Actions

Work Header

Titiritando de frío y llorando de dolor

Summary:

Nació en una noche terrible de invierno, entre mantas improvisadas, la confusión de su madre y el sonido de las sirenas que anunciaban un posible bombardeo.

Ahora un pobre ángel se encontraba con un recién nacido en brazos sin saber que hacer.

Notes:

Ahí les va mi pinche porquería asquerosa. Se me ocurrió mientras veía la pastorela con el mero mero, el Cochiloco .

Le agradezco al insomnio, a la coca cola y a Spotify por patrocinar la creación de esta cosa.

Nota: no encontré una etiqueta que dijera algo como "mención de abandono de menores", así que lo dejo aquí. 👍

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: En los brazos de María

Chapter Text

1943, Londres, Inglaterra.

El invierno se sentía más voraz, no se sabía si era porque las tormentas de nieve habían sido devastadoras o si era porque estaban en plena guerra.
La ciudad se encontraba a oscuras. Aziraphale había estado alumbrado su librería con unas muy contadas velas, y de la chimenea, que era su única fuente para entrar en calor.

Pero ahora el frío y el evento bélico no estaban en primer plano. No, ahora era la bebé que lloraba en sus brazos.
No se había querido alejar del fuego de la chimenea, temiendo que la recién nacida muriera a causa del frío, como otros muchos niños lo habían hecho.

La arrullaba entre sus brazos, tratando de que la pequeña dejará de llorar.
El propio ángel tampoco podía dejar de llorar. Estaba arrodillado en el suelo, vestido solo con su camisón blanco que ahora estaba manchado de sangre. Todo el cuerpo le dolía, estaba cubierto en sudor y sangre. Se había vuelto madre de la noche a la mañana, él no lo sabía, no sabía que había estado gestando todos estos meses.

Y con solo ver a la pequeña sabía quién era el padre. No podía ser nadie más si el ángel tenía que ser sincero.

La revelación de estar enamorado de ese astuto demonio lo había golpeado brutalmente. Lo sabía desde hace demasiado tiempo, pero saber que Crowley lo amaba de la misma forma, lo había hecho todo diferente.

Había pasado hace un año, pero aziraphale recordaría esa noche para siempre.
Cómo hacía revolotear sus pestañas, preguntándole a Crowley cosas que ni el propio aziraphale era capaz de entender. El sabor del vino siendo probado en otros labios, compartiendo besos con la intensidad de un anhelo que había sido fermentado desde casi el principio de los tiempos. Aziraphale aún podía sentir el fantasma de esos labios añorados, besando su cuello y recitándole palabras de amor.
No se arrepentía de haberse entregado al demonio que amaba. Jamás lo haría.

Pero nunca se le habría ocurrido que su amor daría sus frutos.

¿Qué le diría a Crowley?, ¿qué le diría al cielo?, ¿qué le diría a dios?

La niña era muy pequeña. Tenía unos delicados mechones rojos. Y sus lindos ojos dorados no dejaban de mirarlo. Ella estiraba sus pequeños brazos hacia el ángel, mientras se movía inquieta en la improvisada manta donde la sostenían.

Aziraphale lloró aún más. No sabía que iba a hacer. Pero la abrazo, la acercó a su pecho y le dio besos en la frente mientras le pedía perdón.

 

Eran pasadas de la media noche. El sonido de los aviones había disminuido, pero el aire frío no.

Aziraphale se paseaba por la sala de estar con la pequeña prendida a su pecho. Trato durante un rato de recordar como se debía amamantar correctamente a un niño, pero después de una hora de desesperación simplemente había conseguido que la bebé empezará a tomar.
Ahora que lo veía de retrospectiva, aziraphale se culpaba por no haberlo deducido en el momento. Había engordado, pero no lo suficiente como para pensar que estaba gestando, no había sentido náuseas, pero había sido más sensible a olores y a la comida; su pecho había crecido un poco y sus pezones habían estado sensibles.
Había pasado por un embarazo al que le estaban faltando síntomas. Ya no tenía caso de todas formas, la bebé ya estaba en sus brazos.

