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31 de octubre.
9:00 AM.
A Katsuki no le importa halloween. Pero lo odiaba.
No le importaba vestirse, ni pedir dulces. Tampoco tener que ir a fiestas de esa temática con sus amigos, y ver a todos disfrazados de cualquier mierda que hayan visto en la televisión de su hogar. No le importaba un carajo.
Le importaba él. Porque lo amaba.
Al fantasma que aparece junto a él cada que abre los ojos un 31 de octubre de cualquier año. Le importaban los ojos verdes grandes, le importaban sus pecas, le importaba su piel y su sonrisa.
—Hey… —Él dijo, dándole una sonrisa. Y Katsuki lo observó somnoliento, tratando de captar que finalmente había vuelto—. ¿Me extrañaste?
—No. —Sí. Sí lo hacía.
—Sí, claro... Kacchan —Izuku traspasó la ventana de la habitación de Katsuki, flotando para quedar justamente frente al rubio—. ¿Qué planeas hacer hoy?
—Aguantar tu maldita presencia hasta que el día se acabe. —Con pereza, se levantó de su cama, colocándose sus pantuflas y dirigiéndose al baño. Izuku siguió su paso.
—Kacchan, realmente estoy aburrido y apenas tengo minutos de haber aparecido, ¿qué me cuentas de tu año? ¿cuántos amigos tienes ahora?
Katsuki pensó en lo ocurrido, y solo podía pensar en las veces que lo había extrañado y lo rápido que quería que Halloween llegara. Sin embargo, no iba a decirle eso.
—Kirishima sigue siendo mi amigo.
—¡Eso es bueno de escuchar! ¿Qué hay de los demás?
—Kaminari y Jirou terminaron por un tiempo y el grupo se disolvió. Pero ahora todo está bien. —Tomó la pasta de dientes del lavamanos, colocándola en su cepillo y luego llevándolo a su boca.
—Oh, eso no es tan bueno de escuchar. Pero lo importante es que se resolvió todo, no? —Katsuki asintió ante la pregunta del pecoso, cepillando sus dientes—. ¿Todavía no tienes novia? ¿No a pasado nada romántico en tu vida?
Katsuki negó.
—¡Dios! ¡Me hubieras mandado con otra persona que sea más sociable! —Izuku se quejó, flotando al lado de Katsuki—. Vamos, Kacchan! Cuéntame más!
Katsuki terminó de lavar sus dientes, enjuagando su boca y limpiando su cepillo. Para luego, mirar a Izuku con la cara seria.
—Es que, ¿cómo carajo se te ocurre preguntarme de mi jodida vida amorosa? es igual de inexistente que tú.
—Kacchan, eso fue rudo —Izuku se cruzó de brazos, frunciendo el ceño, expresando molestia.
—Bueno, dicen que la verdad duele... ¿no es así? —Dijo Katsuki, con el tono más sarcástico que Izuku a escuchado—. Lárgate a otro lado, iré a bañarme.
—¿Por qué no me puedo quedar? No es como si no te he visto desnu...
—¡Solo vete! —Exclamó. Haciendo que el fantasma saliera flotando del baño, quedando solo en la habitación del rubio.
Poco después, comenzó a rondar por toda la habitación, observando alguna que otra cosa que Katsuki tenía en ésta. Y aunque el rubio no tenía accesorios por todos los lados, a Izuku siempre le gustaba estar metido ahí.
Flotó hacia el escritorio de Katsuki, observando algo que le llamó la atención en el.
Una carta de invitación a una fiesta.
Katsuki estaba invitado a una fiesta, pero no le había dicho.
Antes de que pudiera leer más detalles, la puerta de la habitación se abrió, dándole un susto. Logrando observar a Mitsuki luego de identificar de quién se trataba, sonriéndole amablemente.
—¡Tía Mitsuki! Hace tiempo que no nos vemos, pero usted sigue viéndose igual de joven que la última vez —Izuku se acercó a ella, flotando a su alrededor y observándola atentamente. Y al hacerlo tan drásticamente, Mitsuki sintió un ligero viento.
Izuku rió ante la cara confundida de la mujer, puesto a que las ventanas se encontraban cerradas.
—Katsuki, ¿está todo bien? te escuché gritar.
El chico tardó en contestar. —Estoy bien, casi me resbalo.
Mitsuki ladeó sus labios, recostando su oído en la puerta del baño. —Tu padre y yo iremos a casa de tu abuela, ¿quieres venir con nosotros?
—No, váyanse sin mí.
—¿Estás seguro? No quiero dejarte solo.
Pocos minutos después, la puerta se abrió, dejando ver a Katsuki con su pelo mojado y una camisa que tenía en el baño antes junto con una bermuda holgada.
—Estaré jodidamente bien. Además, tal vez vaya a la fiesta con los extras.
Mitsuki suspiró, no muy convencida. —Te he dicho que dejes de llamar a tus amigos así.
—Como sea —Tendió la toalla detrás de su puerta, dirigiéndose hacia su cama y sentándose en ésta—. Pueden irse sin mí, salúdenme a la abuela.
