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El lugar olía a una agradable mezcla de incienso, pabilos quemados y una sutil esencia que la muchacha identificó cómo suavizante de ropa.
Sus pasos la llevaron a cruzar la pequeña sala-recibidor y descorrer la cortina que separaba las piezas. Un ambiente caldeado por un caldero hirviendo le dio la bienvenida y cerca del mismo una joven de cabellos claros como la luna, que parecía ocupada en preparar algo hasta que sus miradas se cruzaron.
—¡Oh! Bienvenida —, pronunció zalamera, soltando el cuchillo que sostenía y dedicándole una coqueta mirada —¿te gusta mi humilde santuario?
Sonrió, su interlocutora contemplo la isla llena de ingredientes. La peliblanca siguió su mirada hasta que notó que algo llamaba su atención.
—¡Ah ya sé! No necesitas decir nada, estoy segura de que puedo adivinar tu más profundo deseo.
Concluyó triunfante mientras con un ademán le pidió que eligiera una de las calabazas que tenía en la encimera.
La pelirroja dubitativamente tocó una. Aún se sentía desconcertada, nunca había imaginado terminar en aquel lugar y sin embargo sus pasos la habían llevado de forma tan natural.
Lulamoon había dicho que podía adivinar su deseo, pero la realidad era que ni ella misma estaba segura de cual sería, por eso siguió con atención los movimientos de la chica.
La forma en que partió la calabaza a la mitad con su cuchillo, haciendo gala de una fuerza que no se habría imaginado poseyera.
A decir verdad, eran muchas las cosas que no había imaginado de Trixie. Tenía una personalidad fácil de malinterpretar a menos que te acercaras lo suficiente. Sunset se sonrió, probablemente podían decir lo mismo de ella.
En ese momento la peliblanca enjuagaba las semillas de la calabaza que meticulosamente había extraído con un cucharon, retirándoles toda la carne con paciencia y una vez estuvieron limpias, con un ademan teatral, las echó a hervir a su caldero.
Fue entonces que la pelirroja se asomó interesada preguntándose si la prometida respuesta aparecería reflejada en el líquido o algo parecido. Se mantuvo al menos un minuto escudriñando las aguas, pero no hubo suerte.
Cuando apartó la vista, se encontró con la mirada de Lulamoon que la contemplaba divertida.
—Si pretendías usarlo como tratamiento para los poros, hay mejores opciones que las semillas de calabaza.
Pronunció divertida, Shimmer enarco una ceja.
—Creí que era parte de tu ritual.
Gruño ofendida ante la diversión de la otra.
—¿Cuál ritual?
Preguntó Trixie genuinamente confundida, solo entonces Sunset sintió como le subía el color a las mejillas, avergonzada. Lulamoon reprimió un ataque de risa, era un hecho que para Shimmer, la magia de rituales y hechizos había sido genuinamente una realidad cotidiana.
—Perdona Sunset, solo estaba preparando pepitas con sal, son mi botana favorita. Te vi mirar las calabazas y pensé que también eran las tuyas.
Explicó apenada, la pelirroja agacho la mirada.
—Disculpa, es solo que dijiste que adivinarías mi deseo, he estado tan confundida estos días y pues... —. Exhaló resignada y se llevó la mano a los ojos —olvídalo no sé en qué estoy pensando.
La peliblanca rodeo la isla y se acercó a Shimmer, preguntándose si debía abrazarla. Eran amigas hacía mucho y sin embargo Sunset nunca había estado en su casa.
Trixie siempre imaginó que aquella especie de “falta de intimidad”, era porque ella estaba en un peldaño inferior. No era una Rainboom (tampoco es que quisiera serlo en realidad) y por tanto no era parte del “circulo principal” de amistades de la pelirroja. Pero ponía a las deidades por testigos de que en aquel momento deseaba serlo.
Quizá alguien escucho su suplica, porque Sunset acorto la distancia de improviso y se abrazó a ella, recargando el rostro en su hombro. El movimiento había tomado a la peliblanca por sorpresa, pero al reponerse, sus brazos envolvieron a su compañera.
—oh Sunset, lo de tu deseo es sencillo. Extrañas a Princess Twilight y la quisieras aquí, a tu lado.
Explicó dulcemente acariciándole el cabello, la pelirroja negó con la cabeza.
—No, Twily es mi amiga, la amistad la entiendo…
Pronunció con la voz ahogada hasta que, de golpe, le plantó un beso en los labios. El contacto fue fugaz, la pelirroja pretendía salir corriendo, pero Trixie la sostuvo. Enfrentada a su mirada, Sunset tomó un mechón de su cabello y comenzó a estrujarlo.
—El amor es nuevo, aún no termino de entenderlo, pero estoy segura de que lo siento…
Explicó frenéticamente con las mejillas arrebolas, había estado evitando mirar a Trixie pero entonces busco sus ojos.
—Sé que lo siento por ti. Te amo Trix —. Confesó —pero ahora que lo he dicho, no estoy segura de que sigue, es decir, he sentido…, bueno me ha parecido…, creo… tú también… por mí…
Lulamoon la atrajo hacia ella estrechándola.
—Puede que tu seas la adivina Sunset, porque has sabido leer las cartas de mi corazón.
