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Una mañana en Italia - A morning in Italy

Summary:

Carol disfruta de su escapada con Elena Lupescu en Italia hasta que recibe una carta de su madre.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Dejé el hotel por un par de minutos quería sentir el sol del Mediterráneo, caminé por las calles italianas, a la vez que admiraba la espléndida arquitectura. Tras pasear unos instantes, me detuve en una panadería para comprar varios panes dulces y dos cafés, uno para mí y el otro para Elena, a quien dejé dormir en la habitación sin atreverme a interrumpir su precioso sueño. aunque no podía dejar de preguntarme si soñaría conmigo o nuestro futuro juntos.

Jamás me sentí tan libre, en ese preciso instante no había ningún miembro del parlamento diciéndome que tenía que hacer con mi vida privada, tampoco mi madre para reclamarme por mi vida disoluta. Solo estaba yo arropado por la brisa del mediterráneo, mi cigarrillo y el deseo de hacer feliz a Elena.

Volví al hotel con prisa puesto que quería sorprenderla con el desayuno pero el recepcionista me detuvo llamándome “Señor Caraiman” sonreí disimuladamente al escuchar el apellido que tomé para mí mismo, entonces ya no era un miembro de la familia Hohenzollern sino un simple ciudadano más.

—Señor Caraiman —repitió el hombre para captar mi atención— En los últimos días ha recibido varias cartas.

—Tírelas, sé el asunto al que conciernen y de antemano puedo decir que es una batalla perdida.

—Señor, debería tomar al menos una —dijo intentando convencerme para luego susurrar— La reina de Rumanía le ha escrito.

La ilusión se había roto, la reina de Rumanía, mi madre, había escrito. Puedo asegurar que se trataba de una larga carta exigiéndome que volviera a casa, e incluso intentando manipularme. no caería esta vez, perdí mi primer gran amor por creer en sus palabras esta vez no dejaría que ocurriera lo mismo. Además, aunque volviera a casa, no podría hacer nada sin Elena.

Tomé la carta y me dirigí a la habitación con decepción, Elena acababa de despertar y aún parecía estar en los brazos de Morfeo. Le sonreí antes de darle un beso de buenos días, luego le di uno de los panes que había comprado y dejé el café junto a su mesa antes de acostarme junto a ella.

La acaricié por encima de la sábana a la vez que daba un mordisco a mi comida. Sonreí de solo mirarla, para mí era la mujer más hermosa del mundo y sin duda no merecía el montón de insultos que dirigían contra ella con la única intención de atacarme políticamente, era un movimiento bajo pero no podía esperar nada diferente que proviniera de la clase política de mi país.

Pasamos algunas horas agradables en compañía del otro antes de que siquiera mencionara la carta de mi madre, fue ella quien me motivó a leerla. Sabía que todo iría bien y que no me daría por vencido si ella estaba junto a mí. Le di un beso antes de romper el sello real del sobre. Tomé la carta y comencé a leer.

Era tal como había imaginado, varias páginas repletas de reproches a mi conducta disfrazados de preocupación tanto por mi destino como por el país que había abandonado. Además, de los reproches por no haberle comunicado mi decisión, como si en el caso de habérselo dicho me hubiesen permitido marchar de buena gana. Al menos había evitado escribir sobre Elena, entonces ella estaba a salvo de su desdén.

Dejé la carta sobre la mesa de noche y besé nuevamente a Elena para asegurarle de que las palabras de mi madre no habían tenido ningún efecto y que nuestros planes seguían en pie. Viviríamos juntos por el resto de nuestras vidas, sin importar la opinión de nadie más que la nuestra. 

—Estuve planeando, iremos a Francia, alquilaremos una casa, viviremos allí, cocinaremos y seguimos viviendo nuestras vidas —dije con renovada esperanza después de encender dos cigarrillos y darle uno a ella.

—Suena bien puedo imaginar esa vida contigo, solo hay un detalle: dudo que sepas cocinar.

—Entonces tendrás que enseñarme querida.

Notes:

1 Carol usó el apellido Caraiman durante su segunda abdicación.
2 No me atreví a escribir en inglés.