—Está bien, te dejaré dinero de sobra por si lo necesitas. Nosotros vendremos en la noche así que quiero contestes el teléfono para saber cómo estás, ¿me escuchaste?
—Ajá.
Katsuki observó a su madre irse, pero cuando estaba justo por cerrar la puerta, volvió a clavar su vista en él.
—Ve a verla, ¿sí? le hará bien. Ella sigue siendo una madre para ti también. —Y ante aquello, cerró la puerta de la habitación.
Katsuki miró de reojo a Izuku, quien se quedó viendo la puerta por un largo rato. Y no pudo evitar sentir una pena grande en su corazón.
Y justo cuando iba a romper el silencio entre ellos, el fantasma habló.
—¡Kacchan! —Se acercó a él simulando sentarse junto a él en la cama—. Estuve viendo tu habitación y vi que te invitaron a una fiesta de halloween. ¿De verdad vas a ir?
—No lo sé.
—¡¿Cómo no?! ¡Está increíble que te hayan invitado! Creo que nunca te habían invitado a una fiesta en lo que llevo de fantasma, y eso que he venido varias veces. —Izuku flotó al frente del muchacho, poniéndose del revés—. ¿De qué te vas a disfrazar?
—No lo sé.
—¡Kacchan! Habla conmigo —Izuku se sentó en el aire, haciendo un puchero mientras observaba al rubio—. Realmente lamento molestarte, pero quiero saber de ti. Te extrañé mucho y quiero escucharte.
—Izuku, realmente no tengo mucho que contarte —Katsuki se encogió de hombros, observándolo con desinterés—. Mi vida dejó de ser interesante, te lo he dicho. No hago nada aparte de ir a la jodida escuela, veo a los demás de vez en cuando y hablo con Kirishima no muchas veces. Hablar con mis padres es agotador y no salgo de mi habitación. ¿Estás feliz con eso?
El pecoso observó a Katsuki preocupado, frunciendo el ceño y colocando un dedo en su barbilla, pensando.
—¿Qué?
—Estoy pensando.
—¿Los fantasmas piensan?
Izuku se desconcertó ante la pregunta, demostrando que claramente estaba ofendido por ella. —¡Obvio! Era una persona antes, ¿o ya te olvidaste?
Katsuki rodó los ojos.
—Como sea, hagamos algo el día de hoy, juntos.
—¿Cómo qué? No es como si pudiera salir contigo y hablar, si me ven hablando solo pensarían que estoy loco.
—Básicamente lo estás, de lo contrario, ¿cómo puedes verme?
Buena pregunta.
—Deja de pensar en eso, hablaré contigo solo cuando estemos solos, ¿no te apetece? además! me gustaría mucho ver cómo está todo, en estos últimos años no hemos salido de tu habitación cada vez que vengo, y realmente quiero ver el pueblo.
Y justo cuando él iba a responder, escuchó a su Walkie Talkie hacer sonidos, implicando que estaban tratando de comunicarse con él. Y sabiendo de quién se trataba, fue a tomarlo, sentándose en el suelo para más comodidad.
—¿Quién es? —Ante aquello, Katsuki hizo una señal de que hiciera silencio, prendiendo el aparato y escuchando la voz de su amigo—. Sabes que no pueden escucharme, ¿no?
Cierto. Pensó para él mismo.
—¡Bakugo! ¡Pensé que no tomarías el teléfono!
—Cállate. ¿Qué quieres?
—Todo era muy bueno para ser verdad.
Ahora, hablaba Kaminari. Izuku hizo un gesto de confusión.
—Silencio, Denki. Oye, irás a la fiesta? Estamos preparando nuestros disfraces.
Katsuki observó a Izuku, quien asentía con vigor y una sonrisa en su rostro.
—Eso creo.
—¡¿De verdad?!
—Sí. ¿Ya es todo?
—¡No! ¿Tú de qué te vas a disfrazar?
—Lobo.
—¡Qué increíble! Nosotros nos vamos a disfrazar de caza fantasmas junto con Sero. Que de hecho, te estaba llamando para saber porque compramos los cuatro trajes. Así íbamos combinados.
—No, gracias. Prefiero... —Pensó antes de decir lo que tenía en mente, observando a Izuku, quien lo miró confundido—. Olvídalo. El caso es que no me interesa.
—Bueno, está bien, al menos lo intentamos Kaminari —Escuchó a Kirishima rendirse—. Pero irás, ¿verdad?
—Sí, joder.
—Nos avisas para irnos juntos.
Katsuki lo pensó, sin embargo, estuvo de acuerdo. Poco segundos después, la señal se cortó, dando por finalizada la conversación. Volviendo a poner toda su atención en el fantasma peliverde.
—¿Qué quieres hacer primero?
—¿Eh?
—Joder, sobre salir. ¿A dónde quieres ir?
Izuku observó a Katsuki sorprendido, encogiéndose de hombros mientras que flotaba frente a él. —No lo sé, ¿el parque de diversiones sigue abierto?
—No. —Observó la mirada triste del pecoso—. Pero abrieron otro un poco más cerca.
—¡¿De verdad?! —Katsuki asintió—. ¡Está increíble! ¿Podemos ir?
