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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-11-09
Updated:
2024-11-09
Words:
3,126
Chapters:
1/2
Kudos:
2
Hits:
26

¡La boda! ¡Tendremos una boda!

Summary:

Kyonosuke nunca le dice que no a Reiki.

¿O sí?

Notes:

Uno siempre regresa a donde es feliz. Y yo soy feliz escribiendo cursilerías. (?)

Chapter 1: Vainilla.

Chapter Text

Octubre.

¿Había pasado tanto tiempo ya?

Aún podía escuchar a Lime quejarse de Reiki, quien no dejaba de arrojarle pétalos de sakura, alegando que le sentaría muy bien a su atuendo. Claramente, al contrario no le hacia mucha gracia y en más de una ocasión vio como encerraban a su querido revoltoso en la camioneta.

¿Reiki se enojaba? Por supuesto que no. Nada podía hacer que este se molestara.

Su vocalista incluso llegó a esconderle su teléfono, solo para jugarle una broma. Él también podía divertirse, aunque fuera de diferente forma. Ese día, Reiki se volvió loco buscando su preciado aparato, mientras más de uno reía por lo torpe de su andar. Buscó en el baño, en la cafetería, en la oficina, en los pasillos, detrás de su batería y también secuestró el bolso del más bajo.

Yue tuvo piedad de él y le susurró al oído dónde estaba. Esto disgustó a Lime, por supuesto, y ambos tuvieron una graciosa discusión por los pasillos de la empresa.

Aún no podía acostumbrarse a ver al más bajo tan alegre y risueño. Sin embargo, esa personalidad tan colorida se la debía completamente a su bajista, Yue. Había pasado un tiempo desde que este contó abiertamente acerca de sus sentimientos por Lime, lo cual todos sabían (menos el propio Lime). No obstante, ninguno esperó que, días después, anunciaran formalmente su relación.

Reiki fue el más emocionado. Él, en cambio, analizó la situación en la comodidad de su sala, una vez que todas sus actividades finalizaron.

Podía recordar perfectamente lo destruído que estaba Lime luego de romper su anterior relación. No solo él lo hizo, todos en su trabajo notaron el drástico cambio de un día al otro. Lime no comía, no sonreía, no se molestaba (y eso era algo muy grave), no gritaba ni tampoco tenía ánimos de cantar en los ensayos. Su voz, su instrumento más valioso, se dañó en el proceso y eso lo deprimió aun más.

¿Y si, a raíz de esto, la historia se repetía?

Ya no se trataba de una persona ajena a ellos. La situación era seria, se trataba de su bajista, su amigo y miembro formal de la banda. No sería capaz de tomar partido por alguien en el futuro, sería algo doloroso que la banda se disolviera por un problema interno entre ellos.

O peor. Que uno de los dos abandonara la banda.

¿Qué podía ser peor?

‘’No deberías pensar en cosas tristes, Bizcocho.’’ La voz de Reiki resonó en su mente, usando aquel característico apodo. El otro decidió comenzar a llamarlo así por culpa de su más grande antojo: los bizcochos que Kyonosuke preparaba. Sin importar el momento, lloviera o nevara, si Reiki quería comer bizcochos, bizcochos es lo que obtenía. No tenía el corazón para negarle algo.

Claro, tampoco es que quisiera negarle algo al guitarrista.

Lo que lo llevaba a pensar: ¿Qué era lo que sentía por Reiki?

¿Se trataba solo del cariño que tenía por su amigo o en realidad era algo más complicado que eso?

Estaba seguro de que adoraba a Reiki con todo su corazón. El contrario era su persona de más confianza en el mundo, podía contarle cualquier cosa sin titubear, por más vergonzosa que fuera. Reiki fue el único que lo vio llorar por una película dramática (que el otro eligió, pero que él estuvo de acuerdo), así como también jamás se quejó de que, a veces, solo algunas veces, se burlara de él por esa clase de gustos.

