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“Han y Felix observaban el cielo, sentados en la colina detrás de las casas de ambos. Ninguno tenía permitido salir de su casa por la noche, pero era como un ritual para los dos mirar a las estrellas hasta la medianoche.
- Oye, Felix – dijo Han –, la luna está hermosa hoy, ¿no crees?
- Hoy no se ve la luna, tonto – respondió Felix –, pero seguro que se vería hermosa.
- Ah… S-sí, seguro…”
Comenzaba un nuevo día para Han. Se vistió, ordenó su cuarto y se puso a desayunar. Sin embargo, no podía parar de pensar en el sueño que acababa de tener. No era porque hubiera sido un sueño muy bizarro, sino porque ya era la tercera vez que, en un sueño, aparecía la misma constelación en el cielo. La forma de la constelación le era muy familiar, pero no era capaz de recordar de dónde le sonaba. Aun así, Han no podía pasar demasiado tiempo pensando en ello, al fin y al cabo, tenía que ir a trabajar. Y sólo se acordó de que tenía que ir a trabajar cuando recibió una llamada de teléfono, algo poco usual a las seis de la mañana.
- ¿Lino? ¿Qué ocurre? – preguntó Han.
- Tenemos un nuevo caso – respondió Minho.
- ¿Ya estás en la oficina?
- Ayer me quedé fuera hasta muy tarde, así que me quedé a dormir aquí.
- Ah, okay, ¿los demás ya están allí?
- No, pero están avisados.
- Vale, ahora nos vemos.
Han terminó de desayunar lo más rápido que pudo y salió de camino a la oficina. Cuando llegó, Hyunjin y Jeongin ya estaban allí; como era costumbre, era el último en llegar.
- Bueno, ¿qué es lo que tenemos? – preguntó Hyunjin.
- Al parecer es… una desaparición – respondió Minho.
- ¿Otra más? – preguntó Han – Joder, primero Joonwoo, luego Felix, ¿y ahora alguien más?
- Lo que más me preocupa es que Ayen le conoce.
- ¿Y-yo? – preguntó Jeongin.
- Sí, es Song Insu. Tengo aquí todos los papeles de la denuncia y más cosas.
Los chicos estuvieron un rato mirando todo lo que trajo Minho: la denuncia, testimonios, artículos… pero nada tenía sentido. Lo único en lo que coincidían era en que Insu se había desvanecido de la noche a la mañana.
- Así no vamos a llegar a ningún lado – dijo Minho –. ¿Tú sabes qué pudo haber pasado, Ayen?
- Pues… ahora mismo no se me ocurre nada – respondió Jeongin.
- Dudo que sea un caso de un adolescente escapándose de casa – mencionó Han –, al fin y al cabo su padre es alguien importante en la ciudad.
- Song Eunwoo… ¿No tendrá algo que ver con él? – preguntó Minho.
- ¡Ah, puede ser! – exclamó Jeongin – Al parecer estaba negociando sobre comprar la fábrica abandonada y limpiarla a fondo, aunque no sé si llegaron a un acuerdo o no. Hace tiempo que no me piden que vaya a cuidarles la casa, así que no he podido hablar con su familia… Joonwoo también desapareció por algo relacionado a la fábrica, ¿no?
- Bueno, según mis padres él se dedicaba a investigarla porque había actividades sospechosas – dijo Hyunjin –, pero no llegó a entrar.
- Entonces puede que ambos casos estén conectados…
Los chicos estuvieron un rato intentando ver de qué otras maneras los casos de Insu y de Joonwoo se conectaban además de la fábrica, pero no había nada.
- Y de todas formas, ¿no tendría más sentido que hubiese desaparecido el padre de Insu, y no él? – preguntó Hyunjin.
- Supongo que es por presión – respondió Minho –. Ni Insu ni Joonwoo suponían un peligro directo para la fábrica.
- Si realmente hay algo allí, están trabajando muy duro para que no se descubra – dijo Jeongin.
- ¿Y por qué no vamos nosotros a la fábrica? – preguntó Han.
- ¿Eh?
- Visto lo visto, dudo que nadie quiera acercarse por ahora, y tampoco creo que quien quiera que esté allí espere que más personas vayan. Podemos ir, sacar un par de fotos de lo que nos parezca sospechoso y largarnos.
- Bueno, podemos intentarlo, pero como nos ocurra algo te mato – dijo Minho.
Cabe destacar que el caso que estaban investigando Jeongin, Hyunjin, Minho y Han era el de Joonwoo; todo lo de Felix era un añadido porque era el mejor amigo de Han y Minho. Felix había desaparecido hacía cinco años, y no había ni noticias, ni nada. Además, a excepción de sus hermanas, nadie más parecía preocuparse por él. Hyunjin y Minho estuvieron investigando posibles entradas a la fábrica, mientras que Han y Jeongin trataban de obtener un permiso de la policía para poder investigarla; a pesar de ser detectives oficiales y de tener su propia oficina, necesitaban una buena excusa para que no se les acusase de allanamiento. El viernes, en la oficina, discutían el plan.
- Hemos visto que, en la parte de atrás, hay un trozo de pared bastante extraño – explicaba Minho.
- Ni siquiera se camufla bien con el resto de la pared – añadió Hyunjin –, casi parece que nos están invitando a entrar.
- ¿De verdad vamos a hacer esto? – preguntó Jeongin – Quiero decir, a lo mejor Insu realmente sólo se ha escapado de casa y acaba volviendo.
- Ayen, venga, no podemos echarnos atrás ahora – dijo Han.
- Además, no es por nada, pero nos encontramos la cámara de fotos de Joonwoo cerca de la fábrica – mencionó Minho.
- ¿Ves? Estamos muy cerca de resolver todo esto.
- Bueno, vale, hagámoslo – dijo Jeongin.
Los chicos cogieron sus cosas y se pusieron de camino a la fábrica. Al llegar, pudieron ver rápidamente el trozo de pared al que Hyunjin y Minho se referían. Sin embargo, había otras tres personas mirando a la pared.
- ¿Changbin? – preguntó Jeongin.
- ¿Ayen? ¿Qué haces aquí? – preguntó de vuelta Changbin.
- ¿Les conoces? – también preguntó Han.
