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La bruja del bosque

Summary:

Un día Miriam, una anciana solitaria con más de un secreto mágico, conoce a un chico llamado Jake. Años después el vínculo entre ambos sigue estando más fuerte que nunca, pero ahora los dos se verán expuestos a unos desafíos que deberán enfrentar si quieren continuar con su vida tranquila. ¿Podrán lograrlo?

Notes:

¡Hola! Bienvenidos a mi nuevo fanfic. Este es un AU medieval mágico con los personajes de Campamento Desventura. Es una idea que he tenido desde hace un tiempo y me alegra por fin mostrarlo, trataré de actualizar a su debido tiempo, por mientras espero que les guste este inicio sencillo pero que sigue siendo trabajo honesto(? ksajdhaks

Igual subiré el capítulo 2 luego de trabajar en la traducción a inglés. En fin, ¡agradecería mucho cualquier comentario con su opinión al respecto!^^

Chapter 1: Conociendo a un intruso

Chapter Text

—Muy bien cielo, hora de empezar.—le decía la anciana a su gato mascota en lo que tomaba los ingredientes de su despensa para ponerse a trabajar.

Primero, mientras leía el recetario con un movimiento en su mano, agarró con cuidado los ingredientes para que se pusieran uno por uno en orden en el bol de madera. Mezcló, preparó el relleno y una vez dejó todo en orden lo dejó horneando el tiempo necesario.

En lo que esperaba se quitó el delantal y puso su plato en la mesa. Solo uno, después de todo, cada cosa que hacía desde hace tiempo era para ella sola. Tenía a su gatito, claro, pero obviamente el animal consumía otras cosas.

Miau. Escuchó al gato maullar.

—Oh, ¿Ya está listo?—dijo sorprendida, ¿de verdad había estado disociando tanto tiempo? Bueno, no importa porque eso significaba que el postre ya estaba listo. Así que se apresuró para sacarlo del horno y olerlo.—Mmm, pay de manzana, perfecto.—soltó una risita.

En eso se puso a servirlo con cuidado en su plato. Más en eso escuchó un fuerte estruendo viniendo de afuera, lo cual la hizo mirar hacia la ventana, notando que el cielo se nublaba.

—Cielos, parece que va a llover fuerte hoy.—dijo.— ¡Ah! Recordé que dejé la ventana de mi habitación abierta, ahora vuelvo.—dicho eso fue para allá.

Mientras tanto, el felino en lo que esperaba a su ama se acomodó por ahí cerca de la mesa, solo para luego escuchar como la puerta se abría…


La mujer mayor entra a la habitación, y cierra la ventana, queriendo evitar que entre agua como la vez pasada.

—Ufff, listo.—suspiró mientras veía como en efecto las primeras gotas de lluvia ya estaban saliendo. Nunca fue fanática de este tipo de clima, pero ahora trataba de no pensar mucho en ello dado que le traía una que otra dulce memoria.

“¡Ven cariño! Juguemos en la lluvia con él.”

Una voz del pasado resonó en su mente en lo que veía afuera la zona donde se produjo uno de los recuerdos más felices de su vida, el cual tristemente ya no cobrarán vida.

Se limpió la lágrima que salía de su ojo derecho para después enfocarse mejor en lo que estaba.

Así que salió de la habitación y volvió a la sala del comedor, donde su delicioso pay ya le estaba esperando.

—Bueno amiguito, ya está todo listo, hora de probar ese…—decía alegremente hasta que de repente notó algo, ¡al postre le faltaba un trozo!—¡¿Pero qué pasó aquí?!—exclamó sorprendida.

Miró primero a su gato, pero obviamente él no fue, ¿entonces quién?

—¡Sea donde sea ese ladrón lo voy a encontrar!—dijo frunciendo el ceño. Si bien tenía ganas de usar su "talento", prefirió hacerlo a la antigua y agarró una escoba.

Caminó por la habitación, más no fue necesario, dado que inmediatamente notó unas migajas que iban directo hacia abajo de la mesa, ¿será que de verdad tiene un intruso escondiéndose detrás del mantel?

Tratando de ser lo más silenciosa posible, dio unos pasos hacia ahí, y cómo pudo se agachó para levantar la tela y… ¡Tan pronto lo hizo una figura corrió rápido del otro lado hacia su cuarto!

—¡Oye, regresa aquí!—como pudo fue directamente hacia allá. Si bien la actividad física no era su fuerte, aun así se apresuró lo más que pudo, más cuando llegó no había señales de nadie.

Era obvio que no se había escapado, la ventana seguía cerrada y no había otro lugar por el que podría salir. Así que la única opción que el intruso tenía era la de esconderse ¿Pero dónde? Podía estar bajo la cama o… el clóset.

La señora se acercó cuidadosamente unos cuantos pasos hacia el mueble para no hacer mucho ruido, y tan pronto puso una mano sobre la perilla de la puerta, la abrió.

Y así, descubrió que el polizón ladrón de porciones de postres no era nada más ni menos que un niño. Uno de pelo azul, ropa de aldeano y con una cara de susto, el pobre incluso estaba temblando. De seguro era parte de la villa a la que uno llega cruzando el bosque. La mirada de la anciana se suavizó al instante ante tal escena.

