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La sala de espera del hospital se sentía helada y desolada, a pesar de que habían más personas presentes y la calefacción estaba prendida. Senku se mantenía sentado en silencio, esperando una noticia.
—Familiar de Byakuya Ishigami. —La voz del médico resonó por la sala y el joven muchacho se levantó enseguida de su asiento para anunciar que era su hijo.
La poca esperanza de Senku desapareció en el momento que le anunciaron que su padre tenía una enfermedad incurable y que le quedaba poco tiempo de vida. Estuvo varios días procesando la noticia, mientras visitaba a su padre hospitalizado. La enfermedad de Byakuya era una que Senku llevaba tiempo investigando para encontrar una cura, pero ni científicos más experimentados que él lograban dar con ella; jamás creyó verse en la desesperación de que ni la ciencia pudiera ayudarlo.
—Estaré bien, Senku. —La voz débil de su padre estrujó su corazón. No quería perderlo, no podía rendirse.
Fue así como inició su investigación y búsqueda para poder salvarlo, aunque fuera algo que le costaba creer y salía de sus principios. Los magos curanderos de seguro eran una farsa, pero ya no le quedaban más opciones.
Senku llegó hasta un barrio alejado de la gran ciudad, uno que parecía perdido en el tiempo y lucía bastante antiguo, con casonas elegantes y caminos sin pavimentar. Se paró frente a una casa de madera de apariencia muy sencilla y tomó aire antes de golpear la puerta, una pequeña niña con una extraño sombrero que asimilaba una sandía apareció tras ella.
—Bienvenido, Senku Ishigami. —El mencionado se sobresaltó, no había manera de que esa niña conociera su nombre—. Entra, te estábamos esperando.
No muy seguro, hizo caso y entró a la extraña casa, siguiendo a la pequeña niña que lo guió hasta una sala de estar muy elegante, la cual estaba llena de repisas con libros y muebles antiguos.
—Bienvenido, Senku-chan.
Senku se detuvo de golpe y miró con sorpresa al joven muchacho frente a él que estaba vestido completamente de negro, siendo el lado blanco de su cabello lo único que resaltaba en su imagen.
—Mi nombre es Gen Asagiri y ella es mi aprendiz Suika-chan —se presentó con una sonrisa amable—. Espero que puedas sentirte cómodo, sé que has venido a pedirme ayuda a pesar de tu incredulidad en la magia, pero necesito más información.
—¿Cómo has sabido mi nombre? —Ante esa pregunta, Gen solo soltó una pequeña risa.
—Un mago jamás revela sus trucos.
Suika guió a Senku para que se sentara en un sillón morado de estilo gótico, después volvió al lado de Gen y se sentaron frente a él en un sofá del mismo color y estilo. Senku intentaba mantener la compostura y fingió no sorprenderse cuando una tetera y un juego de té se acercaron flotando a ellos y se sirvieron solos sobre una mesa de centro.
—¿Una taza de té? —preguntó Suika.
—No pienso comer ni beber nada de aquí —aclaró Senku.
—No pienso envenenarte, pero está bien que desconfíes —contestó Gen.
—Quiero ir directo al grano, ¿qué debo hacer para que puedas salvar a mi padre?
Gen miró con atención a Senku, el cual luchaba contra su propio nerviosismo, prefirió no decir nada más y dejar que le explicara toda la situación.
—Así que has venido a mí como último recurso, a pesar de tu incredulidad, Senku-chan.
—¿Podrás ayudarme o no?
—Sí, pero te saldrá bastante caro.
—¡Eso no me importa! —Jamás creyó llegar a sentirse tan desesperado, pero se negaba a perder a su padre—. Mientras no sea una estafa, por supuesto que te pagaré por tu servicio.
—Está bien, acordaremos el pago después del resultado. —Gen se levantó de su asiento y estiró su mano al cielo, atrayendo una varita y un libro—. No perdamos más el tiempo.
Senku lo miró con confusión y acto seguido fueron trasladados a la habitación de Byakuya en el hospital. Aterrizó de rodillas al suelo y con el corazón agitado, sin poder creer lo que acababa de pasar; miró hacia Gen, quien sin tocar su libro movía las páginas, hasta detenerse en una.
—Bien, esa maldita enfermedad no molestará más a tu padre —avisó, con una sonrisa sincera en su rostro.
Senku no pudo entender más de lo que pasaba, por primera vez en su vida se encontraba en una situación que estaba fuera de su comprensión. Gen recitó unas palabras en un idioma desconocido y movió su varita en dirección a Byakuya, sobre quien cayó una luz verde que lo convirtió en piedra; Senku iba a hablar, pero otras palabras mágica de Gen lo interrumpieron, junto a una nueva luz que provocó que la piedra se destruyera y liberara a Byakuya.
—¿Senku? —La voz de Byakuya ya no se escuchaba débil, su cuerpo se sentía muy bien y todo rastro de enfermedad había desaparecido.
—¿Viejo? —Senku se acercó lentamente a él, aún procesando todo lo que acababa de suceder.
—Los dejaremos a solas. —Gen y Suika se retiraron de la sala.
Al poco rato el hospital se llenó de bullicio por la sorpresa de los médicos debido al paciente que había mejorado milagrosamente, realizaron un montón de exámenes y todos anunciaban que Byakuya estaba completamente sano; aun así, para seguir chequeando su estado, decidieron dejarlo una noche más en observación.
Senku salió al patio del hospital, aún pensando en todo lo que había sucedido; no se sorprendió cuando Gen apareció de la nada a sus espaldas.
—¿Cuánto te debo? —Sus ojos casi se salieron de su cara en el momento que Gen le entregó un documento con el valor a pagar—. ¡¿Cómo se supone que vaya a pagar eso?!
—Debiste negociar el precio antes de contratar mi servicio, Senku-chan.
—Te pagaré… —Senku llevó sus manos a su cabeza, el estrés comenzaba a pagarle factura—. Solo dame tiempo.
—Eso tampoco lo negociamos.
—Dame un respiro. —Gen soltó una risita, Senku dirigió su mirada hacia él—. ¿Cómo hiciste todo eso? ¿Cómo es posible que exista la magia?
—Todo tiene una explicación, si existe tiene reglas, ¿eso es lo que dice la ciencia, no?
—¿Eh?
—Senku-chan, ¿te gustaría aprender sobre la ciencia de la magia?
Gen tomó de las manos de Senku y lo elevó hasta el techo del hospital, desde lo más alto se detuvieron a mirar las estrellas.
—Si quieres pagarme por curar a tu padre, entonces vuélvete un mago.
—¿Es en serio?
—Saldarás tu deuda trabajando para mí, ¿qué opinas?
Senku miró a los ojos de Gen, aunque al inicio había creído que era un farsante, ahora solo podía sentir sinceridad proviniendo de él. No le molestaba que estuviera tocando sus manos, su toque se sentía cálido y además le estaba muy agradecido de que salvara a su padre.
—Está bien, acepto.
Gen sonrió con ternura y después le dio un pequeño beso en los labios.
—Es un trato.
Senku iba a reclamar, pero al segundo siguiente se encontró de nuevo en el patio del hospital.
—Estaremos hablando, debo volver con Suika-chan. —Tras esas palabras, Gen desapareció del lugar, dejando a Senku solo.
Jamás nadie le creería y eso lo hacía más emocionante, Senku acarició sus labios previamente besados y una sonrisa se formó en su rostro. Ya estaba listo para trabajar al lado de Gen y abrir su mente a la magia.
