Chapter Text
Ningún personaje me pertenece, son de Rumiko Tahashi, ninguna situación planteada es real. Si algún evento parece raro, idiota o coincide con eventos historicos es solo una extraña casualidad.
Fantasy Fiction Estudios
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Una historia paralela al Fanfiction: Servicio Comunitario
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Con los personajes de Ranma ½
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Aoi Fhrey presenta:
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Servicio Comunitario caso extra:
Azusa Shiratori y la isla de los conejos
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«««««0»»»»»
Lo que no te mata te hace más… raro.
-The Joker-
Día 0:
La mirada del sujeto frente a mi no era amable pero tampoco hostil. Yo conocía esa forma de mirar, era la misma que tiene una persona quien se ve obligada a ver la misma película una y otra vez hasta que la detesta de forma pasiva. No puedes evitar que la repitan así que te saltas las partes aburridas para ir directo al centro del asunto.
El juez me estaba dando esa mirada justamente.
—Hijo, ¿acaso me crees tonto?
—¿Disculpe?
—Ya me escuchaste, esa tiene que ser la mentira más patética que me han dicho en todo el día.
—Yo solo…
—Tú nada, pequeño rufián. Te estoy dando una última oportunidad para darme una razón aceptable por tus acciones.
Otra mirada al sujeto me confirmó que no había creído ni por un segundo mi mala excusa.
Al estar encerrado en ese pequeño y feo cuarto frente a una persona a quién no le importaban mis excusas o razones sino los simples y fríos hechos supe que estaba irremediablemente jodido.
Fue como estar cayendo directo a un pozo y el sujeto frente a mí solo me daba la oportunidad de cubrirme la cara para no quedar peor. Del golpe nadie me salvaría.
Estaba a punto de cruzar una línea que cambiaría mi vida por culpa de un impulso idiota que seguí sin pensar.
Eso, ahora sí tenía que pensar.
«««««0»»»»»
En la vida siempre existen divisiones, ya saben líneas invisibles pero muy claras que separan a las personas en grupos similares. Muchos se esfuerzan en superarlas y muchos tratan de ignorarlas haciendo su propio camino. Pero el hecho es que en cada etapa de la vida siempre están presentes.
En la escuela no es diferente, los llamados clanes escolares tienen su espacio y reglamento definido. La escuela Furinkan llevó esto al extremo. Al inicio solo estaba Tatewaki Kuno y sus violentos delirios por los samuráis. Si te mantenías lejos del club de kendo o de Akane Tendo podías mantenerte en una pieza. Kuno era un caso perdido pero Akane era una persona amable mientras no mencionaras los temas románticos o las citas.
Todo estudiante con medio gramo de cerebro sabía eso.
Sabíamos del reto para derrotar a Akane y ganar el derecho de salir con ella en una cita, pero en la práctica nadie cuerdo quería golpear a la chica para invitarla a salir. Digo, quien podría mirarla a los ojos en una cita si tenía golpes en el cuerpo o la cara causados por culpa del reto. Sin contar a Kuno, pelear con Akane Tendo era una especie de rito de paso entre los diferentes clubes de la escuela.
Si eras nuevo en el club tenías que desafiar en combate a Akane para una cita y regresar en una sola pieza. Desafiar a la chica también era una práctica muy común en la escuela si no podías pagar una deuda. De hecho su hermana Nabiki tenía una «cláusula especial» para deudores atrasados. Un día de retraso en tus compromisos monetarios fue un día en el que te ofrecías de «voluntario» para retar a Akane.
Y había muchas personas con deudas atrazadas en la escuela.
Pero con todo y esas excéntricas locuras los grupos escolares estaban bien definidos. Hasta que el prometido de Akane apareció llevando todo el asunto de las «líneas escolares» a un nivel diferente.
Ranma Saotome era un tornado viviente. Tener un par de golpes por culpa de una chica linda era más o menos soportable. Tratar de sobrevivir a un sujeto que usaba al capitán de kendo como un muñeco de práctica de choques cada mañana fue un asunto completamente diferente. Y como si fuese una especie de broma divina, Ranma tenía una cosa mágica con el agua que lo transformaba en una de las chicas más deseables del país, ya saben piel perfecta, pechos enormes, unas caderas de infarto y una actitud de: soy la chica más dulce y linda del mundo.
Sin embargo, tras esa mirada de muñequita estaba el arrogante chico Ranma planeando alguna locura.
Casi todos los estudiantes masculinos descubrimos el truco de Ranma y dejamos de verlo como una chica. Para salvar nuestra cordura decidimos pensar que era un disfraz mágico y que Ranma siempre sería un chico sin importar su aspecto.