Con los demás, era fan de las películas de acción y comedia, le encantaba el boxeo y las artes mixtas, pero con Reiki.. Con Reiki dejaba ser su lado más sensible. Aquel que nunca mostraba al público. Solo él tenía el privilegio de conocerlo por completo.

¿Y por qué se estaba replanteando su relación en ese momento?

‘’Porque lo quieres.’’ Se dijo a sí mismo.

Lo quería… ¿Como amigos o como Yue adoraba el suelo por el que Lime caminaba?

Soltó un largo suspiro y el sonido de su teléfono le dio un buen susto en medio de tanto silencio. Tal vez fue eso lo que lo hizo pensar tanto, el silencio de su departamento, lo solitario que se sentía al no tener al menor cerca. Si Reiki estuviera allí, estaría revolviendo algo en los cajones, buscando algún yogur de vainilla que siempre guardaba para él o revisando el catálogo de alguna aplicación de streaming en su televisión. Siempre le permitía hacer lo que quisiera en su hogar, siempre y cuando no estuviera en peligro en el proceso.

Y otra vez estaba desvariando.

—¿Qué fue lo que hizo que tardaras tanto en responder?

La voz de Reiki al teléfono lo hizo saltar de su asiento. ¿Había pensado en voz tan alta?

—Nada, solo no encontraba mi teléfono —intentó reír un poco para sonar más convincente—. ¿En qué puedo ayudarte, Vainilla?

Un quejido bastante audible llegó a través de la línea, sacándole una carcajada.

—No me digas que aún te avergüenza. ¡Pasaron años!

Era algo común que el otro se avergonzara ante la mención de tal apodo. Si tuviera que hacer una lista con los momentos más vergonzosos de Reiki, ese momento entraría definitivamente en uno de los tres primeros lugares. ¿Por qué? Muy sencillo. Nadie más que él, vio a Reiki mancharse con yogur de vainilla mientras tenía una mascarilla en su rostro.

Aunque eso no era lo único que recordaba, sino también el comentario que le siguió a ello: ‘’Si lo untas en mis labios, voy a verme extraño.’’ Ambos rieron después de eso, pero Kyonosuke no pudo evitar dirigir sus pensamientos hacia otro sitio con una declaración así.

¿Por qué? Quería, y a la vez, no quería saberlo. No necesitaba más pensamientos extraños por ese día.

—¡Eso no tiene importancia! —exclamó a través de la línea. Kyonosuke no agregó nada más, así que continuó—: Quería saber si tienes planes para este Halloween. Ya sabes, alguna fiesta, un encuentro alocado o solo dormir en tu aburrida cama.

Pensó unos segundos antes de responder—: Por el momento no, así que pasaré Halloween en mi aburrida cama —casi podía escuchar al otro poner sus ojos hacia el techo, con una expresión de disgusto en su cara—. Imagino que tú tienes el plan más emocionante del mundo, ¿verdad? ¿Te acompaño a buscar golosinas?

—¡Bizcocho! ¡No puedes quedarte en tu casa, es Halloween! —se quejó, a lo que él solo pudo reír por su arrebato. Así era Reiki—. Iremos a buscar dulces, pero a una fiesta. Hay que combinar disfraces, así que saldremos de compras.

Si había algo que le gustara a Kyonosuke, era dejarse llevar por las ideas locas del contrario. Se trataba de algo tan común, que no necesitaba su aprobación, Reiki sabía que su respuesta siempre sería afirmativa, por más tonta que fuera su propuesta.

Y así fue, ambos terminaron en un centro comercial, con el más bajo dirigiendo el paso y él cargando alguna que otra bolsa. No le molestaba, más bien lo prefería de ese modo, así el otro tenía más libertad para moverse de aquí a allá, arrastrarlo y cotorrear acerca de lo que hubiese llamado su atención. Era entretenido para él verlo y escuchar sus comentarios.

—¿Tienes alguna idea en mente? —preguntó de repente Reiki.

