Work Text:
Izuku era nuevo en el trabajo, una cafetería un poco hipster para su gusto pero que pagaba bien, lo habían contratado para servicios generales y atención al cliente de medio tiempo mientras estudiaba la universidad.
El primer día de trabajo lo compartió con dos de los otros empleados, una chica muy amigable llamada Mina y otro chico llamado Kaminari, eran tan buenos que rápidamente metieron a Izuku en su amistad, de lo que estaba realmente agradecido porque no era muy bueno haciendo amigos tan rápido. Ellos se encargaron de enseñarle cómo funcionaba todo, era bastante fácil, sin embargo, aún tenía dificultades usando la caja.
Pero el segundo día no fue tan genial como el primero, ese día estaba otro chico en lugar de Kaminari, un rubio algo con cara de pocos amigos llamado Katsuki. Al parecer tendría que trabajar el resto de la semana con él porque sus horarios rotativos así lo pedían.
Todo iba bien hasta que ambos se pusieron en la caja para recibir los pedidos de forma turnada. Cuando Katsuki pasaba a su lado, la nariz de Izuku picaba un poco. Poco a poco se fue intensificando la sensación hasta que terminó estornudando, se cubrió con su camisa y sorbió su nariz, Katsuki solo lo miró mal.
—¿Qué haces? —preguntó el rubio molesto, esperando a que Izuku intentara poner el código de una dona para cobrarla, tardando mucho.
—Solo dame un momento —dijo tranquilamente, hasta que lo logró. Cobró y comenzó el pedido.
—Deja la caja, yo cobraré, eres muy lento —ordenó Katsuki, tomando varios pedidos a la vez para luego dejar que Izuku prepare casi todos.
El pecoso no reclamó, pero volvió a estornudar.
Después de unos minutos de esa rutina, siguió estornudando ¿acaso le dio gripa su primer semana de trabajo? Además, era súper antihigiénico hacerlo mientras preparaba bebidas, qué vergüenza. Al parecer Katsuki pensaba lo mismo.
—¡¿Quieres dejar de estornudar?! —le gritó cuando ya no había más clientes esperando por su orden.
—¡Lo siento! No puedo evitarlo, creo que algo me está dando alergias —intuyó, sobando su nariz. No sentía síntomas de gripe más allá de los estornudos—. Solo no sé qué lo está provocando, ayer estaba muy bien.
—Tks, pues toma medicina o algo, no quiero que llenes de gérmenes el lugar —molesto, Katsuki le dio la espalda al pecoso dejándolo sin posibilidad de responder.
Algo angustiado, y cuando Mina llegó para cubrir su turno, se fue a casa decaído. Estaba por comprar una pastilla para las alergias en medio del camino pero simplemente dejó de estornudar en cuanto salió del local.
No tenía idea de qué había pasado, pero estaba triste porque esa tontería complicaría su relación con su compañero de trabajo, cuando él quería ser buen amigo de todos.
El resto de la semana seguiría teniendo el mismo horario, así que tendría que aguantarse.
Al día siguiente, mientras estaba en el mostrador esperando clientes, Katsuki llegó. El rubio comenzó a limpiar el escaparate con un trapito. No se habían visto hasta ahora, así que no habían dicho nada uno al otro, pero en cuanto Izuku volvió a estornudar de la nada, Katsuki lo miró como si sus ojos fueran el infierno.
—¿Es en serio? ¡¿No te tomaste la puta medicina?!
—P-pero Bakugō San, ¡no había estornudando hasta ahora!
—No me importa, no quiero volver a ver que lo haces o verás —luego de la amenaza, siguió limpiando.
Izuku sentía el picor en su nariz, sentía sus ojos comenzando a lagrimear, pero hizo lo posible por no estornudar. Katsuki seguía ahí, al otro lado del mostrador, limpiando, cuando comenzó a rascarse el cuello y los brazos.
Izuku estornudó, sin remedio.
—¡Largo de mi vista antes de que te asesine! —gruñó, señalando con el dedo índice a la puerta del personal, donde estaba el comedor.
Izuku salió corriendo, casi queriendo llorar de verdad por pura vergüenza.
—Oye amigo, ¿Qué sucede? —Kaminari lo siguió, siendo espectador de lo ocurrido.
—Es que... es que no puedo evitar estornudar, pero no sé por qué lo hago —dijo entre mocos y lágrimas, una mezcla de la anterior alergia y su llanto de pena.
—Oh amigo, qué pésimo. Debe haber algo en el mostrador que te cause esa alergia, tal vez es el producto de limpieza que usamos. He visto a Bakugō rascarse un extraño sarpullido, tal vez también le está afectando. Voy a hablar con el gerente para conseguir otros productos —intentó consolar, palmeando su espalda.
De hecho eso tenía mucho sentido, comenzó a estornudar cuando Katsuki pasó por ahí limpiando, seguramente eso era.
Kaminari cumplió su promesa, y el gerente consiguió otra marca de detergente de mayor calidad en la espera de que sus dos empleados puedan trabajar sin molestias. Llevó el recipiente al día siguiente en la mañana, así que Izuku no lo vio pero Kaminari se encargó de informarle vía mensaje.
Entonces cuando llegó a trabajar y se puso en el mostrador a un lado de Katsuki con la seguridad de que su alergia ya no le afectara, comenzó a sentir de nuevo ese picazón en la nariz.
Izuku pellizcó su nariz, alarmado por que Katsuki no lo viera estornudar ¿Era en serio? ¿Aún tenía su alergia? Estaba demasiado frustrado por no entender lo que sucedía.