Excepto por un grupo radical de chicos y chicas que se negaban a ver lo dolorosamente obvio, él era un tipo y estaba enamorado como un tonto de Akane quien con todos los gritos y rabietas le correspondía.
Pero detrás de Ranma llegó un desfile de personas súper fuertes y hábiles en combate.
Y crearon una nueva categoría imposible de ignorar.
De un lado estábamos nosotros: los que nos esforzábamos por pasar los exámenes, destacar en los clubes y salir con esa persona especial. Y en el otro lado del abismo estaban ellos, los de saltos imposibles, los que rompían concreto reforzado como si fuese papel, los que venían con príncipes en barcos voladores o la hermosa chica en turno quien no aceptaba un no por respuesta.
Nadie podía entrar a ese club, porque la tarjeta de socio costaba años de entrenamiento absurdo, poderes sobrenaturales o una resistencia al dolor que parecía masoquista.
Lo malo con esa brecha fue que nosotros no podíamos simplemente pedirles que alejaran sus peleas de la escuela, los clubes o la dulcería. Con ellos presentes en nuestras vidas creamos un sistema de supervivencia: si la locura inicia, escóndete o corre en dirección contraria.
El distrito entero conocía las dos reglas y las seguía siempre.
Hasta que cierta mañana ya no fue posible escapar.
Una tarde Nerima tenía una buena colección de casas con agujeros enormes, caminos llenos de cráteres, incendios pequeños, fugas de agua y como remate de toda la destrucción un enorme pedazo de iceberg cerca de la planta de energía eléctrica.
Mucha gente escapó de la destrucción, pero los que nos ocultamos encontramos una pequeña zona de desastre al salir a las calles de nuevo. Mientras caminaba hacia mi hogar pude ver un pequeño auto completamente aplastado en la calle y no hablo de hierro retorcido en forma de auto, me refiero a un disco plano de metal con forma de auto. Seguí caminando y me detuve por el pequeño grupo de pingüinos que estaban volando hacia el canal. Un loco en traje de baño azul los perseguía.
—¡Gunter, no puedes volar sin usar casco! Niño malo regresa aquí.
—¡Ja! A Hiroshi le va a encantar saber de esta locura.
Y con esa idea en mente seguí avanzando.
Si solo hubiese seguido hacia casa, nada habría pasado y Hiro se hubiese reído de los pingüinos voladores.
Sin embargo, desvié el camino.
Porque la destrucción no solo alcanzó las casas, edificios pequeños y calles sino también algunos locales del distrito. Incluyendo la tienda de mangas y novedades Goji. Y yo quería ver si el pequeño local seguía en pie.
Un poderoso estruendo sacudió el suelo y cuando levanté la mirada descubrí a Ranma y Ryoga peleando a toda potencia en la cima de un pedazo de hielo gigante. Otra sacudida en la cima del iceberg y ambos peleadores desaparecieron sin dejar rastro.
La tienda que buscaba solo tenía un par de ventanas con grietas en los vidrios.
Momentos después el obeso dueño de la tienda de mangas salió a asomarse por la puerta, una sacudida después perdió toda compostura, cerró su puerta frenéticamente y corrió dando alaridos de niñita para esconderse. La escena me dio una alegría malsana porque en su loca carrera el sujeto pasó junto a una pequeña niña quien parecía más divertida que asustada con la destrucción.
Al darse cuenta de que la catástrofe no había terminado la madre y su pequeña se retiraron con pasos rápidos buscando un lugar seguro. Varias personas siguieron la regla no escrita y también comenzaron a moverse.
En muy poco tiempo me quedé solo en mitad de la calle vacía. Y justo cuando estaba por alejarme pasó algo que me dejó inmóvil en el suelo.
La puerta de la tienda de mangas se abrió sola, seguramente por las prisas del dueño al tratar de cerrar y con el acceso abierto de par en par pude ver una figura de colección por la que había estado babeando durante meses.
Y de mi mente desapareció todo, excepto por esa puerta. Recordé la primera figura que compré en esa tienda, los buenos tiempos en que a los niños se les permitía entrar para tener «serias discusiones» sobre cuál era el robot más poderoso del mundo, cuál era el héroe más valiente y las armas invencibles. Recordé al viejo encargado Tetsuo, su infinita paciencia con sus clientes y la manera en que se emocionaba como un fanático más por el nuevo capitulo en la televisión o volumen de nuestros mangas favoritos.
Pero también recordé el momento en que llegó su hijo para dirigir el lugar y la forma en la cual alejó a todos los clientes con su mal humor y menosprecio por cualquier tema que a él no le gustase.