Fingió estar ojeando los diferentes disfraces y negó—. No, no soy muy bueno en esto. Podríamos ir vestidos de vampiros, pero es algo muy poco original y sé que quieres algo más divertido —el otro asintió, tenía razón—. Aquí no hay mucha variedad, son todos disfraces clásicos. ¿Tal vez deberíamos buscar en otro sitio?

Reiki estuvo de acuerdo y regresaron a caminar, pero en medio de la búsqueda, él se sintió atraído por un lugar diferente al que buscaban. No eran disfraces los que tenían en exposición, sino vestidos de novia. Imposible para él no remontarse a su vestimenta en el 2018, con su single Steroid.

¿Sería posible..?

—¡Bizcocho!

El mencionado saltó en su sitio por el repentino grito. El más bajo desvió la mirada hacia lo que llamaba su atención y silbó.

—¿Pensaste en El Cadáver de la Novia? —preguntó, mostrando cierto interés.

Asintió.

En realidad nunca pensó en aquella película como una opción, pero si a su compañero le gustaba la idea, entonces sí. En ese caso, había pensado en esa película y también iba a mencionarle la idea de llevar ambos disfraces a la fiesta.

Todo en lo que podía pensar era en la brillante sonrisa de Reiki, satisfecho con su disfraz.

(...)

Los días previos a la fiesta de disfraces de Halloween fueron bastante estresantes para el baterista. Quitando de la lista los ensayos, dos fechas en menos de una semana y que Yue parecía bastante interesado en utilizar el botón de ‘’omitir’’ en lo primero, había pensado bastante de más. ¿Por qué? Ni siquiera él lo sabía.

Al final de todo, él y Reiki decidieron que irían disfrazados como Emily y Víctor, respectivamente. Pero con una horrible condición que Kyonosuke estuvo muy tentado a refutar: tendría que usar un vestido de novia, rasgado y con algunos rasguños por aquí y allá.

Estaba de acuerdo en no utilizar su traje de Steroid, podía lidiar con ello. ¿Usar un vestido de novia auténtico? Por supuesto, no tenía problema. Usar vestidos era bastante cómodo para él, o mejor dicho, todo lo que incluyera alguna clase de falda. Pero, ¿maltratar un precioso vestido de novia para una sola ocasión y luego echarlo a la basura? Jamás.

La discusión no solo se trasladó hacia su lugar de trabajo, sino también a sus hogares y amigos, quienes no podían creer que ambos estuvieran discutiendo por una tontería como esa. Al menos Lime opinaba así, no sería la primera vez que rompieran alguna prenda a propósito, con motivos artísticos claro, más tratándose de Kyonosuke, el que siempre tenía cosas nuevas para innovar e impresionar al mundo.

Era inverosímil que el baterista no quisiera probar algo que ya hizo en el pasado, que por cierto, fue todo un éxito. Además, un poco extraño que se atreviera a negarle algo a su adorado Reiki.

Este se mostraba más torpe de lo usual, y un poco gruñón. Yue comenzaba a preocuparse y fue por esa razón que decidió cambiar de destino esa tarde. En lugar de ir a casa con su pareja, el bajista condujo hasta el departamento de Reiki con una caja de pizza y algunas cervezas. Nada podía salir mal de una visita así, o tal vez sí, pero prefería ser optimista y pensar en que podría hacer entrar en razón a uno de los dos.

Y lo mejor sería empezar por el más revoltoso de ellos.

Al llegar al edificio, envió un mensaje y subió por el ascensor. Después de lo acontecido con Lime y su depresión que lo volvió mucho más impulsivo que de costumbre, Kyonosuke dispuso que todos debían tener acceso a las viviendas en algún caso de emergencia. Sin contar claro, el botiquín de primeros auxilios como medida preventiva.

