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La música inunda la oscura habitación donde un amoroso Bakugo abrazaba a Izuku como si de eso dependiera su vida.
Bakugo se aferraba con fuerza a la playera de Izuku, descansando su frente en su hombro mientras las palmas de Izuku lo abrazaba con ternura de sus caderas, mientras tarareaba levemente la melodía en su oído.
La vida daba muchas vueltas y el destino podía ser bastante divertido si se lo proponía; es decir, ¿Quién en su sano juicio se hubiera imaginado que Katsuki Bakugo se estaría derritiendo tanto de amor por Izuku, el estupido perdedor a quien molestaba en secundaria?
Ahora, se encontraba pagando su karma, Katsuki lo sabía y, mientras más lo pensaba, era completamente ridículo que su verdugo no fuera nada más y nada menos que el mismo hombre de quien se burló por muchos años…
La vida sí que podía ser graciosa en ocasiones…
Katsuki escondió su rostro en la curva del cuello de Izuku, hundiéndose por completo en la fragancia cítrica del chico quien se ha aventurado en acariciar su espalda baja debajo de su playera.
Sus manos temblorosas escalaban por su espalda con lentitud, como si estuviera pidiendo permiso para avanzar más con cada roce en su piel.
¡Oh, vaya!
Katsuki suspiró, soltando un leve gruñido en el inter mientras sus nerviosas piernas se enredaban flojamente en su cintura y pronto, como un rayo de sol colándose por las cortinas cerradas de la habitación, la idea de rozar sus labios en el cuello de Izuku atravesó fugazmente su cabeza tomándolo por sorpresa.
“¡Solo hazlo, Katsuki! ¡Es todo o nada, idiota!”
Se animó internamente y, en un acto de valentía, tragó saliva, separando su frente y acercando sus temblorosos labios a su cuello, despacio. Cuidando que no fuera pillado en el acto cuando el estruendoso ringtone alusivo a la voz de All Might anunciando una llamada los obligó a separarse abruptamente.
Izuku metió con velocidad las manos en su pantalón, malabareando el artefacto perdiendo la llamada estrepitosa y vergonzosamente en el acto.
El peliverde suspiro apenado y, cuando estaba por disculparse con su compañero, posando su atención en él, se asombró al ver las mejillas Bakugo sonrojadas; con un semblante entre sorprendido, enojado y confundido mezcladas en este.
De nueva cuenta, el llamativo ringtone volvió a llamar su atención. Izuku estaba por apretar el botón de contestar…
— N-no contestes… — Tartamudeo Katsuki mirando hacia otro lado intentando disimular la forma en cómo suplicaba su atención.
Izuku sonrió enternecido al escuchar su petición, mirándolo con ternura mientras la llamada se perdía de nuevo.
El sonido de un nuevo mensaje iluminó la pantalla de su celular obligando a desbloquearlo y leer con rapidez.
— Es mamá… — agregó Izuku, mirando a Katsuki con un semblante triste. — Lo siento, Kachan. Debo ir a casa.
Ambos muchachos se pusieron de pie y, cuando Midoriya estaba por pasar a su lado para tomar sus cosas, el brazo de Katsuki detuvo su andar.
Sus miradas se conectaron unos segundos; pequeñas estrellas de ilusión se asomaban por las pupilas de Bakugo haciéndolo temblar en su lugar.
— P-pero… Aún no termina el disco.
Una tierna sonrisa se dibujó en el rostro de Izuku quien se inclinó un poco hacia Katsuki depositando un leve beso en su mejilla.
— Podemos escucharlo otro día…
El corazón de Katsuki se detuvo unos momentos; tragando saliva mientras Izuku tomaba su ya familiar mochila amarilla.
Cabizbajo, bajaron hacia la entrada de la casa donde Bakugo acompañó a Izuku. Izuku tomó sus tenis y abriendo la puerta pero, en cuanto se dio vuelta para despedirse, Katsuki tomo lo tomo de su rostro depositando un fugaz beso sobre sus pecas y empujándolo con violencia fuera de la casa, azotando la puerta en sus narices y subiendo rápidamente a su habitación completamente enojado.
La música aún sonaba en la habitación o, eso creía Katsuki. No estaba seguro ya que, una vez que entró, decidió sentarse detrás de la puerta, con las piernas abrazadas y ocultando su rostro en ellas aguantando las ganas de gritar como desesperado por haber hecho lo que hizo hace unos momentos.
Y, es que ¡Joder! ¡Deku es un completo idiota!
Un imbécil hecho y derecho, alguien que se ha ganado a pulso su odio.
Odiaba tanto la forma en como lo hacía sentir; cómo su humor cambiaba en segundos con su sonrisa, o con su sola presencia.
Odiaba la forma en la que lo miraba con esos ojos aceitunados que parecía albergar mil y un constelaciones en ellas, la forma en cómo le sonreía, en cómo reía… La forma en como lo ha estado tocando en privado.
Odiaba tanto la forma en cómo reía Deku. Y odiaba más que dicha risa parecía ser el sonido más glorioso y divertido que Katsuki jamás había escuchado en su puta vida.
Sí, definitivamente siempre ha odiado a Izuku “Deku” Midoriya pero, sí existía a alguien a quien odiaba más, era a él mismo.
Se odiaba a sí mismo porque, la forma en cómo abrazaba a Izuku, en cómo le hablaba y trataba lo volvía el ser más vulnerable y pegajoso que jamás creyó ser.
¡Le molestaba que toda la maldita clase pensara que ellos serían los compañeros de crimen perfectos si se lo propusieran!
Si, efectivamente, ¡Bakugo Katsuki era el hater número uno de Izuku Midoriya en ese momento! pero… Dentro de todas sus molestías, Bakugo Katsuki estaba viviendo la temporada más feliz en toda su existencia.
Es la primera vez en muchísimo tiempo que se sentía pleno y feliz; capaz y valiente de forma no egocéntrica…
Estaba completamente encantado de la persona que Izuku Midoriya lo estaba transformando.
Un pesado suspiro salió de sus labios al recordar la idea que tuvo de besar el cuello de Izuku antes. Su corazón se bombardeó estrepitosamente al imaginar que, si lo hubiera hecho, lo más seguro es que Katsuki terminara, de nueva cuenta, en el hospital por problemas cardíacos.
“Mierda, esto no es algo que los amigos deban hacer con sus otros amigos…” Se reclamó internamente aunque, para ser sinceros, después de la guerra, Izuku y él no eran amigos cualquiera…
Porque esa era otra, Deku solo era su amigo. Su gran e inseparable amigo de la infancia.
Resopló fuertemente sacando su rostro sintiendo una leve brisa de aire fresco en ella mientras su mente se inundaba de la idea de besar a Izuku mientras sostenía con ternura su rostro como en las películas románticas.
La puerta de entrada se escuchó seguido del anuncio de sus padres de vuelta lo saco por completo de sus pensamientos.
Katsuki se levantó de su lugar, saliendo de la habitación olvidando un poco sus pensamientos anteriores.
Bakugo no lo admitiria aun en voz alta pero, estaba tan loca y estúpidamente enamorado en Izuku Midoriya que
Aunque aún no se lo admita, Bakugo Katsuki estaba tan enamorado de Izuku Midoriya que rogaba en lo más profundo de su ser que, si hay tantas vidas después de la muerte, el contexto y la forma no importan si puede coincidir una y otra vez con su Izuku Midoriya…