A pesar de la repelente personalidad del encargado la tienda de mangas y novedades Goji dio un tremendo salto para mejorar, en ese pequeño local estaba lo mejor de lo mejor.
Y eso nos obligó a seguir visitando el lugar.
Yo quería esa figura de colección de Evangelion pero nunca tendría el dinero para comprarla y el dueño de la tienda se percató de inmediato. Siempre que entraba a comprar un manga el tipo quitaba el robot blanco de la vitrina, lo colocaba en una bolsa de papel como si estuviese a punto de venderlo y me decía:
—¿Hoy será el día, Daisuke? ¿No? Que lástima, tal vez cuando vuelvas ya no esté.
Al cretino le encantaba repetir esa broma.
Así que casi sin saber cómo, estaba dentro de la tienda sosteniendo esa figura entre mis manos. Y el otaku dentro de mí se volvió loco.
«Tan ligero»
«Con los sellos originales»
«Con la firma del autor de la serie»
«Con un disco de colección»
Sin pensarlo tomé la figura y di media vuelta para irme…
Cuando cerca de la salida vi el nuevo play-mutilation 5 y también tomé una caja.
Creo que si tan solo me hubiese largado con esas dos cosas me habría salido con la mía. Entre tanto caos nadie le hubiese dado una segunda mirada al chico de instituto con un par de juguetes.
Pero el impulso de idiotez no me dejó irme.
El ruido fuera de la tienda aún continuaba y la calle seguía vacía. Así que dejé mis dos cajas y entre a la tienda de nuevo.
Por otras tres cosas.
Y luego entré de nuevo.
Por varias cosas más.
Y entré de nuevo.
Y una vez más.
En mi frenético acarreo de mercancía no me di cuenta de un detalle importante, el sonido de lucha casi se había detenido.
Cuando ya tenía una pequeña montaña de artículos que «merecía tener» salí una última caja de mercancía con la idea de buscar un carrito o algo similar para llevarme «mis cosas».
Pero mi alegría idiota fue aplastada cuando me encontré cara a cara con un par de policías quienes no se veían nada felices. Mi mente solo pudo pensar en una palabra:
«Demonios»
Mientras que mi boca no me ayudó cuando dije:
—Emm ¿No es lo que parece?
Por la mirada que me dieron era obvio que no me creyeron ni por un segundo.
Esa noche no volví a casa.
«««««0»»»»»
Dar la misma mala excusa al juez de: fue un salvamento de mercancía solo me hundiría más y más.
Así que tomé la decisión más honorable que podía dar en ese momento.
Dije la verdad.
—No señor juez, no puedo decir nada que justifique mis acciones de ese día.
Curiosamente esa fue la respuesta que el hombre esperaba.
—Bien, por fin usas el cerebro a tu favor. Solo dos cosas me impiden aplastarte como a un insecto, la primera es tu respuesta final y la segunda es que la mercancía «rescatada» aún estaba técnicamente dentro de la propiedad. Tu pequeño lote de cosas estaba sobre el límite de la puerta. Sin embargo, eso no te salva del impulso claramente criminal que tuviste. Para que se pueda extirpar esa tendencia a lo ilegal de raíz esta corte te sentencia a seis meses de trabajos comunitarios fuera de la zona central de Tokio, un asesor especial evaluará tu progreso al final de ese tiempo y de no tener cambios de conducta aceptables cumplirás 3 años de sentencia regular en una institución correccional.
—¡…!
—¡Siguiente!
Mi sombrío estado de ánimo mejoro un poco cuando vi caminar a Nabiki Tendo hacia la misma habitación por la que había salido, ella tenía una cara de espanto que le daba un aspecto aniñado y caminaba como una muñequita de cuerda.
Se me dijo que mi familia fue notificada de mi situación y sentecia.
Pero, nadie llamó o visitó ese día.
Día 1:
La mañana empezó con una pequeña sorpresa, por unos deliciosos minutos creí estar en mi cama… hasta que un par de fuertes golpes en la puerta de acero me despertaron de golpe. Un oficial entró para darme instrucciones:
—Doblarás tu ropa de cama y la dejarás en el cuadrado amarillo pintado en el suelo, cuando termines plegarás la cama y te sentarás en la silla para estar en tiempo de reflexión. ¡No puedes hablar, ni moverte de la silla hasta que se ordene lo contrario!
—De acuerdo.
—¿Acaso eres sordo o idiota? ¡Dije que no hablaras!
—…
Un poco asustado por los gritos comencé a doblar las sábanas en las que había dormido hasta que tuvieron la forma adecuada para encajar en los cuadrados que querían. Me senté en la silla y esperé el regreso del guardia.
