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What Is Love?

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Apretó los ojos con fuerza porque estaba enojado ya que era un sábado más en el que tenía que madrugar debido a que sus hermanas no dejaban de hacer ruido. Se había quejado con su madre muchas veces, pero ella era la más ruidosa de todas, por su costumbre de ponerse a limpiar la casa por las mañanas con música a todo volumen

Se levantó de la cama muy a su pesar, comenzó a caminar hacia el baño, arrastrando los pies sin ánimos. Colocó algo de música y comenzó a ducharse mientras se quedaba con la mirada perdida durante varios segundos. Después de su aseo matutino, se quedó varios minutos pensando en qué ponerse, todo dependía si se quedaba en casa o si salía.

—¿Vas a salir? —La voz de su madre hizo que de detuviera en la puerta. Se giró para verla con una pequeña sonrisa. Ella lo miraba con preocupación, mientras tenía las manos en su espalda.

—Sí, he quedado con un amigo —mintió.

—¿No vas a desayunar? —Negó suavemente con la cabeza, no tenía muchas ganas de comer.

Su madre movió sus manos hacia delante, extendiéndole la bolsa de su skate. La quedó mirando durante varios segundos, dudoso de si tomarla entre sus manos o no. Al final decidió tomarla y colocársela en su espalda para sonreírle a su madre, ella le devolvió la sonrisa con un asentimiento, lo que le daba a entender que ya se podía marchar.

Cuando salió de su casa se sintió mal por su madre, ella se había estado preocupando mucho por él. Pasaba todo el día encerrado en su habitación, no comía lo suficiente y llevaba tiempo sin dignarse a mirar su skate, mucho menos montarlo. No era normal ese comportamiento en él, su madre lo sabía e incluso hasta sus hermanas lo habían notado, pero no quería hablar de eso en voz alta con nadie.

Después de un rato de mucho caminar, una suave brisa lo cubrió. Cerró los ojos de manera inconsciente y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro por el olor del mar. Al abrir sus ojos, le pareció hermosa la manera en la que el agua brillaba gracias a la luz del sol. Se dirigió a una parte de la playa que estuviera algo vacía, no tenía ganas de ver a la gente divirtiéndose entre amigos.

Sacó su móvil junto con sus auriculares y colocó una playlist en modo aleatorio. Se quedó mucho rato sentado, mientras se abrazaba a sí mismo con las piernas pegadas al pecho y miró las suaves olas romperse en la orilla del mar.

Inconscientemente, con el dedo se puso a hacer líneas en la arena. Se mordía el labio al darse cuenta que había acabado escribiendo el nombre de cierta persona en la que no quería pensar.

Habrían pasado unas diez canciones más o menos cuando una manzana tapó su visión del agua, frunció el ceño y alzó la vista molesto solo para encontrarse con unos verdes ojos.

Pausó la música y se quitó un auricular, esperó a que su nuevo acompañante dijera algo, pero solamente estaba allí, de pie y le pedía con la mirada que tomara la manzana. Así lo hizo. Después de eso vio como se sentaba a su lado mientras dirigía su mirada al mar.

—Tiempo sin verte, Reki.

—No ha sido tanto, Miya. —Vio de reojo como el chico negaba con su cabeza.

—Llevo prácticamente dos meses sin saber nada de ti, ni siquiera contestas los mensajes.

—Perdón. —Miya notó que Reki no se miraba como si estuviese realmente arrepentido, que simplemente se había disculpado por costumbre.

—Sé que te duele lo que pasó con Lan-

—No quiero hablar del tema —acató. Sonaba fastidiado de repente.

—¡Pues yo sí quiero hablarlo y me vas a escuchar! Y cómete esa manzana, tienes cara de desnutrido.

Soltó un suspiro sabiendo que, en el fondo, sí tenía algo de hambre, así que empezó a comerse la manzana en silencio mientras deseaba que Miya no siguiera hablando.

—A mí también me afectó lo de Langa, a Shadow también. Y para qué mentir, a Cherry y Joe también. —Se volteó para ver al azabache, quien se balanceaba a suavemente de un lado para otro.

—Ah.

Pasaron unos segundos en silencio, ninguno decía nada y, al parecer, ambos querían decir algo. Eso provocó que la escasez de ruido se volviera más tensa.

—¡Joder, Reki! No soy idiota, sé lo que sentías por él, ¿vale? Sé que eres el más afectado, pero dejar todo de lado no va a ayudar en nada.