- Ah, sí, él es Changbin, mi novio, y ellos dos son Chan y Seungmin. Están estudiando criminología juntos.
- Entonces, ¿también venís a investigar este sitio? – preguntó Chan.
- ¿Sabéis el chaval este que ha desaparecido? – dijo Hyunjin – Pues nosotros estamos investigando el caso.
- Hay pistas que lo conectan con otro caso anterior – añadía Minho –, y que además nos llevan a la fábrica.
- ¿De verdad? Nosotros veníamos porque han visto a varias personas entrar y salir recientemente – dijo Seungmin.
- Y porque nos olvidamos de entregar un proyecto que vale la mitad de la nota del curso – mencionó Changbin –. Nos han hecho venir para compensar.
- Bueno, deberíamos entrar ya – dijo Han –. Si realmente hay gente que no quiere que se sepa lo que ocurre allí dentro no nos deberíamos arriesgar a que nos vean.
Al acercarse a la pared falsa e investigarla un poco, los chicos se dieron cuenta de que no parecía haber forma de hacer que se abriera. Después de trastear un rato, Jeongin se fijó en algo.
- Ese ladrillo es un poco raro, ¿no? – preguntó, yendo a verlo mejor.
- Ten cuidado, no vaya a ser que sea una trampa o algo – dijo Changbin.
Jeongin pulsó el ladrillo como si fuera un botón, hundiéndose en la pared y abriendo la pared falsa.
- Ah, supongo que no tendremos que hacer palanca para abrirla – dijo Hyunjin.
Los chicos entraron en la fábrica; estaban en una sala cubierta de azulejos azules y con varias herramientas repartidas por las mesas. Sin embargo, unos segundos después de entrar, la pared falsa se cerró de golpe.
- Y-yo no he tocado nada – dijo Jeongin.
Buscaron por toda la habitación por si hubiese otro interruptor o cualquier cosa que pudiera abrir la pared falsa, pero no había nada.
- Bueno, ya encontraremos la forma de abrirla – dijo Han –, vamos a investigar este sitio.
La sala consistía en dos habitaciones conectadas entre sí; Hyunjin, Minho y Jeongin fueron a investigar la habitación más alejada, mientras que Chan, Seungmin, Changbin y Han se quedaron atrás.
- Una cosa – dijo Han –, ¿qué es exactamente lo que habéis venido a investigar?
- Es, uh, un poco difícil de explicar – respondió Chan –. Supongo que sabrás que la fábrica cerró por esconder droga en salas ocultas como ésta.
- El tema es que, aunque se piense que está abandonada, hay personas no identificadas que suelen frecuentarla – añadía Seungmin –. Además, gente del pueblo nos ha confirmado que algunas de esas personas son antiguos miembros de la iglesia de Lee Ilseon.
- ¿Lee Ilseon? – preguntó Han – Pero ese es-
- Hey, tenéis que ver esto – interrumpía Minho.
En la otra habitación, Hyunjin y Jeongin estaban subidos a unas cajas, mirando por un agujero que había en la pared.
- Mirad, hay un grupo de personas allí – dijo Hyunjin.
- Llevan túnicas rojas a juego, da mucho mal rollo – mencionó Jeongin.
Los dos se bajaron del mueble, dejando espacio para que Changbin se subiera para mirar por el agujero.
- ¡Sí son ellos! – exclamaba – ¡Son los de la iglesia de Ilseon!
- ¿De verdad? ¿Estás seguro? – preguntó Seungmin.
- Sí, lo prometo. Mi vecina estaba en su iglesia, y la acabo de ver allí.
- ¿Pero Ilseon no está desaparecido? – preguntó Hyunjin – Y, bueno, ¿medio loco?
- ¿Y no se suponía que su iglesia, como concepto, ya no existe? – preguntó Jeongin.
- Técnicamente, no – respondió Chan –, la iglesia ya no, pero creemos que siguen activos.
- La leyenda del “bulgeun agma”, el diablo rojo – explicaba Changbin –, consiste en la existencia de un demonio que, con su llegada a nuestro mundo, acabaría con cualquiera que se opusiera a él o a su existencia.
- Sabemos que hay seguidores de ese demonio en el pueblo porque les hemos escuchado hablar de él – añadió Seungmin –, y creemos que el líder de todo ese culto es Ilseon. Lo único que no sabemos es qué están planeando hacer, o cómo lo harán.
- Lo estás escuchando, ¿no, Han? – preguntó Minho.
- Es nuestra primera pista sobre Felix – respondió Han.
- ¿Eh? – preguntó Jeongin.
- Ilseon es el tío de Felix. Si él es realmente el líder del culto…
- ¿Todo lo de Felix también está relacionado con las otras desapariciones? – dijo Hyunjin – Y yo que pensaba que el caso no podía complicarse más…
- Perdón, pero, ¿Felix es…? – preguntó Chan.
- Felix es un amigo mío y de Han – respondió Minho –, lleva varios años-
- Cinco años – interrumpía Han.
- Lleva cinco años desaparecido, pero no ha sido noticia, ni se ha reportado, ni nada.
- Además sus padres fingen que no pasa nada. Las únicas otras personas que están preocupadas por él son sus hermanas…
- A ver, recapitulemos – dijo Seungmin –; dos personas que tenían relación con la fábrica, aunque fuese mínima, han desaparecido recientemente.
- Kim Joonwoo y Song Insu – mencionaba Jeongin.
- Sí, ellos. Además ha aparecido un culto medio satánico cuyas actividades se llevan a cabo en la fábrica, y quien creemos que es el líder es el tío de Felix, que también ha desaparecido. Eso implica…
- Es probable que ni siquiera sigan vivos – dijo Hyunjin.
Han quería rebatir lo que Hyunjin acababa de decir; quería creer que Felix seguía vivo, que seguía esperándole, pero algo dentro de él le hacía darle la razón a Hyunjin.
- Ah, los del culto se están yendo – dijo Changbin, que seguía subido en el mueble.
- Mierda, no hemos sacado ninguna foto como evidencia – lamentaba Jeongin.
- No te preocupes, seguro que tenemos más oportunidades – dijo Hyunjin.
- Debería haber una forma de entrar a la fábrica en sí desde aquí – mencionó Minho –, vamos a mirar.