Quién comenzó a gritar en cuanto regresó.
—¡La silla va colocada en las cuatro marcas en el suelo! ¡La flecha amarilla en el suelo indica la dirección en la que debe ir! ¡Mirando hacia la pared rufián!
Y así me quedé, igual que en una versión para adultos de: siéntate en el rincón, por un largo tiempo. Al principio dejé mi mente vagar, pero de algún modo todo lo que pensaba me regresaba a esa pared blanca, cuando me moví por la incómoda postura me llegaron más gritos para quedarme quieto.
Incluso cuando cerré los ojos para no mirar la pared, de alguna forma se enteraban y comenzaban los gritos de nuevo.
Solo esa pared, y nada más que esa pared.
Si divagar no era una opción y moverme tampoco lo único que podía hacer contra esa pared que me quemaba los ojos fue concentrarme.
Me imaginé que era una hoja gigante de diseño y comencé a visualizar líneas y formas en la pared, por ratos perdía el enfoque y tenía que comenzar de nuevo, pero eso fue mejor que nada. No me permitieron tener mi reloj así que no supe cuánto tiempo pasé haciendo eso, pero entre tantos gritos para no moverme o cerrar los ojos pudieron ser horas. Cierta parte de mi sentía como si fuesen días, luego un horrendo zumbido en los oídos se agregó a las molestias y cuando la molesta jaqueca transformó la pared en una niebla gris ya no pude «dibujar» nada.
En algún momento mi cabeza se apagó, porque lo siguiente que recuerdo fue estar tendido en mi cama, no quería abrir los ojos y descubrir que seguía en ese cuarto con la pared blanca así que me mantuve quieto hasta que un sueño ligero me apartó del asunto.
Día 2:
—¡Despierta vago! ¡Esto no es un hotel!
Un sujeto obeso y mal afeitado me despertó con sus gritos. Con un gesto me ordenó seguirlo. Lo único importante para mí fue poner toda la distancia posible de ese cuarto. Se me permitió tomar una ducha rápida con un jabón que me dejó apestando a cloro y una barra energética fue mi comida del día.
Me mantuvieron sentado en una sillita de plástico esperando turno, junto a un grupo de personas tan sombrías y calladas como yo me sentía. Pero si mantenía la espalda recta podía ver al grupo de oficinistas y oficiales tras la pared de aluminio y vidrio.
—¡Higurashi Daisuke!
Me levanté con más calma de la que realmente sentía. Hora de descubrir el lugar a donde me llevaría mi error.
«««««0»»»»»
Mientras trataba de acostumbrarme a mi nuevo accesorio en el tobillo derecho, seguía pensando en el extraño comentario del sujeto en la estación de policía:
«Chico, realmente enojaste a alguien para terminar en Okunoshima»
«¿Dónde está eso?»
«En medio de la nada chico, en medio de la nada»
Y sin más me entregaron a mi escolta. Una joven de unos 25 años bastante bonita (con todo y la ropa de oficinista que usaba) quien me miró desde el principio como si fuese una especie de leproso y me indicó seguirla hacia el estacionamiento.
Mi molestia aumentó cuando al subir a la parte posterior del auto en que viajaríamos descubrí una especie de cubierta plástica cubriendo el asiento.
«Con que así serán las cosas»
Bueno, si yo estaba en el lado incorrecto de la línea bien podía comportarme como mi criminal favorito de los mangas, el infame pirata con sombrero de paja. [Sin agachar la cabeza aunque tengas al mundo en tu contra.] Me acomodé en el centro del asiento y extendí los brazos para sujetarme imaginando que la linda chica al frente era mi chofer exclusivo. Aquello no le gustó nada a mi escolta.
—Mantenga una postura correcta, Higurashi-san.
Yo que seguía metido en mi fantasía le respondí con calma.
—Lo lamento, me resbalo por causa del plástico, solo me sujeto para no caer del asiento oficial-dono.
Aquel honorifico con tono de burla le puso una fea mueca en su cara el resto del viaje en auto. No me volvió a dirigir la palabra sin embargo, tampoco retiró el plástico.
Cuando bajamos del auto me condujo de forma profesional pero con el mismo gesto de asco hacia el tren. Me dejó esperando con uno de los oficiales de la estación mientras pedía indicaciones. Tras una pequeña espera tomamos el tren de Nozomi para llegar a la estación de Mihara… Pero a mitad del viaje mi molesta custodia descubrió que ese tren no hacía escalas en la estación que ella quería.
Lo que causó otra espera en la siguiente estación del tren para pedir más indicaciones.
En ese lugar otro oficial que coqueteaba con la mujer de una forma no muy sutil le dio la primera indicación útil a mi escolta.
