Actions

Work Header

everything has changed (in the blink of an crinkling eye)

Summary:

Las actividades del Resistencia Japón como equipo habían llegado a su fin, pero aún había algo pendiente de empezar.

( hakuyuki week, day 6: free day — getting together )

Notes:

buenas buenaaassss

apenas a una hora de que acabe la hakuyuki week (en españa), he logrado terminar este one shot

es puro fluff porque se lo merecen mis niños. gracias sobre todo a maría por haber organizado esta dinámica. lo he disfrutado un montón :3

aunque acabe esta serie, escribiré más cositas en el futuro jejeje. nada más que objetar, nos vemos en la próxima!!!!

con cariño,
ann <3

Work Text:

El día había llegado.

 

Con el fin del Gran Celesta Galaxy, las intenciones del Earth Eleven ya habían sido reveladas ante todo el mundo y, como era obvio, habían sido recibidos como verdaderos héroes en su regreso al planeta Tierra —tal y como se merecían, eso era indiscutible—. Sin embargo, esto implicaba el cese de las actividades del Resistencia Japón.

 

Había sido unos meses duros llenos de entrenamientos y partidos, algunos más difíciles de todos pero que, prácticamente siempre, acababan en una victoria para ellos. Al fin y al cabo, habían sido seleccionados por su gran nivel y era un equipo de muy alto nivel que no había hecho más que mejorar.

 

Tampoco se podía olvidar las grandes amistades que se habían formado durante aquel tiempo. Se habían celebrado cumpleaños, noches de películas o de karaoke, y no podían faltar las cenas comunes en las que los once jugadores comían y reían junto a su entrenador, sin el cual nada de eso habría podido ser posible. Pero dicen que todo lo bueno tiene su fin y el Resistencia Japón, tristemente, no era la excepción a la regla.

 

Hakuryuu estaba preparando su maleta mientras pensaba en todo lo que había vivido. Sin duda, su vida había cambiado drásticamente gracias a aquel equipo de fútbol. No solo había conocido a varias personas maravillosas y había vivido varios de los partidos más emocionantes de su vida, sino que ahora tenía un lugar al que regresar después de todo.

 

Jamás había envidiado a la gente. Ya era bien sabido por todo el mundo que era uno de los mejores jugadores del Sector Quinto y, además, era el delantero estrella del equipo, el cual había marcado muchos de los goles que les habían hecho ganar prestigio alrededor de todo Japón e incluso a nivel internacional —o, por lo menos, había leído varios artículos en chino sobre el Resistencia Japón; algo tendrían que estar haciendo bien entonces—.

 

No, jamás había envidiado a nadie. Eso fue hasta que se dio cuenta de la mayor diferencia entre él y el resto de sus compañeros: ellos, al contrario de él, tenían algo más aparte del Resistencia Japón. El Instituto Alpino, la Academia Militar Mar de Luna, el Instituto Kirkwood, el Colegio Monte Olimpo… Ya no solo era el tener un equipo al que regresar, sino un hogar que esperaba por poder recibir definitivamente a aquellos chavales.

 

Hakuryuu temía que se terminara por muchas cosas, pero sobre todo por eso. No quería volver a soportar el tener que dormir en las casi abandonadas camas de la Isla Santuario —a pesar de que Shuu siempre le tenía una habitación preparada para cuando quisiera volver—, o incluso tener que pedirle a la familia Tsurugi poder quedarse a dormir —aunque fuera bienvenido y tratado como uno más, odiaba causar molestias o pena—.

 

Sin embargo, eso ya no tendría que ser así. Después de mucha insistencia, grandes charlas e incluso algunas lágrimas derramadas y muchos abrazos dados, podría ir a vivir con el entrenador Fudou y con su novio —¡lo sabía, sabía que no eran solo amigos!—. Estaban aún intentando poder ser sus tutores legales pues, hasta lo que sabía, sus padres estaban muertos y no conocía a más familiares. Ahora, sabía que por lo menos tenía algo más fuera de allí.

 

—Vale, he metido mis pantalones, mi pijama…

 

Sus pensamientos expresados en voz alta se vieron interrumpidos por unos toques en la puerta. Sonrió porque sabía perfectamente de quién se trataba; al fin y al cabo, habían acordado una especie de contraseña para aquellas noches en las que se sentían un poco peor de lo normal y no querían la presencia de nadie más. Abrió la puerta y, de inmediato, se vio envuelto en un abrazo.

 

—Wow. —Fue lo único que se le ocurrió decir.

 

—¿En serio? ¿Aún no estás acostumbrado?

 

—Al ser tú, que más que un leopardo de las nieves pareces un koala con apego ansioso, ya no me sorprende.

 

—Bueno… te perdonaré esa burrada que me acabas de decir porque me gustan mucho tus abrazos.

 

Ambos rieron por lo bajín e intentaron alargar aquella muestra de cariño lo máximo posible. No lo querían decir en alto pero ambos sabían que esos días de gloria que compartían habían terminado. Ya no podrían colarse en la habitación del otro para ver películas hasta altas horas de la noche o simplemente estar acurrucados en la cama compartiendo calor corporal. O bueno, al menos no a diario. Sus rutinas iban a cambiar drásticamente y, aunque todavía estaban ahí presentes, ya añoraban la presencia del otro.

 

—¿Ya has terminado de hacer tu maleta? —preguntó Yukimura, aún disfrutando del abrazo.

 

—No, aún no, pero me queda poco.

 

—Venga, te dejo terminarla si quieres.