—… Así que tú eres quien se metió a mi casa sin permiso.— cruzó los brazos, como esperando una respuesta, más el menor no hablaba, solo se le quedaba viendo con miedo, algo que era entendible. Así que la señora soltó un suspiro.— Vamos, sal, no te haré daño.—se hizo a un lado.

Con sumo cuidado el niño salió, más no despegaba los ojos de la señora frente suyo, como si todavía estuviera esperando un castigo.

—¿Cómo te llamas niño?—le preguntó.

El menor guardó silencio por unos segundos en lo que miraba hacia abajo, al parecer era tímido.

—Jake…

—¿Dónde están tus padres Jake?

—…E-estaba explorando el bosque con mi hermano y sus amigos,—empezó a explicar.—P-pero vi un bonito pájaro, lo seguí y cuando me di cuenta ya estaba perdido.—dijo.—Noté que comenzó a llover, así que al ver su cabaña entré y… vi su pay y como tenía hambre agarré un trozo, ¡lo siento!

La mujer suspiró.

—¿Sabes que es riesgoso entrar a casas de desconocidos y tomar sus cosas así como así?—le reclamó.—Tienes suerte de que no sea alguien peligrosa.

—¿No lo eres?

—Claro que no, ¿por qué creerías eso?—arqueó una ceja, y entonces su mente hizo clic. —Ah, ¿es por qué te perseguí? Lo siento por eso, solo quería saber quién era la persona que se metió a mi casa.—explicó con pena.

Jake, sin embargo, seguía con una cara de nervios, y al notar eso la anciana volvió a soltar un suspiro.

—Mira, ¿qué te parece si te quedas conmigo hasta que termine de llover? Puedo invitarte otro pedazo de mi pay siempre y cuando prometas no robarás nada más, ¿de acuerdo?

Los ojos de Jake se iluminaron al oír eso.

—Tomaré eso como un sí.—sonrió.—Ven, vamos.— le hizo un ademán para luego guiarlo de vuelta hacia la mesa del comedor.

Así, la mujer sacó otro plato y tenedor para servirle otro pedazo y finalmente agarró otro para ella misma.

—¡A comer!—exclamó y con su tenedor comenzó a disfrutar de su platillo mientras veía al menor hacer lo mismo.— ¿Qué tal?

—¡Dwlicwsw!—dijo en lo que seguía masticando, por lo tanto, la palabra no fue bien pronunciada, pero al menos era entendible lo que quiso decir.

—Me alegra saberlo.— soltó una risa.

“Miau.”

—Ah, ¿ya terminaste tu platillo amiguito?—le preguntó al minino.

—¿Cómo se llama su gato?

—Ah, no tiene un nombre todavía. Lo…—casi dice la verdadera versión de como lo conoció, así que rápidamente pensó en una pequeña mentira.—Lo encontré hace poco. —explicaba en lo que el gato se ponía en sus piernas para acariciarlo.

—Awww, pero todo animalito debería tener uno, por ejemplo yo le puse a uno de los caballos de mi familia Dominó.—contó con orgullo. —¡Podría ayudarte!

—¿En serio? A ver, ¿de qué le ves cara?

—Hmmm.—se levantó de su asiento para acercarse y verle mejor la cara al animal, incluso puso su mano sobre su barbilla.—¡Biscuit!

—¿Biscuit?

—¡Sí! Lo leí en un libro.—asintió.—¿Te gusta?—le preguntó al felino.

El gato solo hizo un ronroneo.

—Creo que eso es un sí.—arqueó una ceja.—Bueno, Biscuit le queda bien.

Jake sonrió, pero en ese momento un trueno sonó tan fuerte que lo asustó.

—Tranquilo, es solo un trueno.—aclaró la mujer en lo que abrazaba a Biscuit, igual de asustado.—Cielos, tu familia debe estar preocupada, pero no sé cuánto durará la lluvia.—se giró hacía él, solo para ver que bostezaba.—¿Tienes sueño? ¿A esta hora?

Jake negó con la cabeza.

—Solo estoy aburrido.

—Tengo algunos libros que te podrían gustar. ¿Te interesa?

El menor asintió y la anciana sonrió.

—Entonces vamos, tengo unos que quizás te gusten. Espera aquí.—se levantó de su silla y fue a buscar algunos, dirigiéndose a la estantería que estaba en su habitación.

Pensó en cuál le podría gustar al niño, y sin darse cuenta sin querer tiró algunos.

—Lo que faltaba,—con un gruñido bajo, se agachó para recogerlos y ponerlos en su lugar, notando que entre ellos estaban dos en particular. Un libro de tapa marrón y con el dibujo de un rombo dorado, y el otro era uno azul, que de paso contenía un cuento que conocía bien. Hace tiempo que no tocaba ninguno.

Sabiendo que no era momento de dejarse llevar por la nostalgia, se aseguró de guardar bien el del símbolo dorado, incluso asegurándose de que no pudiera notarse a simple vista, y se llevó consigo el que tenía la historia junto a otros que también contenían cuentos bonitos, quizás al niño le podría gustar.