Por otro lado, Reiki intentó deshacerse del desorden en su hogar. Escondió algunas frituras en la alacena, dejó la ropa sucia en el cesto del baño y ordenó los zapatos esparcidos por la entrada de su casa. En realidad, él no era así, pero desde que las cosas con su mejor amigo resultaron mal, todo comenzó a estar de la misma forma.

Se sentía extraño no tenerlo encima como siempre, aunque no de forma literal, sino en los pequeños recordatorios que dejaba. Esos detalles tan tontos que incluso a él se le olvidaban, al igual que los medicamentos que debía tomar cada vez que se enfermaba, pero allí estaba el otro para programar alarmas por si acaso. Siempre estaba en todo, nada podía salir mal si Kyonosuke estaba allí para él.

—¿Reiki? —se oyó desde la puerta. Su compañero estaba allí y él suspiró, el orden podía esperar un día más.

Permitió que ingresara a su hogar y en menos de diez minutos, el más bajo ya estaba llorando en el hombro ajeno, expresando cuánto extrañaba al de cabello rosa. Sin embargo, en ningún momento habló acerca del problema en el que estaban metidos y esto puso en un dilema a Yue.

¿Por qué no soltaba el té de una vez?

—¿Y por qué no se lo dices a él? —preguntó, despacio. Yue deslizó su mano de arriba a abajo por la espalda ajena, dándole un poco de tranquilidad al otro. Se escuchó un suspiro largo—. Estoy seguro de que él también te extraña, se siente extraño que estén así, tan… lejos el uno del otro.

Reiki se irguió en el sofá, limpiándose las lágrimas. Se sentía acompañado, pero al mismo tiempo seguía siendo insuficiente, porque no era la persona con la que quería estar. Y no podía evitar sentir culpa por ello.

—Porque fue mi culpa —comenzó, lentamente. Yue se acomodó mejor en su asiento y asintió, demostrando que tenía toda su atención—. ¿Recuerdas que tenemos una fiesta de Halloween? —el otro asintió—. Decidimos usar un disfraz a juego, algo que fuera divertido y yo elegí que fuera El Cadáver de la Novia. El problema… bueno… —bajó la mirada, sintiéndose estúpido por armar un escándalo así por una tontería como esa—. Kyonosuke no quiere arruinar un vestido de novia solo por una fiesta. Él se molesto conmigo por ello, dijo que no iba a hacerlo y era su última palabra.

El bajista se sorprendió por la última frase, y si conocía a Kyonosuke lo suficiente, este jamás le había negado algo a Reiki, por más tonto que fuera. El hombre se prestaba para cualquier cosa que lo incluyera, era imposible que dijera algo así sin una buena razón aparente; y estaba seguro de que la ropa era algo lo suficientemente importante como para negarse a continuar con su plan.

—¿Y no se te ocurrió buscar una solución en forma de otro disfraz?

Negó, jugando con sus dedos, visiblemente nervioso—. No lo hice. ¿Por qué? Él aceptó acompañarme vestido de Emily, y su vestido está rasgado en algunas partes. Es algo que no se puede omitir en el disfraz, ¡tiene que ser así!

Oh, amigo. No sabes el monstruo caprichoso que has creado.

Yue suspiró antes de responder—: ¿Kyonosuke alguna vez te ha dicho que no, Rei?

El silencio de la habitación le dio la respuesta que esperaba.

Reiki no estaba molesto por el disfraz. Lo que a este le molestaba era recibir un “no” como respuesta, de parte de quien jamás le dijo que no. Solo estaba haciendo un berrinche tan tonto, que ni él lograba darse cuenta de lo mucho que les estaba afectando a ambos.

