Chapter Text
El siguiente fanfiction fue usado como tarea para la asignatura de Inglés IV de la Licenciatura en Lengua y Literatura en la Universidad IEU. Fue realizado en 48 horas, espero les guste.
«Resonancia»
El bullicio del aeropuerto se volvía cada vez más lejano conforme Chloé Bourgeois, que ahora era una famosa modelo y cara de numerosas revistas en Estados Unidos, se acercaba a la salida, lista para abordar el vehículo que la llevaría a su apartamento provisional.
El chocar continuo de sus tacones altos contra el asfalto resonaba en su cabeza, aumentando los nerviosos latidos de su corazón. Después de tantísimos años, se encontraba de regreso en París, su hogar que la vio crecer y cambiar constantemente. Una ola de recuerdos le llegaba a su cabeza, de todos los sabores y colores. Luego, un sabor amargo se figuró y asentó en su boca. Los recuerdos de sus días de secundaria estaban muy presentes, tanto que le hacían sentir mal, demasiado mal.
Era clara la razón por la que se atrevía a pisar tierras parisinas después de tanto, después de que, con determinación, haya decidido tener un nuevo comienzo en el extranjero. Se estaba realizando un reencuentro con aquellos que compartió algunos años de secundaria, y había sido invitada.
Por supuesto, cuando el correo con la invitación le llegó, le tomó por sorpresa. Antes jamás habría pensado siquiera en ello, en ser considerada en algo así. No después de todo el daño que causó a los que la rodeaban. Era cierto que entonces era una niña mimada y malcriada, pero esa nueva oportunidad fuera de Francia, su país natal, le ayudó a crecer como persona y madurar, a aprender de sus errores.
Afrontar su pasado de esta manera, después de tanto, le llenaba de emociones encontradas. A pesar de que ya no era la Chloé de entonces, la persistente pregunta sobre si sus antiguos compañeros la aceptarían una vez más albergaba su cabeza, y le hacía sentir una especie de inseguridad. Ella había cambiado, pero los males que le provocó a tanta gente con sus rabietas no eran fáciles de olvidar, lo sabía.
«Bueno, que me hayan considerado para esto significa que es una buena señal, ¿no es así?», se cuestionó Chloé.
Soltó un suspiro y relajó su cuerpo, luego retiró sus lentes oscuros momentáneamente y apreció el panorama frente a ella. París…, finalmente se encontraba en casa.
—¿Te causa nostalgia? —preguntó Joanne, su asistente personal y persona más cercana, mientras le sonreía.
—Algo —respondió Chloé, con una disimulada risa.
—Venga, sonríe más, no estés nerviosa, Chloé —codeó la mujer a su lado, que le ayudaba con las maletas—. ¿Quieres ir directamente a tu apartamento? ¿O quieres ir a dar un paseo?, para rememorar.
Sintiéndose un poco reacia a recordar más, Chloé negó lo último—: Estoy cansada por el viaje, quiero ir primero al apartamento y hacer tiempo.
—Entendido, jefa —respondió Joanne, optimista.
—No me llames así, es raro de ti. —Rio Chloé.
Joanne solo dio una risotada en respuesta.
—Por cierto, ¿dónde está Charlie? —preguntó Chloé, buscando con la mirada a sus lados—. No vi en qué momento se nos despegó.
—Fue por un auto, así que tenemos que esperar un momento aquí —respondió la asistente.
Chloé respondió con un ruido de su garganta y procedió a estirarse un poco y tronar los huesos que fueran necesarios. Tantas horas de vuelo sin escala terminaron por tullirla.
—Por cierto, Chloé, ¿ya sabes qué te pondrás más tarde?
—No… No lo sé. —Suspiró.
—Oh, mujer, de verdad estás nerviosa.
—Basta.
Joanne carcajeó escandalosamente y, al poco tiempo, una camioneta cerrada y amplia, de color blanco, se aparcó frente a ellas. Del interior, salió el mánager de la joven modelo, Charlie.
—Ay, mira, qué oportuno —señaló Joanne, sonriente.
—¿Al apartamento? —preguntó Charlie, apenas se plantó frente a ambas mujeres. Chloé asintió, luego este mismo añadió—: Perfecto, entonces, yo guardaré las maletas mientras que ustedes se suben, no queremos que alguien termine reconociendo a nuestra modelo estrella y se arruine la sorpresa de tu aparición en el Fashion Week.
