la maldición acechando y la muerte cada vez más cerca.
............
A pesar de los constantes rechazos de Shaka, Mu puede llegar a ser especialmente terco cuando se le mete una idea en la cabeza. El rubio bromearía, en otro momento, sobre Mu siendo un digno ariano. Y es que el lemuriano puede llegar a ser cabezota cuando así lo desea. Entonces, de todos los santos de oro, es Mu quién más lo presiona, día tras día, para que deje de ser un idiota (según sus palabras) y se declare de una vez por todas al santo de andrómeda.
No es el único que lo intenta. La segunda persona que más lo molesta y taladra su oído para hacerlo entrar en razón es Aioria. Con una mirada de desaprobación extrañamente adorable y la preocupación evidente en sus ojos, el santo de leo suele apoyar a Mu o lo sustituye cuando el ariano está ocupado.
La tercera persona que, a veces, lo molesta, es sorprendentemente Saga. Otros simplemente se rindieron fácilmente, o simplemente decidieron dejar que Shaka tomara malas decisiones en paz. Afrodita, Deathmask, Shura, Camus, todos ellos no se molestaron mucho en intentar hacerle cambiar de opinión. Milo, Kanon, Aioros y Aldebarán se rindieron tras algunos intentos, aunque, en muy contadas ocasiones, le recordaban que declararse era una opción viable. Pero Saga... es sorprendente la cantidad de veces que el santo de géminis le ha recordado que es un estúpido por no tomar el camino más obvio y con menos sufrimiento de todos.
Mira quién para hablar. Shaka está seguro que, si fuera Saga el de la maldición, estaría encerrado aceptando su destino con lástima, lidiando con un gemelo molesto que, probablemente, lo obligaría a confesarse a golpes.
Amor de hermanos, habría dicho Kanon.
Entonces... este es uno de esos momentos. Uno donde Mu está intentando hacerlo entrar en razón.
—Lo que no entiendo es... ¿qué razonamiento has hecho para creer que no eres digno?
—Uno poco racional, eso es seguro —Shaka reconoce con facilidad —. El amor nos hace estúpidos, pero no me arrepiento de amarlo. Incluso si eso me hace estúpido.
Mu no puede evitar sonreír.
—Eso es bello. Pero me gustaría que dejaras de ser estúpido. No te queda bien.
Shaka se echa a reír.
—Supongo que no...
—¿Qué es lo que te enamoró de Shun? —le pregunta Mu tras darle un sorbo a su té aun caliente —. No puedo evitar tener curiosidad.
—Mm... Esa pregunta podría requerir de una respuesta muy larga.
—Tengo mucho tiempo libre últimamente —contrataca Mu.
—Me enorgullece admitir que no fue algo tan banal como su apariencia física o su rostro. Aunque debo reconocer que Shun es atractivo y grácil a los ojos. Fue la belleza de su alma y lo puro que es su corazón lo que me atrajo tanto.
—Por supuesto. Me lo había imaginado. —Mu sonríe —. Athena dijo que Shun era el alma más pura de la tierra en esta época. Por eso Hades lo escogió.
—Así es. No fue una sorpresa. Incluso un dios como Hades se sentiría atraído a un alma tan llena de amor desinteresado como la del santo de andrómeda.
—Bueno, afortunadamente, el interés del dios era meramente banal. Sin embargo, tu interés va más allá. Lo amas profundamente. Más allá de lo físico, más allá de tus propios deseos y necesidades. Solo quieres que Shun sea feliz. —Los ojos del ariano se cierran mientras deja escapar una sonrisa compasiva —. Pocas veces he podido presenciar algo tan hermoso como esto. Pero, Shaka, el amor no siempre se trata de ser, o no ser, digno de alguien. A veces, simplemente vasta con ser tú mismo y que la otra persona que acepte tal y como eres. Nadie es perfecto. Tú tampoco lo eres.
—Nunca he deseado alcanzar la perfección. Esa es una búsqueda sin sentido.