—No lo abren hasta la noche. Piensa en otra cosa mientras.
—Dar una vuelta es lo único que quiero, me encantaría ver Musutafu otra vez —Escuchó al fantasma suspirar, mirando hacia el techo con un rostro algo soñador. Segundos después, volvió a fijar su mirada en el rubio—. ¿Sucede algo, Kacchan?
—No. Tengo que ir a desayunar —Y ante aquello, se levantó del suelo, sacudiendo su ropa por si había adquirido polvo del suelo—. ¿Te quedas o arrastras el culo y me sigues?
Izuku observó a Katsuki alzando las cejas, sorprendido ante la pregunta. Siempre se quedaba en la habitación de Katsuki hasta la hora de irse, pero esta vez era diferente.
Y agradecía eso.
—¡Sí! ¡Quiero ir a desayunar con Kacchan!
Katsuki lo observó por unos segundos antes de dirigirse hacia su puerta y abrirla, esperando al fantasma para que pase para cerrarla. Cosa que le pareció absurda, porque podría traspasar cualquier cosa que quisiera.
—¿Qué desayunamos hoy?
—No lo sé, no sé si la bruja dejó desayuno —Dijo, susurrando. Izuku se limitó a acompañarlo hasta la cocina, flotando detrás de Katsuki como si estuviera caminando de puntillas—. Ya se fueron.
—Que pena, yo quería ver al tío Masaru —Katsuki rodó los ojos, escuchándolo suspirar en decepción—. ¿Qué te harás?
—Unos huevos revueltos, tal vez...
—¡Con jamón! Siempre son buenos —Izuku asentía frenéticamente, pasando una mano por su estómago—. Aah... cuanto extraño tener apetito y comer.
—Deja de hacer esos comentarios, son jodidamente raros.
—Deberías de estar acostumbrado a mi presencia cada año y a esos comentarios, Kacchan.
—Ni jodiendo.
—¿Cómo la pasaste en tu cumpleaños?
—No me acuerdo.
—¡Vamos, Kacchan! Cuéntale algo al fantasma! —Izuku se encogió de hombros, flotando justo encima de la mesa en donde Katsuki había puesto su plato para desayunar—. Supongo que cuando cumplen los dieciséis años los humanos se vuelven aburridos.
—O tú eres muy infantil.
—Qué sorpresa.
—A ver... en mi cumpleaños no hice más nada que soplar las putas velas del pastel, los abuelos vinieron y ya, fin de la historia —Katsuki observó a Izuku, quien parecía estar asombrado por la corta historia— ¿Estás feliz?
—Sí, me gusta escuchar a Kacchan.
—Bien, porque no tengo más nada para contarte.
—¿Qué hay del disfraz? ¿Todavía te disfrazas de lobo para todos los halloweens? —Izuku ladeó la cabeza en pura intriga.
Katsuki se limitó a asentir, sin decir más nada.
—¿Cómo es que encuentras el mismo disfraz siempre? Haz crecido mucho, es imposible que te queden los de años pasados.
—Mi abuela me los hace y siempre los manda con anticipación para halloween, le he dicho que ya no tiene que hacerlo pero es igual de terca que la bruja.
—Yo quiero ayudarte a vestirte, podríamos darle un toque más adolescente! —Izuku saltó de emoción al mismo tiempo que Katsuki se levantaba de su asiento para lavar lo que había ensuciado—. Podrías ponerte delineado y anillos, aretes incluso! Y pintarte las uñas de negro, le darían el toque de las garras!
—¿De dónde carajo sacas la imaginación siquiera?
Izuku le dió una sonrisa a Katsuki, quien simplemente lo observó, devolviéndole una sonrisa pequeña y dirigiéndose junto al fantasma a la habitación del rubio.
Se prepararían para la noche. Y juntos, disfrutarían de halloween; como siempre lo habían hecho.
31 de octubre
9:00 PM.
—Kacchan, te ves increíble! —El fantasma exclamó. Y Katsuki no pudo evitar sonreír ante el cumplido—. El delineado negro realmente te queda bien, ilumina mucho tus ojos...
El rubio miró por unos segundos a Izuku, luego, al espejo frente a él. Sus uñas estaban pintadas de negro gracias a él, los anillos y cadenas realmente complementaban el disfraz y le daba un toque que pertenecía más a él.
—Es la primera vez que te veo arreglarte para halloween desde que...
—Ya, cállate. Es la primera y la última, y lo hago porque saldremos, nada más.
Izuku rodó los ojos. —¿Qué hay de la fiesta de halloween?
—No quiero ir.
—Kacchan...
Katsuki chasqueó la lengua, cerrando su habitación y bajando hacia la sala, buscando las llaves para así poder cerrar la puerta principal de su hogar, cerrando todo con seguro antes de comenzar a caminar hacia el parque que se encontraba cerca.
—¿A dónde vamos?
—Al parque.
—Kacchan... la fiesta. —Izuku flotaba al lado de Katsuki, observando con preocupación a chico— Tienes que ir.
El rubio se detuvo en medio del lugar, con las manos metidas en sus bolsillos, mientras miraba al fantasma con el rostro fruncido, mostrando enojo.
