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—Vamos a llegar tarde, este tío es un tardica.—Dijo Rus, cansada y enfadada.
Era la noche de Halloween, Paul iba a salir a una fiesta con sus amigos para disfrutar y desconectar, por un rato, del agobio de su trabajo. Para hacerlo más divertido, habían decidido no decirse de qué iban a ir disfrazados y que fuera sorpresa. Según habían llegado a casa de Paul, habían ido desvelando los disfraces: Bea iba de bruja, Rus iba de niña diabólica, Salma del payaso de It, Lucas de hombre lobo y Nai de Monster High. Paul, por su parte, se había disfrazado de capitán Garfio derrotado en la batalla, y estaba bastante orgulloso del resultado final. El único que faltaba por descifrar su disfraz era Álvaro, que para sorpresa de ninguno, llegaba tarde.
—Como tarde 10 minutos más nos vamos sin él.—Dijo Salma, enfadada también, uniéndose a las quejas de Rus.
Pero justo en ese momento, el timbre sonó, indicando que el rizado ya había llegado.
Bea fue a abrir la puerta, y cuando vio la imagen del chico no pudo evitar ponerse a reír a carcajada limpia.
—¿Qué pasa? ¿Tan feo voy?—La voz de Álvaro se escuchó desde la puerta, haciendo que todos miraran.
Y fue entonces cuando los demás también rieron, no porque fuera feo, sino porque todo parecía una broma del destino.
—Y será verdad.—Dijo Paul, tapándose la cara. Delante de él tenía a Álvaro Mayo, a su Álvaro Mayo, disfrazado de Peter Pan con moretones y heridas, como representando que acababa de pelear contra Garfio.
Álvaro y Paul llevaban siendo amigos desde hacía un año, cuando el sevillano entró el grupo gracias a Bea, al conocerla en la academia de canto. Desde ese momento, aunque se habían convertido en muy buenos amigos, Paul estaba absolutamente pillado del chico y de sus rizos, su acento sevillano, su desparpajo innato y sus ojos de cervatillo.
—¡Pablo! Me has copiado.—Dijo él, sonriendo, cuando vio el disfraz del chico.
—Vais a ser una pareja lindísima.—Dijo Nai, con ternura y rintintín en su voz.
—Mi Garfio, ven aquí.—Dijo Álvaro riendo, pidiéndole un abrazo al granadino.
Todos sabían que Paul estaba enamorado de Álvaro, incluso el propio Álvaro tenía sus sospechas. Pero lo que ninguno sabía es que Álvaro hacía meses que también estaba confundido sobre qué sentía hacia el chico con el que tanto tiempo compartía y el que tanto le hacía reír.
—¿Quién ganará esta noche la batalla?—Dijo Ruslana, aún muerta de risa.
—Peter Pan, desde luego. Los buenos siempre ganamos.—Dijo Álvaro, seguro de su respuesta.
—Ya veremos, listillo.—Dijo Paul, haciéndole cosquillas para picarle.
**
Llevaban ya una hora en la fiesta, y la verdad es que se lo estaban pasando bastante bien. El alcohol y la música alta contribuían a aquello, claro, haciendo que todos se desinhibieran un poco más y bailaran y cantaran sin vergüenza ninguna.
Álvaro estaba bailando con las chicas cuando vio cómo una chica disfrazada de pirata, igual que Paul, se acercaba a hablar con él. Bebió de su copa, intentando tranquilizarse, pero le fue imposible ignorar los celos que le estaba naciendo en el estómago, sorprendiéndole incluso a él mismo. Paul y él no tenían nada, ni siquiera tenía derecho a ponerse así. Pero no podía negar que esa imagen de Paul riendo con una persona que no era él le calentaba desde dentro, y no precisamente en el buen sentido.
—Vamos al baño, que no encontramos a Lucas y Nai.—Gritó Salma, encima de la música.
—Sí, vamos. Voy a avisar a Paul.—Contestó él.
—Pero no hace falta que…—Salma intentó frenarle, pero su voz quedó oculta mientras él se alejaba para buscar al chico.