Los chicos volvieron a buscar en las habitaciones por si hubiera una forma de salir, pero nada. De pronto, cuando Han se apoyó en una pared, un ladrillo se cayó al suelo, dejando un hueco. Al mismo tiempo, Changbin se dio cuenta de algo peculiar en uno de los muebles.
- Ese mueble empotrado parece que se puede mover – mencionó –, como esos en los videojuegos.
- A lo mejor se abre con lo que sea que haya dentro del hueco – dijo Minho.
- Sí, pues dime tú quién va a meter la mano ahí – se quejaba Han –, acabo de ver a tres cucarachas salir corriendo.
Al ver que nadie se ofrecía a meter la mano en el hueco, Chan suspiró y fue a hacerlo él. Le tomó varios minutos y tuvo que quitarse bastantes cucarachas del brazo, pero consiguió pulsar algo dentro del hueco. Casi inmediatamente, el mueble comenzó a moverse; tal y como supuso Changbin, era un pasadizo que conectaba las habitaciones con la fábrica.
- Ahí, listo – dijo Chan, sacudiendo el brazo.
- Toma, límpiate – Seungmin se acercaba a Chan, ofreciéndole un trapo –. Deberíamos dejar algunas de nuestras cosas aquí. Va a ser complicado movernos sin hacer ruido si vamos muy cargados.
- Sí, mejor – dijo Han.
Los chicos dejaron sus mochilas al lado de la pared falsa, y se guardaron lo esencial, como algo de agua, comida, un par de baterías portátiles y navajas. Además, tanto Jeongin como Seungmin llevaban cámaras de fotos encima. La sala que conectaba a la fábrica con las habitaciones era un almacén pequeño, con un par de estanterías y un escritorio con un ordenador bastante viejo. Chan, Seungmin y Changbin se quedaron en el almacén, mientras que Jeongin, Han, Minho y Hyunjin fueron a la habitación siguiente, que resultó ser una sala vacía, con unos armarios y unas escaleras hacia el piso de arriba.
- ¿Miramos los armarios o subimos? – preguntó Jeongin.
A ninguno de los demás les daría tiempo a contestar, ya que una figura apareció de repente en frente de ellos, asustándoles.
- ¡¿F-Felix?! – exclamó Han.
- ¿Felix? ¿E-eres tú? – preguntó Minho.
Antes de que el supuesto Felix pudiera contestar, Han se lanzó a abrazarle. Sin embargo, le atravesó, tal y como ocurriría con un fantasma.
- ¿Nos… conocíamos? – preguntó Felix.
- ¿Eh? – preguntó de vuelta Han, aún procesando que le había atravesado.
- Realmente está muerto – murmuró Hyunjin –… esperaba equivocarme…
- ¿No nos recuerdas? – preguntó Minho.
- No… no del todo – respondió Felix –. Siento que erais… muy importantes para mí, pero no sé quiénes sois…
Los demás se quedaron callados. Si Felix estuviera muerto significaba que Insu y Joonwoo lo estaban también.
- Tenéis que ver esto – dijo Chan, que venía con Seungmin y Changbin –. Uh, ¿él es…?
- V-vamos nosotros dos – le dijo Han a Jeongin –, ahora los demás os explican todo.
Han y Jeongin entraron de nuevo al almacén junto a Chan, mientras que Seungmin y Changbin se quedaron con Hyunjin, Minho y Felix. En el escritorio del almacén había varios documentos que Chan, Seungmin y Changbin estuvieron mirando.
- En el cajón encontramos las identificaciones de Joonwoo y de Insu – explicaba Chan –. Os podría servir para vuestra investigación.
Jeongin y Han fueron a mirar las identificaciones. A la de Joonwoo le faltaba su foto, pero estaba toda la información, mientras que a la de Insu le faltaba toda la información menos su nombre. Mientras las revisaban, Jeongin se dio cuenta de algo.
- Insu y Joonwoo nacieron el mismo día – murmuraba Jeongin –, el 15 de septiembre…
- Felix también nació ese día – dijo Han –, y eso hace que haya 10 años de diferencia entre cada uno… No sólo habían desaparecido sin más, sino que les tendrían que ser útiles a los del culto…
- Oye, perdón por interrumpir, pero, ¿la persona que estaba fuera con vosotros es…?
- Ah, es… Felix, pero es un fantasma…
- Dios, entonces, ¿realmente están muertos? Esto se está volviendo muy confuso… Hay algo que nos estamos perdiendo…
- Deberíamos volver con los demás – dijo Jeongin.
Haciéndole caso a Jeongin, los chicos salieron del almacén para reunirse con el resto. Sin embargo, vieron cómo todas las personas del culto empezaban a bajar del piso de arriba, por lo que Chan, Han y Jeongin volvieron a entrar al almacén y se escondieron en las taquillas que estaban abiertas –asumieron que, si no tenían candado, no debían ser de nadie–, mientras que los demás se escondieron en los armarios. No podían ver lo que estaba pasando, pero las voces de las personas del culto diciendo “Hay intrusos” y “Haremos rondas de vigilancia” les indicaban que no era seguro salir. Después de un rato, las voces comenzaron a alejarse, hasta que se quedaron en silencio. Hyunjin abrió un poco la puerta del armario y se asomó para asegurarse de que no hubiera nadie.
- ¿Ya podemos salir? – preguntó Minho, susurrando. Ambos se habían escondido en el mismo armario.
- A ver, no veo a nadie, pero puede que haya alguien en lo alto de las escaleras – respondió Hyunjin.
- Ah, voy a ir a mirar.
- No, déjame ir a mí.
Hyunjin salió corriendo del armario y se quedó pegado a la pared la cual era un punto muerto desde cualquier punto de las escaleras, y le gesticuló a Minho, a Changbin y a Seungmin, que también estaban mirando, para que fueran con él.
- ¿Hay alguien en las escaleras? – preguntó Seungmin.
- No estoy seguro – respondió Hyunjin.
- Podemos intentar lanzar algo que haga ruido – sugirió Changbin –. Si realmente hay alguien, estoy seguro de que ya nos habría escuchado.
Siguiendo la sugerencia de Changbin, Minho lanzó el mechero que tenía en los bolsillos hacia las escaleras. Como nadie bajaba a comprobar qué había sonado, decidieron ir corriendo al almacén, cerrando las puertas y bloqueándolas con una de las estanterías.