—Y, todavía, pareces querer ser perfecto para estar cerca de un hombre que no le importan los defectos de los demás. —Mu suspira —. El amor realmente te hace estúpido, Shaka.
—Hoy estás especialmente crítico conmigo.
—Hoy tengo menos paciencia de lo habitual.
El santo de aries deja la taza de té nuevamente en su mesa y deja escapar otro suspiro, mucho más largo. La frustración escapa con ese suspiro. Esta es una conversación que ya han tenido en varias ocasiones desde que Shaka desarrolló esta maldición, pero Mu no piensa rendirse. No le importa si otros lo ven como entrometido. No dejará que su amigo desperdicie su nueva oportunidad de vida por algo tan sin sentido.
Sin embargo... ¿Qué haría él si fuera el maldito? Mu no está seguro. En ocasiones, ha intentado ponerse en la posición de Shaka para comprender el camino tonto que ha tomado. No confesarse sabiendo que va a morir es un sin sentido que es nada normal en el santo de virgo. La cosa es que Mu nunca ha estado enamorado y no cree que vaya a estarlo en un corto período de tiempo en el futuro. Pensándolo en frío, Mu cree que el camino lógico es el que él tomaría.
—Shaka... —Mu decide volver a intentarlo. Una última vez el día de hoy —. Mira, tal y como yo veo las cosas, creo que te estás ahogando en un pequeño grano de arena. ¿Dices que no te crees digno de amarlo? Ni siquiera puedo empezar a comprender de dónde ha salido ese pensamiento. ¿Porque intentaste matarlo en la guerra civil del Santuario? En ese momento eran enemigos, hiciste lo que tenías que hacer. ¿Porque intentaste matar a su hermano? Lo trajiste de vuelta y lo salvaste después. ¿Preferiste la opción de asesinarlo cuando Hades lo poseyó a intentar salvarlo de otro modo como propuso Athena? Tu trabajo como santo de oro es poner a Athena por encima de todo lo demás y eso es lo que hiciste.
Las manos del ariano aprietan la taza de té con un poco más de fuerza de la necesaria, tanto que es un milagro que todavía no la haya roto.
—Sinceramente, Shaka, no creo que hayas hecho algo que justifique ese sentimiento. Tu corazón es noble, tu justicia es firme y tus ideales son realistas. ¿Eres arrogante? Por supuesto, pero creo que entre los santos de oro, todos somos un poco arrogantes. ¿A veces eres cruel? Lo admito, tu forma de ser puede ser cortante para otras personas, pero con Shun siempre has sido muy amable.
—Mu...
—Con esto quiero decir que, quizás, simplemente estás inseguro de cómo podría responder Shun a tus sentimientos. Nunca te has enamorado. Es más, nunca has sido especialmente cercano a nadie. De entre todos nosotros, has conseguido hacer unas pocas amistades, como la nuestra, pero incluso entre nosotros, siempre mantienes la distancia —le dice Mu con una sonrisa —. Has preferido siempre mantenerte encerrado, meditando, siendo más y más poderoso. No estás acostumbrado a estas... emociones tan intensas. La amistad, e incluso el amor.
—¿Estás sugiriendo que, quizás, solo tengo miedo? —Shaka deduce por las palabras de su amigo.
Mu asiente.
—Eso es exactamente lo que estoy proponiendo. —Tras confirmárselo, el ariano se pone en pie, preparado para abandonar la conversación —. Deberías pensarlo. Con la meditación adecuada, los miedos y las dudas se despejan. Shaka, deja de comportarte como un estúpido y vuelve a ser tú mismo otra vez. Mantén la cabeza fría como haces siempre y encontrarás las respuestas que buscas. Confío en ti.
—Tienes razón. No estoy siendo yo mismo.
Mu le sonríe, mucho más dulce. En el fondo, Shaka solo está perdido. No debe de ser difícil estar lidiando con una maldición que lo fuerza a revelar algo tan importante como sus sentimientos. Incluso para alguien como el santo de virgo, debe ser una situación complicada.