—¡Polito!—Dijo, cogiéndole de la cintura, con firmeza. La camisa de Paul era lo suficientemente fina para notar la piel caliente del chico con su tacto, y Álvaro aprovechó para hacer círculos despacio sobre la piel del chico—Vamos al baño.
Paul se quedó sorprendido cuando escucho la voz de Álvaro, sobre todo al notar el tacto de sus manos en la cintura y los caminos que sus dedos marcaban en ella. Detectó algo de celos en el agarre que hacía el sevillano, y aunque le había jodido que interrumpiera esa conversación tan interesante con Olivia, que claramente estaba intentando ligar con él, no podía estar un poco emocionado al percibir esa emoción en Álvaro.
—¿Para qué? Id sin mí.—Dijo Paul, probando un poco al chico, sin dejar de mirar a Olivia. Eso, lejos de convencer a Álvaro, hizo que tuviera más ganas de llevárselo de ahí, así que no dudó.
—Es que es por Nai y Lucas, venga.—Dijo Álvaro, cogiéndole de la mano.—Adiós cariño.—Le dijo a la chica. Paul se despidió de ella encogiendo los hombros, sin poder evitar una sonrisa en su cara, y se dejó llevar por el sevillano hacia los baños.
Se reunieron en el baño de chicas, que sorprendentemente estaba vacío. Ahí encontraron a Nai y Lucas, los cuales estaban enfrente del espejo retocándose el maquillaje.
—¡Por fin juntos!—Dijo Rus, la cual se había agobiado un poco al ver que no encontraban a sus amigos.
—¿Nos hacemos una foto?—Dijo Salma, y todos se pusieron donde estaban Nai y Lucas frente al espejo.
—Esperad, que aprovecho que ahora no hay nadie y meo.—Dijo Paul, el cual estaba ligeramente achispado por los efectos del ron cola.
—Polito, tío, espérate.—Dijo Salma, riéndose con su reacción.
—Tssss espera tu, Salmonela.—Dijo él, riendo, entrando al baño a hacer pis. Álvaro negó con la cabeza, riendo, gesto que no pasó desapercibido para Bea.
—Y a ti, ¿qué?—Dijo la chica, mirando al sevillano.
—A mí nada amore.—Dijo este, intentando distraerla dándole un beso sonoro en la mejilla.
—Ya, claro. Tú y yo tenemos que hablar luego, señorito.—Álvaro asintió riendo, y cuando Paul salió, todos se pusieron para la foto, saliendo después de nuevo a la discoteca.
**
Los amigos estaban bailando, en círculo, disfrutando del alcohol, las luces y la felicidad que experimentaban en ese momento. Empezó a sonar “Fiebre”, uno de los temazos del grupo, y todos se volvieron locos con la canción.
—Yo sólo te bailo a ti.—Cantó Paul directo, mirando hacia Álvaro.
El chico se acercó al pirata, y comenzó a bailar con él, mucho más pegado de lo que haría en otras circunstancias. Paul no entendía nada, pero estaba disfrutando de la experiencia, y su corazón latía algo desbocado al ver al chico por el que llevaba loco mucho tiempo tan disfrutón y juguetón. Aprovechó la cercanía para pasar sus dedos por el hueco que dejaba el disfraz del sevillano en su cintura, y le agarró con firmeza, dejando muy claras sus intenciones. Álvaro sonrió con ese gesto, y pasó sus manos por alrededor del cuello del chico, dejando una suave y sutil caricia por él.
—Había muchos chicos pero a ti te vi el primero.—Canturreó Álvaro, peligrosamente cerca del oído de Paul.
Las amigas de ambos, mientras tanto, habían dejado de bailar para ver el espectáculo que estaban teniendo. Ninguna entendía nada, no sabían si estaban haciendo eso como un juego o movidos por atracción de verdad. Pero Bea, que había visto la mirada del baño del sevillano, sabía que no era solo Paul quien tenía sentimientos, sino que algo estaba pasando en la mente de Álvaro.
—¡Vamos al..—Dijo Bea, agarrando a sus amigas para que entendieran que tenían que irse y dejarles espacio. Sin embargo, no era capaz de pensar en una excusa decente en ese momento, y le entró la risa con la situación.