—¿Por?
—¡Porque quiero que vayas! ¡Además, ahí están tus amigos! Y ellos se escuchaban muy felices cuando les dijiste que irías.
—Las fiestas no me agradan, les dije que creía que iría pero cambié de opinión y ya no quiero ir. —Katsuki observó el puchero en el rostro del pecoso, rodando los ojos—. Pasaré por la casa de Kirishima para avisarle.
—Oh, supongo que eso está bien... —Volvieron a tomar camino, e Izuku aún seguía triste por el hecho de no ver a Kacchan disfrutar con sus amigos—. ¿Por qué te vestiste entonces?
—Porque iremos al parque, duh. No hay lugar más temático que ese.
—Tienes razón. —Sonrió, siguiendo el camino de Katsuki, justo al lado de él.
Izuku observaba a Katsuki con melancolía, escuchándolo hablar del tema de conversación que surgió de la nada. No podía dejar de pensar en lo lindo que estaba luego de un año de estar ausente, y agradecía a los cielos de haber podido verlo cada año.
Tanto así que no quería irse, nunca.
Tanto, que no quería seguir así.
—Izuku.
—Mmh?
—¿Por qué carajo detienes? Ya llegamos.
Izuku levantó su mirada, observando la casa que se encontraba frente a él. El jardín que tenía era bonito, estaba decorado a la temática de Halloween e incluso había un espantapájaros situado en este.
—¿Te vas a quedar aquí? —Katsuki preguntó del lado de la valla. Izuku, por otro lado, simplemente asintió, haciéndole señas de que continuara.
El pecoso observó al chico caminar hacia la puerta, tocar el timbre y esperar. Y no tardó mucho en visualizar a tres chicos con tonos de cabellos diferente cada uno; rojo, rubio y negro. Tres chicos que saludaron a Katsuki abalanzándose entre él para saludarlo y gritarle cosas que para Izuku era inaudible desde el lugar que estaba.
Katsuki portaba un rostro irritado, serio. Pero Izuku sabía que dentro de sí, amaba la presencia de sus amigos, y que de igual forma, apreciaba la amistad que había establecido con ellos durante los años.
Izuku estaba feliz por Katsuki, y sabía con certeza de que su Kacchan estaba en buenas manos.
31 de octubre
10:00 PM.
Cuando llegaron al parque de diversiones, pudieron divisar incluso más atracciones que las que había en el parque donde solían ir cuando eran niños. Los dos notaron eso al llegar.
Izuku no paraba de admirar todo a su paso, e incluso, se le desaparecía a Katsuki de la vista puesto a que veía algún muñeco de sus animes favoritos, de los cuales Katsuki tuvo que contarle el final, porque nunca fue capaz de verlo por sí mismo.
El pecoso observó alguna que otra atracción del lugar, captando su atención en lo que era la rueda de la fortuna, llamando a Katsuki para que lograra ver lo linda que se vería desde abajo, llena de luces de todos los colores.
—¡Kacchan, vayamos a la rueda!
—¿En serio? Literalmente puedes volar hasta allá para ver todo. —Katsuki le habló, llevándolo hacia una zona menos transcurrida para hablar mejor sin que lo tacharan de loco.
—¡Pero tú no! Además, sería un buen momento con Kacchan. Quiero atesorarlo para siempre.
Katsuki rodó los ojos, dirigiéndose hacia la rueda de la fortuna. Y cuando llegó, tuvo que detenerse a pagar antes de intentar subirse.
—600 yenes por persona. ¿Cuántos necesita?
—Dos boletos.
El fantasma frunció el ceño; —Kacchan, ¿cómo que dos?
Entonces, Katsuki cayó en cuenta.
—Ah, joder. Solamente quiero uno.
El vendedor asintió, tomando el dinero e intercambiándolo por el boleto. El cual tomó sin problema alguno, dirigiéndose hacia cualquier canasta de la rueda, esperando a que se llenaran los demás para empezar.
—¿No sería imposible para ti estar aquí? Flotas y traspasas las cosas todo el jodido tiempo... ¿qué harás cuando comience a rodar? —Preguntó al fantasma, quien hizo la acción de sentarse, pero sin dejar de flotar.
—Me moveré cuando la rueda se mueva, así no traspasaré nada.
Katsuki asintió, esperando a que la rueda se encienda y haga su trabajo. Lo cual no duró mucho, porque sintió cuando la encendieron, empujándolo hacia delante, pero recuperando el equilibrio después.
—Quisiera volver a sentir eso otra vez.
—¿El qué?
—No lo sé, sentir mi corazón latiendo muy fuerte por los nervios o estar realmente emocionado por algo que no podría dejar de temblar —Izuku rió, observando la ciudad desde su asiento—. Me gustaría vivir otra vez.
Katsuki se quedó callado ante lo dicho, mal diciendo en sus adentros el hecho de no poder decir nada, porque sabría que sería egoísta decir lo que realmente piensa de que Izuku esté con él cada año en halloween.
El hecho de Izuku viva otra vez, significa que dejaría de verlo cada año. Y no quería eso.
No quería pensar en eso.