Teníamos que tomar el tren de Sanyo Shinkansen.
Lo que causó un viaje involuntario en taxi para llegar a la estación correcta. Mi acompañamiento no podía admitir el haberse perdido por lo que ese viaje de ajuste salió directamente de su bolsillo.
Lo que agregó un color rosado a su cara que a ojos ajenos le hacía verse más linda, pero yo sabía que estaba a un paso de gritar por furia.
Mi humor se fue apagando al descubrir que nuestra parada de tren se alejaba de la ciudad.
Incluso a la velocidad del tren fue un viaje tardado y muy lejano. No pude evitar tener miedo imaginando a qué tipo de lugar me llevaba.
Cuando llegamos a Mihara mi escolta estaba de mejor humor en buena parte por mi cara de pánico. Y con esa victoria a su favor retomó su aire profesional. En ese lugar nos encontramos con otro oficial de mayor edad y menos prejuicios visibles.
Al momento en que revisó mis papeles «de viaje» el hombre dio un pequeño silbido de sorpresa, pero no dijo nada más.
Y en pacífica calma seguí a ese oficial a una nueva estación de tren llamada Kure. Por suerte fue uno más pequeño. Mientras el pequeño vagón se alejaba más y más comencé a temer seriamente por mi próximo lugar de trabajo comunitario, mis ideas de recoger ardillas aplanadas con una pala parecían muy lejanas. ¿Por qué tan lejos de la ciudad? ¿Iría a trabajar a una mina? Cuando le pregunté a mi nuevo custodio admitió no tener idea, solo tenía instrucciones de llevarme a otro lugar.
Nuestro destino: la estación de Tadanoumi.
Tadanoumi resultó ser una región costera con algunas tiendas dispersas, ningún edificio de más de dos pisos era visible, tampoco se notaba maquinaria pesada o algo que me diera una pista de mi futuro trabajo.
La tarde estaba muy avanzada al momento de llegar a nuestro destino. Una pequeña isla se podía ver a lo lejos, pero por las luces no parecía ser muy poblada.
—Bueno chico, tu supervisor te escoltará en la parte final de tu viaje, te sugiero que te mantengas en buenos términos con esa persona para que tus problemas no se compliquen aún más.
—Gracias, oficial.
—Es una chica linda, así que no pierdas la cabeza, sin importar cómo se vea, ella tiene la autoridad para que tu tiempo sea corto o muy largo.
—…
—Oh, mira, aquí viene.
Cuando giré la cabeza pude ver a una elegante joven usando un vestido occidental lleno de encajes y volantes en diferentes tonos de color lila. Su cabello castaño caía en elegantes rizos que rebotaban a cada paso que daba, ella tenía un rostro fino como el de una muñequita y unos ojos color… Cuando mi mente reunió todas las piezas de su apariencia y la reconoció comenzó a dar gritos de pánico:
«¡Oh no!» «¡No!» «¡Ella no!» «¡Por Kami-sama, cualquiera menos ella!» «NOOOO»
Era Azusa Shiratori.
«««««0»»»»»
El oficial le hizo una educada reverencia a la niña como si ella fuese una especie de oficial superior. Yo traté de hacerme pequeño e invisible, con esa chica cualquier locura dolorosa podía pasar.
—Buenas tardes Asuza-sama.
—Hoooolaaaa, señor de las placas—respondió ella como si fuera una niña pequeña.
—Nos encontramos un poco antes de tiempo, pero tengo una nueva placa para su colección.
La niña rebotó dando saltitos alrededor del hombre igual que un pequeño cachorrito esperando su juguete.
—¿En verdad? ¿De dónde es esta? ¿África? ¿Marruecos?
El hombre le dio una sonrisa de padre y dijo:
—Es una de América, Azusa-sama. Esta réplica de placa es de México, la usan los federalys.
—¡Bieeeen! ¡Ahora Azusa jugará a ser una encargada de la ley del país de los tacos! Claro, en su tiempo libre.
Y con eso la chica sacó de su diminuto bolso una cadenita con una placa ovalada y la reemplazó con la nueva chapa que le habían entregado.
—Ahora oficial, Shiratori aquí está su nueva misión—dijo el hombre entregándole un sobre amarillo.
—Ugh, papeleo. Azusa odia el papeleo.
—Ja,ja,ja. Igual que todos, pero en resumen dice que tienes a este muchacho a tu cargo por algunos meses, será tu ayuda para todo lo que necesites. Cuando regrese con tu nueva placa te preguntaré si él ha sido un buen chico. Solo tienes que decirme la verdad.
—Bien, Azusa será la mejor custodia.