- ¿Se han ido ya? – preguntó Chan, saliendo de la taquilla.
- Sí, por ahora sí – respondió Hyunjin –. ¿Llegaron a entrar al almacén?
- No, de hecho creo que no se dieron ni cuenta de que estaba abierto.
- ¿Y Felix? – preguntó Han.
- Ni idea, salió corriendo en cuanto vio a los del culto – respondió Seungmin.
- Ah… bueno… ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Yo creo que deberíamos quedarnos aquí esta noche – dijo Changbin –. Si realmente no quieren que les descubran, les conviene estar de vuelta en el pueblo por la mañana.
- Si nos volvemos a encontrar con Felix podemos preguntarle a ver si recuerda algo – mencionó Jeongin.
Haciéndole caso a Changbin, los chicos decidieron pasar la noche en el almacén. Pudieron dormir bastante tranquilos, quitando un par de veces que una persona del culto intentó entrar; como la estantería estaba bloqueando la puerta, se rindió bastante fácilmente. El único que no pudo dormir en toda la noche fue Han. No podía parar de pensar en que, todo este tiempo, Felix estaba muerto. En que, si hubiera sido un poco más valiente, habría ido directamente a la fábrica cuando los padres de Felix le dijeron que llevaba un par de días sin pasar por casa. ¿Y qué les diría a sus hermanas? ¿Cómo les explicaría que su hermano llevaba muerto todos estos años? Todas esas preguntas le mantenían despierto. ¿De verdad no hubo ni una sola señal…?
A la mañana siguiente, los chicos estaban discutiendo su siguiente movimiento.
- Podemos investigar bien la sala de fuera – sugirió Chan –, y luego podemos mirar la sala del fondo, así hacemos un poco de tiempo. Dentro de los armarios no había nada útil, ¿no?
- No, solamente trajes de repuesto – respondió Hyunjin.
Los chicos siguieron la idea de Chan, y fueron a revisar esa sala. Tampoco es que hubiera mucho que explorar, ya que, a excepción de los armarios, estaba completamente vacía. O lo estaría de no ser porque Han vio unos papeles tirados en el suelo, y fue a revisarlos.
- ¿Qué es esto? ¿Garabatos? – preguntaba.
- Está muy cuidado como para que sean sólo garabatos – respondió Jeongin.
- ¿Puedo ver un momento? – preguntaba Changbin.
Han le dio los papeles a Changbin y, tras mirar un rato, sacó otra hoja de su sudadera.
- Mirad, es el idioma que utiliza el demonio, supuestamente – explicaba Changbin. En la hoja que había sacado había referencias para entender los símbolos.
- … Incluso siguiendo la guía, no pone nada con sentido en las hojas, ¿no? – preguntó Minho.
- No, en estas hojas por separado no… pero seguro que se pueden juntar de alguna forma. Toma, Han, puedes quedártelo.
Changbin le dio las hojas y la guía a Han, quien se las guardó en su sudadera. Una vez explorada esa sala, decidieron seguir con la sala del fondo. Era un gran espacio abierto, con una especie de escenario en el centro y otro almacén en la parte de atrás. Al ir a revisar el almacén se encontraron tres puertas; una de ellas estaba abierta.
- Ah, aquí estás – dijo Han.
- ¿No os han pillado? – preguntó Felix – Me sorprende.
- Vaya ánimos…
- ¿Qué hay en las otras habitaciones? – preguntó Seungmin.
- Ah, allí están Joonwoo e Insu – respondió Felix –. No os molestéis en intentar abrir las puertas, no se puede.
- ¿No pueden… atravesarla y ya?
- Por algún motivo, no – Felix tocaba las paredes de la habitación.
- ¿Y por qué la tuya sí que está abierta? – preguntó Chan.
- Tengo mis trucos.
- Felix, ¿de verdad que no nos recuerdas? – preguntó Minho.
- No, te prometo que no.
- Han y yo somos tus… mejores amigos.
- A-ah… supongo que por eso sentía que ya os conocía…
Mientras los demás conversaban con Felix, Han no podía evitar fijarse en Felix; notaba algo raro en él. O, más bien, había algo que le sonaba, pero no era capaz de averiguar qué era.
- Felix, una cosa – dijo Jeongin –, ¿recuerdas algo de lo que te pasó antes de llegar aquí? ¿O algo del estilo?
- Pues… oye, creo que sí – respondió Felix –. Creo que tenía 15 años…
…
Eran algo más tarde de las once de la noche. Felix estaba en su cuarto, jugando a un videojuego de peleas con sus hermanas, cuando sus padres entraron a la habitación.
- Felix, cariño, necesitamos que bajes al salón – dijo su madre.
- Termino la pelea y voy – dijo Felix, sin quitar su mirada de la pantalla.
- Felix, es urgente – en la voz de su padre se notaba que estaba impaciente.
- Ay, bueno, voy. Olivia, termina tú la pelea con Rachel.
- ¡Vale! – Olivia sonaba muy emocionada. Llevaba varias partidas sin jugar.
Al bajar al salón, Felix se encontró con una persona que llevaba muchos años sin ver.
- ¿T-tío Ilseon? – preguntó, bastante sorprendido – ¿No habías desaparecido?
- Los detalles son irrelevantes – había algo en la voz de Ilseon que preocupaba a Felix –, tienes que venir conmigo.
Felix se giró a mirar a sus padres, quienes le animaban a ir con su tío con la mirada. Después de caminar un rato, llegaron a la entrada de la fábrica abandonada.
- A partir de ahora, quiero que todos los meses vengas aquí y me des un mechón de tu pelo – explicaba Ilseon –. Esto no debe saberlo nadie, ni siquiera ese amiguito tuyo.
Felix tenía sus dudas al respecto, pero confiaba en que su tío no tuviera malas intenciones. Todos los meses durante cuatro años, Felix cumplió con lo que su tío le había pedido, hasta que, una de las veces que iba a darle su pelo, Ilseon no se encontraba frente a la fábrica, pero sus puertas estaban abiertas. Felix decidió entrar, y estuvo un rato dando vueltas, hasta que llegó a una sala muy fría, como si fuera un congelador.