—Tenía planeado declarármele el día nuestra graduación. —Apretó un poco los labios tragando saliva–. Y antes de poder hacerlo... Lo siento, sigo sin poder creerlo.

—Pues créelo.

Reki se cubrió el rostro con las manos, pensaba inocentemente que así evitaría que su amigo supiera que estaba llorando, pero el movimiento de su espalda y los sollozos lo delataban.

—Reki...

—Yo... Yo prácticamente no puedo hacer casi nada sin acordarme de él... Estuvo demasiado presente en mi vida, en mí... Yo... ¿Por qué se siente así de mal? Se supone que cuando quiero a alguien... Se siente bien. —El rostro del pelirrojo estaba inundado de lágrimas y no podía hacer nada por detenerlas, simplemente caían sin cesar.

—Reki, hay algunos amores que... No son destinados a ser. Unos duelen, otros sanan, otros traen felicidad, ¿entiendes?

—Yo era feliz con Langa, pero... ¡No sé!

Reki se sentía manchado de Langa, toda su vida estaba manchada de él. Cuando subía a su skate, cuando comía, cuando salía a la calle a pasear o cuando veía alguna moto. Todo le recordaba a él, era como si no pudiera hacer nada de eso sin él, por eso incluso se había tomado unas "vacaciones" en su trabajo. Fuera a donde fuera e hiciera lo que hiciera, los recuerdos con Langa llenaban su mente de la manera más dolorosa posible. A veces incluso se sorprendía a sí mismo pensando en cosas como: "¿Qué haría Langa en esta situación?", "¿Qué me hubiera dicho?", "¿Qué estará haciendo?", "¿Piensa alguna vez en mí?".

Su mente lo torturaba con el recuerdo de Langa. No era como si pudiera olvidarse de la noche a la mañana de esa persona que realmente le hizo feliz, que lo apoyó cuando se sentía mal. ¿Quien lo apoyaría en esos momento ahora que él no estaba?

—Al final Langa decidió y eso no lo podemos cambiar. —Volteó a ver a Miya, el chico también parecía estar pensando en sus cosas—. Sientes comos si tu mundo se viniera abajo y nada tiene sentido, ¿verdad? Como si no hubiera nadie más quien pueda llenar ese vacío, ¿cierto? —Él le devolvió la mirada con una sonrisa triste en sus labios—. Sé como te sientes, Reki... Y me gustaría mucho decirte que todo va a estar bien, pero simplemente es cosa del tiempo... Llegará un día en el que pienses en él y te sorprenderás cuando te des cuenta de que llevabas tiempo sin hacerlo. No será fácil, pero encerrándote en ti mismo y dejando de lado todo lo que te gusta no lo lograrás.

—Lo sé, pero tampoco es como si... Siento como que no puedo hacer nada sin él. Me duele mucho, Miya, lo quiero devuelta... pero si vuelve, estoy seguro de que ni siquiera le dirigía la palabra, también me siento traicionado.

—¿Traicionado? —preguntó Miya confundido.

—Él... Bueno, él me prometió que no iría detrás de Adam y luego de repente me sale con que se va a mudar y se va a ir a vivir con él ¿Puedes creerte eso? ¿Realmente él...?

Reki ya no podía hablar, sus palabras no salían debido a que su llanto se había vuelto más fuerte. Miya lo vio con algo de sorpresa, luego sus ojos empezaron a arder debido a las lágrimas que se acumularon en sus mejillas, podía sentir el dolor de su ojos, así que sin pensarlo lo envolvió en sus brazos. Reki lloró aferrado a Miya, mientras sentía como si su corazón lo envolviesen hilos y alguien estiraba poco a poco uno de ellos. Su pecho dolía tanto que hasta podía sentir el dolor en la planta del pie.

Estuvieron un buen rato abrazados, ambos llorando, uno de manera silenciosa mientras que el otro tenía ganas de gritar debido a todo el dolor acumulado. Langa se había marchado, por un momento pensó que Adam lo tenía amenazado, así que se dirigió a su casa una tarde para hablar con Langa. Lo que no esperaba era verlo con Adam, ambos se sonrían y los ojos de Langa brillaban de esa manera tan característica suya. En ese momento Reki sintió que todo su mundo se venía abajo, algo se rompió ese día.