Y mientras el oficial se alejaba la chica agitaba su mano en señal de despedida… incluso cuando el hombre ya no estaba a la vista.
Luego, tan extraño como su saludo extendido Azusa se giró y me dio una larga mirada. Aquellos bonitos ojos verdes me daban escalofríos, la luz que se reflejaba en ellos, parecía rebotar dentro de su cabeza y regresar… como si no hubiese un estorboso cerebro que bloqueara la luz.
—Mmm—murmuró colocando su dedito junto a la mejilla como si considerara algún asunto de vital importancia y luego dijo—: creo que te llamaré: O´Neal. Sí, parces un simpático duende… aunque tendremos que conseguirte un poco de ropa verde y un sombrero para que te veas adecuadamente lindo.
«Gezz, por que no me tocó con un loco normal como Kodachi o el gato gigante» pensé con un poco de humor negro, si tenía que ser torturado prefería usar mi propia ropa y no un tonto disfraz.
Sin embargo, ante la realidad sobrecargada de listones que me había tocado solo pude decir una cosa:
—Estaré a su cuidado, Azusa-sama, por favor cuide bien de mí.
—Aww mi lindo O´Neal, tan educado—dijo ella juntando sus manos en un gesto muy coqueto—. Estoy segura que nos llevaremos muy bien. Ahora sé un buen duende mágico y usa tus poderes para llevar todas las cosas del camión de allá hasta esa gran caja roja de metal. Cuando termines podremos subir al barco que nos llevará a la isla de los conejos.
—¿Isla de los conejos?
—Claro que sí, mi tontito. Ya no estamos en tu isla esmeralda, aquella de allá es la isla de los conejos donde estaremos los siguientes meses. Aprisa, el barco saldrá a las ocho de la noche.
—Sí, señora.
Y mientras movía las cosas descubrí algunas pistas extras, mi «nombre» era similar al de una caja de cereal extranjero con un duende en ropa verde, cabello rojo rodeado de tréboles, la gran mayoría de las cajas eran alimentos y productos de limpieza. Y sí, contra toda lógica Azusa no mentía. Un barco de pasajeros sí saldría de Tadanoumi (donde estaba en ese momento) hacia Okunoshima popularmente conocida como la isla de los conejos.
¿En qué clase de lío me había metido?
El viaje en barco fue lo más agradable que me sucedió en esos primeros días de locura, Azusa solo me dio la vaga instrucción de que descansara y comiera «algo rico». La tripulación parecía conocerla bien, ya que muchas personas llevaban consigo varios objetos extraños que la chica fue recuperando y renombrando a su entero capricho. Cuando le pregunté a uno de los marineros me dijo que era un juego de búsqueda del tesoro que Asuza hacía en cada viaje. Nada era realmente robado, porque todo pertenecia a un lote de objetos perdidos en el barco.
Comí una buena cantidad de camarones, gaseosas y pastelitos. Por un breve momento pude imaginar que estaba en un viaje de turismo como cualquier pasajero del barco.
Pero cuando me quise sentar a estirar las piernas recordé el anillo electrónico en mi tobillo y mi humor se volvió agrio.
Al llegar al puerto Azusa apareció de nuevo justo a mi lado sosteniendo un pequeño sombrero verde entre sus manos.
—Mire, señor O´Neal encontré su sombrero mágico quería llevarlo a la caja de objetos perdidos pero el sombrero insistió en que ya quería estar sobre su cabeza.
«Oh genial, aquí vienen los disfraces estúpidos» Pensé resignado a mi suerte.
—Muy bien me lo…
Pero justo antes de tomarlo Azusa lo giró y pude ver que en el interior tenía un pequeño trozo de papel con una frase escrita:
[Corre]
Azusa no me permitió ponérmelo, ya que comenzó a parlotear de nuevo mientras caminaba en círculos rodeándome.
—Verdad que es lindo, es verde y pequeñito. Ideal para que pueda llevarlo a reuniones y bodas. Además de que combina bien con todo.
Algunas personas se detuvieron brevemente a mirarnos y algunos sonrieron conteniendo la risa.
Yo solo quería ponerme el ridículo sombrero y proseguir con mis labores así que comencé a responder:
—Es un bonito color y…
Pero justo cuando estaba por tomar el accesorio por segunda vez, Azusa me sostuvo la muñeca de la mano con un agarre de hierro y siseó en voz baja.
—Si valoras tu libertad, di que no quieres usar algo así y corre hacia la rampa de descenso.