—Al baño.—Dijo Nai, improvisando, y todas se fueron corriendo de ahí. Sin embargo, ninguno de los dos se enteró de que sus amigos se habían ido.
Siguieron bailando, centrados sólo el uno en el otro. Álvaro era más que consciente de la mirada de deseo que tenía el granadino, y sabía que la suya no decía nada que fuera diferente. Sus ojos se habían desviado, casi inconscientemente, a los labios de Paul, y le estaba siendo dificil redirigir la mirada de nuevo. Verle tan guapo, tan canalla y tan cerca estaba siendo una experiencia casi angelical para él. No podía dejar de pensar en lo increíble que le resultaba que el chico siguiera oliendo tan bien como lo hacía siempre incluso a pesar de llevar ya horas ahí metidos, con tanta gente y sudor alrededor.
Pero la magia, como en los cuentos, se esfumó en cuanto la canción acabó y ambos se separaron, saliendo también así del trance que acababan de experimentar.
—Vaya vaya Pablo, no te hacía yo buen bailarín.—Dijo Álvaro, intentando calmar sus propios latidos con lo que mejor sabía: el humor y la ironía.
—Es que solo lo soy en ocasiones especiales.—Dijo él, también riendo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaban solos, y que, conociéndolas, sus amigas lo habrían hecho a posta.—¿Y las chicas?
—Uy, pues no se.—Dijo Álvaro, sin darle importancia.
Paul entonces empezó toda una batalla interna. ¿Se lanzaba? Si sus amigas se habían ido, era porque habían percibido algo de química. Él, de hecho, había sentido algo parecido a la ¿tensión?¿A las ganas? por parte de Álvaro, pero no sabía si eran inventos suyos que fluían por sus ganas de que fuera correspondido. No podía lanzarse, porque si salía mal iba a ser incomodísimo. Eran amigos, más allá de qué sintiera Paul. No podría perdonarse perder su amistad, porque no se imaginaba la vida sin Álvaro.
El sevillano, por su parte, también luchaba contra sus propios pensamientos. ¿Por qué Paul no se lanzaba? Estaba seguro de que le había mandado señales más que claras durante toda la noche. Le había separado de la chica con la que claramente estaba ligando, le había mirado toda la noche, se había acercado a bailar de una forma muy poco amigable con él, le había mirado los labios en repetidas ocasiones… ¿por qué no se lanzaba? ¿Habría malinterpretado al chico? ¿Ya no le gustaba?
—Pero, ¿y vosotros?—Dijo Salma, apareciendo por un lateral, con cara de no entender la situación.
—Y nosotros, ¿qué?
—Hijo Paul, que has desaprovechado la opor..—Dijo Ruslana, antes de que Paul le tapará la boca con la mano.
Y ese gesto, tan inocente y tan divertido, no pasó desapercibido para Álvaro, el cual pudo respirar aliviado. No había malinterpretado nada, Paul quería besarle. Sólo que quizá no había encontrado la fuerza para hacerlo.
**
La noche estaba prácticamente llegando a su fin. Eran las 5 de la mañana, y sabían que a las 6 cerraba el sitio. Era ahora o nunca, y Paul lo sabía. Álvaro también. Pero ninguno sabía cómo hacerlo.
Salma había ligado con una chica muy guapa, y se había ido con ella a dar una vuelta fuera del espacio cerrado de la discoteca, por lo que en vez de ser 6 en ese momento eran 5. Ellos seguían bailando, pasándoselo genial, haciendo videos de la noche y varias fotos para tener un recuerdo que comentar al día siguiente muertos de resaca. Pero entonces, sonó una canción que lo cambió todo.
"Deja que te bese", de Alejandro Sanz, sonaba en la discoteca en ese momento. Esa canción había sido una de sus favoritas durante el viaje que hicieron el año pasado en vacaciones, así que se la sabían todos a la perfección, y sabían disfrutarla como era debido. Sin embargo, Paul nunca se había parado a escuchar la letra, que decía: "de verdad no tengo miedo, pero ahora es cuando quiero que me dejes que te mire y que te bese, si es que puedo". Tras escuchar esos versos, y justo mientras sonaba el estribillo, Paul miró a Álvaro, el cual estaba a su lado, también mirándolo.
