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Lover Boy

Summary:

Luffy no entendía muchas cosas, una de ellas era el amor.

(Aromantic Luffy)

Notes:

Esto lo tengo desde hace unos días antes de que me llegara tremendo bloqueo creativo

Disfrútenlo!

Work Text:

Luffy no lo entendía.

No entendía el amor.

Veía a Zoro y Sanji compartir besos en la cocina.

Franky preocupándose por Robin, las manos de la chica floreciendo de sus hombros para acariciar el cabello azul del robot.

Recuerda haber visto a Nami y Viví besarse cuando estaba buscando la cocina después de la batalla contra Crocodile en Alabasta.

Incluso Chopper, Jinbe y Brook sabían sobre el amor.

¿Pero él? No. Simplemente no lo entendía.

El amaba la comida, claro.

Sus ojos brillaban cuando Sanji le ponía un plato en frente; pero nunca tan brillantes como los ojos de Zoro al ver al cocinero.

Su estómago rugía todos los días, se removía pidiendo comida; pero nunca sentiría las mariposas volando como Nami las sentía cuando estaba cerca a la princesa.

Sonreía, una sonrisa tan brillante y tan feliz que iluminaba hasta la noche más oscura; pero nunca tan feliz y brillante como cuando Robin vió la biblioteca que Franky le construyó para ella sola.

Adoraba los abrazos, los besos, los cariños; pero ninguno de los que le daban las minks se comparaba a lo que sintió Chopper con la reno de la que se enamoró.

No lo entendía. Luffy amaba de la misma forma que todos, pero de alguna manera no era la misma forma, era diferente.

Sus abrazos eran menos cálidos a los que Franky y Robin compartían; su corazón nunca latiría tan rápido como lo hizo alguna vez el corazón de Brook; sus besos nunca eran tan llenaderos y reconfortantes como los de Zoro y Sanji; sus risas nunca se compararían a las que Viví provocaba en Nami y viceversa; la pasión con la que Usopp les contaba sus historias no se podía comparar a la pasión que usaba cuando se los contaba a Kaya; sus aventuras nunca causarían tantas emocionantes en Chopper como las que sintió con la reno; los ojos de Jinbe nunca lo mirarían con ese brillo especial que alguna vez le perteneció a alguien más.

Luffy no lo entendía.

¿Algo estaba mal con él?

Incluso los ojos de Law brillaban con una firmeza que nunca había visto cuando se enfrentaron a Doflamingo, como si estuviera peleando por el amor de alguien, defendiéndolo a capa y espada aún si eso significaba morir en el proceso.

Luffy no lo entendía.

¿Como amas tanto a alguien como para dar tu vida?

Espera… eso si que lo podía contestar.

Ace dió su vida por amor a su hermano, pero de alguna manera, sabía que ese amor era solo fraternal, que jamás se compararía al amor que algún día le profeso a alguien más.

Los bellos recuerdos con sus hermanos, viéndolos tan felices al cazar un cocodrilo y comer su carne, durmiendo bajo las estrellas; sabía que esa felicidad no se podía comparar a la felicidad que ellos sentían con otras personas.

Luffy no lo entendía.

El amaba a sus hermanos, amaba a su tripulación, amaba la comida, amaba a su abuelo (aunque este lo amaba a su manera), amaba a todas aquellas personas que le habían mostrado amabilidad alguna vez.

Pero ese amor jamás se podría comparar al amor que ellos alguna vez sintieron por alguien. Alguien que les hizo temblar, que les hizo sonreír con tan solo pensar en ellas, que les hizo derretir con una caricia.

El inmenso e incensurable amor de Luffy nunca podría comparársele.

Luffy no lo entendía.

No entendía porque Hancock lo trataba tan bien a él si trataba con tanto desprecio al resto de la humanidad, ¿porque a él? ¿Porque era amable? Las personas eran amables con Hancock, pero ella aún así las despreciaba.

¿Qué tenia de especial él como para que lo tratase tan bien?

Luffy no lo entendía.

Se sentó en la cabeza del Sunny, el frío aire nocturno golpeando su cuerpo, enfriándolo de sobremanera; Franky amaba a su barco, pero sabía que si lo ponían a escoger entre el Thousand Sunny y Robin, elegiría a Robin un millón de veces.

Zoro amaba sus katanas, en especial la Wado Ichimonji y su espalda limpia de heridas; pero sabía que si tuviera que renunciar a la Wado y manchar su espalda para salvar a Sanji, él lo haría.

Nami estaría dispuesta a romper todos y cada uno de sus mapas, dejar todos los tesoros que haya encontrado con tal de salvar a Viví a pesar de estar a kilómetros de distancia.