—Oh, es cierto que también tengo eso —recordó Chloé.
—¡Chica! ¿Cómo puedes olvidar algo tan importante? Si esa es la principal razón de que estés aquí —reprendió Charlie, mientras subía la primera maleta a la cajuela.
—Perdónala, Char, la pobre ha estado nerviosa por su reencuentro con los de la secundaria.
—No es cierto —objetó Chloé, inmediatamente—. Era una broma, Charlie, por supuesto que lo recuerdo. —Sonrió, y pronto ingresó al vehículo.
—Que así sea —vociferó el mánager, continuando con su tarea.
Después de algunos minutos, finalmente comenzó su camino hacia el edificio donde viviría por el tiempo que estuviese en París que, Chloé juraba, sería durante al menos un mes. Pero vaya que no imaginaba quién sería aquel que la haría quedarse.
Su estadía en el apartamento solo se limitó a unas tres horas, cuanto mucho. Se duchó, comió y se arregló para el evento al atardecer. Chloé se encontraba expectante por lo que venía, y recordó lo cálido que se sintió su corazón cuando le llegó ese correo de Marinette avisándole de la fiesta de reencuentro, sobre todo, esa última línea que decía: «¡Te esperamos con ansias!».
Sabía que el correo era medianamente predeterminado y que, seguramente, esa línea no iba específicamente para ella, sino a todo aquel compañero de clase a quienes envió el correo. Sin embargo, otra parte de sí misma —que no parecía prescindir— le decía que era exclusivamente para ella, porque ¿cómo no iban a esperarla con ansias?
Luego, ese último pensamiento terminaba por avergonzarle un poco, porque le recordaba a su yo adolescente, la que fue altanera y déspota.
«También tengo que ver a mi papá…», se recordó brevemente, mientras terminaba de estilizar su conjunto con unos tacones de suela roja y el bolso 2.55 de Chanel.
Era un conjunto casual, pero la hacía ver espectacular, lo que le alzó más los ánimos.
«¿Será demasiado?», se preguntó, admitiendo el hecho de que vestía algo ostentosa —si se enfocaba en el valor monetario de sus prendas— para la ocasión.
No obstante, se calmó al instante gracias a su parte altanera y orgullosa, que le decía que era una modelo y debería vestir deslumbrante, aun si fuese a la vuelta de la esquina.
Decidió mantener su cabellera suelta y solo ondeó su flequillo y las puntas, otorgando carisma a su semblante. Usó el mínimo de maquillaje, pues esta vez no lo creyó necesario, de esta forma, se encontró lista.
«Es cierto que en unos días llega el resto del equipo», rememoró furtivamente, refiriéndose a su equipo de estilistas, maquillistas y vestuaristas, así como su propio fotógrafo. La pasarela de la semana de la moda en París era su objetivo principal, realmente.
Entonces, sin perder más el tiempo con sus pensamientos y decidiendo ir por su cuenta a pesar de las protestas de su mánager, Chloé se arrancó hacia el salón donde se realizaría el reencuentro de su clase. Una vez más, su corazón comenzó a latir con rapidez.
¿Qué pensarían de ella en la actualidad? ¿Aún le guardarían rencor por todo lo que hizo? ¿Sería perdonada? ¿Sería bienvenida siquiera?
Tantas preguntas, por más tontas que fuesen, se almacenaban en su cabeza y le generaban incertidumbre.
«Soy la nueva y mejorada Chloé Bourgeois, todo estará bien», concluyó la modelo en su cabeza, manteniéndose optimista.
—Si mamá me viera así, me reprendería —farfulló, manteniendo su vista en el camino frente a ella.
Al encontrarse frente al salón, Chloé no escatimó más y decidió bajar del auto que alquiló provisionalmente. Lo aseguró y se dispuso a ingresar. El sonido de la música comenzó a escucharse conforme se acercaba, pero esta se mantenía a un volumen medio, no tan fuerte, no tan bajo. Era suficiente volumen para acompañar la plática de aquellos que asistían.
