Actions

Work Header

Cazar un etíope o que te etíopeen

Summary:

Luego de una misión donde casi muere por imprudente (que raro, ¿verdad?) Leticia Elio, hija de Apolo, enfrenta su castigo,

O,

Leticia tiene que darle un respiro a su hermano, Lee.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Leticia resopló y se acostó en el piso de madera, con los brazos extendidos como si fuera un charco derramado. La frustración la consumía. A su lado, Lee Fletcher, su hermano mayor y líder de la cabaña 7, la más prestigiosa del campamento, la observaba con un gesto exasperado.

Sin embargo, como líder responsable, Lee se acercó a ella con un tono tranquilizador y la enderezó. Cuando se levantó derecha y sus cabellos castaños se apartaron, se fue revelada la mirada más tierna y brillante del mundo, de un color miel suave, acompañada por un puchero irresistible que derretía a cualquiera de los hermanos o hermanas de Leticia, excepto a Lee, quien ya era inmune a sus encantos. Le extendió un lápiz con una sonrisa maliciosa.

-Leti, podrás tener ojos de cachorro con moño y chocolates, pero es tu castigo, y hay que cumplirlo. A escribir.

Leticia protestó, tomando el brazo de Lee y zarandeándolo.

-Leeee, noo, por fii

Lee negó la cabeza con firmeza.

-No, señorita -sentenció, y Leticia comprendió que no había escapatoria. A Lee se le iluminaron los ojos con una idea, al menos para que ella se sintiera mejor.

-Haz tuya esta experiencia, Leti, aprende del error que ocasionó todo esto, -dijo Lee con convicción-. Recuerda que es el diario de la cabaña siete, pero también es el camino de todos nosotros. Pisamos por donde ellos lo hicieron y evitamos por donde ellos cayeron. Los errores de hoy...

Leticia soltó un suspiro, pero un destello de sonrisa fue subiendo por su rostro.

-Pueden ser la solución de mañana -Completó.

Su hermano la observó también sonriente, le palmeó la cabeza y se levantó del escalón donde estaba.

-Muy bien, Leti, entonces voy a la enfermería a ver cómo están los demás, vuelvo en media hora, concéntrate

Leticia lo vio alejarse por los campos del Campamento, bajo la luz del sol mañanero. Agitó una mano hacia su hermano y se acomodó en su lugar, el último escalón que daba a la puerta de la cabaña siete, luego bajó la mirada al objeto frente a ella, un pequeño cuaderno de cuero cuadrado con la inscripción: Registro de fracasos y victorias, por La cabaña Siete.

Tomó un respiro profundo y lo abrió, buscando una hoja en blanco. Al encontrarla se puso manos a la obra.

 

Fecha: AgosLee (es el cumplemés de Lee Fletcher, yey)

Hora: El amanecer sorprendió a papá comiendo su desayuno

Lugar: Campamento Mestizo

Nombre: Leticia Elio

¿Por dónde empiezo con esto? Bueno, no sé si te lo han contado, o si lo has sufrido, o encontrado, o experimentado, o tenerlo, o toparlo, o llamado, o, bueno, ¿has escuchado sobre la suerte del semidios? Seh, seguramente lo has hecho. Y seguramente sabes que, ¡Nunca, pero nunca! ¡Nuncaa tienes que dar por hecho que estás a salvo! Si lo haces, bueno… espero nunca te pase, o al menos, que alcances a leer esta inusual experiencia. Esta experiencia accidentada…

Un momento, ¡que no quede así! ¡No es accidentada! ¡Es la suerte del semidios! A veces pienso que tuve que ser hija de Tyche, pero dicen las malas lenguas que está loca, en fin, empecemos.

Hace unos días le pedí a mi hermano, Lee, un verano lleno de aventuras, pero a lo que no me refería, definitivamente no, era que un dragón etíope nos persiguiera a mí y a Michael de arriba para abajo en plena madrugada en el Campamento, mientras Lee corría detrás del monstruo reptiliano; malvado; venenoso, intentando repelerlo con flechas de madera.

No, no me refería a eso.