—Nos quedan muchos halloweens juntos, podemos salir todo el tiempo cuando vengas, si quieres.
Izuku rió ante lo dicho, negando sutilmente. —No entendiste lo que quiero decir, Kacchan. Pero está bien, yo... realmente estoy feliz de volver a verte.
Luego de eso, se quedaron en silencio. Katsuki observaba a Izuku, quien se encontraba mirando el pequeño pueblo de Musutafu desde la cima de la rueda de la fortuna, la cual se detuvo al ellos estar justo arriba. Pero no duró mucho, porque pronto, volvió a rodar.
—A mi me hubiera gustado verte en la fiesta de halloween, pude ver que tus amigos son buenas personas, ellos realmente querían que fueras —Izuku suspiró, observando a Katsuki con la mirada más desanimada que le había dado en todo el día—. Yo quería verte convivir con más personas.
—No tienes por qué hacerlo.
—Pero quiero, porque me gusta saber de ti.
—Sabes lo suficiente.
—¿Sabes de mí?
—Mucho.
—¿Nunca te olvidarías de mi?
—Cómo si pudiera.
Izuku rió, flotando al lado de Katsuki en el asiento. —Este es el momento en el que pongo mi cabeza en tu hombro y vemos el panorama, pero no puedo hacerlo.
Katsuki no pudo evitar reír ante aquello. —Dios, eres un idiota.
Luego del silencio, escucharon como la rueda de la fortuna comenzaba a detenerse, dando por finalizado su viaje.
—¿Tan rápido? —El fantasma preguntó, asombrado por la poca cantidad de tiempo que le fue proporcionada.
—Te dije, si querías ir a ver Musutafu desde arriba, solo tenías que flotar.
Ante aquello, Izuku rió. —¡Kacchan!
—¿Qué? Es la verdad.
Izuku negó, divertido. Y mientras esperaba a que sea su turno para que el encargado abriera la puerta de su cabina, se tomó el tiempo de hacer la pregunta que tenía en mente desde que llegó.
—Kacchan...
El de ojos rojos lo miró, esperando lo que sea que el fantasma tenía que preguntarle.
—Yo... yo quisiera pedir un favor.
Katsuki frunció el ceño. —¿Qué?
—Yo quisiera ir... —Izuku suspiró, dudando—. Quiero ir a ver a mi mamá.
31 de octubre
11:00 PM.
Cuando estaban cerca del apartamento de los Midoriya, Izuku escuchó a Katsuki suspirar, y de cuando en veces lo veía jugar con su disfraz y sus manos. Podía sentir sus nervios jugando en contra de él, sin embargo, tuvo que intervenir.
—Kacchan, no tienes que entrar. Puedo ir a verla yo solo, pero necesito que te quedes cerca —Izuku se giró hacia el rubio, deteniéndolo a mitad de camino—. Al final, te arrastré hasta aquí.
Katsuki negó, mordiendo su labio inferior. —No, de todas formas tengo que verla. La vieja bruja me dijo de ello.
—¿Estás seguro?
El de ojos rojos asintió.
Luego, se dirigieron hacia el apartamento que pertenecía a Inko desde que ellos dos tenían memoria. Subieron las escaleras y se dirigieron hacia el apartamento 715, que era donde ésta se alojaba.
Izuku observó a Katsuki con preocupación, mientras que por otro lado, el chico estaba tratando de mantener la calma al estar frente a aquella puerta.
—Kacchan...
El rubio negó, tomando una gran aire y tocando la puerta, dando tres golpes. Golpes por los cuales rezaba para que hayan sido lo suficientemente fuerte como para que sean escuchados por Inko.
Oración la cual fue escuchada, porque no duró ni dos minutos esperando a que Inko abriera la puerta. Asustándose por el ruido que hizo la puerta al abrirse al ser tan repentino.
Katsuki observó a la mujer con seriedad, jugando con sus dedos y sin saber qué decirle al estar frente a ella. Mientras que Inko, simplemente miraba al chico con genuina sorpresa, definitivamente dejando en claro que no esperaba verlo allí.
Izuku, por otro lado, se quedó paralizado. Pensando en el hecho de que su mamá, su preciado tesoro, no era la Inko que recordaba haber dejado. Porque su mirada con estrellas ya no brillaba, y su rostro en vez de reflejar la sonrisa que siempre le daba, ahora le recordaba a la pena, a algo que estaba roto.
—Mami...
—Katsuki... qué alegría me da verte —Sonrió a penas, ladeando la cabeza y haciendo un espacio para que el chico entrara—. ¿Cómo estás? ¿Qué te trae por aquí?
El de ojos rojos se asustó al escuchar la puerta cerrarse detrás de él, y quedando en el medio del pasillo mientras observaba desde el lugar la habitación que Izuku había dejado atrás, aún teniendo un cartel con su nombre en él. Aumentando sus nervios y que las ganas de vomitar comenzaran a volverse presente, punzante.
—Hace mucho que no te veo, pero siempre le pregunto a Mitsuki por ti cada que viene. ¿Cómo te va en la escuela? ¿Quieres algo de comer?
—No, gracias. Estoy bien —Respondió, dirigiendo su mirada al suelo—. La escuela está normal, no hay nada nuevo.
