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Suguru Geto es un idiota

Summary:

Gojo Satoru no era el padre de Fushiguro Megumi. Sin embargo, eso no impedía que el carismático hechicero de cabello blanco ocupara un lugar importante en la vida y corazón del niño(Lo admitiera o no).

En este último año de conocerlo, Megumi había notado las extrañas y fugaces señales de tristeza en Gojo, sutiles y bien ocultas detrás de su habitual sonrisa despreocupada.

Y, aunque nadie se lo dijo directamente, llegó a una conclusión: alguien había lastimado a Gojo.

Así, de manera casi instintiva y caprichosa, Megumi decidió que Suguru Geto no le caía bien.

 

O

 

5 veces que Megumi insulto a Suguru, y una vez que no lo hizo.

Chapter 1: ¿Quien es Suguru Geto?

Chapter Text

Megumi Fushiguro llevaba ya un año viviendo en el absurdamente lujoso departamento de un cierto hechicero de cabello blanco y gran ego.

Al principio, había sido absolutamente insoportable. Gojo lo irritaba tanto que había momentos en los que quería lanzarle a Mahoraga por la cabeza solo para dejar claro su frustración y lo molesto que era Satoru.

Bendita fuera Tsumiki y esos ojos de cachorrito que lo convencieron de aguantar un poco más.

¿Ahora? Bueno, había mejorado. Gojo seguía siendo un idiota, pero estaba claro que intentaba, en serio lo intentaba, más que nadie nuna lo hizo en realidad.

Y lo más importante: él se quedaba.

Claro, su trabajo como hechicero de grado especial lo mantenía lejos la mayor parte del tiempo, mucho más que un padre promedio (aunque, de todos modos, Gojo no era su padre). A veces pasaban semanas sin que Megumi lo viera o siquiera pisara el departamento. Pero siempre volvía, citando sus propias palabras:

“No creerás que te vas a librar de mí, ¿verdad?”

Así que estaba bien. Casi todo.

Solo había un problema. Bueno, varios, pero este era prioridad.

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La primera vez que se dio cuenta fue por casualidad.

Se había levantado en medio de la noche a tomar agua cuando escuchó unos ruidos extraños. Con toda la valentía que podía reunir un niño de siete años con una técnica suicida y un peluche de lobito blanco, caminó en puntillas hacia la fuente del ruido. Terminando frente a la puerta de la habitación de su tutor.

—Suguru... —escuchó entre sollozos, la única palabra que Megumi alcanzó a entender.

Se le cortó la respiración. Gojo decía ser el más fuerte.
Entonces, ¿por qué? ¿Quién podría haber hecho llorar al hechicero más fuerte?

—¿Megumi? ¿Qué haces despierto? —Gojo lo llamó mientras abría la puerta.

Megumi ni siquiera había notado que los sollozos habían cesado, mucho menos que Gojo lo había notado. ¡Había sido sigiloso!

Ah, claro. Los Seis Ojos.

Gojo estaba ahí, con una pijama probablemente más cara que su antigua casa, el cabello desarreglado y sin ningun tipo accesorios para cubrirse los ojos. Megumi se encontró mirando esos ojos azules, ahora rojos e hinchados, y sintió una incomodidad en el pecho.

—...Tuve una pesadilla —mintió, abrazando su peluche con fuerza para verse más convincente.

Parece que fue suficiente, porque Gojo le revolvió el cabello y lo dejó pasar con una sonrisa.

Esa noche, Megumi durmió abrazado a su no-padre, satisfecho de haberlo ayudado a dormir tranquilo.

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La segunda vez fue un descuido de Gojo.

Megumi se había metido en una pelea en la escuela, y tras decir que su tutor estaba fuera del país para evitar que lo llamaran, decidió regresar temprano a casa. Al entrar al departamento, dejó sus cosas en su habitación y se dirigió a la cocina en busqueda de algún tipo de bocadillo o alguno de los dulces que Gojo escondía por toda la casa.