—Si tardas demasiado, es probable que Aioria y Milo pierdan la paciencia. —Le avisa —. Los santos de bronce vendrán a visitarnos en dos días. Si te tardas, es probable que ellos abran la boca por ti. No estoy a favor de forzar las cosas, pero quizás eso es lo que necesites.
Shaka no dice nada. Mu toma eso como el momento definitivo para marcharse y dejar que su amigo piense las cosas detenidamente.
............
—¡Eros! ¡Eros, aparece ante mí! —Grita la diosa Athena con una voz que deja ver su desesperación y molestia —. ¡Eros, aparece!
—Te noto un poco molesta, Athena. —Una voz masculina, pero muy suave, hace que la diosa se gire. Ante la gran estatua de Athena, un hombre joven y jovial aparece lentamente ante ella —. Sabía que te molestaría mi intervención, pero incluso a mí me sorprende verte al borde del llanto por un humano.
—¡Ese humano es mi santo! ¡No tienes derecho a meterte con mis santos, Eros!
—Incluso tus santos son humanos con la capacidad de enamorarse, te guste o no. Mientras puedan sentir amor, yo puedo ejercer mi poder —le recuerda el dios que, sin preocuparse nada por las intensas emociones de Athena, flota en el aire tan tranquilo —. Si tu intención es pedirme que le quite la maldición, me temo que voy a rechazarte.
—¿Por qué? ¿Qué ha hecho Shaka para despertar tu enfado?
—El amor es algo hermoso, ¿no crees? —responde el dios de largos cabellos rosados —. Sin embargo... hay humanos que parecen decididos a rechazarlo, creyéndose superiores a otros. ¡El amor no está hecho para mí! ¡Soy demasiado importante como para caer enamorado! —se burla Eros —. Tu santo ama profundamente, pero siempre rechaza sus propios sentimientos. Es tan frustrante. Al final, tuve que maldecirlo para que admitiera que es tan humano como otros.
—¡Shaka ya lo ha aceptado, retira la maldición!
—Oh, eso es cierto. —Eros ríe —. He estado observando. Pero, sabes... ¿De qué sirve si no se confesa? Mi maldición no se retirará a no ser que se confiese y ese otro hombre acepte sus sentimientos.
—Eros, tu maldición es muy injusta con los seres humanos. Los fuerzas a admitir sus secretos más íntimos y, en caso de no ser correspondidos, mueren. ¡El corazón no es algo en lo que otros puedan mandar!
Por unos segundos, el dios Eros parece molesto y frustrado con las palabras de la diosa Athena, pero rápidamente recupera su sonrisa de oreja a oreja.
—No retiraré la maldición, Athena.
Dicho esto, Eros desaparece, dejando atrás a una Athena impotente.
............
Cuando sus rodillas impactan contra el suelo lleno de flores por culpa de la debilidad física producto de la maldición, Shaka apenas tiene tiempo de maldecir cuando un terrible ataque de tos lo invade. Durante lo que parecen ser horas en lugar de minutos, el santo de virgo no para de toser y escupir flores de loto que se derraman, ensangrentadas, sobre el suelo, corrompiendo las demás flores en el jardín del templo de virgo.
Shaka siente sus largos cabellos rubios caer sobre el suelo, manchándose con las gotas de sangre en este. Incluso siente su piel acalorarse, derramando sudor como si hubiera estado haciendo ejercicio por horas. Le molesta todo. El aire sobre su piel, la tela de su ropa contra su piel sensible, sus cabellos mojados por el sudor y la sangre y el sonido de su propia tos.
Cada día la maldición es un poco peor, pero hasta ahora no había tenido un ataque tan grande y largo como este. Eso solo puede significar que el fin está mucho más cerca.
