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Para John Watson tener un bendito día de paz era algo extraño desde que era compañero de Sherlock. Sin embargo, se daban momentos de calma cuando debían hacer peritajes o simplemente su buen amigo se encontraba dos pasos delante que los policías. Se volvía tan alegre que decidía “hacer caso a sus recomendaciones y descansar”, esa paz duraba cuando mucho tres días. E igual lo agradecía.
Escribía otro capitulo para su blog sentado en el living mientras Sherlock se paseaba en silencio observando por las ventanas del departamento. En cualquier momento tomaría su violín y no pararía hasta la noche, tenía el presentimiento de que algo lo estaba sacando de quicio. Pero en lugar de tomar el violín se detuvo frente a una ventana.
—Sabes que te preocupas demasiado por mí —murmuró Sherlock de repente, sin apartar la vista de la ventana.
John suspiro y frunció el ceño, dejo de escribir para mirar al otro.
—¿Perdón?
Sherlock se enderezo la espalda como preparándose para hablar.
—No te pago por eso, no deberías hacerlo. —dijo sin despejar la cara de la ventana. —Es inútil que lo hagas.
—Sherlock eres mi compañero obviamente voy a ayudarte. Es lo que cualquier persona haría, es algo que la gente hace... —se sintió como un estúpido hablando así, justificándose.
—La mayoría de las cosas que hace la gente son totalmente erradas, por eso son tan infelices. —el hombre se volteo para mirar a John. —Pero tu eres mucho más constante.
Al mirarse el uno al otro, John se dio cuenta que sus ojos estaban diferentes. Estaba más sensible, abierto o quizá solo con un humor más humano. Hubo un silencio entre ellos, Sherlock miro hacia ambos lados, temiendo que su hermano apareciera de la nada.
—Quiero decir que eres verdaderamente constante preocupándote y… —dudo de nuevo, respiro profundo antes de continuar— Solo espero que continues siendo constante conmigo.
A John le dieron ganas de reír, pero se contuvo, no quería herir a Sherlock justo en ese momento. Dejó su computadora a un costado y se levantó del pequeño sillón para acercarse a su amigo. Que por su rostro se notaba aterrado por lo que había dicho.
Al fin uno frente al otro. No pudo resistirse y se rio en su cara para desdicha del pobre detective que dejo de respirar por un momento. Pero John levanto una mano y le acaricio la cara.
—Claro que sí Sherlock, seguiré constante y espero que empieces a serlo conmigo.
Ambos sonrieron un segundo, hasta que a Sherlock se le escapo el hecho de que ya tenía instalado un chip de rastreo y lo gracioso termino.