Katsuki comenzó a rascarse el cuello de nuevo. Izuku prestó más atención y observó unos pequeños parches de piel rojiza, sarpullido al parecer, como dijo Kaminari.
Si ya habían cambiado el detergente ¿Entonces qué era?
—Ugh, maldita sea —se quejó Katsuki, rascando su brazo.
—¿Qué pasa, Blasty? —Mina traía una escoba, dejó de barrer para acercarse al mostrador y recargarse—. ¿Otra vez comezón?
—Sí, mierda, no entiendo por qué sale de repente —desesperado, golpeó el mostrador con el puño.
—Kaminari me comentó sobre el problema, pero ya estoy usando el detergente nuevo. ¿No hay algún patrón que hayas notado? Tal vez es otra cosa.
Mina, después de decir eso, volteó a ver a Izuku quien se cubría la boca y nariz con ambas manos, pero sus ojos estaban bastante llorosos.
Por inercia, Katsuki también volteó. Estaba a punto de preguntarle si iba a estornudar, cuando Izuku no aguantó más y estornudó en las palmas de sus manos.
—¿Pero qué demonios? Nerd, no debes cubrirte con las manos, ¡es antihigiénico! —le regañó, mientras inconscientemente se rascaba.
—L-lo siento, ahorita me lavo las manos —se dio media vuelta para ir al baño corriendo.
Katsuki suspiró, enojado. Pero dejó de rascarse. Mina observó lo que sucedía, si volvía a rascarse mientras Izuku no estaba, entonces se caería su repentina teoría.
Pero no lo hizo, su piel seguía roja pero Katsuki ya no parecía un perro sarnoso desesperado por arrancarse la piel.
Siguió barriendo, cuando Izuku regresó al mostrador. Mina entrecerró los ojos.
Luego de un minuto más o menos Izuku comenzó a hacer muecas, evidentemente aguantando no estornudar de nuevo. Y Katsuki, bueno, volvió a rascarse el cuello.
—¡Esperen un momento! —gritó ella de repente, asustando a algunos clientes que estaban sentados, y corrió de regreso al mostrador—. Escuchen esto..¿Y si en realidad son alérgicos el uno por el otro?
Katsuki miró a Izuku extrañado, Izuku estornudó en su codo.
—¿Qué? —Katsuki lo pensó, en realidad... era verdad, ese patrón del que hablaba Mina solo aparecía cuando Izuku estaba cerca—. Oh, mierda.
—¿De qué hablan? —Izuku parecía confundido.
Para Mina y Katsuki era bastante evidente el motivo. Era una manifestación de almas gemelas.
Las almas gemelas solían manifestarse de diversas formas, eran impredecibles, pero en algún momento se veía evidente.
—¡Oh Dios santo, esto es tan maravilloso! —canturreó la chica, bailando con la escoba.
Katsuki no dijo nada, con un sonrojo en la cara, evidentemente avergonzado por la realización. Sí, Izuku le pareció bonito la primera vez que lo vio, pero jamás esperó que estuvieran destinados.
—¿Me pueden explicar? —rogó Izuku, sin entender el festejo de su compañera de trabajo.
—La única forma en que pueden quitarse la alergia —dijo la chica, levantando un dedo índice mientras esperaba un par de segundos de suspenso—, es que se den un beso —declaró.
—¡¿Un qué?! —gritó Izuku, con los ojos saltones.
—¡Un beso, imbécil! —gritó también Katsuki, desesperado—. ¡Somos jodidas almas gemelas!
—Oh —Izuku parpadeó un par de veces, ahora entendía por qué Katsuki estaba tan rojo de la cara sin necesidad de ser sarpullido.
Estornudó.
Y también encontró que su alergia por ser destinados tenía sentido.
—¿Qué esperan? —preguntó Mina, ya con el teléfono afuera, lista para tomar una foto.
—No voy a hacer eso frente a los clientes, mucho menos frente a ti.
Katsuki, con repentina decisión, tomó el antebrazo de Izuku para arrastrarlo dentro del comedor de empleados. Solo escucharon a Mina quejarse porque ella debía atender a quienes llegaran y no podía ir a verlos.
—B-bueno, realmente no esperaba que ese fuera el motivo —dijo Izuku, con la cara toda empapada de mocos porque tener tanta cercanía con Katsuki lo estaba destrozado, no podía ni abrir los ojos.
—Ni siquiera me había dado cuenta que me picaba todo cuando estabas cerca —estuvo de acuerdo Katsuki—. Ahora lávate la cara porque no pienso besarte lleno de mocos.
Izuku asintió, no se le notaban las expresiones faciales a este punto. Se agachó en el lavabo del comedor y se enjuagó.
Ya limpio, Katsuki lo detuvo de los hombro y se inclinó para darle un beso superficial, Izuku lo recibió como pudo.
Pronto la picazón de Katsuki se detuvo e Izuku dejó de moquear, poco a poco se recuperaron por completo, comprobando definitivamente que ese fue el caso.
A pesar de que eran almas gemelas, aún no pasaban por el proceso de enamoramiento, así que no fue la gran cosa, solo un poco vergonzoso.
—Entonces... ¿Regresamos al trabajo? —preguntó Izuku con un pequeño sonrojo.
—Vamos —sin darle más importancia, regresaron al mostrador.
Mina los veía con una enorme sonrisa, mientras los dos chicos intentaban actuar con normalidad aunque fallando un poco. Ella siempre tenía razón.