Hay días que te hacen cuestionar si ser un semidiós es realmente una bendición o una maldición. Ojalá pudiese quedarme en mi casa en el mundo mortal, pero además de peligroso, y no tener a nadie con quien quedarme, seguramente que no es ni la mitad de divertido que es estar en el Campamento Mestizo, claro, tampoco creas que todo es laureles y jacintos mi querido, querida, hermano o hermana lectora, y justamente hoy fue uno de esos días difíciles de semidios.

Ese día, o más, esa noche, un dragón de etíope me había atacado cuando estaba haciendo un viaje por fuera de las fronteras protectoras del Campamento, sí, sí, dirás, qué idiota, qué hacía afuera a esas horas. Bueno, no es que tuviese opción, volvía de una misión de rescate con mi hermana, Larissa, y nuestro rescate, una niña de mi edad llamada Juana, que había sido herida con veneno de una manticornia en el muslo. Applenut, mi Pegaso, la tenía sobre su lomo, pero igual estaba siendo un viaje muy lento, y ya se nos había hecho muy tarde, yo había intentado curar a Juana, pero mis poderes de sanación no eran tan buenos como los de Lee, o Will, que es uno de nuestros hermanitos más pequeños, y de los mejores sanadores.

El dragón nos había atacado de repente, te preguntarás cómo es que no lo escuché, yo también me hago esa pregunta todos los días, es como si hubiese aparecido de repente, como si hubiese salido de algún portal que nosotras no vimos. Nosotras salimos corriendo, Lari pudo montarse a Applenut y sujetaba a Juana, y yo disparaba flechas para repelerlo, pero era mucho para mí. Lo bueno es que estábamos cerca de las fronteras, lo malo es que no vi que había una raíz salida del piso y me tropecé.

Me giré a enfrentar el dragón, que se quedó mirándome como si fuese un bocadillo de banana, que probablemente sí lo era. El dragón abrió sus fauces y yo cerré mis ojos, aceptando mi destino, hasta que un sonido pasó zumbando mi oreja y alcancé a ver cómo una flecha se clavaba en la garganta del reptil.

Ahora no era solo un dragón feo, era un dragón feo con un piercing mal puesto.

El dragón no le había gustado el cambio de look, así que rugió y se meneó, haciendo escándalo digno de una estrella de rock en medio de un concierto. Yo me levanté del piso y alcé la mirada a los dos muchachos más adelante. Lee Fletcher y Michael Yew, mis hermanos, tus hermanos, con sus arcos alzados y sus pijamas de ositos en conjunto.

Les sonreí y corrí hacia ellos, el dragón rugía sin cesar, presa de la flecha que lo lastimaba.

Lee fue el primero en acercarse, con ese semblante de preocupación que siempre colgaba en su rostro de “soy el líder, ja, ja, ja”, me hizo un chequeo rápido por todas mis extremidades con riesgo a fractura y finalmente me sonrió.

-Gracias a los dioses, habrá que guardar ese sudario, ya no lo necesitaremos, ¿verdad, Mike? - dijo Lee, mirando a Michael, quien asintió con entusiasmo.

-Exacto, Leticia, ¿qué tal si la próxima vez nos avisas antes de salir a enfrentarte a dragones? - Michael bromeó, mientras se quitaba un mechón de cabello de la frente.

-Oh, claro, porque los dragones siempre envían invitaciones formales, ¿verdad? - respondí, rodando los ojos. - Pero gracias por salvarme el trasero, chicos. ¿Cómo supieron que estaba en aprietos?

-Applenut nos envió un mensaje mental. -dijo Michael-. Al parecer, tu Pegaso tiene una conexión Wi-Fi directa con nuestros cerebros. ¿Quién lo hubiera pensado?

Abrí la boca sorprendida.

-¿En seriooo?

-¡No, tonta!

Lee se carcajeó, mientras Michael me rodaba los ojos.

-Larissa alcanzó a llegar, y subió a Applenut al tejado de la cabaña y nos despertó a todos con una rutina de zamba

Abrí la boca para contestar, pero entonces…

¡MUERTEEEE A LOS SEMIDIOSES AHHHH!

O al menos eso fue lo que entendí cuando el reptil alado logró quitarse la flecha de la garganta y rugió hacia nuestra dirección. Lee soltó un suspiro viendo el dragón acercarse como modelo asesino.