Brook moriría otra vez por amor.

Chopper se volvería un monstruo por amor.

Jinbe renunciaría al mar por amor.

Ace se dejaría encarcelar por amor.

Sabo mataría por amor.

Rayleigh renunciaría a su libertad por amor.

Vió a Law dispuesto a dar su vida si eso significaba pagar por el amor que alguien alguna vez le dió.

Usopp dejaría las mentiras por amor.

Sanji se cortaría las manos por amor.

Robin moriría, mataría y sería una esclava por amor.

Se aferró a sus piernas, abrazándolas mientras seguía mirando el horizonte pintado de azul y negro, la luna reflejándose en las aguas profundas del mar.

Tomó su sombrero. Mirándolo fijamente.

Luffy no lo entendía.

Soltó un suspiro. El amor era complicado, pero su tipo de amor nunca era tan complicado como el amor que las demás personas sentían.

Hancock rompió con siglos de tradición por él.

¿Él haría lo mismo por Hancock?… No, no lo haría.

Nami daría todos sus tesoros por Viví.

¿Él daría el One Piece por alguien? … Bueno, depende de la persona, pero no. No lo haría.

Aún no lo entendía.

¿Porque su amor era tan diferente al de las demás personas?

Sus abrazos eran diferentes, sus besos eran diferentes, sus cariños eran diferentes, su aprecio era diferente, sus lágrimas, sus risas, sus sonrisas y miradas. Todo era diferente.

¿Porque?

Luffy no lo entendía.

Levantó la cabeza para ver el cielo nocturno, la luna brillando sobre él, temblando ligeramente por el frío de la noche, su sombrero apretado fuertemente en su mano; pensó en el amor que recibía, que veía y que alguna vez experimentó.

¿Hancock lo quería de la misma manera en que Zoro quería a Sanji? ¿En que Nami quería a Viví? ¿En que Robin quería a Franky?

Tal vez.

Eso seguramente hubiera hecho que el corazón de Sanji diera un vuelto, gritando y emocionándose como cuando el encontraba un nuevo escarabajo.

Pero su corazón se quedó a un ritmo común, su estómago no dió un vuelco ni se emocionó como cuando veía un escarabajo. No entendía porque.

Soltó un suspiro pesado, pensando en lo difícil que tendría que ser el amor para los demás. Él no lo entendía, probablemente nunca lo haría.

Luffy sonrió, una risa que pronto que convirtió en una carcajada, no podía detenerse, no podía dejar de reírse, apretó su sombrero con fuerza para no dejarlo ir mientras rodaba en el suelo por la risa. Unos minutos después, por fin dejó de reír, mirando al cielo, admirando lo bello que se veía, los puntos brillantes que se esparcían por todo el lienzo negro, con la luna como protagonista.

Seguía sin entenderlo.

Luffy no entendía el amor.

Pero, ¿estaba mal?

El amaba a su manera, quería a su manera, se preocupaba y divertía a su manera.

Que importaba si su forma de amar era diferente a la de otras personas, que importaba eso, aún así podía experimentar un montón de aventuras más con su familia, sus amigos, su hermano y los demás piratas que se aliaran con él.

Soltó una risa, una de esas risas que solo él podía dar, que ninguno podía replicar no importaba que tanto amor sintieran; una risa libre, feliz, con ganas de conocer el mundo y seguir explorando.

Luffy no entendía el amor.

Pero eso nunca le importo.

El amaba a su manera.

Se levantó del suelo, poniendo su sombrero en sus cabellos negros y comenzando a tararear una canción; Luffy nunca necesitó el amor romántico para ser feliz, no importaba si no lo entendía porque no lo necesitaba.

Mientras todos a los que amaba fueran felices, el también lo era. Siguió tarareando su canción, usando sus poderes de goma para subir a lo más alto del Sunny: la cima del Nido de cuervos. Se aferró al mástil que sostenía su bandera, le dió un beso a la tela negra y soltó una risa, viendo el horizonte de oscuridad que se esparcía por toda su vista.

En algún lado de ese enorme mar estaba el One Piece, ese tesoro que se había propuesto encontrar cuente lo que cueste, y lo iba a hacer junto a toda su tripulación.

La emoción recorrió su cuerpo, ese sentimiento de amor a la aventura era lo único que necesitaba para seguir, no necesitaba nada más en su vida (además de comida) para seguir adelante con su extremo y complicado viaje.

Luffy nunca comprendió el amor, pero no lo necesitaba.

Luffy era feliz con su manera de querer.

Luffy era feliz.

Y nadie iba a poder quitarle eso jamas.