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Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Porcokasa 2024
Stats:
Published:
2024-11-11
Words:
1,347
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
5
Hits:
40

Carmesí

Summary:

Porco esta aburrido y harto después de regresar del trabajo, hasta que algo realmente interesante llama su atención desde la ventana del edificio contrario, algo que termina por alegrar su noche.

Escrito participante para el Porcokasa week 2024: Día 1- Lencería.

Work Text:

Día 1: Lencería.


Abrió la puerta de su departamento fastidiado y harto, odiaba su trabajo, pero no tenía la buena fortuna de ser un heredero y día con día se veía obligado a trabajar en una oficina donde tenía que soportar a gente imbécil.

Se dejó caer en el sillón de la sala, deshaciéndose de su corbata y lanzándose al suelo. Encendió la televisión en un intento de relajarse un poco, jugueteó en su celular pidiendo algo para comer y se quedó ahí, esperando a que llegara su comida. Y como si fuera poco, el aire acondicionado estaba fallando, por lo que se veía obligado a dejar la ventana abierta para que el aire transitaba, odiaba toda esa mierda.

Lo que más odiaba de toda esa situación es que el trabajo le dejaba tan poco tiempo y ganas para poder salir con alguien, no había follado con alguien en todo ese tiempo. Debía salir ese fin de semana para poder drenarse de todo lo que había acumulado.

Cambió la televisión en búsqueda de algo de su interés, pero no había nada que llamara su atención. Hasta que su mirada se dirigió hacia la ventana, con algo llamando su atención, al edificio de junto.

Él vivía en una torre de departamentos nada ostentosa pero cerca del trabajo, lo cual había facilitado su vida, justo a un lado había otro edificio idéntico. Ambos estaban dirigidos a los oficinistas de la zona cercana y a un excelente precio, por lo que no era una sorpresa encontrarse rentando ahí a gente que trabajaba donde él.

Y justo enfrente de él trabajaba la encargada de recursos humanos de su empresa, una mujer seria y desinteresada, demasiado insípida a pesar de que varios compañeros mencionaban lo ardiente que estaba. Porco simplemente se mantenía al margen, porque en efecto era tan poco divertida que no valía la pena.

Una mujer tan seria, reservada y recatada no podía ser de su interés.

Porco no solía mirar hacia el departamento de enfrente, además que Mikasa, el nombre de la mujer, solía tener la ventana siempre cerrada. En esa ocasión estaba abierta, posiblemente por la misma falla de aire acondicionado, pero eso no es lo que llamó su atención, sino que pudo ver a Mikasa, aquella mujer decente enfrente de la ventana, deshaciéndose de su ropa.

Porco levantó las cejas animado porque descubrió lo que había llamado su atención, aquel color rojo estridente. Mikasa se había deshecho de su ropa y ahora estaba en ropa interior, que no era para nada lo que él había imaginado.

Un sostén rojo de encaje que hacían sobresalir sus senos y era tan transparente que Porco supo que de haber estado más cerca podría apreciar sus pezones. Mikasa giró sobre sí misma para recoger la ropa del suelo y se agachó, aquel gesto desató una corriente fuerte en la entrepierna de Porco al descubrir que traía una tanga que se hundía en aquel trasero jugoso.

Su entrepierna se calentó ante la imagen y observó detenidamente su pequeña cintura y sus anchas caderas. Y su mente lo llevó a imaginar la forma en que ella se vería encima de él, saltando encima y el rostro que haría cuando su miembro llegara tan profundo. Una nueva sacudida en su entrepierna lo alertó.

Vaya que se había equivocado sobre Mikasa, la de recursos humanos, tan sería y reservada… ocultaba un cuerpo delicioso debajo de toda esa ropa.

De pronto Mikasa miró hacia la ventana y Porco se hizo a un lado, ocultándose y apoyando su espalda en la pared. Había esperado el poder verla desnudarse ahí mismo, pero maldijo su mala suerte cuando ella cerró la ventana. Porco farfulló y bajó la mirada, encontrándose con la erección prominente.

Tenía ganas… y sabía que la única capaz de bajarlas sería Mikasa.

Aún así se vio obligado a autocomplacerse, con la imagen mental de Mikasa, con sus grandes pechos y aquel trasero que quería ver rebotar encima suyo y aquello ayudó un momento, al menos para tranquilizar esas ganas abrumadoras.