-Buenos, solucionemos esto primero, y luego hablamos de por qué te crees todo lo que Michael te dice-

Solté un bufido al tiempo que nos dispersábamos entre los arbustos y empezábamos a jugar las escondidas, versión “si te encuentro te como”

Lee me hizo una seña, señalándome una abertura entre el nacimiento de las mini alas del dragón.

-¡Leti, Michael, apunten a las alas! Si le cortamos la movilidad, ¡tendrá que retirarse! -gritó Lee, mientras preparaba otra flecha.

Con un suspiro, ajusté mi mirada y solté una flecha tras otra, apuntando a las enormes alas membranosas del dragón. Una de ellas encontró su objetivo, y una pequeña línea de fuego brotó del ala izquierda del dragón. Rugió, un sonido que sacudió el aire y nos hizo temblar hasta los huesos.

-¡Ahora, todos juntos!- Lee levantó su arco, y seguimos su ejemplo. Las flechas volaron en un enjambre, algunas golpeando al dragón, otras desviándose por su aliento de fuego.

Solté un suspiro ruidoso, observando que el dragón parecía retroceder. Entonces decidí levantar el arco, con una sonrisa.

-Já, ya estamos a salvo, ganamos, reptil, ve a llorar con tu mami

Entonces el dragón se volteó a mi dirección y me frunció el ceño, ¿O se debería decir frunció las escamas? No sé, el punto es que el dragón no le gustó que hubiese hablado de su mami, y con rapidez escupió una llamarada que esquivé por poco y con su cola barrió el piso, haciendo que mis hermanos se cayeran. Me acorraló entre árboles y yo supe el error que había cometido.

Había ocurrido otra vez, había bajado la guardia y me había expuesto y enfrentaba al dragón intruso, reptiliano, venenoso, horrible, cara a cara, mis hermanos gritaron y cuando ya había aceptado mi destino por segunda vez en la noche, ocurrió.

El acorde en do más horrible que mis oídos alguna vez habían escuchado, o más bien, Michael Yew estaba tocando un ukelele, rasgó una nota tan alta que el dragón se le quedó viendo atónito, aun incapaz de procesar lo que había ocurrido.

El dragón parpadeó, claramente confundido por el inesperado concierto de ukelele. Aproveché la distracción y me lancé hacia un arbusto cercano, rodando por el suelo como una croqueta mal hecha. Lee no perdió el tiempo y comenzó a disparar flechas a las patas del dragón, intentando inmovilizarlo.

-¡Michael, sigue tocando! -gritó Lee, mientras lanzaba otra flecha que se clavó en la cola del dragón.

Michael, con una sonrisa traviesa, cambió de acorde y comenzó a tocar una melodía aún más estridente, algo como un remix de La Macarena y El Himno de la Alegría.

 El dragón, ahora completamente desorientado, intentó cubrirse las orejas con sus alas, pero solo logró enredarse más.

-¡Esto es ridículo! -grité, tratando de no reírme mientras disparaba otra flecha.

-¡Ridículo pero efectivo! -respondió Michael, haciendo un guiño.

Finalmente, el dragón, agotado y confundido, decidió que ya había tenido suficiente de nuestra peculiar banda de música y se levantó en el aire, tambaleándose mientras se alejaba volando. Nos quedamos mirando cómo desaparecía en el horizonte, todavía tocando el ukelele.

-¿Crees que volverá? -pregunté, todavía sin aliento.

-Si tiene algo de sentido común, no -respondió Lee, guardando su arco. -Pero por si acaso, deberíamos practicar más con el ukelele.

Michael se rió y guardó su instrumento.

-¿Quién diría que salvaríamos el día con música? -dijo, sacudiéndose el polvo de las pijamas de ositos.

Nos miramos y estallamos en carcajadas. Habíamos sobrevivido a un ataque de dragón, y todo gracias a un ukelele y un poco de trabajo en equipo. No estaba mal para una noche cualquiera en el campamento.

Pero entonces Lee dejó de reír y me observó con sus ojos azules, más letales que un pegaso bailando zumba. Yo intenté sonreír tiernamente, esperando que mi mirada "lindux 5000" funcionara.  