Ahí se encontró con Gojo, quien inexplicablemente estaba en casa a esa hora. Aunque algo no cuadraba: no estaba llorando, pero su respiración era irregular mientras hablaba por teléfono.

—No, Suguru, no te entiendo para nada.

“Ese nombre otra vez...” pensó Megumi, molesto. No le gustaba. Menos aún cuando hacía que Gojo actuara tan… distinto.

Sin decir nada, se acercó y se aferró al brazo de Gojo.

—Quiero helado —murmuró.

Gojo, atónito, sonrió y colgó el teléfono, dejando a la persona con la que hablaba a medio "Sator-"

“Así que Satoru… no Gojo”, pensó Megumi mientras resoplaba, fastidiado.

Claro, luego tuvo que explicarle a Gojo por qué estaba en casa tan temprano, pero lo hizo sin problema. Solo recibió una sonrisa y un “La próxima, llámame”, además de la promesa de ir a por helado.

Ese era su Gojo, no el que surgía cuando pensaba en ese tal y tonto Suguru.

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Después de esa segunda vez, hubo una tercera, cuarta, quinta, maldición, sexta, y perdió la cuenta.

Siempre, culpa de Suguru.

Megumi comenzaba a exasperarse.

¿Por qué Gojo cargaba con todo eso solo? Siempre se mostraba fuerte cuando estaba con él o Tsumiki, pero no era justo. Megumi también era fuerte, podía ayudarlo.

¿Entonces por qué?

No lo entendía, pero decidió culpar a Suguru de todos modos.

Así que, la próxima vez que Gojo estuvo fuera en una misión de varios días, Megumi decidió hurgar un poco en su habitación para investigar.

Luego de revolver entre varios cajones y cajas, y hasta artefactos malditos que necesitaban de energía maldita para abrirse finalmente encontró lo que buscaba bajo la almohada de Gojo: una foto de hace algunos años.

Eran tres estudiantes de la escuela de hechicería de Tokio. Megumi reconoció a Satoru completamente igual a la primera vez que lo vio, también a una Shoko menos ojerosa y más sonriente. El tercero no lo conía, era un chico de cabello negro recogido en un moño, parecía de la misma edad que Satoru y Shoko y tenía una gran sonrisa que compartía con los otros dos. Parecían felices.

Frunció el ceño al ver los rastros de lágrimas en la foto y, al girarla, solo frunció mas el seño. Una letra demasiado compleja para ser de Gojo y demasiado prolija para ser de Ieiri.

"Los más fuertes y la más hábil.
Gojo Satoru (que insistió en que lo pongan primero).
Ieiri Shoko.
Y Geto Suguru."

Dejó la foto en su lugar. T se fue dejandi todo tal y como estaba.

Al final, parece que no fue lo suficientemente discreto: la próxima vez que Gojo regresó, se alarmó, insistiendo en que alguien había revuelto su habitación y preguntándole a Megumi y Tsumiki si algún Zen’in idiota y sin cerebro había entrado en su ausencia. No creyendoles cuando le dijeron que no, creyendo firmemente que habían amenazado a sus pobres bebes.

Megumi no confesó, pero aquello resultó en que Gojo, la próxima vez que tuvo que irse por días, resultó en Kento Nanami como niñera.

Al cual le habían dicho que solo debía cuidar la casa, un gatito negro y una adorable conejita.

Nanami obviamente llamo molesto a Gojo, los cuido de todas maneras. Pero Gojo recibió una fuerte reprimenda.

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—¿Quién es Suguru Geto? —le preguntó Megumi a Shoko la próxima vez que ella lo cuidó.

Gojo había traído a Megumi a la escuela para discutir un asunto legal con los Zen'in, pero como siempre, surgió algo de último momento que terminó en Megumi al cuidado de Shoko en la enfermería.