Katsuki observó al fantasma posarse al lado de su mamá, y de alguna manera, pudo sentir lo que el fantasma no podía; tristeza, arrepentimiento y ganas de vivir.
—Tu disfraz se ve muy lindo, yo no tengo dulces para darte porque como vivo en un apartamento, los niños no suelen venir por aquí —Inko rió, dirigiéndose más allá del pasillo. Dándole una señal de que se acercara para tomar asiento en el comedor.
Y al hacerlo, escuchó a Izuku jadear, observando la pared que se encontraba justo al lado de la cocina. Pronto, su corazón cayó.
El altar de Izuku.
Rodeado de velas encendidas y una foto del peliverde sonriendo junto alguna que otra flor que a Izuku le gustaba. Y algo que no podía faltar, el plato favorito del pecoso.
La cara de Izuku era algo que Katsuki no quería ver en el momento, porque el hecho de ver su fantasma frente a su altar; le caía como un balde de agua que lo había volver a la realidad, a una en donde Izuku estaba muerto.
—Lamento si te abruma, pero sabes que no puedo dejarlo pasar. —Inko colocó una mano en el hombro de Katsuki, tratando de embozar una sonrisa—. Hoy me agarraste con mi ánimo más bajo, pero son cuatro años desde que Izuku no está conmigo y no se siente bien pensar que un día como hoy lo perdí.
Katsuki escuchó un sollozo por parte de la mujer, suspirando y aguantando las lágrimas, queriendo irse.
—Te amo mamá, —Izuku se posó al lado de su madre, mirándola con tristeza. Tratando de tomar su mano, pero fallando en el intento—. Volveré contigo y pasaré el resto de mis días contigo, más allá de los doce. Pero mientras, quiero que seas feliz, porque me va a tomar tiempo.
—Tía.
Inko alzó la mirada sin dejar de llorar, expectante.
—El nerd solía decirme que le gustaba mucho tu sonrisa. Y él... —Katsuki tragó en seco, viendo al fantasma—. Él estaría devastado no te ve feliz.
La mujer alzó las cejas, observando a Katsuki sin decir palabra alguna. Poco después, recibió una sonrisa y sintió el cuerpo de Inko darle calor al suyo, metiéndolo en un abrazo. Abrazo el cual Katsuki tardó en responder.
—Katsuki, eres un ángel —Dijo, acariciando su espalda—. Me alegra que hayas venido a verme, por favor, hazlo más a seguido.
Inko terminó el abrazo, aún llorando y dándole una sonrisa suave al rubio—. Siempre que estás aquí, siento la presencia de Izuku más fuerte que nunca antes.
Ante aquello, miró al fantasma por unos segundos, y luego, sonrió.
31 de octubre
11:40 PM.
Luego de la charla con Inko y quedarse un rato acompañándola, los dos decidieron dirigirse al muelle que estaba cerca de la zona, el cual quedaba a menos de diez minutos.
Habían pocas personas en la zona, en su mayoría niños. Todos estaban disfrazados, sin importar edad o tamaño. E Izuku simplemente observaba a tantos con sus bolsas de dulces, mientras esperaban desde el otro lado de la calle hasta que el semáforo estuviera en verde.
—Los niños han mejorado mucho con sus disfraces! Se ven todos muy bonitos —Izuku habló, rompiendo el silencio entre ellos—. Me encantaría darles dulces a cada uno.
Katsuki no respondió. E Izuku mordió su labio inferior, dirigiendo su vista hacia él. —Kacchan, ¿tú les dabas dulces a los niños cuando te quedabas en casa?
El de ojos rojos lo miró de reojo. —No, la bruja lo hacía —Respondió, susurrando.
No habían muchas personas más que dos chicos detrás de él, por lo que sería raro hablar en voz alta cuando no tiene a nadie a su lado.
Pronto, el semáforo cambió a verde, cruzando como era debido. Izuku siguiendo a Katsuki.
—¿Sabes que podías haber cruzado hace mucho, no?
Izuku hizo click. —Es cierto, me olvidé. Supongo que estar mucho tiempo aquí me hace olvidar lo que realmente soy ahora.
Katsuki escuchó a Izuku reír, negando mientras que seguía su camino hacia la otra calle. Y justo cuando llegó al otro extremo, observó la hora, dándose cuenta que faltaba poco para que el fantasma desapareciera hasta el próximo año.
—Izuku... —Él dijo, pero no obtuvo respuesta.
Y al voltear, buscándolo, su mente se fue cuatro años atrás.
Pudo divisar a Izuku en medio de la calle, gritándole a un niño que parecía haber dejado caer algo. Pareciéndole haberse olvidado de que nadie podía escucharlo aparte de él. Y justo cuando el de rulos iba a reaccionar para darse cuenta de que estaba en medio de la calle, miró hacia atrás, observando a Katsuki del otro lado de la acera.
Y cuando Katsuki iba a gritar con toda su alma el nombre de Izuku, preparando para arrancarse el corazón; el carro traspaso sobre él, dejándolo sin aire.