Y entonces, como si mentalmente se hubieran dado cuenta de lo mismo a la vez, ambos acortaron el espacio con urgencia y juntaros sus labios como un puzzle perfecto. Paul agarró a Álvaro de las caderas, de nuevo con urgencia, pegándole a su cuerpo todo lo que las dimensiones de la física le permitían. Álvaro, al notar la pasión de Paul, le agarró también del cuello, justo como lo había hecho mientras bailaban. Sus labios se movían tan acompasados que parecían que estaban hechos para besarse mutuamente toda la vida, entendiendo el ritmo del otro y, simplemente, hablando en otro idioma que no necesitaba palabras.
Se separaron para coger aliento, y a ambos les entró la risa por lo surrealista que parecía la situación. Dos amigos que se conocían a la perfección acababan de darse el mejor beso de sus vidas, incomparable a cualquier otro que se hubieran dado con nadie antes.
—¿Me acompañas a fumar?—Dijo Álvaro, entendiendo que no era plan de continuar con los otros mil besos que quería darle al chico delante de sus amigas. Paul no contestó, solo le dio la mano, negando con la cabeza mientras se mordía el labio, y tiró de él para ir fuera como le acababa de pedir el chico.
—Lo último que me esperaba que pasara esta noche.—Escuchó Álvaro decir a Lucas, riendo, cuando se giraron brevemente para avisarles de que se iban fuera un rato.
Buscaron entonces un banco donde poder sentarse, pero todos estaban ocupados de parejitas haciendo exactamente lo mismo que quería hacer ellos, así que con poca paciencia, Álvaro paró a Paul para seguir besándole de pie, sin importarle nada más que volver a sentir su lengua bailar sobre sus labios.
Paul no pudo evitar reírse ante el gesto del chico, frenando el beso del sevillano ligeramente. Pero rápidamente volvió a entreabrir sus labios para continuar exactamente por donde lo habían dejado dentro de la discoteca.
Esta vez, la pasión del beso era mayor que la del primero, y Paul no pudo evitar dirigirse hacia ese tatuaje que tenía Álvaro detrás de la oreja, y que tan loco le volvía desde que le conocía. Despacio, sin prisa, fue moviendo sus besos delicados hasta ese punto, el cual provocó que el cuerpo de Álvaro se erizara sin control.
—Joder, Pablo, qué estamos haciendo.—Dijo él, cerrando los ojos para disfrutar de la sensación de la barba del chico en su cuello.
—Disfrutar. Es el alcohol.—Dijo Paul, con un poco de miedo de que el chico se estuviera arrepintiendo. Abandonó entonces el cuello para mirarle de cerca, a escasos milímetros de sus labios, aún sonrojados y brillantes por lo que acababan de pasar.
—No es el alcohol, yo llevo queriendo hacer esto mucho tiempo.—Dijo Álvaro, pasando suavemente el pulgar por encima del labio inferior del de Granada.
—Menos mal, porque yo también.—Dijo Paul, sonriendo, antes de dejar un beso corto en los labios del chico.—Ahora que se que no te vas a arrepentir, ¿podemos entrar con las demás para despedirnos y decirles que nos vamos a casa?
—¿Despedirnos?¿A casa?—Dijo Álvaro, sonriendo pero muy confundido.
—Sí, despedirnos para poder continuar todo esto en otro sitio, concretamente en mi salón, si te parece bien. No tiene que pasar nada más que unos besos, pero no me gusta sentirme tan expuesto y...—Álvaro notó como Paul se ponía nervioso, y no pudo evitar reírse ligeramente antes de taparle la boca con la mano, como había hecho anteriormente él con Ruslana.
—Sí a todo, vamos.—Dijo él, acariciando su cara después de quitar la mano de sus labios para ir con sus amigas.
Esa noche, al final, Paul tenía razón: No había ganado la batalla Peter Pan, sino que ninguno perdió la batalla, y consiguieron salir victoriosos de ese Halloween tan especial y tan poco tenebroso. Lo que si pasó, desde luego, es que a ambos les cambió la vida para siempre.
Fin <3
