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Pasarse de copas no es algo que hicieran con frecuencia, al menos, no según ellos Pero esta noche estaban solos, sin ningún hyung ni manager interrumpiendo, sorprendentemente, no parecía estar conduciendo al sexo, solo parecían dos amigos muy borrachos, Minho se reía de todo lo que el omega le decía, hasta lo más mínimo, demasiado fuerte para el gusto de Kibum.
—Minho-ssi~ ¿Qué hora es? Nuestros hijos ya tienen que dormir— Dice mirando su vaso, jugando un poco con el, pensando en si sería aceptable el pegarle si le decía que no.
Minho se levanta de la silla instantáneamente, Kibum solo da un pequeño saltito hacia atrás de la sorpresa.
—Si, es verdad— Dice rápido, cómo si se diera cuenta de algo muy importante que hacer, su voz a nada de ocupar el tono militar.
—¿Deberíamos dormir también?— Mira el desastre en su comedor con pereza, no importa, sería problema para Kibum del futuro.
—Espera— Minho se termina la botella de soju que estaba bebiendo antes de suspirar ruidosamente satisfecho y con una sonrisa —Vamos hyung—
—¿Mnh? ¿Hyung? ¿Soy tú mayor Minho?— Kibum se ríe un poco porque, vamos, es Minho borracho diciéndole hyung. El mayor lo toma del brazo, jalandolo para que le dé un beso, sin avergonzarse, no es común en el pedir este tipo de afecto y menos que el lo dé voluntariamente, pero ni el mismo se acordará en la mañana, así que no importaba.
—Bien, vamos entonces— después de lo que probablemente fueron más de besos los que le gustaría admitir, por fin lo suelta, Minho tenía un poco de su labial en la cara, lindo.
Se levantó de su asiento y se dirigió a la habitación. Era un espacio amplio, con una gran cama que los esperaba, cómoda y limpia, solo para ellos dos.
—Hyung, espera.— Kibum miró al alfa sentado en su cama incómodo y ladeó la cabeza. El cansancio ya comenzaba a asomarse, y lo único que deseaba ahora era dormir durante doce horas seguidas.
—¿Por qué nunca has hecho un nido para mí?—
Ante la pregunta tan inesperada e intrusiva, Kibum soltó una risa, sorprendido. —¿De qué hablas?— dijo, todavía riendo al ver lo serio que lucía su pareja.
—¿Por qué mi omega no ha hecho un nido con mi olor? Nunca te he visto en uno,— balbuceó, manteniendo una expresión seria y algo molesta, como si el alcohol no lo estuviera afectando y recién se le acabara de ocurrir la idea.
—¿Quieres que apeste a tus feromonas?— Kibum se burló, esbozando una sonrisa. Siempre había pensado que los alfas tenían una especie de fetiche con los nidos, solo para ver a un omega rodeado de su esencia, y ese realmente no era su estilo.
—Sí,—respondió con seguridad, sin darse cuenta de lo absurdo que sonaba. Las mejillas se le habían puesto rojas por el alcohol, y comenzaba a sudar. —¿Acaso no quieres?—
Kibum alzó una ceja mientras se cruzaba de brazos, dejando escapar un suspiro mientras veía sus opciones. Al final, una leve sonrisa curvó sus labios y asintió.
—Está bien, levántate y dame tu ropa… Pero no te quites el pantalón —aclaró rápidamente, con un tono a medio camino entre la seguridad y la curiosidad.
Sin más, Kibum fue hasta el armario, de donde sacó unas sábanas y más almohadas, arrojándolas sobre la cama de manera descuidada. Luego, tomó la ropa del otro y la dejó caer sobre la cama, sin ceremonias. Su omega interior se revolvió de disgusto, pero eran las tres de la mañana, estaba cansado, ligeramente ebrio, y lo último que iba a hacer a esa hora era ponerse a construir un nido de calidad.
—Listo, ahí está mi fantástico nido. ¿Feliz? —dijo Kibum, tumbándose sobre la chaqueta de Minho con una sonrisa suave. Claro que sí estaba feliz, ahora él estaba impregnado con su aroma, como si fuera un perro marcando territorio.
Minho observaba cada movimiento con una atención casi devota, como si fuera el espectáculo más interesante del mundo. No tardó en sacar su teléfono y capturar el momento en fotografías, mientras sonreía tontamente.
—Es fantástico, el mejor nido, nunca hubo uno mejor.
Entonces, sin pedir permiso, Minho se recostó sobre Kibum y comenzó a besarlo con ternura y pasión, cubriéndole el rostro y el cuello con pequeños besos y mordiscos. Sus labios dieron un cuidado especial a la marca que él mismo había dejado tiempo atrás. Finalmente, lo rodeó con sus brazos, abrazándolo con toda la fuerza que tenía, como si quisiera fundirse en el ese instante.
—Minho-ah, déjame respirar o te echo de mi casa —murmuró Kibum con una mezcla de cansancio y diversión.
Se movió un poco, apartándose lo justo para acomodarse a su lado. Agradeció mentalmente a su yo de hacía una hora por haberse cambiado ya al pijama, porque ahora no pensaba hacer nada más que dormir. Cerró los ojos, dejándose llevar mientras Minho lo mimaba con caricias suaves y palabras susurradas al oído, rodeado del calor y el aroma reconfortante de su pareja.