Su cabeza dió vueltas, cayendo sentado en la acera. Sus manos se dirigieron hacia su rostro y pecho, sintiendo como su corazón estaba por salirse en cualquier momento y dando jadeos por falta de aire. Se sentía sin aire, como si lo estuvieran ahogando en un balde de agua fría, como esos días en los que sentía que nada valía la pena luego de perderlo, como ese día que perdió al amor de su vida en un accidente que lo marcó de por vida. Llevándolo a esto que son ahora.
Lo recuerda todo, y por esos sus lágrimas caen. Lo recuerda todo, y por eso no puede seguir adelante por más que lo intente.
—Kacchan.
Logra escuchar, y lo vuelve loco.
—Kacchan.
El izuku de hoy y de los demás años, ¿habrá sido imaginación de él?
—Katsuki.
Entonces la realidad le pega.
Levanta su vista y se encuentra con el fantasma de ojos verdes, rulos y sonrisa de oro. Está ahí. Es real.
—No puedes seguir así —Lo escucha decir, no pero no logra entender lo que dice—. ¿Vamos al muelle? Ya falta poco.
¿Para qué falta poco?
¿Para llegar? ¿O para que te vayas? Él piensa.
Se levanta como puede, y siente la mirada de las personas que se encuentran ahí juzgándolo. Se limpia su disfraz como es de costumbre cuando se levanta del suelo, y aún desorientado, sigue al fantasma.
Es una caminata que dura menos de cinco minutos, pero recuerda que tienen que bajar unas escaleras para finalmente tocar la arena, la cual se conecta con el mar. El cual se ve oscuro, careciendo de vida. Y ahora que está ahí, lo piensa; nunca lo había visto de noche.
Izuku se queda delante de él, y luego se voltea con una sonrisa. Katsuki mira la hora, falta poco, entonces ya lo sabe; el pecoso se va a despedir allí.
—Ya casi es hora.
—Lo sé.
—Me iré.
Katsuki asiente. —También lo sé.
Escucha a Izuku imitar un suspiro. Lo imita, porque no respira. —Kacchan, me iré y no volveré.
—¿Qué carajo quieres decir con que no volverás? Siempre vuelves —Dijo, con su corazón latiendo a mil, esperando haber escuchado mal.
Izuku, por otro lado, no dejaba de sonreír.
—Kacchan, estoy muerto.
—Lo sé.
—Al morir, reencarnamos —Izuku se expresó—. Pero yo no he tenido la oportunidad de hacerlo, hasta ahora.
—No te entiendo.
—Mi alma está atada a ti, es por eso que me manifiesto contigo, todos los años desde mi muerte. No sabes lidiar con eso, y yo soy la manifestación de esos sentimientos que no aceptas. —Izuku se acercó el chico, colocándose frente a frente—. Tienes nuevos amigos que te adoran, tus padres están más que felices contigo y mi madre parece estar sana, extrañándome cada que el día llega. Mientras que tú te quedas atrás, y no pareces aceptar que estoy muerto. Y el hecho de que yo esté aquí, frente a ti, como un fantasma más; nunca te ayudará.
—Cállate. —Voz quebrada, ojos abiertos y su cabeza negaba con lentitud, no queriendo escuchar lo que el fantasma tenía que decir.
—Yo amo sentir. Me gusta sentir tristeza, me gusta llorar, me gusta emocionarme y gritar de emoción. Pero como fantasma, se me limitan esos sentimientos y lo único que puedo hacer es imitarlos. —Izuku dirige su mano hacia el rostro de Katsuki, colocándola encima de su mejilla sin que logre traspasar—. Me gusta tocar y por encima de todo, me gusta sentirme vivo.
Katsuki cayó de rodillas en la arena, volviendo a sentir la misma falta de aire que había sentido minutos antes. Nuevamente colocando sus manos encima de su pecho, tratando de calmarse.
—Kacchan, por favor escúchame, mírame—Izuku se agachó de igual forma, sin apartarse de él.
—No, no quiero. —Katsuki negaba frenéticamente, agarrando la chaqueta de su disfraz como si se le iba de las manos—. ¿Qué se supone que haré si te vas?
El chico levanta su mirada, ojos rojos desbordan lágrimas y su respiración es entrecortada. El fantasma, por otro lado, no deja de darle una sonrisa suave y ladear su cabeza.
—Vivirás.
—No podré hacerlo.
—Sí lo harás —El tono de voz de Izuku era suave, como nunca antes—. Tendrás a tus amigos, a tus padres. Mi mamá... mi mamá también te necesita y tú la necesitas a ella para sanar, Kacchan.
Katsuki observa al fantasma, y siente como todo su mundo se desborda al verlo aún más pálido, cosa que sucede cuando es hora de despedirse.
—¡No es justo¡ ¡Maldita sea! —El rubio gritó, golpeándose el pecho mientras dejaba que las lágrimas se desahogaran por él—. ¡¿De qué me sirve si no voy a tenerte a ti?!
Izuku colocó su mano en el rostro de Katsuki, volviendo a imitar la acción de antes. —Siempre me tendrás, Kacchan. Siempre estaré en tu corazón, en tu mente y será de la mejor manera posible.