Ella apagó su cigarrillo antes de hablar. Sabiendo que Gojo iba a ser insoportable si la descubría fumando frente al niño.

—No me corresponde decirte eso... Pero Satoru es un idiota atrapado en el pasado, así que te lo dire de todos modos—Se encogió de hombros antes de hablar.—Fue nuestro compañero cuando estudiábamos aquí. Y también… tal vez, el mejor amigo de Satoru —dijo Shoko ante la expresión desconcertada de Megumi—. Sí, niño, Satoru puede tener amigos. De hecho, eran muy parecidos.—Megumi la miró horrorizado. —Exactamente. Eran de lo peor juntos. Insoportables e inseparables.—

Eso fue todo lo que consiguió de Shoko, junto con un “Para lo demás, pregúntale a Satoru; no es mi lugar hablar de eso”.

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La próxima vez que estuvo en la escuela, como siempre, surgió algo para Gojo. Lo que termino en un pequeño Megumi bajo el cuidado de Yaga.
Megumi empezaba a creer que el era la mala suerte, cuando el director tuvo que dejarlo unos minutos solo en su ofiina.

Megumi, siendo tan maduro como era, seguía siendo un niño curioso o un gatito como lo llamaba Satoru.
No pudo evitar acercarse al escritorio, observando algunos doumentos dipersos de Yaga en el escritorio.

El primero era un documento sobre un extranjero on lentos y una cuerda. No le interesa.

El Segundo era sobre dos niñas sin registrar, mas o menos de su edad. Aburrido.

El tecero mostraba a un hombre de cabello largo y negro, y unos curiosos ojos color marron oscuro pero a la vez cercano al ambar.
Había algunos datos al lado, y no pudo evitar alzar una ceja.

"Suguru Geto".

Sintió el impulso de leerlo. Sintiendose afortunado de haber encontrado el documento.

"Fecha de nacimiento: 3 de febrero de 1990.
Edad: 20 años.
Ex-estudiante de la escuela metropolitana de Tokio.
Técnica: Manipulación de maldiciones.
Estado actual: Brujo."

Maldijo por lo bajo y dejo de leer.

Un brujo.

Era un brujo

Sintió que el estomago se le revolvía.

Dejó todo tal y como estaba antes de volver a la silla donde lo dejaron, jugando y haciendo origami con una servilleta.

—Lamento la tardanza.—Había dicho Yaga, a lo cual Megumi solo asintio.

—¿Puedo preguntarte algo?—

Yaga parecia incluso sorprendido de que el niño hablé, aunque teniendo mas tacto que la mayoría de hechiceros que conocía, no lo mencionó, pero por lo mismo no se nego asintiendo y escuchando.

—¿Qué es Suguru Geto para Satoru?—

Bien, parecía muy sorprendido por la pregunta inlusó tras los lentes.

—¿Satoru te conto tambien cuando Geto lo abandono frente a un kfc?—

Megumi no pudo evitar parpadear y alzar una ceja.

—Supongo que no...—El hombre suspiró, visiblemente cansado.—Si le preguntas a Satoru estoy seguro que te respondera, solo no le digas que te dije eso.—

Megumi no volvióo a hablar. Las palabras de Yaga haciendo eco en su mente junto a las del documento.

"Lo abandono."

Y frente a un kfc.

"Estado actual: Brujo."

Soltó un pequeño resoplido.

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—Creo que si alguien te abandona es la persona más idiota del mundo. Y que hacerlo frente a un restaurante feo de comida rápida es aún más patético. Sería un completo bicho feo y leproso.—

Le dijo a Gojo la próxima vez que tuvo oportunidad. Gojo lo miró, atónito, y después de unos momentos, solo suspiró antes de revolverle el cabello. Sin poder evitar la risa divertida que se le escapó.

Si la proxima vez que visitó a Shoko esta le preguntó que le había dicho a Satoru y porque era su culpa, fue daño colateral.