Work Text:
La niebla se extendía todo a su alrededor, haciéndole recordar la fatídica noche que sello sus destinos.
En realidad, por un momento se preguntó si no habría sido todo, una horrible pesadilla.
Quizá había empezado a resentir la gastronomía europea y adolecía de gastroenteritis en algún sanatorio. Con una fiebre de 40 que le había hecho delirar toda una historia de matanzas con final dramático incluido.
Y ahora estaba de nuevo ahí, en el punto de partida. Listo para una nueva carrera.
Solo esperaba que no se tratara de una de esas alucinaciones en loop. Dónde desesperadamente tratabas de cambiar trozos de historia intentando modificar el final, sólo para enfrentarlo siempre inexorable.
Sería una tortura muy larga y no deseaba cruzarla.
El sonido de un cencerro llamó su atención, no lo recordaba de aquel día.
Quizá finalmente sería una historia diferente, la idea incluso le alegró.
Quiso seguir el sonido, pero esté se fue modificando, ya no era un cencerro (tal vez nunca lo había sido) ahora eran tapas de basurero aporreadas.
No, era un silbato.
Espera, más bien una sirena de auto.
O sólo eran pisadas en el asfalto...
Bajó la mirada y descubrió que su sendero era de pasto, dio algunos pasos sin apartar la vista por si lograba detectar el momento en que se modificaba y entonces topo con otros zapatos.
Los conocía.
Alzó la mirada con una mezcla de miedo y esperanza. La visión de su último recuerdo era horrenda, pero aun así extrañaba su presencia.
Jack sonrió cuando sus miradas se encontraron.
—¡Hey, amigo! ¿acaso estabas perdido?
Inquirió afable, el pliegue de su sonrisa en la mejilla y la luz divertida en su mirada. Ni rastro de la sangre, los girones de carne o el percudido de sus huesos.
David lo abrazó, como nunca lo había hecho, con desesperación y cansancio.
—¡Oh Dios míos! Que gusto verte bien, te extrañe tanto.
Gimoteo, Jack le palmeo la espalda.
—Lo sé amigo, lo sé. Pero al final lo lograste, lo siento.
Pronunció amable, su amigo aflojó el abrazó y se separó para mirarlo.
—ah... entonces...
—Así es David, todo ha sido cierto y ahora estás muerto.
Pronunció con calma Jack sin dejar de palmearle la espalda. David sintió que sus rodillas flaqueaban y se sostuvo de él.
Las nubes se descorrieron y una luna llena les iluminó de golpe. Ante el resplandor el muchacho de cabellos rizados se encogió poniéndose en cuclillas y tratando de protegerse con los brazos.
—No, no, por favor, no de nuevo.
Suplicó, Jack lo tomo de los brazos y lo obligó a levantarse.
—Tranquilo, es la Luna Azul. Todo ha terminado, podemos seguir.
Pronunció amable, David siguió llorando.
—Soy un asesino.
Declaró apesadumbrado, su amigo le tomo del brazo.
—No, ambos hemos sido víctimas. Por eso me quedé a esperarte. Hacía dónde vaya este camino. Vamos a hacer el viaje juntos, cómo siempre.
Concluyó mortalmente serio.
David asintió dejándose llevar y ambos desaparecieron entre la niebla.