—Te necesito, Izuku.
—Yo también te necesito, te necesito para vivir.
—Entonces quédate.
Izuku negó suavemente. —Te necesito para sentir, te necesito para volver a sentir mi corazón latir tan rápido que sienta que se me va a salir del pecho —Su frente no chocó con la de él al ponerla al frente, pero Katsuki se quedó quieto—. Yo quiero nacer otra vez, para sentir ese amor que se me arrebató cuando ocurrió el accidente.
Katsuki sollozaba, tratando de tomar a Izuku en un intento desesperado de sentirlo; sin lograrlo.
—¿De qué vale que esté aquí si no puedo tocarte? No sabes las ganas que tengo de abrazarte ahora mismo, pero nos separa la vida y la muerte. Y yo no quiero experimentar eso todos los años.
— » Por eso Dios me dió una oportunidad, pero no quiero irme sin que me prometas que me dejarás ir y estarás bien.
—Yo quiero que seas feliz —Katsuki no abría sus ojos, e Izuku lo observaba esperando a que lo mirara por última vez—. Y si eso significa no verte más, lo haré.
—» Pero prométeme que.. —Katsuki sollozó—. Sin importar qué, me vas a buscar cuando vuelvas a nacer.
Izuku rió. —Nacer toma tiempo, Kacchan.
—No me importa —Negó, aún con lágrimas saliendo—. Quiero que vuelvas a estar en mi vida, no me importa si te toma cien jodidos años, te quiero.
—Lo prometo.
—Júramelo.
Izuku sonrió, acercándose a Katsuki, sin poder tocarlo. —Bakugo Katsuki, te prometo que, en todas mis vidas llegaré a ti.
12:00 AM
EL PRO HÉROE Y EL MAESTRO .
—¿Aizawa?
La voz del pecoso se escuchó en el aula de maestros, llamando la atención de la única persona que se encontraba en el lugar; Aizawa Shota. Un hombre que conocía desde hace años, puesto que también fue su maestro en la escuela secundaria.
—Ahí estás.
—Mandó a llamarme, ¿no es así? —El hombre asintió, e Izuku tomó asiento, dejando sus cosas en la mesa del lugar.—. ¿Hay noticias sobre el héroe que vendrá de sorpresa?
—Mmh. Dynamight es quien hará su aparición hoy para tus alumnos —Aizawa le pasó el documento con la información del héroe a Izuku—. Probablemente sepas de quien es, pero es bueno saber cosas a profundidad.
Izuku miró el documento, asintiendo mientras que mordía su labio inferior.
Habían cosas del héroe que ya sabía, pues no por algo era un analista de quirks. Su investigación sobre él comenzó a mediados de los 16, mucho antes de ser maestro. Pero de igual forma, nunca lograron cruzar palabras porque el héroe se especializó en Shigetsu, escuela la cual él no era parte.
Y si le preguntan el por qué tuvo esa necesidad de saber sobre él, realmente Izuku tampoco lo sabe. Es algo que surgió al verlo y la necesidad nunca más desapareció.
Nunca tuvo la oportunidad de conocerlo, hasta ahora.
—¿Cuándo vendrá?
Aizawa miró el reloj en su muñeca. —Debe de venir en camino, ¿tienes tiempo?
Izuku asintió. —¿Cómo no tendría? De todas formas tengo que entrar con él a mi clase.
El mayor tuvo la aprobación, dirigiéndose hacia la pequeña cafetera que tenían en el lugar, sirviendo tanto para él como para Izuku.
Mientras que el peliverde observaba el reloj, esperando a que el hombre que le había llamado la atención desde que supo de él, apareciera de una vez por todas.
Y fue justo a las 9:00am que apareció.
El rubio era más alto que él, lo cual era de esperarse. Su traje era más apretado de lo que se imaginaba, tonificando lo que eran sus músculos. Por otro lado, sus facciones eran de otro mundo, mejor que lo que eran en las fotos que veía. Porque aparte de su cabello puntiagudo, tenía unos ojos rojo intenso, los cuales eran lo que más podría destacar de él.
Siempre que lo veía tenía esa ligera sensación de conocerlo más allá de su popularidad de héroe. Mucho más.
Observó como el hombre se dirigía hacia Aizawa, dándole una reverencia para luego quitar sus guantes y estrechando su mano sin problema alguno. Manteniendo el mismo rostro serio con el que había entrado.
—Dynamight, éste es el maestro al que acompañarás el día de hoy —Aizawa se dirigió hacia el pecoso, posando su mano en su hombro—. Su nombre es...
—Midoriya Izuku, —interrumpió, estrechando su mano—. Un gusto conocerlo.
Bakugo lo observó por unos minutos, sintiendo como su cuerpo comenzaba a temblar ante su presencia y el simple hecho de que estuviera mirándolo a los ojos. El pro héroe se acercó un poco más a él, e Izuku pudo oler el aroma a caramelo tostado.
—Bakugo Katsuki.
Poco después, vino un apretón de manos. Acompañado de una sonrisa.
Apretón de manos el cual le hizo recordar lo que era sentir su corazón latir tan fuerte, que podría salirse del pecho.