- E-ese es el detective que desapareció – murmuraba Felix –… No puedo mantener esto en secreto, necesito que-
De pronto, un grupo de personas entró a la sala. Ilseon estaba al frente de ellos.
- Felix, realmente no quería que esto sucediera – Felix volvió a notar aquello que le preocupaba en la voz de Ilseon.
- ¿S-suceder el qué? Tío… ¿por qué ese detective está aquí? – Felix tenía muchas preguntas. Preguntas que no tendrían respuesta.
- Los mechones no son suficiente. Necesitamos el recipiente entero. El bulgeun agma necesita el recipiente entero.
- ¡¿Qu-qué estás haciendo?!
…
- Eso es todo lo que recuerdo – dijo Felix –… Lo siento, mis recuerdos están muy fragmentados…
- Felix… vamos a acabar con esto, lo prometo – dijo Han.
- Yo creo que ya podemos ir al piso de arriba – mencionó Minho –. Felix, ¿quieres venir con nosotros?
- Está bien – respondió Felix –, puedo intentar guiaros.
Los chicos salieron de ese almacén y fueron directamente al piso de arriba. Allí había dos habitaciones; Felix les llevó a la que se encontraba a la izquierda.
- Juraría que ésta es la oficina – dijo Felix, esperando a que los demás abriesen la puerta –… sí, sí lo es.
En la oficina había un gran mueble al fondo, decoraciones por todas partes, y un escritorio con un portátil encima a la derecha.
- Ay, ahora que me acuerdo – mencionó Minho –, tenemos la cámara de fotos de Joonwoo.
- ¡Es verdad! – dijo Hyunjin – Podemos mirar la tarjeta SD en el portátil.
Al intentar encender el portátil, se dieron cuenta de que, para poder iniciar sesión, necesitaban una contraseña. Mientras probaban distintas opciones, Han y Jeongin se alejaron un momento.
- Ayen, ¿has visto el mueble? – preguntó Han.
- Eso definitivamente es otra sala – respondió Jeongin –, vamos a ver si se puede abrir.
Sólo tuvieron que mover dos cuadros que había en la pared para dejar al descubierto un gran interruptor que, al ser pulsado, movió el mueble, dejando ver otra sala. Como los demás seguían ocupados con el ordenador, Han y Jeongin decidieron entrar solos. En cuanto entraron, el mueble volvió a ponerse en su sitio y, a los pocos minutos, los demás consiguieron acceder al ordenador.
- ¡Coño, por fin! – exclamó Hyunjin, mientras los demás suspiraban de alivio.
- Vamos a ver lo que hay – dijo Chan, poniendo la tarjeta SD en el ordenador.
En la tarjeta había varias carpetas, pero destacaba la que se llamaba “IMPORTANTE FÁBRICA CULTO”. Al revisar los vídeos vieron que la gran mayoría habían sido grabados en la parte de fuera, pero uno de ellos mostraba la oficina.
- Así que sí que llegó a entrar – dijo Minho.
- No está ocurriendo nada, ¿no? – preguntó Changbin.
- No es que no esté ocurriendo nada, está grabado por fotogramas – respondió Seungmin.
De pronto, en el vídeo, comenzaron a aparecer las personas del culto, viéndose cómo se abría el mueble del fondo. Sin embargo, no llegaron a entrar; una de las personas se fijó en la cámara y fue a cogerla. En ese momento acabó el vídeo.
- Entonces… Joonwoo estuvo escondido aquí mientras grababa – dijo Hyunjin –, pero le acabaron pillando…
Al mismo tiempo, Han y Jeongin seguían explorando la sala secreta. Era una gran habitación blanca, con un par de armarios, pero no mucho más.
- Tiene que haber algo que no estamos viendo – dijo Jeongin –. Los armarios están vacíos, pero no creo que le hayan dedicado toda una habitación secreta a dos muebles.
Mientras Jeongin hablaba, a Han se le ocurrió algo. Se acercó a la pared del fondo y la arrastró como si fuera una puerta corredera, y así fue. Estaba totalmente pintada de blanco, por lo que se camuflaba a la perfección, pero había un compartimento en el que había una daga y un papel. Antes de hacer nada más, Han intentó leer la hoja.
- Mira, es como lo que encontré en la otra sala – dijo.
- ¿Quieres que intentemos juntarlas? – preguntó Jeongin – Tiene que haber un patrón.
- Vale, pero vamos a intentar darnos prisa.
A Han y a Jeongin no les costó encontrar la forma en la que las hojas de papel se conectaban entre sí pero, incluso con la guía, y teniendo el patrón completo, los símbolos no se traducían en nada que tuviera sentido. De pronto, Han se dio cuenta de algo.
- Están del revés – dijo –, las frases tendría sentido si las mirásemos en un espejo… Ayen, ¿tienes tu móvil encima?
- Sí, toma – respondió Jeongin.
Han le sacó una foto al texto e invirtió la imagen. Tal y como dijo, los símbolos comenzaron a tener sentido. Han se puso a traducir lo que ponía.
- Procedimiento del… ritual del bulgeun agma – leía Han –: contar con tres recipientes sanos, frescos y en buen estado…
- Supongo que les tendrían guardados en la sala en la que Felix se metió – interrumpió Jeongin.
- … Sin embargo, a la hora de acoger al diablo sólo serán necesarios dos de los recipientes. El… mesías acabará con su vida empleando la daga sagrada en sí mismo, acompañado de los dos recipientes. Sólo así el bulgeun agma… podría manifestarse entre los mortales.
- Y yo que pensaba que el ensayo que presenté en clase era bizarro… Si queremos detener todo esto, deberíamos llevarnos la daga.
- ¿Y cómo la sustituimos?
- Traje una navaja que se parece bastante, si no la miran muy de cerca puede servir.
- Bueno, intentémoslo.
Jeongin cogió la daga sagrada y la sustituyó con su navaja. Al ponerse de camino a la salida, ambos notaron un olor muy raro en la habitación.
- ¿Hueles eso? – preguntó Han.
- No sé qué será, pero… me estoy mareando – respondió Jeongin.
Antes de poder decir nada más, ambos se desmayaron…
Hyunjin se despertó de golpe, atado a un gran poste dentro de un almacén.
- Dios, mi cabeza – se quejaba Hyunjin.