Chloé finalmente se vio atravesando el acceso principal al interior del salón, donde encontró en primera instancia a sus compañeros de secundaria, los cuales no tardaron en mirarle. Sorpresa hasta incredulidad abundaban en las miradas de las personas que se encontraban en un solo grupo, platicando animosamente hasta hacía un momento.
La joven modelo sintió su corazón dar un vuelco al sentir las miradas fijas en ella. Adoraba ser observada, admirada y apreciada, pero aquel momento era diferente, no se encontraba en una pasarela, se encontraba enfrentando su pasado en ese mismo momento. Aquello era algo fuerte y cas sintió la intromisión de sus pensamientos cobardes inmiscuirse en su cabeza, queriendo hacerle huir de ahí.
Ya había llegado hasta ese momento, tenía que ser la mujer madura que ahora era y demostrar que había cambiado para bien, que se había percatado de sus errores y que estaba profundamente arrepentida y avergonzada de sus acciones. Pero, Chloé podía jurar que en el momento en que la miraron con exactitud, algo tornó el ambiente incómodo, por lo menos para ella, así que, sin percatarse de ello, hizo mala cara.
Luego cambió su mueca a algo más sereno, que rayaba en una seriedad apática. Esto solo hizo las cosas más extrañas y Chloé se sintió incapaz de acercarse debidamente. Caminó unos pasos hacia adentro, pero manteniendo distancia del grupo.
Porque siempre fueron más unidos con ella fuera, eso lo sabía de sobra y lo entendía.
¿Por qué la había invitado?
—Hola, Chloé, tanto tiempo, ¿has estado bien? —saludó Adrien, siendo el primero de todos, mostrando esa sonrisa iluminada y cálida que lo caracterizaba.
Claro, esa había sido una de las razones por las que ella se había enamorado de él, de su amigo de la infancia. Él era tan benevolente, tan inocente, o por lo menos así lo recordaba. Sea como fuere, ante sus ojos, Adrien siempre había sido un ángel, lo apreciaba mucho.
Pero, ahora estaba segura de que sus sentimientos hacia él solo eran amistosos, sin nada romántico de por medio.
Chloé se esforzó en sonreír a pesar de la incomodidad que le causaba el ambiente, y se acercó.
—Hola, Adri… Adrien, ha sido un tiempo. —No sabía si darle un abrazo, así que solo mantuvo distancia—. Me encuentro bien, gracias —respondió con serenidad—. ¿Qué tal tú? ¿Cómo han ido las cosas?
A pesar de que eran colegas dentro del mundo del modelaje, nunca se cruzaron en eventos. Cuando supo hacía varios años que Adrien había retomado el modelaje bajo la firma de Marinette, se sintió feliz, aun así, siempre evitó encontrárselo en cualquier evento, porque sentía vergüenza y no se sentía con el derecho de verlo. Fueron muchas las cosas que la hacían evitarlo.
Pero, claro, Adrien era una muy buena persona.
—Todo perfecto, preparándome para el Fashion Week, pero tomando un pequeño descanso —contestó Adrien, sonriente.
Chloé soltó una pequeña risa como respuesta.
Luego, fue Marinette quien se acercó a saludarla, sonriente y cruzando su brazo con el de Adrien, que había puesto su mano sobre la suya. Su saludo con Marinette no fue nada del otro mundo, solo un corto intercambio de palabras, con Marinette siendo la chica amable de siempre; le alegró que ella fuese la misma de siempre, siendo que era una de las que más razones tenían como para ni siquiera acercársele.
Después, fueron el resto de sus excompañeros los que se acercaron y con quienes también intercambio un casto saludo, manteniéndose en lo educado, nada ameno. Y con justa razón, jamás fueron amigos y tan cercanos como para tener un reencuentro apropiado. Chloé no lo reprochaba, y solo se limitó a creer que era lo que merecía.
«Esto es más difícil de lo que creí», recabó Chloé. Porque, a pesar de que Adrien y Marinette se encontraron mejor dispuestos a saludarla, la culpa en ella permanecía y le martillaba la cabeza.
—Sabrina… —pronunció Chloé, su aliento disipándose en cuanto sus ojos pararon sobre aquella que fue su única amiga, la verdadera.
Su cabeza se inundó estrepitosamente de miles de recuerdos, todos ellos sobre las veces en que la maltrató. Esto le pesó más de lo creído y se sintió peor de lo que ya se sentía.