—Oh preciosa, que voy a hacer contigo— soltó al aire. Su niña estaba recostada en su hombro, mientras él le daba golpecitos en la espalda para ayudarla a eructar.

Terminó por sentarse en su cómoda sillón. Apareció con un milagro su edredón y con otro se limpió a él y a su niña de todo la suciedad.
Puso a su bebita en su pecho mientras la arropaba con dos pequeñas mantas que había traído milagrosamente. Acaricio sus rizos, le dio un beso en su frente y le dio las buenas noches.

Esperaba que mañana fuera un día mejor para los dos.

 

Habían pasado dos semanas.

Adoraba a su niña, la amaba con todo su corazón. No podía dejar de sostenerla en ningún momento, prácticamente la niña vivía en sus brazos.
Él sabía que esto solo era el principio de un largo y tortuoso camino para cuidar de su bebita. Pero lo tomaría.

Aún quedaban muchos detalles que resolver. Tenía que esperar a que crowley regresará de unas intensivas reuniones en el infierno para poder contarle sobre su primogénita. No sabía cuanto tiempo más tenía que esperar, el demonio se había ido hace unos 5 meses. Le había dado un beso de despedida y le advirtió que tenía que ser cuidadoso si quería contactarlo.

¿Contarle de su hija contaba como un motivo urgente para contactarlo?, probablemente la respuesta era un rotundo sí. Pero aziraphale prefería esperar, no quería que el infierno se entrometiera con su bebita.

Estaba manteniendo una pequeña burbuja de vida doméstica en su librería. Ahora mismo estaba horneado una docena de galletas con chispas de chocolate.
Su hija estaba sentada en su sillón favorito, había rodeado los bordes con mantas y almohadas para que no se pudiera caer. Ella estaba balbuceando mientras daba pequeños golpecitos en la almohada en la que estaba recargada.
De fondo sonaba “My funny valentine” de Richard Rodgers y Lorenz Hart.

“My funny valentine,”
“Sweet comic valentine,”
“You make me smile with my heart”

Saco la ronda de galletas del horno y las dejo en la encimera. Tarareaba con alegría la melodía, sintiendo como su corazón desbordaba de amor.
Se tambaleaba muy suavemente de un lado a otro siguiendo el ritmo de la canción, dirigiéndose a pasos muy lentos al sillón donde estaba su retoña.

“Your looks are laughable,”
“Unphotographable”

Cargo a su pequeña tarta de frambuesa en brazos. La niña sonreía mostrando sus encías. Aziraphale solo sonreía encantado, bailaba muy lentamente por la sala dando una que otra vuelta que hacía reír a la bebé.

“Yet you’re my favorite work of art”

Se sentía como en uno de esos libros de cuentos de hadas que tenía. Este pequeño pedazo de felicidad doméstica que solo había podido imaginar mientras leía, lo tenía todo; tenía la nieve cayendo afuera de su cálida librería, estaba el olor de las galletas recién horneadas, estaba la dulce melodía con la que bailaba, y tenía. Oh, tenía a una pequeña bebé en sus brazos que no dejaba de sonreír al ver como su mamá repetía muy tontamente la letra de la canción.

“Stay, little valentine”

Se sentía feliz. Con unas increíbles ganas de llorar, pero rebosando de felicidad. Miró a su bebita con tanto cariño, nunca imagino a un niño en su vida. Pero ahora no podía imaginar su vida sin su hija.

“Stay”

Las últimas notas de la canción se desvanecieron en el aire. La madre acunó a su bebé en brazos, meciéndola con suavidad. La pequeña se acomodó entre sus brazos, dando pequeños bostezos que revelaban su cansancio. Los suaves tarareos del ángel cesaron, y en el silencio, solo se escuchaba la respiración tranquila de la bebé.

Con unos últimos parpadeos, la bebé cerró los ojos, y sus pequeñas manitas se aferraron al abrigo de su madre.

—Te amo— Susurró el ángel entre pequeños sollozos.

“Each day is Valentine’s day”

Notes:

Espero, en verdad espero mantener los ánimos para terminar este fanfic de 3 pesos. Y si no me chiflan por ahí, o me la mientan, como más les guste.u