Cuando cree que por fin se ha calmado, otro ataque lo hace temblar y toser nuevamente sobre las flores ahora corrompidas. En su delirio, cree sentir alguien a su lado que lo abraza con fuerza y le susurra palabras de aliento. Unas manos muy suaves acarician sus cabellos y retiran los mechones manchados para que no sigan ensuciándose. Luego acaricia su espalda, poco a poco, como un dulce amante. Debería estar solo, pero cuando Shaka por fin puede hacer uso de su cosmos para percibir su entorno, se da cuenta que Shun está a su lado.
¿En qué momento...? Ah, claro. Mu le avisó que los santos de bronce iban a llegar en dos días.
¿Acaso...? Han pasado ya esos dos días, ¿cierto? Shaka no se ha dado cuenta. Ha estado meditando todo ese tiempo como le dijo Mu que hiciera, intentando aclarar las dudas en su corazón, y aunque ha funcionado en gran medida y el futuro se ve menos borroso para él, cuando tiene en frente a Shun, no puede evitar sentirse nervioso.
—Shun... —Shaka murmura, con la voz ronca —. Lamento profundamente que hayas tenido que verme en este estado. Me habría gustado recibirte como mereces.
—Retira eso, no importa. —Las palabras de Shun, aunque cortantes, se transmiten con suavidad —. ¿Cómo estás, Shaka? Me han contado muy ligeramente lo que sucede. ¿Es cierto que estás afectado por una maldición? —dice el joven santo con la voz temblorosa —. No han querido decirme qué tipo de maldición, pero, Shaka... Parece que vas a morir en cualquier momento.
—Bueno, me siento como si fuera a morir, así que supongo que no deben de quedarme muchos días.
—¿Athena no ha podido hacer nada?
Shaka lo niega, poco a poco.
—Lamento esto, Shun. —Su voz, aunque un poco menos ronca que antes, sale tensa al sentir que otro ataque de tos vendrá más pronto que tarde —. La verdad, es que Mu siempre ha tenido razón. Yo mismo me he causado mi propia desgracia. Debería haberte dicho algo antes...
Aunque Shun no parece comprender bien las palabras de Shaka, todavía lo abraza con un poco más de fuerza, sosteniéndolo para que, aun arrodillado, no termine de caer al suelo.
—¿Qué maldición posees? —pregunta con la convicción de hacer algo por Shaka si le es posible.
—La maldición de Eros.
Shun parece pensarlo por unos segundos.
—Eros... ¿El dios del amor? —cuestiona para sí mismo —. ¿Te han impuesto una maldición relacionada con el amor? ¡El amor no debería ser usado para algo tan terrible! —Se queja, al borde de la histeria —. Es hermoso, bello y algo que todos deberíamos sentir en nuestras vidas. Usar algo así para hacer daño... ¡No me gusta!
Shaka no puede evitar sonreír.
—Lo lamento, yo...
Shaka es interrumpido por su propio ataque de tos. Su cuerpo tiembla intensamente mientras de su garganta vuelven a salir más y más flores de loto. Antes, eran solo pétalos, pero llegados a este punto, son flores enteras que rasgan su garganta cuando salen. Sin embargo, esta vez Shaka no está solo. En todo momento, Shun lo abraza y lo sostiene, acariciando su espalda y su cabello, dándole palabras de aliento que calientan su corazón.
—Lo lamento... —Shaka vuelve a intentar hablar —. Se supone que debo declararme o moriré.
Shun jadea.
—¡Eso es...! —El santo de andrómeda aprieta sus puños y contiene el deseo de llorar. Debe ser fuerte por el santo de virgo —. Eso es tan terrible. No puedo creer que un dios te esté forzando a algo así.
—Lo sé..
—Pero, Shaka, puestos en este punto, ¿por qué no te has declarado? —cuestiona Shun —. Incluso si no me gusta que fuercen a alguien a decir algo tan importante, morir por no decirlo me parece un destino peor.
—No quiero forzar a la otra persona a sentirse mal por no corresponderme.