—Hola, Chloé, ha sido un tiempo… —saludó Sabrina, reticente y nerviosa, incapaz de mirarla a los ojos.
—¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho? ¿Te ha ido bien? ¿En qué trabajas ahora? —indagó Chloé, con cierto entusiasmo.
A pesar de todo, estaba feliz de volver a verla.
—Ah… Bien, todo bien. Ahora trabajo en una oficina —replicó ella, renuente.
—Me alegro por ti —sinceró, con una suave sonrisa.
Sin pensarlo, la tomó de las manos, provocando un sobresalto en su contraria, que aun ni la veía a los ojos. La sonrisa de Chloé casi se quebró. Sabrina no estaba cómoda con ella.
«Ah…, he sido muy brusca», se percató Chloé, sintiéndose —inevitablemente— dolida por el rechazo.
Entonces la soltó y, con una sonrisa que se encontraba a nada de torcerse en una mueca, Chloé se excusó—: Yo… Yo iré por algo de tomar, como que de repente hace calor. —Rio—. ¿Quieres algo de tomar, Sabrina?
—No…, gracias, Chloé, puedes ir por tu cuenta. —Sabrina se alejó unos pasos hacia atrás.
—Perfecto, entiendo —acató Chloé, con premura, alejándose de ahí en un santiamén.
Escondiéndose en las sombras, donde la luz de las linternas no llegaba, Chloé observó a los demás continuar con su conversación como si recién no hubiese estado ahí, fluyendo con naturalidad y gracia. Luego, Chloé se imaginó estando ahí también, con ellos, conversando normalmente y, tal vez, bromeando. Como si fuesen los amigos de toda la vida.
Quería estar con ellos, como si nada hubiera pasado, como si no les hubiese hecho nada. Pero, las cosas no eran así y la realidad era otra, no podía ignorar lo que había hecho y jugar a los amiguitos. Había un orden para hacer las cosas.
Chloé bajó la mirada a la copa con vino que sostenía y decidió dar un pequeño trago; luego, colocó la copa en la mesa alta a su lado y se cruzó de brazos.
—No debí haber venido —musitó, mientras fruncía deliberadamente sus labios en una mueca.
—¿Qué te tiene tan mal? —cuestionó una voz masculina suave y melódica, con un tono tranquilo y sereno que otorgaba una sensación de calma y tranquilidad.
Era una linda voz.
Pero Chloé, que estuvo ensimismada, se sobresaltó al escuchar la voz tan de repente a su lado, así que volvió su cabeza hacia su lado de manera inmediata. De esta forma, terminó por encontrarse con un rostro muy familiar, pero del cual no terminaba por acordarse.
Unos ojos azules, tan claros como el día despejado, miraban a Chloé con una intensidad tranquila; con profundidad y serenidad; con un destello de curiosidad e interés genuino en ellos. Estos parecían ver más allá de las palabras y las acciones. Este mismo individuo poseía una sonrisa suave y verdadera, que destilaba calidez reconfortante y amabilidad.
—Soy el hermano de Juleka Couffaine, Luka —se presentó, con esa misma voz tranquilizante—. No te culpo el hecho de que no me recuerdes; a decir verdad, me sorprendería si lo hicieras. —Rio un poco, de forma melódica—. En realidad, nunca hablamos.
Chloé achicó sus ojos, rebuscando en sus recuerdos en dónde lo había conocido, de dónde era esa cara.
—Ah, eres el exnovio de Dupain-Cheng —realizó Chloé, sin miramientos. Luka rio nuevamente—. Ah. —Se reprochó internamente su imprudencia—. Fui muy directa, lo siento si toqué alguna fibra sensible.
—No te preocupes, no hay ningún problema —expresó Luka, comprensivo.
—¿Y qué haces aquí? No recuerdo haber compartido clase contigo. —Chloé volvió su mirada hacia enfrente.
—Es cierto, no compartimos clase, pero, igualmente me invitaron, pues somos amigos.
—Conque amigos… —murmuró Chloé.
Luka la miró un momento y volvió también su mirada hacia enfrente.
—¿Qué te tiene tan mal? —preguntó nuevamente—. ¿Por qué no te unes?