-Leti, ¿qué te parece si la próxima vez dejamos los comentarios sobre las mamis fuera de la batalla? -dijo con una sonrisa irónica.

-Lo tendré en cuenta -respondí, todavía riendo.

Lee se arrodilló frente a mí, sus ojos azules fijos en los míos, como si estuviera a punto de darme una charla muy seria… o contarme un chiste muy malo.

-Sé que estabas tratando de animar el ambiente y mantener el espíritu alto, pero no podemos permitirnos ser tan precipitados en situaciones de peligro -dijo con firmeza, aunque no pude evitar notar que sus labios temblaban, conteniendo una sonrisa. -Tus palabras provocaron al dragón y casi nos cuesta caro. Y no, no hablo de la cuenta del veterinario.

Bajé la mirada, sintiéndome un poco avergonzada. Sabía que tenía razón, aunque la mención del veterinario me hizo sonreír.

-Lo siento, Lee. No pensé que reaccionaría así -murmuré, tratando de mantener la seriedad.

-Lo sé, Leti. Pero en el futuro, necesitamos ser más cuidadosos. Cada palabra y acción cuenta cuando estamos en peligro, más que todo nosotros que somos semidioses -continuó Lee. -Como castigo, quiero que escribas todo lo que pasó hoy en el diario. Y además, tendrás dos domingos de turno en la enfermería.

 Abrí los ojos con sorpresa. El diario, era un registro sagrado de nuestras aventuras, y escribir en él era tanto un honor como una responsabilidad. Y los turnos en la enfermería… bueno, no eran precisamente mi idea de diversión. ¡Especialmente cuando los pacientes son más dramáticos que actores de telenovela!

-¿En serio? -pregunté, esperando que tal vez estuviera bromeando.

-En serio -respondió Lee, sin dejar lugar a dudas. -Es importante que aprendamos de nuestros errores y que tomemos nuestras responsabilidades en serio. Además, alguien tiene que lidiar con los semidioses, que siempre se quieren romper alguna extremidad de manera tontamente heroica.

Asentí, aceptando el castigo. Sabía que Lee solo quería lo mejor para nosotros y que esta era una lección que necesitaba aprender.

-Está bien, lo haré -dije con determinación, aunque no pude evitar imaginarme a mí misma tratando de convencer a un niño de Ares a que comiera su medicamento.

Lee sonrió y me dio una palmada en el hombro.

-Sé que lo harás bien, Leti. Y recuerda, siempre estamos aquí para apoyarnos unos a otros. Incluso cuando se trata de ukeleles y dragones sensibles.

Lee me guiñó el ojo y yo le devolví una sonrisa.

Y entonces, APOLO PASÓ VOLANDO SOBRE NUESTRAS CABEZAS Y VOLÓ UN AUTO CON SU RASHO LÁSER.

Mentiri, volvimos al Campamento y a la mañana siguiente Lee me obligó a cumplir mí no merecido castigo, pero estoy bien, las niñas lindas siempre sufrimos de esta forma.     

Oh, y otra cosa para terminar, no le digan a Lee, pero es muy mamá a veces. Una bien regañona. Fin.

 

 

Leticia soltó el cuaderno con fuerza y tomó un respiro profundo, justo en ese momento se acercaban Lee, Michael y Will, el bebé. El hermano mayor observó la sonrisa de Leticia y levantó una ceja.

-¿Tan rápido terminaste de escribir?

Leticia asintió y le pasó la libreta.

-Síp, ahora si me disculpan iré a completar mis turnos

Salío corriendo como flash, con una sonrisa casi al borde de una carcajada, y justo cuando estaba saliendo del círculo de las cabañas el grito de Lee resonó con fuerza por todo el paraje. Luego se escucharon las carcajadas de Michael y Will.

-A QUIÉN LE DICES MAMÁ REGAÑONA, LETICIAA, TIENES TRIPLE TURNOOO AHORAA

Notes:

Jiji, mi primer fic, espero les haya gustado

Espero que se hayan dado cuenta que, AMO A LA CABAÑA 7, amo amo amooo