- Sí que te ha costado despertar – dijo Minho, atado al otro lado del poste –, por un momento pensaba que estabas muerto.
- ¿D-dónde estamos?
- A saber. Lo primero que hicieron los del culto al vernos en la oficina fue golpearnos en la cabeza.
De pronto, una persona del culto entró al almacén, observando a Hyunjin y a Minho, riéndose.
- Veros así de indefensos me da hasta pena – decía el del culto –, pero es vuestra culpa por meteros donde no os llaman…
El del culto se quedó pensando por un momento, hasta que decidió tirar las llaves de las esposas que mantenían atados a Hyunjin y a Minho enfrente de Hyunjin. Éste se estiró todo lo que pudo para intentar cogerlas con el pie, pero estaban justo fuera de su alcance. Todavía riéndose, la persona del culto se fue del almacén.
- Qué hijo de puta – se quejaba Hyunjin, aún intentando coger las llaves.
- Déjalo, Hyunjin – dijo Minho –, no vas a llegar.
- Pero están justo ahí… espera.
Hyunjin empezó a hacer fuerza para intentar sacar su mano de las esposas. Le daba igual si se acababa haciendo daño, sólo quería liberarse. Eventualmente, con el dedo pulgar dislocado, logró zafarse de las esposas.
- ¡¿Qué coño haces?! – exclamó Minho, que había escuchado cómo el hueso de la mano de Hyunjin se había dislocado.
- Ir a por las malditas llaves – respondió Hyunjin, que había agarrado las llaves y se quitó las esposas de la otra mano como pudo.
Con la mano que todavía tenía cinco dedos funcionales, Hyunjin le quitó las esposas a Minho, y estaba preparándose para salir del almacén.
- Ni se te ocurra – dijo Minho –. No antes de que te arregle la mano.
- ¿Por qué? – preguntó Hyunjin – Tenemos que buscar a los demás.
Sin dejarle tiempo para reaccionar, Minho recolocó el dedo de Hyunjin, le puso un bolígrafo encima y lo vendó todo junto con unas vendas que tenía en el bolsillo.
- ¿Por qué has escogido la opción más bestia? – preguntó Minho – Seguro que había una forma menos dolorosa de quitarse las esposas, o de llegar a las llaves.
- Sólo… no quería que estuvieras esposado al poste más rato – respondió Hyunjin.
- Y otra vez. Todo el tiempo que llevamos en la fábrica te has estado arriesgando por mí, ¿por qué?
Hyunjin se quedó callado, evitando mirar a Minho.
- ¿Qué? ¿Te ha comido la lengua el gato? – preguntó Minho.
- No, no es eso – respondió Hyunjin –… Lo he hecho porque quiero.
- Vaya, y yo que pensaba que no podías pensar en una excusa peor. Dime la verdad, Hyunjin.
- … ¡Bien, vale, te diré la verdad! ¡Lo hice porque te amo, Lino! ¡¿Qué más tengo que hacer para que te des cuenta?! ¡Sé que yo no te gusto, pero eso no va a hacer que mis sentimientos por ti desparezcan!
Minho miró a Hyunjin por unos segundos, antes de besarle. Hyunjin no tuvo tiempo para reaccionar, ni siquiera cuando Minho se separó de él.
- Baja la voz, ¿quieres? – dijo Minho – El gilipollas podría volver.
Hyunjin no contestó a Minho, solamente volvió a besarle. Y otra vez. Y otra vez. Por un momento, el tiempo se detuvo para ambos.
- ¡Lino, Hyunjin! – exclamó Felix, entrando al almacén.
- ¿Felix? ¿Estás bien? – preguntó Minho.
- ¿Sabes dónde están los demás? – también preguntó Hyunjin.
- Necesito contaros algo – dijo Felix –, es muy urgente.
A su vez, Changbin, Chan y Seungmin se encontraban encerrados en el congelador donde el culto guardaba los cuerpos de Joonwoo e Insu. No sabían cuánto tiempo llevaban encerrados, pero sabían que no podían permitirse esperar más tiempo.
- L-la maldita puerta no cede – se quejaba Changbin, quien llevaba varios minutos intentando echar la puerta abajo, sin éxito.
- Quizás hay alguna trampilla suelta en el fondo – sugirió Seungmin –, sé que está muy oscuro, pero no nos queda otra…
- D-déjame ir contigo – dijo Chan, mientras Seungmin ya se alejaba.
Chan consiguió agarrar la mano de Seungmin antes de que se alejase demasiado, y entonces se dio cuenta de algo.
- ¿N-no tienes frío? C-casi parece que estás ardiendo…
- ¿No…? Ya sabes… que lo tolero muy bien…
- P-pero no te pasa sólo con el frío, t-también con el calor – mencionó Changbin –… y eso n-no es normal.
- C-cuando salgamos de aquí t-te voy a llevar directo al médico – añadió Chan.
- … No va a hacer falta – dijo Seungmin.
- ¿C-cómo que no?
- Mira, estamos tan cerca de arreglar todo esto, no me importa que lo sepáis… Técnicamente, no han sido sólo tres víctimas.
- ¿A-a qué te refieres? – preguntó Changbin.
- Dos años después de la desaparición de Joonwoo, volviendo de clase… Joder, fue tan rápido que no puedo ni describirlo; me mataron. Claro, eso fue antes de que supieran que necesitaban a tres personas con el mismo cumpleaños y 10 años de diferencia, no sólo a dos, por lo que su forma de compensarlo fue revivirme, pero no les salió muy bien… Funcionalmente soy humano, existo para mí y para los demás, pero no tengo cambios físicos, no siento estímulos externos, no envejezco… Y sé que eso es gran parte de tu plan para nosotros, Chan, pero-
- S-Seungmin, esto es una l-locura, pero, ¡a mí no me importa si no puedes envejecer ni nada de eso! – interrumpía Chan – ¡L-lo único que me importa es poder estar contigo!
- ¡Lo sé, pero ese no es el problema! Cuando estos rituales se interrumpen, los fantasmas se liberan, las víctimas pueden descansar, pero no sé qué me va a pasar a mí… No sé si voy a desaparecer en cuanto se interrumpa, no sé si tardaré un tiempo, ¡no sé si siquiera voy a desaparecer!
Seungmin suspiraba, mientras que Chan y Changbin no sabían qué hacer o decir.