En un acto reflejo, Chloé agarró la copa que antes dejó sobre la mesa y la observó con atención, perdiendo su mirada en el rojo del licor que se ondeaba como consecuencia de los movimientos circulares que empleaba con su mano. Las palabras de Luka habían resonado en su cabeza y ahora se encontraba pensativa. No estaba segura de cómo responder a ello.
Enredaderas de confusión y desaliento se fundían en su corazón y en su mente, que no sabía por dónde empezar. Porque, por alguna razón, Luka le causaba esa sensación de seguridad a compartir lo que sentía en ese preciso momento, sin reprocharse por ello. Era solo un extraño para ella.
—Es algo complicado, creo —murmuró finalmente, su voz apenas superponiéndose al bullicio de los demás.
La mirada comprensiva y silenciosa de Luka le animaron a continuar hablando. Era extraño que le hiciera querer abrirse con comodidad hacia él, como si fuese un amigo que conocía todo de ella, de toda la vida.
—Supongo que es solo me siento fuera de lugar, a pesar de todo —admitió, llevando su vista hacia la multitud a unos cuantos metros de distancia—. Siento que no pertenezco a ese mundo de conversaciones amenas y risas entrañables.
Luka asintió, comprensivo, sus ojos como un claro reflejando la mezcla de empatía y serenidad—: Entiendo cómo te sientes —dijo, con suavidad—. A veces, estar rodeado de personas puede hacer que te sientas más solo o sola que nunca.
Aquello resonó en el corazón de Chloé. Su cabeza le mostró imágenes que le afectaron en gran medida, imágenes donde a pesar de sentirse realizada por finalmente vivir con su madre, siempre se encontró sola y siendo ignorada, pero siendo cuidada por la gente que trabajaba para ella.
Ah…, se sintió tan comprendida por Luka, de una manera inimaginable. Le resultó reconfortante saber que en ese momento no se encontraba sola en sus sentimientos de alienación y confusión.
«Apenas hemos hablado, pero es un buen chico…», concluyó Chloé.
—Gracias —expresó Chloé, con dificultad, el nudo en su garganta obstruyéndole en parte—. Por escucharme.
La suave sonrisa de Luka se amplió medianamente, iluminando su rostro con una calidez reconfortante en medio de esa oscuridad adyacente a la luz de la pista.
—Siempre estaré aquí para escucharte —aseguró, su voz tranquila y suave, como una melodía nocturna.
Chloé sintió liberarse de un peso en sus hombros, sintiéndose más ligera a su vez. Su corazón había dado un vuelco ante lo último, pero se sintió agradecida de contar con alguien, aun si ahora era un mero conocido.
Sintiéndose de mejor ánimo, Chloé decidió que la conversación con Luka podría continuar, después de todo, no era para nada incómodo estar con él de esa forma. Era agradable.
—Puedo notar que has cambiado —mencionó Luka, atrayendo la mirada de Chloé hacia él—. Y para bien.
Chloé sonrió.
Sintiendo que podía tomarse su tiempo, Chloé comenzó a relatarle a Luka cómo fueron las cosas desde que dejó Paris, cómo fue que percibió el cambio de aires y cuánto demoró en adaptarse. También el cómo fue para ella lidiar con la ausencia de su madre por el trabajo y cómo fue que ella incursionó en el mundo del modelaje, la razón de ello.
—Durante este tiempo, gracias a la gente que me rodeó en Estados Unidos y a mi asistente Joanne, soy quien soy. Me enfrenté sola a muchas cosas, pero encontré a gente nueva que quiso quedarse a mi lado y me ayudó a cambiar.
» Rememoro los tiempos de secundaria y…, me da tanta vergüenza, fui una terrible persona y perdí a gente que me importaba realmente por culpa de mis egoísmos. Me sienta fatal.
—Todos cometemos errores, Chloé —dijo Luka, con mirada y sonrisa compasivas—. Lo importante es aprender de ellos y convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos.
—¿Eres psicólogo, acaso? —bromeó Chloé.
—Solo soy músico. —Amplió su sonrisa.
Con gratitud, Chloé amplió su sonrisa, sin mostrar sus dientes. Las palabras de Luka la habían conmovido y, por primera vez en mucho tiempo, divisó una mano amiga ser tendida a ella sin juzgarla por su pasado.
