Work Text:
James se había cortado el cabello unos días atrás; ahora se veía más maduro y más como la estrella de rock que siempre supo que sería.
—¿Qué sucede, cariño? —preguntó al notar que sus caricias se habían detenido. Trató de reanudar, pero se dio cuenta de que no podía. Los pequeños cabellos le hacían cosquillas en los dedos y todo se sentía nuevo.
Cerró los ojos frustrado; era ridículo extrañar algo que estaba frente a él, solo que más corto. Su propio cabello había dejado de ser tan largo meses atrás.
—Hey —. James comenzó a levantarse de la cama, despojando a Kendall de su lugar para mirarle de frente. De inmediato, Kendall hundió su rostro en el cuello de James, aspirando el olor frutal de su shampoo. Escuchó el resoplido de su compañero, claramente no era lo que buscaba al moverse de su cómoda posición, donde unos minutos antes yacía a medio camino de quedarse dormido.
Kendall amaba acariciar su cabello; lo había hecho desde que creció lo suficiente para que empezara con su obsesiva rutina de comprar productos Kuda. Eran solo amigos en aquel entonces, pero las cosas con James, de alguna forma, siempre fueron así. Llegaban a casa después de un arduo día de entrenamiento para las semifinales, se lanzaban al sofá magullado de la sala y la cabeza de James descansaba sobre su regazo. Sabía que James detestaba que le tocaran el cabello, pero le encantaba cuando estaba entre sus manos, peinando cada suave mechón castaño y relajándolo, amándolo.
Él lo había animado a hacerlo, por supuesto, ya se había hecho a la idea de que hacer que los sueños de James se cumplieran iba a ser su máxima prioridad desde hace años. Si él quería esto, lo tendría. No fue fácil, pero James no quería nada más que imponer. Se aproximaba una nueva gira y la invasión británica todavía era un tema que les hacía querer marcar la diferencia.
—¿Kendall? — Sintió los brazos de James rodearlo, tratando de calmarlo a pesar de que no tenía idea de qué sucedía.
—Es solo que…extraño tu cabello— terminó murmurando apresuradamente, sintiendo sus mejillas encenderse.
James rio cálidamente —Lo sé —dijo—. Siempre ha sido tuyo, como mi corazón.
Y hubiese sido un momento muy tierno si no lo hubiera arruinado inmediatamente después moviendo las cejas ridículamente. No pudo más que reír también y quizás incluso más fuerte que James.
Cuando las risas cesaron se reacomodaron, esta vez él tenía la cabeza apoyada en el pecho de James, sus brazos rodeándolo, su corazón latiendo constantemente bajo su oído. Se sentía cálido y amado.
Los brazos de James fluían de un lado a otro, como una canción, llenando su cuerpo de caricias, deteniéndose en su cintura y regresando a sus hombros, era dulce, algo que nadie pensaría de él, de ninguno de los dos. Pero aquí solo eran ellos, su propio mundo, no necesitaba ser el líder, un hermano mayor, la guía de sus amigos ni el hijo perfecto; solo era Kendall, estaba enamorado y extrañaba como loco el cabello de su novio.
—También lo extraño — dijo James, interrumpiendo el silencio que se había instalado en la habitación.
Tarareó, animándolo a seguir; él mismo no sabía por qué de repente tenía un ataque de nostalgia y necesitaba escucharlo de James para hacerlo real.
—¿Por qué ahora, Kendall? —, fue lo que salió de su boca, porque por supuesto, cada vez que esperaba algo de él, terminaba con una respuesta distinta; y aquí estaba, con la esperanza de que James llenará el espacio en blanco y le hiciera caso, para variar.
James se rió, sabía lo que esperaba, eso no significaba que lo haría. Ugh, lo odiaba. Golpeó suavemente su cabeza con la palma, sin molestarse en aplicar más fuerza, porque no era el punto y ya era medianoche. Estaba cansado.
—Lo amas
—Sí, sí, idiota
En el silencio que siguió, pensó en sus palabras, creía saber la respuesta, también que James estaba siendo obtuso al respeto porque confiaba en que la encontraría en sí mismo.
—Es que… extrañar tu cabello no es solo por cómo se ve — dijo Kendall, sonriendo con un aire de melancolía—. Es lo que significaba para mí, para nosotros. Recuerdo esos momentos en Minnesota, cuando todo parecía más sencillo, y tú estabas ahí, con tu cabello largo…
—Con que Minnesota, uh?— retomo sus caricias, esta vez llevándolas a su cabello, suspiro, sintiendo que toda la tensión restante se iba. — Kendall, es solo cabello, no no escúchame sé lo que vas a decir, perdí el tuyo también, te amo, eso no va a cambiar.
Se traga la réplica, su madre siempre dijo que era un poco melodramático.
—Te amo Kendall Knight, sé que me amas también, con cabello largo o sin él, no vamos a cambiar, lo prometo.
—¿Es eso así?
—Sí, ahora cállate, no puedo llegar con ojeras mañana.
—Romántico
—Lo intento — dijo entre bostezos.
Sintió el momento en el que se quedó dormido, su respiración suave y rítmica. Decidió, que había sido demasiado por hoy, así que cerró los ojos siguiéndolo en el sueño, siguiéndolo como siempre lo haría.