- Lo único que quiero es que, por favor, no le digáis nada a los demás, y que sólo tengáis en cuenta que, en el tiempo que nos queda aquí dentro, puede que desaparezca sin avisar, ¿vale?
Aún en shock, Changbin y Chan seguían sin saber qué decir, por lo qué sólo se acercaron a Seungmin y le abrazaron. Seungmin lo agradecía, hasta que se le empezó a hacer un poco incómodo.
- … Eres lo más c-cercano a una fuente de calor, no te importa, ¿no? – preguntó Changbin.
- … No, no me importa. No os preocupéis.
Mientras tanto, Han y Jeongin se despertaron de golpe, aún en la sala secreta. El mueble no estaba en su sitio; alguien había entrado.
- ¿Qu-qué ha pasado? – preguntó Jeongin, levantándose del suelo.
- No tengo ni idea – respondió Han –, sólo sé que había un olor raro…
Han fue a revisar el compartimento secreto; no estaban ni la navaja ni las hojas con los símbolos. Al mismo tiempo, recordó lo que había soñado mientras estaba bajo los efectos del somnífero, y le estaba dando un ataque de pánico.
- El ritual ha empezado – murmuraba Han –… Tenemos que ir a buscar a Felix.
- Han, yo creo que deberíamos buscar a los demás – decía Jeongin.
- Sabía que me sonaba la constelación de mis sueños, eran sus pecas. Me estaba esperando todo este tiempo…
- Han…
- Dios, no me quiero ni imaginar lo que le harán los del culto…
- ¡Han!
- ¡¿Qué?!
- Han, Felix es un fantasma, va a estar bien. No pueden hacerle daño, y aunque pudieran, le necesitan ileso. Vamos a por los demás, ¿vale?
- Sí, vale… perdóname, Ayen.
- Tranquilo, Han, no te preocupes.
Al salir a la oficina, se dieron cuenta de que la puerta estaba cerrada con llave.
- ¿Ahora cómo salimos? – preguntó Han.
- Tiene que haber una llave de repuesto aquí – dijo Jeongin –, vamos a buscar.
Ambos pusieron patas arriba la oficina, pero no encontraron nada. Cuando estaban a punto de rendirse, escucharon varios golpes en la puerta.
- ¡Hyunjin, Lino, por Dios! – exclamó Han.
- ¿No podéis salir? – preguntó Minho.
- No, está cerrada con llave – respondió Jeongin.
- A ver, dejadme probar una cosa – dijo Hyunjin –. Apartaos un momento.
Cogiendo carrerilla, Hyunjin le pegó una patada a la puerta, abriéndola.
- ¡¿Puedes dejar de hacer el bruto?! – exclamó Minho.
- ¡¿Me puedes dejar en paz?! – exclamó de vuelta Hyunjin.
- T-tu mano – dijo Jeongin.
- Estoy bien, eso no importa ahora.
- ¿Habéis visto a Felix? – preguntó Han.
- Sí, está… esperándonos fuera.
- Nos dijo que nos vería cuando detengamos el ritual – añadió Minho –, pero no sé cómo vamos a hacer eso…
De pronto, volvieron a escuchar golpes, pero en la puerta del final del pasillo; esta vez, era Changbin.
- Hoy me muero de un infarto – se quejaba Han, mientras Jeongin iba a abrir la puerta.
- Dios, estás helado – dijo Jeongin.
- No, si quieres voy a estar ardiendo después de estar encerrado en un congelador – decía Changbin.
Detrás de Changbin, salieron Chan y Seungmin, temblando.
- Creo que han sido las dos horas más largas de mi vida – se quejaba Chan.
- ¡¿Dos horas?! – preguntó Jeongin – Sí que era fuerte el somnífero…
- ¡¿Somnífero?! – exclamó Changbin.
- Oye, ¿dónde estabais cuando los del culto nos pillaron? – preguntó Hyunjin.
- En la sala secreta detrás del mueble – respondió Jeongin –. ¿Qué pasó mientras estábamos allí?
- Bueno, logramos iniciar sesión en el ordenador – explicaba Chan –, y pudimos ver un vídeo que grabó Joonwoo de la oficina.
- Estaba escondido, pero le acabaron pillando – añadió Seungmin –… como a nosotros.
- A ver, era evidente que sabían que seguíamos aquí – dijo Jeongin –, ningún almacén se queda bloqueado de repente.
- Bueno, sobre la sala secreta, allí estaba la daga con la que van a hacer el ritual y la última hoja que completaba las instrucciones – añadió Han –. Nos costó un rato descifrarlo, pero lo pudimos leer…
- Con… “estaba”, ¿te refieres a que ya no está, la tienen los del culto, o qué? – preguntó Minho.
- No, a ver, antes de desmayarnos, Ayen sustituyó la daga con una navaja que llevaba encima.
- Cuando nos despertamos, la navaja ya no estaba – añadió Jeongin –, por lo que es imposible que el ritual les salga bien.
- A lo mejor Felix puede volver a su cuerpo o algo cuando falle el ritual.
- S-sí, seguro que sí – dijo Hyunjin, sin sonar demasiado convincente. De igual forma, nadie pareció darse cuenta –… Deberíamos montar un plan, porque no me quiero ir de aquí sin Insu ni Joonwoo. Cuando os encerraron en el congelador, ¿había algo más?
- Estaban los cuerpos de Insu y de Joonwoo – respondió Seungmin –, pero se los llevaron. Yo creo que deberíamos separarnos; dos podrían hacerse pasar por personas del culto y, cuando falle el ritual y los demás estén distraídos, llevarse los cuerpos.
- Los demás podrían ir a ver si la pared falsa ya está abierta – añadió Jeongin –, o si podemos abrirla. ¿Quiénes van a ir a por los cuerpos?
- A mí no me importaría – dijo Hyunjin. Minho quiso rebatirle –. Lino, voy a estar bien, no te preocupes.
- Yo puedo ir contigo – dijo Changbin –. En los armarios hay trajes de sobra, podemos ir a por ellos.
- Antes de nada, ¿alguno de vosotros tiene audífonos? – preguntó Seungmin.
- Sí, yo sí.
- Lo digo porque podría llamarte, y cuando tengáis los cuerpos y estéis yendo a la salida nos podéis avisar. Así también llamamos a la policía con tiempo.