—Mira, aquí están.—anunció mientras volvía, viendo que Jake ya estaba algo impaciente. —¿Qué te parece si te lo leo frente a la chimenea? Podemos empezar por mi favorito.—la anciana de pelo platino sugirió en lo que lo guiaba a esa zona para intentar cambiar de tema.

Así, entre los dos leyeron primero el de la portada azul, cuyo título decía “El príncipe y el dragón”. Con tan solo leer eso, el menor ya tenía su atención capturada por la historia, y así, al lado de la mujer, leyó cada página con emoción. Quedó maravillado desde el principio donde el príncipe conoce a la guardiana del bosque hasta el final donde enfrentó al dragón y lo vence desenmascarando todas las mentiras con las que tenía al reino muerto de miedo.

—¡Wow! ¿Entonces pudo vencerlo sin necesidad de pelear mucho?

—Así es, —ella dijo.—Solo necesitaba su ingenio para descubrir la verdad y su carisma para que todos le escucharan.

—Genial, voy a intentarlo algún día.

—¿En serio? ¿Acaso también hay un dragón por aquí?

—Bueno, no.—suspiró.—Igual, de haberlo los caballeros ya se hubieran hecho cargo, son unos expertos en cualquier criatura mágica que pueda poner en peligro al reino.—dijo con confianza.—Mi hermano dice que quiere ser uno de ellos cuando crezca, y que peleará contra toda amenaza mágica prohibida en este reino, aunque me preocupa un poco esa última parte…—no se daba cuenta de que su compañera no le estaba prestando atención.

Tan pronto lo escuchó hablar del cómo lidiaban con la magia, en el rostro de la señora su ceño se frunció, y desvió la mirada.

—¿Señora?—la voz del niño interrumpió esos pensamientos.—¿Se encuentra bien?—preguntó preocupado.

—Yo…—miró a la ventana, el día ya se estaba despejando.—Ya deberías irte, la lluvia se ha ido y tus padres han de estar preocupados por ti.—se levantó del asiento.

—¡Cierto, mis padres!—alarmado, igual se paró.—¡Me van a matar!

—Descuida, una vez se calmen, luego de verte sano y salvo se les quitará cualquier enojo que tengan, lo sé muy bien.—le sonrío, tratando de quitarle el miedo.—Es más, puedo darte algunas de las moras que recolecté para que puedas darles como “compensación” por el susto.

—¿De verdad?—sonrió.

—¡Sí! Pero primero quiero que me prometas algo.

—¿Qué cosa?

—Prométeme que no le dirás a nadie que estuviste aquí, es más, no menciones esta cabaña.—su mirada se puso un poco más seria.

—Oh… ¿Y eso?

—Si la gente sabe que estuviste conmigo llamaría la atención, y eso es lo que menos quiero.—iba a ser la única explicación que le daría.—Por favor, diles que te refugiaste en una cueva que encontraste y que las moras las hallaste solito.—le suplicó.

—Bueno… Está bien, usted dejó que me quedara aquí y se lo debo después de todo.—sonrió.

La anciana le devolvió la sonrisa, de alguna forma no podía dejar de pensar en lo amable y educado que era ese niño, quien sea que lo estaba criando, hacía un buen trabajo. Luego, tal y como le prometieron, él recibió una bolsa llena de moras frescas, ¡a su familia seguramente le iba a encantar! Y contento miró a la señora.

—¡Muchas gracias!—exclamó.—Con esto quizás hasta pueda pedirle ayuda a mi abuela para hacer nuestra versión de un pay.

—¿Sabes cocinar pays también? Me encantaría ver como te quedaría.—soltó una risita, sin saber la felicidad que le causó a Jake escuchar eso.

—¡Genial!—ya tenía una idea en mente.—Bueno, ¡hasta luego! Y descuida, su secreto está a salvo conmigo, señora…—se percató de algo.—¿Cuál era su nombre?

—Miriam.—le respondió dulcemente.—Mi nombre es Miriam.

—Bueno Miriam, ¡la veré luego! ¡Hasta pronto!—una vez se despidió fue camino a su casa, afortunadamente todavía no oscurecía, así que seguramente estaría bien.

—Qué buen muchacho…—murmuró para sí misma, fue agradable tener una visita después de tanto tiempo, mucho mejor de lo que esperaba de hecho. ¿Tal vez esto era señal de qué…?

No. No podía arriesgarse a repetir el mismo error que desencadenó esa seria de sucesos en su pasado, menos por un niño que acaba de conocer. Seguramente ni lo volvería a ver, ¿verdad?

—Cielos, qué desastre.—dijo al notar que por pasar tiempo con el chiquillo había olvidado hacer sus tareas domésticas, entre ellas la limpieza.—Vamos Biscuit, si es que te sigue gustando ese nombre, pongamos algo de orden.—dicho eso una luz etérea de color morado salió de sus manos solo con el fin de hacer levitar una escoba hacía sus manos.

Nada mal para una vieja bruja con su magia algo oxidada.