La voz se me atoró en la garganta, por la cara de Azusa sentí que solo podía obedecer y nada más. Ella todavía tenía la misma sonrisa brillante, el mismo atuendo de muñequita, el mismo peinado esponjoso, pero sus ojos… Los ojos de Azusa habían cambiado ya no eran esos vidrios verdes y vacíos. Ahora eran dos piedras frías y duras como un par de esmeraldas. Esos ojos no permitían ninguna pregunta o comentario, solo obediencia.
—Nno, no quiero usar algo tan tonto Azusa—dije alejándome de la chica con miedo no del todo fingido y añadí con voz más fuerte—. ¡No quiero! ¡Deja mi cabeza tranquila!
Y comencé a correr hacia donde me había ordenado.
Un poco atrás escuché la respuesta.
—No seas malo, O´Neal. ¡Debes usar tu sombrero o no podrás recuperar tus poderes de duende!
Yo solo seguí corriendo, más confundido que asustado. Esa chica era una de las «personas del otro grupo» podía atraparme con facilidad.
Pero no lo hacía.
En un par de ocasiones me alcanzó, pero con algunos movimientos sutiles de cabeza me indicó los giros que tenía que hacer para evadirla.
A los ojos de las personas en el pequeño puerto yo era un pobre idiota tratando de escapar de una chica loca.
Cuando sentí que mis piernas me fallaban me escondí tras unos barriles de acero relativamente cerca del barco.
Azusa se apareció junto a mí sin hacer ruido.
—Si esa es tu mejor actuación tendremos que trabajar en tus diálogos, hmm también necesitamos poner en forma ese escuálido trasero tuyo rápido para lo que viene.
Y ahí estaba una nueva sorpresa, era la misma persona pero por alguna razón esta voz tenía un timbre diferente, casi como un general evaluando al nuevo recluta. Voz de mando, voz que obedeces sin que tenga que gritar. Pero esa extraña versión de Azusa tenía más por agregar:
—¿Llegará alguien más de Nerima para servicio comunitario?
—Bueno, no que yo sepa, pero puedes preguntarle al oficial.
—¡Shh! Baja la voz— me dijo tapándome la boca con su pequeña mano y añadió—: claro que no, no puedo preguntarle nada a Fujita porque en lo que al él respecta te estoy llenando de listones en este momento.
—¿No lo harás?
—Claro que no. Necesito apoyo, no problemas. Conozco perfectamente mi reputación. Ellos necesitan a una muñequita sin cerebro o una chica póster para sus propagandas, no a una oficial real en Okunoshima—además agregó con una mueca cómplice— ¿Qué publicidad vende mejor una linda o una útil?
—Una linda—respondí sin pensarlo.
Y yo lo sabía, muchas cosas en la vida diaria se gobernaban por el aspecto lindo. Las cantantes, las mascotas de anuncios y hasta los almuerzos en la escuela estaban cortados con ese molde. Por un momento me imaginé a Azusa en su traje de patinadora y rodeada de conejos en la portada de un manga. De inicio se vendería sin saber nada del argumento, solo por las apariencias. Azusa Shiratori cumplía con la imagen de linda sin duda, todo el mundo pensaba (yo incluido) que ella era una muñequita Kawaii y boba a la que todo se le podía perdonar.
—Exactamente, si otras personas supieran algunas de las cosas que vas a aprender en las próximas semanas antes de tiempo yo estaría despedida en cuestión de horas—y a modo de explicación dijo—. Las compañías solo te respaldan mientras les seas útil, si yo soy mansa y linda las personas de la capital ganan más manteniéndome aquí. Las cosas son así tú eres un fanático de los mangas y yo soy una muñeca patinadora.
Fue muy extraño para mí el escuchar a Azusa referirse a sí misma como una muñeca. Pero… ¿acaso no había pensado lo mismo de ella cuando la vi en el puerto?
—Pero, tú me estás contando todas estas cosas. ¿Eso no te pondría en problemas si hablo de más o por error?
Ella me respondió con absoluta confianza en sus palabras.
—Nadie te creería Higurashi-san, las personas solo ven lo que quieren ver. Nada de lo que digas o hagas le hará pensar a la gente que soy una amenaza solo me ven como un adorno, una ladrona de baratijas sin valor. No vas a decirle a nadie ¿cierto?
Y realmente lo pensé, Azusa fue catalogada en Nerima desde la competencia de patinaje y después de eso a nadie le importaba saber nada más. Con Hiroshi, Yuka, Sayuri y muchos más en la escuela pasaba lo mismo. A los ojos de la mayoría parecíamos simples recortes de cartón en un escenario diseñado para alguien más, casi como personajes de relleno en un manga. Y por mucho que nos esforzáramos casi nadie parecía enterarse de nuestros triunfos y derrotas, de nuestras tristezas y alegrías. No tenía ni la más remota idea de lo que escondía esta chica con su actuación, pero quise participar.