- Está bien, vamos – dijo Hyunjin.
- Ah, una cosa. Hyunjin, toma – dijo Jeongin, dándole su cámara de fotos a Hyunjin –, si tienes la oportunidad, saca una foto del culto. Vamos a necesitar muchas pruebas.
- Yo voy a coger la tarjeta SD de Joonwoo – mencionó Minho.
Una vez que Minho cogió la tarjeta, los chicos se pusieron de camino al piso de abajo. Hyunjin y Changbin se pusieron los trajes del culto, y los demás volvieron a las habitaciones secretas. Una vez allí, Seungmin llamó a Changbin para asegurarse de que no hubiera problemas. Hyunjin y Changbin salieron al espacio abierto, y Hyunjin sacó una foto rápidamente. Ambos pudieron infiltrarse sin mucha dificultad, y observaban lo que estaba sucediendo.
- ¿Puedes ver los cuerpos? – preguntó Changbin, susurrando.
- Sí, están justo detrás de Ilseon, al final del escenario – respondió Hyunjin.
Ilseon estaba hablando sobre la llegada del bulgeun agma a la Tierra, que supondría la salvación del planeta tras la exterminación de la humanidad, y más movidas. De pronto, todas las luces se apagaron, y unas luces rojas comenzaron a salir del suelo.
- Más les vale a Han y a Ayen no habernos mentido sobre lo de la daga – dijo Changbin.
Incluso si estaba dudando, Ilseon se apuñaló directamente en el corazón con la navaja. Los segundos pasaban, el cuerpo sin vida de Ilseon yacía en el suelo, pero no ocurría nada. Todas las personas del culto se subieron al escenario para ver a su líder. Ese era el momento perfecto para Hyunjin y Changbin, que subieron al escenario y cogieron los cuerpos de Insu y de Joonwoo.
- Seungmin, ya los tenemos – dijo Changbin.
- ¿Sí? ¿Ya? – preguntó Seungmin – Nosotros no hemos logrado abrir la pared todavía.
- Pues más os vale daros prisa – dijo Hyunjin –, porque todo el culto nos está persiguiendo.
Todos se quedaron callados por unos segundos, hasta que siguieron buscando la manera de abrir la pared frenéticamente, mientras que Chan llamaba a la policía. Daba igual dónde mirasen, no había nada. De pronto, Minho se dio cuenta de algo.
- ¡Ahí! – exclamó Minho, tirándose al suelo. Había una palanca que se camuflaba perfectamente con la pared y, al activarla, la pared falsa se abrió – ¡Vámonos ya!
Los chicos recogieron sus cosas, rompieron la palanca y salieron de la fábrica lo más rápido que pudieron. Unos segundos después salieron Hyunjin y Changbin, y Jeongin pulsó ese ladrillo que una vez abrió la pared, pero esta vez la cerraría.
- La policía ya está de camino – dijo Jeongin, mientras que Hyunjin y Changbin dejaban los cuerpos en el suelo.
- Ay, Hyunjin, te has descolocado las vendas – mencionaba Minho –, ven.
- Supongo que esto está por acabarse, ¿no? – preguntó Chan, agarrando las manos de Seungmin como si fuera a desvanecerse –… S-Seungmin, estás frío…
- ¡¿E-estoy frío?! – preguntó Seungmin de vuelta, extrañando a los demás por su entusiasmo.
Mientras los demás se tomaban un momento para relajarse y hablar de lo que acababa de pasar, Han miraba a su alrededor.
- ¿Dónde está Felix? – preguntó – ¿No dijisteis que estaría fuera esperando?
Ni Hyunjin ni Minho contestaron, y ambos evitaban hacer contacto visual con Han.
- ¿Qué pasa? – volvía a preguntar Han – Me estáis preocupando…
- Han, Felix… no va a volver – finalmente dijo Hyunjin.
- ¿Qué?
- Felix nos dijo que, al detener el ritual, desaparecería – añadió Minho –… Felix ya estaba muerto, no iba a volver… Aun así, quería decirte algo.
Minho sacó un trozo de papel del bolsillo de su sudadera, y se lo dio a Han. Éste decía:
“Estoy muy nervioso, pero no puedo irme sin quitarme esto de encima. Me da mucha vergüenza que Lino tenga que estar escribiendo esto, pero no para de repetirme que no le importa. Bueno, primero de todo, perdóname por fingir que no recordaba nada, pero era la única forma de hacer que todo esto no doliese como lo ha estado haciendo. Además, si hubieras sabido que iba a desaparecer si interrumpíais el ritual, no habrías querido hacerlo, y eso no está bien. Ah, sí, ¿recuerdas cuando dijiste que la luna estaba preciosa cuando estaba nublado? Yo no tenía ni idea de que te estabas declarando, ni de que lo que yo te dije podía interpretarse como un rechazo, pero ahora que sé lo que significa, quiero que sepas que ya puedo morir en paz. Creo que no me dejo nada, pero bueno, Han, no dejes de vivir tu vida porque yo ya no esté, ¿vale? Cuando llegue el momento volveremos a vernos, pero ese momento no es ahora.”
Han se echó a llorar. Todas las emociones que se estuvo guardando durante esos dos días salieron como un volcán en erupción.
- Han, lo siento mucho, de verdad – dijo Minho, acariciando la espalda de Han.
De pronto, los chicos escucharon las sirenas de los coches de policía. Los días siguientes fueron un caos. Tuvieron que declarar múltiples veces, tuvieron que repasar todas las pruebas… Pero consiguieron que toda la culpa cayese sobre el culto. Finalmente habían conseguido que se hiciese justicia por Joonwoo, Felix e Insu…
Pero, durante esos días, Han estaba completamente en shock, vacío por dentro, incapaz de hacer absolutamente nada. No pudo testificar, no le pudo contar nada a Olivia y a Rachel, nada. Seguía pensando en todo lo que había ocurrido en la fábrica, y seguía creyendo que había una pequeña posibilidad de que Felix siguiera vivo. Sin embargo, cualquier esperanza de poder volver a ver a Felix de nuevo desapareció, ya que, en sus sueños, las estrellas que formaban la constelación de las pecas de Felix en el cielo dejaron de brillar.