—Bizcocho nunca me dijo que no. ¿Por qué lo haría ahora? Siempre está de acuerdo conmigo, pensamos igual, somos idénticos —habló de repente, sorprendiendo al mayor—. Me gusta muchísimo pasar tiempo con él, sé que a él también porque sabe los alimentos que me dan alergia, lo que suelo pedir y lo que no. Yo también sé que a él le gusta su café con azúcar en la tarde, no por la mañana, porque prefiere tomar té en botella con un sándwich. A veces cuando se queda a dormir, le dejo mi almohada porque es más pequeña y evita que se mueva mucho en la cama. —Yue no escondió la sonrisa que salió de sus labios, escuchando atentamente la verborrea del contrario—. También le emociona mucho ver a un perro salchicha, dice que es su perro favorito y algún día planea tener uno. O cada vez que termina una gira, se encierra en su casa un fin de semana entero para que hagamos rutinas de skincare y mascarillas para el cabello.

A medida que hablaba, las mejillas del rubio se tornaban de un rosa casi pálido, bastante adorable. Reiki no lo notaba, pero estaba soltando su corazón frente a Yue y este lo disfrutaba tanto como su película favorita.

—Él cree que no lo noto, pero yo sé que hace caso a mis recomendaciones. Así como yo sigo sus instrucciones. Me gusta cuidarlo cuando viene a casa, porque sé que él me cuida todo el tiempo, y lo sé, soy consciente de ello. Finjo que no, así él no deja de hacerlo.

—Reiki… —quiso interrumpirlo, pero el otro alzó la mano, negándose.

—Me siento terrible por haberle gritado de esa forma, sé que no debí hacerlo. ¡Fue estúpido! Debería haber cedido y ya, ¿verdad? —él no respondió—. ¿Qué tan mal puede hacerle a la idea, que Kyonosu lleve un vestido de novia en una pieza? Seguiría siendo la misma idea, el mismo juego. Él, mi Emily, yo, su Víctor.

Las últimas palabras terminaron por cerrar su teoría al bajista y sonrió, como si hubiera descubierto la tumba de Cleopatra.
Reiki estaba enamorado. Demasiado enamorado de Kyonosuke.

(...)

Llegado el día de la fiesta, ambos estaban tan confundidos acerca de sus sentimientos que no fueron capaces de enviar algún mensaje al otro.

Reiki, por un lado, se sentía tan avergonzado de su númerito, que prefirió quedarse callado hasta reunir el coraje suficiente para disculparse. Esperaba que pudiera ser antes de la hora pactada, pero al parecer eso no iba a suceder. A pesar de esto, él seguía manteniendo la idea fija de ir vestido tal y como ambos habían decidido: como Víctor Van Dort.

Además, ¿qué iba a decirle? ¿”Lo siento por ser un caprichoso”? ¿”Discúlpame por ser un idiota”? Había tantas formas de hacerlo, pero ninguna se sentía correcta. ¿Por qué? Ni siquiera él lo entendía.

Necesitaba disculparse con él y pronto, si no quería que la situación escalara y perdiera por completo a su mejor amigo.

Pero, ¿Kyonosuke se sentiría igual que él? ¿Lo extrañaba tanto como él? ¿Qué tal si en realidad estaba mucho mejor sin su fastidioso e incontrolable ser? ¿Y si ya había conseguido un nuevo mejor amigo? Le aterraba solo pensar en que el baterista compartiera sus actividades con alguien más que no fuera él. No quería que alguien más ocupara su lugar, ese sitio solo le pertenecía a él y a nadie más que él.

No quería que nadie más viera películas dramáticas con él. Tampoco quería que Kyonosuke compartiera sus tardes de domingo con nadie más que él. No tenía por qué decirle a otra persona sus secretos más profundos, él podía guardarlos muy bien (por no decir que olvidarlos y luego refrescarlos en alguna charla demasiado profunda). Era algo inaudito que el contrario compartiera su taza favorita con alguien más que no fuera él.

¡Él quería ser el único especial en la vida de Kyonosuke!

Y… la papa frita que sostenía entre sus dedos cayó al suelo.

Rápidamente buscó su teléfono, marcó un número en especial y al tercer timbre, la voz aplastada de Lime respondió—: ¿Reiki?

—Estoy enamorado de Kyonosuke.