—Eso es noble, Shaka. Sin embargo, aunque no sé quién es la persona que amas, al menos yo me sentiría peor si me doy cuenta que alguien ha muerto por no poder decirme que me ama. Incluso si no corresponderle me sabría mal, al menos intentaría estar a su lado el tiempo que le quedara. Intentaría hacer algo por esa persona. Además... ¿Quizás te devuelve el sentimiento? Shaka, eres uno de los santos más nobles que he conocido, estoy seguro de que tienes posibilidades, sea quién sea.
¿Así que así es como se siente verdaderamente Shun? Él es, en verdad, el alma más noble que existe en este mundo.
—Entonces... —Shaka agarra con fuerza las flores bajo su cuerpo, todavía tembloroso. Se siente con la mente mucho más clara que antes. La meditación, las palabras de aliento constantes de sus compañeros y los verdaderos sentimientos de Shun han esclarecido el camino —. Si yo te dijera... Si yo te dijera que la persona que me gusta eres tú, ¿qué harías?
Los ojos verdes del joven santo se abren como platos ante la repentina confesión. Incluso sus mejillas parecen enrojecer momentáneamente, hasta que recuerda el momento tan crítico en el cual se encuentran. ¿Es solo Shaka siendo hipotético o lo está diciendo de corazón? Aun así, el corazón del joven andrómeda late con fuerza ante el solo pensamiento. Pero también quiere llorar. Si de verdad Shaka se siente así por él... ¿Todo este tiempo ha estado sufriendo por su culpa?
Oh, Shaka...
—Si yo fuera el hombre que te gusta, entonces te respondería que también tengo sentimientos por ti —responde con la voz temblorosa —. Shaka, te lo he dicho antes, eres de las personas más nobles que he conocido. Eres un hombre extremadamente fuerte, posees un corazón bueno y firme, estás lleno de conocimiento y siempre tienes ansias por aprender más y más sobre el entorno que te rodea. Hablar contigo día a día han sido siempre mis momentos favoritos del día. Sentir tu cosmos cerca del mío se siente cálido y agradable y las veces que me alientas han provocado que mi corazón tiemble. Enamorarme de ti ha sido muy sencillo.
Los ojos azules del santo de virgo se abren lentamente. No puede negar que está sorprendido por las palabras de Shun, pero más que todo eso, está lleno de felicidad. Entonces, ¿todos tenían razón? ¿La preocupación excesiva del santo de andrómeda hacia él se debía a sus sentimientos de carácter romántico?
Con el rostro lleno de emociones intensas que no se atreve a expresar, el santo de virgo mira fijamente a Shun.
—Dilo otra vez.
Shun sonríe.
—Te amo, Shaka. —Dice con mucha firmeza —. Te amo. Me gustas. Te adoro.
—Ah... Me parece que he sido un idiota...
—No lo creo. Es normal sentirse asustado. También eres humano, Shaka. Incluso tú puedes sentir miedo a no ser correspondido. En lo que a mí respecta, solo has sido humano todo este tiempo. Pero esta bien, ya terminó.
El hindú no puede evitar abrazar con fuerza a Shun. El joven santo de bronce lo acoge entre sus brazos, más que feliz de poder consolar y ser fuerte por Shaka. Más adelante, el santo de virgo volverá a ser el orgulloso santo de oro que todos conocen; pero ahora, es solo un ser humano que ha estado al borde de la muerte y acaba de confesar sus sentimientos hacia el hombre que ama. Unos sentimientos que lo asustaban.
Pero ahora todo está bien. En brazos de Shun, todo se siente mejor. Incluso la sensación de pesar en su pecho y el picor en su garganta desaparecen.
Ahora todo está bien...
Solo necesita dormir un poco.
En los brazos cálidos de Shun, Shaka finalmente se rinde a los encantos del sueño. Su cuerpo, excesivamente agotado por la maldición, cae ante la calidez que transmite el cuerpo de su enamorado.
Ahora todo está bien.