Fue gracias a Luka que el resto de la reunión no resultó un calvario para Chloé, que al final decidió retirarse temprano por cuestiones de rutina. Y Luka, que había decidido quedarse hasta que la reunión terminase, optó por acompañar a Chloé hasta su auto.
—Gracias por acompañarme, fue agradable —sinceró Chloé.
—Me alegra escuchar eso. —Sonrió Luka—. ¿Manejarás tú?
—Sí, vine sola, ¿por qué?
—Eso no está bien, bebiste vino y no puedes manejar con alcohol en tu sistema.
—Solo fueron dos copas, me siento espectacular.
—Aun así, ¿qué pasa si te encuentras con un oficial de tránsito?
—Ciertamente sería malo, pero tendré cuidado.
—No puedo permitir que te vayas así, ¿puede alguien venir por ti, o prefieres un taxi? Si quieres, puedo llevarte.
Chloé sintió sus mejillas enrojecerse, y esperó que no se notara a pesar de la luz de la luna que golpeaba directamente su rostro. Desvió un poco la mirada y jugueteó con sus manos un poco. Se encontraba nerviosa.
—No he tomado ni una gota de alcohol —aseguró, pero eso a Chloé le constaba, por lo menos el rato que estuvieron platicando—. Además, me sentiré tranquilo si llegas con seguridad a casa.
Chloé lo pensó seriamente; descartó de inmediato la idea de pedir un taxi, y pensó hablarle a Charlie o a Joanne, pero dada la hora, estos deberían encontrarse cenando, así que no quiso molestarlos, porque sus comidas eran un momento muy sagrado para ellos, así que optó por la última opción que le quedaba —y que para nada le desagradaba.
—Acepto tu oferta.
Luka sonrió ampliamente, como si estuviese genuinamente feliz porque Chloé haya aceptado irse con él. Acto seguido, Chloé buscó las llaves del auto en su bolso y luego se las entregó a su contrario, que después de que le fue señalado qué auto era, primero quitó el seguro y luego abrió la puerta del copiloto a Chloé.
—Gracias. —Ingresó ésta, algo cohibida por el acto caballeroso.
Y no es que nunca hubiesen realizado ese mismo acto, porque cuando era más joven, tuvo choferes, asimismo en Estados Unidos, así que aquello no le era desconocido, simplemente, se trataba de quién lo había realizado en ese preciso momento.
Luka cerró la puerta y pronto ingresó también, listo para llevar a Chloé de regreso.
—¿Al hotel de tu familia? —preguntó Luka, después de encender el auto, mirándola directamente a los ojos.
—No, es otro edificio —respondió Chloé—. Déjame lo pongo en el GPS.
—Claro.
Y con ello, emprendieron camino al apartamento —provisional— de Chloé. Durante el trayecto, continuaron platicando, con algunas pausas donde la incomodidad no cabía.
Así, llegaron al edificio al cabo de unos veinte minutos. Era un lugar exclusivo, que contaba con personas que se encargaban de parquear el auto en el estacionamiento subterráneo, así, Luka y Chloé bajaron frente a la entrada principal del edificio y solo se limitaron a ver cómo el auto era llevado por uno de los empleados.
—Gracias de nuevo, por traerme —habló Chloé, mirando a Luka—. Y también lo siento por quitarte tiempo y porque te tengas que ir en taxi.
—Para nada, Chloé, fue un placer. Mi tienda siempre está disponible, por si quieres darte una vuelta y verla.
—Claro, estaré aquí un tiempo, así que probablemente me tome el tiempo de ir —respondió Chloé—. ¿Me darás un tour personalizado? —bromeó, mientras lo codeaba.
—Por supuesto. —Asintió Luka, entre risas.
—Perfecto, entonces. —Amplió su sonrisa, con complacencia.
Dándose un último vistazo, cargado de promesas, Chloé se dispuso a ingresar al edificio, dejando atrás a Luka, que había llamado a un taxista con un gesto de su mano, el cual solo miró a Chloé con una sonrisa gentil. Caminando unos pasos de reverse, Chloé se despidió de Luka con un ademán, siendo correspondida por éste, que en ningún momento se subió al taxi hasta que ella entró.
—Dios, este corazón… —murmuró la modelo, resoplando a modo de que los latidos de su corazón se acallaran, mientras subía al elevador directo a su piso.