Aquello fue suficiente para poder dormir profundamente, hasta el día siguiente. Siguió la misma rutina de cada día, yendo al trabajo en tren y llegando a ese gran edificio donde trabajaba. Dejó salir un suspiro de fastidio y entró, dirigiéndose hacia los ascensores.

Para su grata sorpresa al llegar vio a Mikasa esperando el ascensor y se paró a su lado. Ambos estaban en silencio y cuando el elevador llegó, subieron y Porco se apoyó en la pared. Mikasa se quedó cerca del acceso, con aquella falda larga y camisa blanca de tres cuartos de manga.

Aunque Porco no notó eso, sino que fantaseó con lo que ocultaba debajo de aquella ropa, aquella lencería del día anterior y con la idea de arrancarsela. Se sentía tan caliente y apenas estaba iniciando el día, pero esa mujer la tenía al límite.

En ese momento Mika se giró para verlo, Porco se extrañó de su comportamiento y cuando estaba por decir algo, la puerta del ascensor se abrió. Ahí entró Pieck que saludó ligeramente a Mikasa y se acercó hasta Porco, con aquella expresión indiferente.

—Me sorprende verte tan temprano hoy. —Pieck sabía lo mucho que Porco se esforzaba para llegar tan tarde como era permitido.

—Digamos que he dormido bien. —Miró a Mikasa de pie enfrente de ellos. —Oye, si la conoces, deberías presentarnos. —Susurró Porco.

Lo que había visto la noche pasada fue suficiente para decidirse a llevarla a la cama, quería devorar aquello que había degustado la noche anterior.

Pieck no entendía del todo lo que sucedía pero decidió ceder un poco.

—Mikasa… —La mencionada giró. —Tú…

—No te preocupes Pieck, ya lo conozco.

Así que había escuchado lo que había dicho, pero se sorprendió de su respuesta ¿se conocían? ¿alguna vez habían hablado y él lo había olvidado? Realmente no recordaba y la idea de haberla dejado ir antes lo torturó.

—¿Si?

—¿Si? —Porco demostró sus dudas.

Mikasa desvió la mirada de Pieck, a la que había estado viendo en todo momento y dirigió una mirada letal al hombre en el elevador.

—Es el pervertido que ve a través de mi ventana.

Pieck abrió los ojos sorprendida y Porco se descolocó de aquella aseveración.

—¡¿Ehhhh?!

—¿Negarás que ayer me viste mientras me cambiaba?

Tks, Porco maldijo en su mente, entonces si lo había descubierto después de todo.

—Eres un asco. — Pieck se quejó de conocer esa cara de su amigo.

—No es para nada lo que piensas.

El ascensor sonó y las puertas se abrieron.

—Olvidalo, no quiero saber nada. —Pieck salió de ahí después de conocer una cara de Porco que no había conocido nunca.

Mikasa lo observó con furia y reprenda de no poder estar tranquila en su casa, ahora debía soportar a un degenerado. Para su sorpresa Porco le sonrió con arrogancia.

—Bien, en primer lugar ha sido culpa tuya al cambiarte cercana a la ventana, no es como si hubiera estado espiando. —Aunque… si lo que estás buscando es un arrepentimiento. —Porco dio un paso hacia ella y le sonrió. —Lo siento, pero no me arrepiento de nada.

—Aléjate. —Porco se había acercado lo suficiente para ponerla nerviosa.

—¿Acaso te pongo nerviosa? —Él estaba yendo demasiado lejos, pero él sabía lo que quería e iba a tomarlo.

Para su sorpresa Mikasa sonrió con cierta burla.

—¿Nerviosa? Para nada. —Ella golpeó su pecho con su dedo. —Tú no podrías conmigo.

Porco dejó salir una risa mientras el ascensor seguía subiendo, sin poder creerse la seguridad de Mikasa, que momentos parecía tan indiferente.

—¿Qué te hace pensar eso?

—¿Pensarlo? —Ella lo observó con aire de autosuficiencia. —Estoy segura de ello.

La puerta se abrió de pronto y Mikasa salió al piso que le correspondía. Porco vio cómo se alejaba, como sus caderas se movían en cada paso y aquello solo elevó su excitación resultante de descubrir aquella otra cara de Ackerman.

Porco la quería en su cama y comprobaría quien era el que estaba equivocado y el perder era algo que Porco no conocía y menos con algo como la lencería carmesí.

 

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