Incluso si una serie de malas decisiones me habían llevado a este sitio remoto no quería ser la nota al pie de página de la historia de alguien más. Tendría una buena vivencia para contar, una que habría vivido por mí mismo. De manera que le dije:
—No, no le contaré a nadie. Pero lo que sea que trames quiero participar.
Lo dije apenas en un susurro, pero Azusa escuchó.
—¿Quieres unirte a lo que sucede?— Me preguntó ella con seriedad y agregó—: te dejo elegir libremente. Por un lado puedes hacer tu servicio en la isla con tranquilidad, nadie te tratará mal pero quedarás fuera de lo que ocurra. Terminas tu tiempo en la isla y sigues con tu vida lo mejor que puedas. Si decides participar tendrás que trabajar mucho más porque lo que sucederá en la isla no se sabrá públicamente y nadie fuera de un grupo de familias te lo agradecerá. Sin embargo, te puedo jurar que es importante y cambiará un pedacito de nuestra historia. Será un cambio positivo. Así que te pregunto de nuevo: ¿Quieres unirte a lo que sucede?
Descubrir el secreto podría ser interesante, pero la seriedad en sus palabras me dijo que era un asunto muy importante. Con mis limitadas opciones de vida esta podría ser una elección para mejorar.
—Sí.
—Bien, en ese caso—dijo ella con una sonrisa extraña— bienvenido a la resistencia en la isla de los conejos.
Cuando estreché su mano para cerrar el acuerdo me llevé una sorpresa más, su mano estaba limpia y con una manicura perfecta de uñas rosadas, pero pude sentir la palma de su mano, cubierta de duras callosidades.
Un momento después Azusa sacó un listón rosado de su ropa y me amarró las muñecas de ambas manos y dijo:
—Con todo aún tenemos que cuidar las apariencias así que: perdón por esto.
Antes de que pudiera preguntarle nada Azusa le dio un violento tirón a la cinta derribándome de inmediato, pero no se detuvo con eso, como si yo fuese una especie de perro poco cooperativo comenzó a tirar de la cinta arrastrándome por el suelo.
Ni bien dejamos los barriles Azusa entró de nuevo a su lado lindo sin cerebro.
—Eres un niño malo, mi lindo O´Neal. Si vagas por la playa podrías perderte y las hadas te robarían sin remedio.
—¡Ugh! ¡No tenías por qué amarrarme!
—Y no uses ese tono de duende conmigo—me reprendió con su voz aniñada—. Solo por eso no habrá tréboles en tu cena esta noche.
La chica no bromeaba al disculparse, aunque trataba de levantarme los fuertes tirones de la cinta me tiraron varias veces. Cuando el asunto se volvió más doloroso que ridículo le pedí un poco de piedad.
—¡De acuerdo, de acuerdo! Ya no trataré de escapar, solo deja de tirar de la cinta.
Con eso la chica se detuvo el tiempo necesario para poderme poner de pie.
Algunos de los turistas vieron a la chica vestida de muñequita llevando a «su mascota» las miradas que me dieron fueron mixtas, unos se reían en voz baja y otros me compadecían.
Y marchando como una especie de soldado Azusa me llevó por un pequeño sendero bien iluminado hasta un edificio bajo repleto de ventanales.
—¡Ya estamos en tu cabaña!, ¿A que es igualita a la que tenías en la isla esmeralda?
Una ridícula mentira. Aquel lugar parecía más una de esas oficinas de gobierno prefabricadas que una vivienda real. Absolutamente nada parecido a una cabaña… o a una residencia. Lo mejor que pude hacer fue tratar de ver el lado positivo del asunto.
—Creo que tendré una buena vista del amanecer.
—¡Nada de eso, mi O´Neal dormilón!—me dijo con su tono de voz efervescente—tus labores de duende comienzan antes de salir el sol.
«Ugh»
Sin más se dio media vuelta para alejarse y casi en un susurro normal le escuché decir:
—Buenas noches, Higurashi-san. Mañana iniciamos a las 5.
Al entrar la intuición no me falló, había dos filas de escritorios vacíos y casi al fondo una especie de cortina de hospital abierta que mostraba una pequeña cama y un armario. Pero el silencio me indicó que tendría todo el lugar para mí solo.
Al acercarme al gabinete sin cerrar descubrí un detalle extraño.
El armario tenía varios cambios de uniformes de trabajo en color verde sandía y la placa frontal tenía un nombre.
-J. O´Neal-
—Muy gracioso Azusa, muy gracioso.
Casi pude escuchar su risita en respuesta.
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Continuará…