El abrazo acabó cuando el llanto de Reki ya se había calmado. Él mismo fue quien puso la distancia para poder limpiarse las lágrimas de su rostro, pero sus ojos estaban hinchados y su cara estaba algo roja. Miya se puso de pie, la determinación brillaba en sus ojos. No le gustaba ver a Reki de esa manera, así que lo ayudaría para que recuperara la sonrisa que había perdido, para que volviera ser el Reki de antes.

—¡Vamos! —dijo mientras se colocaba de pie y tomaba el skate que tenía su lado.

—¿Adónde? —preguntó Reki con confusión, no tenía muchas gana de moverse de allí.

—Al restaurante de Joe.

—No tengo dinero —se excusó rápidamente, volviendo su vista al mar.

—No te preocupes por eso, la casa invita y si no, invito yo. —El pelirrojo se sorprendió de la repentina fuerza que había adquirido Miya. Lo había hecho levantarse del tirón con estirarle del brazo—. Y ya sabes como iremos. —Le mostró su skate con una sonrisa burlona–. ¿O es que le tienes miedo al éxito?

Reki miró a Miya durante unos segundos. Apreció que su amigo estuviera allí apoyándolo y ayudándolo a pesar de haberle hecho de lado durante un tiempo. También apreció que lo hubiera consolado, que insistiera en que hiciera aquello que tanto le gustaba hacer. Aceptó el reto, abrió su bolsa de skate y lo sacó para empezar a caminar hacia la calle. Miya caminaba a su lado.

—¿Sabes? Una persona que te quiere se preocupa por ti, te ayuda cuando necesitas algo, te aconseja y está contigo cuando ven que algo va mal. Te alientan a hacer las cosas que son mejores para ti y están contigo en las buenas y en las malas... Yo... Yo creo que Langa sí te quería, pero no de la manera en que la que te hubiera gustado. Te ve como yo te veo... como un buen amigo. —Reki lo miró. Se dio cuenta que estaba rojo, pero antes de que pudiera burlarse de eso, Miya ya se había subido en el skate y se estaba alejando de él.

Como no planeaba quedarse atrás, se subió a su skate con la intención de alcanzar a Miya. A su mente, sin poder evitarlo, llegó el día en que lo conoció en persona, había aparecido solo para retar a Langa.

—¡Reki! —Se sentó en el suelo con una mueca de dolor. Delante de él se encontraba Miya, preocupado. No entraba en sus planes que Reki se cayera del Skate—. ¿Estás bien? Creo que mejor deberíamos ir caminan–

—¡No! —Se colocó de pie y tomó su skate una vez más.

Lo había decido, superaría a Langa y para eso primero tenía que superarlo en aquello que los unió. Vio su tabla para después sonreír sin poder evitarlo, amaba ir en skate, hacer los trucos y las carreras en "S", amaba la comida y los paseos nocturnos. No iba a dejar eso de lado por mucho que Langa apareciera en su mente. Sabía que llegaría el momento en el que ya no se acordaría de él.

—Reki, la idea no es que te olvides de él, es muy difícil... La idea es que cuando lo recuerdes, no te duela... Eso es superar a alguien.

Asintió comprendiendo lo que Miya quería decirle. Tomó su skate una vez más, decido a llegar en él al restaurante de Joe para comerse una gran pizza y así saciar su hambre y su tristeza.

—¡Dichosos los ojos que te ven! —Joe y Cherry lo miraban con una sonrisa. Reki se rascó la nuca mientras sentía el calor subir en sus mejillas.

—Yo también me alegro de verte, senpai —comentó con una sonrisa apareciendo en su rostro.

—Bien, después del bonito reencuentro, tu senpai invita la pizza, Reki. —Cherry le guiñó un ojo.

—¿Qué? ¿Por qué tengo que invitarlo?

—Eso es lo que hacen los senpais, idiota. —Joe y Cherry empezaron a discutir, por otro lado, ambos adolescentes compartieron una mirada para luego echarse a reír.

Parecía un simple tontería, pero a Reki le hacía gracia. En ese momento se dio cuenta de que podía divertirse aunque no fuera con Langa. Que el chico se había ido pero que su felicidad no se había ido con él, entendió que encerrarse no le ayudaría a superarlo. Solo tenía que seguir adelante y aunque doliera, tenía a Miya —y a Joe junto con Cherry, Shadow y a más gente— a su lado para apoyarlo cuando se sintiera caer.

Porque eso es el amor: estar con esa persona que quieres, apoyarla cuando esté mal, aconsejarla cuando tenga dudas y ayudarla siempre que lo necesite.