 

Y, en realidad, no quería. Aunque fuera a vivirse con el entrenador Fudou, no quería dejar todo aquello atrás. Sabía que podría seguir viendo a sus compañeros, ya fuese como rivales en el campo de fútbol o como amigos fuera en una cafetería, en una plaza o en un parque de atracciones. Todos habían prometido no perder el contacto y, viendo lo activo que era su grupo de chat, Hakuryuu no dudaba en que cumplieran su promesa. Sin embargo…

 

—Sabes que no quiero.

 

—Pero debes. Yo espero aquí sentado, tú tranquilo, como si no estuviera.

 

Eso también le dolía. Sabía que era una expresión, pero es que el hecho de que Yukimura ya no iba a estar tan seguido a su lado le dolía. Incluso se había replanteado pedirle al entrenador Fudou que si podía estudiar en el Instituto Alpino pero, por cercanía, acordaron que iba a estudiar en la Royal Academy y que se incorporaría al equipo de fútbol lo antes posible. Al fin y al cabo, era para lo mejor y lo sabía.

 

Cuando terminó de hacer la maleta, se dirigió a su escritorio, en donde Yukimura estaba cotilleando el libro que había dejado fuera para llevárselo en su mochila y leerlo en el viaje. Había desarrollado un gusto por la literatura de misterio y La chica del tren estaba teniendo buena pinta, incluso si odiaba a la protagonista.

 

—¿Cuánto falta para que te vayas, Yukimura?

 

—No mucho. Mi madre estará aquí en menos de media hora. Ya la mayoría se han ido, creo que de hecho solo queda Senguji que está esperando a su padre.

 

—¿A su padre? Dios mío, si el entrenador Fudou odia a ese señor con todo su ser.

 

—¡Y que lo digas! Me gustaría estar para ver la pelea de miradas y el respeto forzoso con el que van a tener que tratarse.

 

—Ya…

 

Se quedaron en silencio, evitando las miradas del otro. De repente, la pared le parecía lo más interesante del mundo. Bueno, no era difícil ocultar que, en realidad, no lo era; pero a Hakuryuu le partía el corazón ver a su mayor sabiendo que aquello que tenían, lo que quiera que fuese, se le estaba deslizando por la punta de sus dedos por segundos.

 

—Hakuryuu.

 

—Dime.

 

—Me debes algo.

 

—¿Eh…?

 

Yukimura se levantó de repente y, abrazándole por los hombros, le plantó un gran beso en la mejilla. El albino apenas había logrado acostumbrarse a esas muestras de cariño y, aunque las aceptaba totalmente encantado, sentía que su rostro se ponía igual de rojo que la primera vez.

 

—Cuando fuimos al acuario hace unos meses, propusimos una apuesta.

 

—¿Sí?

 

—¿No te acuerdas?

 

Hakuryuu intentó hacer memoria y… oh, ya se acordaba.

 

—Ya me acuerdo.

 

—Pues aún me debes esas veinticuatro horas de hacer lo que yo quiera.

 

—¿Y qué querrías que haga?

 

—No sé, no sé… Tal vez invitarme a comer y darme muchos besitos.

 

—¿Ah, sí? Eso se arregla rápido.

 

El menor entonces le abrazó de la cintura y comenzó a plantarle besos por todo su rostro, ante la alegría notoria de Yukimura quien no podía parar de sonreír y de soltar risitas ante eso.

 

—¡Me haces cosquillas!

 

—¡Te lo mereces!

 

—¡Oye! Para, para, que te… te tengo que decir algo.

 

Esa fue la seña para que parase y que se intentará soltar de aquel abrazo, pues sentía que era algo serio. Sin embargo, Yukimura no se lo quiso permitir, agarrándole de los brazos de una forma torpe y… ¿mientras temblaba?

 

—Hakuryuu, yo… Bueno, me gustas.

 

—¿Eh?

 

—Me gustas, sí. Me gustas y mucho.

 

Hakuryuu entonces se quedó quieto, literalmente cortocircuitando por dentro. ¿Lo había entendido bien? A pesar de todo lo que hacían, él era un chico de palabras; o se lo decías claro, o podía llegar a dudar hasta que los besos en la boca constantes podían ser platónicos. Claro… ¡claro! ¡Ahora sí, todo cuadraba en su cabeza y ya no dudaba más! Sus sentimientos eran correspondidos.

 

—Tú a mí también, Yukimura. Me gustas mucho, demasiado.

 

—¿Y por qué no nos lo hemos dicho antes?

 

—Porque ya actuábamos como si fuéramos novios.

 

—Novios… Claro.

 

—Deberíamos serlo.

 

—¡¿Qué?!

 

—Sí, deberíamos ser novios. —Este tipo de cosas no se le daban muy bien a Hakuryuu, pero lo intentaba lo mejor posible—. Solo si tú quieres.

 

—¡Obvio que quiero! ¿Pero tú quieres?

 

—Si no, no te lo habría propuesto.

 

Yukimura entonces sonrió de manera resplandeciente, probablemente con la sonrisa más grande y más bonita que el ya pronto ex-capitán del Resistencia Japón podría haber visto nunca, y se abalanzó a sus brazos, rodeando a Hakuryuu con sus piernas y siendo un koala de manera literal.

 

—¡Por fin! ¡Dios mío! Te quiero mucho.

 

—Y yo a ti, cariño.

 

Hakuryuu nunca habría pensado que llamaría a alguien así, pero todo había cambiado y ahora tenía a su novio para sacar la mejor versión de él.

Series this work belongs to: