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La encrucijada que tenía Mar en el corazón no la dejaba pensar, no podía acomodar sus ideas y se sentía llena de flikitis raros. Ella le había dejado claro a Merlín que estaba con Rey y que para ellos ya era tarde, además sabía que era lo que tenía que hacer. No podía jugar con los sentimientos de su leoncito descosido, no cuando él siempre fue claro con ella. Sin embargo, se le dificultaba pensar con claridad cuando el principito aparecía, le hacía sorpresas románticas y la atacaba con palabrerías de amor que la hacían dudar de su buen juicio. Y es que en su defensa como una buena romántica empedernida todo ese piripipí romántico y de película lograba conmoverla, aún si no quería, y eso le daba rabia.
Es por esto que se encontraba así, bajando las escaleras luego de ver cómo el principito había decorado su embajhadita. Diga lo que diga él seguía con su plan de casarse con Petra, la había lastimado a ella y había lastimado a su tocayarita.
Enojhada la había visitado y no había podido quedarse a escuchar ni una palabra más. Estaba canshada. Cansada de derramar lágrimas, de lastimar personas, de creer e ilusionarse, sin embargo no se había dado cuenta de esto hasta que no vivió una de las semanas más lindas y felices desde que llegó al Hangar. Una semana en la que se dedicó a explorar este nuevo amor que surgió con Rey, donde más allá de que salían a escondidas, la citas, los besos, las risas, todo le pintó un cuento de hadas y puso su mundo al revés. Y es que quién hubiera dicho que Enamorhada aparecería ni más ni menos que por bombón del concurso, el chico malo que resultó ser un rey de corazones.
Su cabeza no paraba de dar vueltas, mil pensamientos por hora abarcaban su mente mientras su (ex) príncipe la seguía, intentando detenerla.
— ¡Mar! Mar escuchame. — dijo Merlín corriendo detrás de ella. — No quiero que perdamos más el tiempo, te amo y yo se que vos me am…
— Shh, shh — dijo ella deteniéndolo — Y córtela con todas esas decoraciones ¡Eh! Porque pierde plata, tiempo, y esfuerzo — dijo dijo golpeándolo con su boina. —Y lo nuestro emm… a ver cómo lo digo… c'est fini.
— No se puede terminar, primero porque nunca empezó y segundo porque amores como el nuestro nunca se terminan.
Mar se sintió sin palabras, no podía creer la caradurez de quien estaba frente suyo.
— ¡Ah! Cállese un poco se lo pido por favor — dijo completamente indignada — con todas estas melosidades, con con todo este palabrerío me puede hacer un bolero si quiere.
— Ya escribí dos ¿Te los canto? — dijo él para luego comenzar a cantar.
— No, no, no, ¡no! — exclamó mientras el príncipe intentaba callarla con su mano — ¿Qué se comió?¿El príncipe de los cuentos romanticones?
En el momento en el que esas palabras salieron de su boca Merlín la tomó por la cintura y la acercó a él.
— No soy un príncipe — dijo él mirándola a los ojos. — Soy un chico de 21 años que encontró al amor de su vida y no quiere perderla.
La cabeza de Mar daba vueltas, Merlín era muy convincente. Pero verlo le dolía, ¿Cómo podía decirle esto ahora? ¿Cómo podía decírselo con tanta soltura? Era como si supiera qué decir para que ella cayera, sabía cómo endulzar su oído y se enojaba consigo misma por dejarse atrapar. Mar intentó hablar y volver a decirle lo que ya le había dicho antes pero él no la dejó.
— Sí, sí, sí. Ya sé que estás con Rey, pero decime la verdad ¿lo amas? — y esa era la pregunta que se quedó en su cabeza. ¿Amaba a Rey? La imagen de Juan apareció en su mente, sonriente y con los ojos iluminados. Ella iba a contestar, sin embargo Merlín no lo permitió — Preguntale a quien quieras, a los astros, a los chicos, a tus haditas, preguntale. Todos te van a decir lo mismo.
— ¿Qué me van a decir?
— Que nos dejemos de hacer los tontos. Porque por más que miremos para otro lado nuestro corazón se acelera cada vez que nos vemos.
Mar realmente se encontraba confundida, el chico realmente sabía cómo penetrar en su mente y hacerla dudar de todo. Fue en ese momento, con Merlín sosteniéndola muy cerca él y mirando sus ojos, que escuchó pasos acercarse, sacándola de su trance. Mar alejó al principito al mismo tiempo en que escuchó una voz muy conocida para ella seguida de risas.
—Escucha pero, ¿seguro que no tenes problema? Mira que así tranquilito como lo ves es bravísimo este.—
Mar se dio vuelta y pudo ver como Rey se acercaba junto con Única y Santi. ¡Justo en este momento! ¿Dónde están mis haditas cuando las necesito? pensó. No podía ser que su nuevo enamorado apareciera justo ahora. O su timing era impecable o tal vez la haditas lo habían planeado todo, las suyas o las de él, a esta altura ya no sabía. O tal vez esta es la señal que estaba necesitando no pudo evitar pensar.
Señal o no señal estaba segura que esto podría desatar un problema, Rey y Merlín no paraban de discutir por ella y temía que este fuera a ser otro encontronazo. Miró para todos lados tratando de encontrar una salida pero sabía que no tenía una y para ser honesta tampoco la quería, había llegado la hora de aclarar su cabeza y su corazón de una vez por todas.
Escuchó la voz de Única y supo el momento justo en que los encontraron. La rubia no pudo terminar su oración y los pasos y risas se detuvieron abruptamente. El silencio se volvió ensordecedor. A pesar de que Merlín la había soltado y ya no estaba pegada a su cuerpo estaban muy cerca. Mar era consciente de lo que la escena daba a entender, al igual que sabía que no estaba muy alejada de la realidad. Cerró los ojos y tomó aire antes de darse vuelta. Al abrirlos lo primero que pudo ver fue la cara de su rey de corazones e inmediatamente sintió su corazón romperse.
Rey tenía un rejunte de emociones y flikitis como siempre decía Mar. Dolor, decepción, confusión, sorpresa, y bastante enojo. Ver a su chica y a Merlín tan cerca después de que ella le haya jurado y rejurado que no pasaba nada entre ellos lo mataba por dentro. Se sentía un idiota por pensar que lo había logrado, que se había quedado con la chica que amaba y había derrotado al principito comprador, pero una vez más pudo ver como perdía.
Mar lo notó. Después de tantas charlas la ruluda había comenzado a descifrar a Rey, comenzaba a conocerlo con profundidad y cuando lo miro a la cara pudo ver en sus gestos y en esos ojos verde cielo todo lo que sentía, a pesar de que su coraza y su máscara se estaba rehaciendo a ella no podía ocultarle nada. Lo encontraba tan transparente como el agua. A Mar le dolía el pecho de solo mirarlo, de saber que lo había lastimado. Rey solo le había sacado sonrisas en sus momentos juntos, o al menos siempre que Merlín no apareciera en el medio. Ella quería lograr lo mismo.
Los ojos de Rey alternaban entre ella y el príncipe a su espalda, hasta que finalmente se posaron en ella y fue como si hubiera recibido un golpe. En ese momento lo supo. Su corazón y su cabeza se alinearon, y supo lo que tenía que hacer. Miró a Única que los observaba como si de un partido de tenis se tratara, con su mirada altanera y llena de satisfacción. Y vio a Santi quien no entendía qué estaba pasando pero que aún así se aferró a su hermano, su protector. Tan chico y tan inocente. Por último miró a Merlín quien se encontraba detrás suyo. Y también lo sintió, la decisión estaba tomada. El lugar no era adecuado y la situación no era ideal, pero ella sabía que los momentos perfectos no siempre se daban y confiaba en que sus haditas habían orquestado esto para ayudarla.
Mar volvió su mirada al chico de rulos que todavía seguía con su vista fija en ella y habló — Rey, que bueno que estás acá, ¿podrás acercarte un segundo? — pidió en casi un susurro, lo cual se sintió completamente extraño para ella. Sabía que él intentaría huir, que no iba a dejar que le explique, pero esperaba que las haditas le den una mano y convencerlo.
— Ahora no puedo Mar, estoy un poco ocupado — contestó él de forma cortante. Su coraza crecía cada vez más y Margarita temía no frenarla a tiempo.
— Lo sé, pero es rápido. Por favor. — le pidió casi suplicando y Margarita fue consciente que de ser necesario se lo pediría hasta de rodillitas.
Aún con todos los sentimientos negativos que florecían dentro de él, Rey sabía que no podía negarse a su Mar bonita, menos cuando ella lo miraba con esos ojitos grandes y compradores, con toda esa carita de princesa y le hablaba con voz suplicante. Era débil, y aunque se sintiera dolido y tuviera derecho a estar molesto quería ir, quería hablarle, quería hasta pedirle perdón por su contestación tan cortante. Débil pero con orgullo. Le pidió a Santi que se quedara en su lugar y se acercó a la pareja.
— ¿Qué pasa Mar?— preguntó el ruludo una vez a su lado.
—Quiero que escuches lo que tengo para decir. — dijo mirándolo — Quiero que los dos escuchen.
Las manos le sudaban, sentía que era el final de algo pero también un nuevo comienzo. Deseaba que está conversación saliera bien. No, tenía que salir bien. Por ella, por sus dos galanes de telenovela, y por el grupo en general. Ya habían suficientes discordias como para sumar otra. Además ella no quería perder a ninguno, más allá del romance, ella no quería perder sus amistades. Por favor que se lo tome bien, que me entienda, pedía Mar a sus haditas.
—Yo sé, que estuve un poco confundida. Un poco bastante. Mí corazón estaba todo turuleco y enredado, y no sabía para donde tirar, es verdad — comenzó diciendo para después fijar su vista en el príncipe encantado — Merlín cuando nos conocimos fue como magia, parecía todo un cuento de hadas y mí corazón latió por vos en ese instante en que te vi.
Merlín le sonrió, esas palabras llenaban su corazón y no podía evitar recordar cuando la vio por primera vez, completamente mojada, llena de basura pero con una sonrisa enorme y hermosa. Rey miraba a Margarita deseando no estar ahí, no quería escuchar como declaraba su amor a quien había sido su contra durante todo el certamen y al mismo tiempo consideraba un amigo.
— Pero vos tenías tus temas y yo lo comprendí. Tu sentido del deber siempre fue mucho más fuerte que cualquier otro sentimiento que hayas tenido conmigo y hasta ahora lo sigue siendo. Vos llegaste a buscar a la princesa y aún cuando pudiste elegirme siempre elegiste el otro camino. Me lastimaste, lastimaste a Daisy. Muchas veces me buscaste después de haberle jurado a Daisy amor eterno. Te pedí solo decir la verdad y no pudiste. Siempre algo se interpuso y por algo será. — los ojos de Merlín brillaban con lágrimas sin derramar, temía por el final de esta conversación. Quiso hablar, pero Margarita no lo dejó — déjame terminar por favor. Necesito sacarme todo esto que tengo adentro así que ninguno me interrumpa. — Mar tomó una bocanada de aire para juntar coraje y terminar con toda esta conversación de una vez por todas. — En el medio de todo este lío de corazones rotos e indecisos apareció Rey — y junto con su nombre paró para mirarlo — Rey que se supone que era el chico malo de todo este cuento, el villano que solo hacía maldades, pero que en realidad es todo un dulce protegido por miles de envoltorios que hay que sacar uno por uno para descubrir su verdadero yo. — No planeé acercarme a él, tampoco planeé todo lo que vivimos, pero sucedió. Y poco a poquito mí corazón comenzó a latir por él. Y mira que yo me negué ¡Eh! Puse muchas trabas porque no podía dejar de pensar en un krikoraganés. Y Rey no me va a dejar mentir, lo rechacé más de una vez y aún así él me supo esperar, sin presión ni esperar nada, y un día sin quererlo Enamorhada tocó la puerta. — Rey, al igual que Merlín la miraba con los ojos brillantes. No quería hacerse ilusiones pero sabía que era muy tarde para eso. Escucharla hablar le hacía creer que ella lo iba a elegir, y si eso no sucedía iba a estar devastado.
Mirando a ambos chicos la ruluda fijo su vista en el príncipe — Merlín, yo te lo dije el otro día, me alegra que hayas decidido seguir tu corazón, pero realmente ya es tarde. Yo estoy con Rey. Y estoy enamorada de él. — dijo Mar tomando la mano del más alto. Merlín no podía hacer otra cosa que negar con su cabeza, no podía ser así. No quería perderla. Sabía que era su culpa, sabía que había hecho las cosas mal y no había nada que deseara más que volver el tiempo atrás. Rey tenía su vista fija en su bonita y una sonrisa que con cada palabra crecía un poquito más, por primera vez en mucho tiempo quería llorar pero de felicidad. Ella realmente lo estaba eligiendo y no podía creerlo. — Recién me preguntaste si yo lo amo, y para ser honesta no puedo decirte si eso es lo que siento, o siquiera si es lo que sentía por vos, porque hasta hace muy poquito yo creía que el amor era una cosa, pero hoy me doy cuenta que es algo completamente diferente. Que existen varios tipos de amores y que todos germinan de diferentes maneras. Pero sí puedo decirte que lo que siento hoy por Rey es tan fuerte que yo siento que estoy muy cerca de amarlo, amarlo como él merece, y si él me deja — fijo su vista en el más alto — me gustaría poder intentarlo, en serio. Sin vueltas, sin escondernos. Una vez dije que quería todo bien enmarcado, bien en público y hoy se que estoy lista para eso.
Ambos chicos derramaban lágrimas pero por razones muy diferentes.
— Yo no quiero lastimarte Merlín y realmente me duele saber que te estoy causando dolor, pero necesito ser sincera, con vos, con los dos, y conmigo. A pesar de todo no me gustaría perder tu amistad pero si es necesario que nos alejemos lo voy a entender, pero yo necesito que VOS lo entiendas, que realmente esto terminó a pesar de nunca haber empezado, y que no importa las sorpresas, ni las palabrerías que me digas. Mí decisión está tomada y yo elijo a Rey.
Merlín asintió con la cabeza baja. La había perdido y aunque quería hacer todo para recuperarla, hoy tenía el presentimiento de que era definitivo.
Margarita aún tomando la mano de Rey se alejó un poco de Merlín, quien seguía con la cabeza gacha, para hablar con su rey de corazones. Rey no podía dejar de mirarla, no podía creer que ella lo había elegido, y no solo eso, sino que quería hacer todo público.
— No quiero que haya confusiones. — dijo Mar — yo quiero estar con vos, te elijo a vos Rey. Y sé que todavía estás todo descosido y yo sigo toda roturienta y probablemente nos tome mucho, mucho, mucho volvernos a componer, pero si vos todavía querés, estoy lista para decirle a los shipperos que sí, sale Marrey.
La ruluda apenas logró terminar su oración que al segundo su leoncito descosido ya la estaba besando como esa primera vez en su embajhadita. Era un beso mezclado con lágrimas y sonrisas que no podían evitarse.
— Te quiero Mar — logró decir su chico con la voz entrecortada. — Te quiero y te prometo que nunca te voy a fallar, no te voy a lastimar. Y ahora que sé que me querés ni sueñes con que te voy a dejar ir. Bonita, yo por vos y por esto me juego la vida si es necesario, no me importa lo que pasé, incluso si lo pierdo todo pero te tengo a vos yo estoy bien.
Margarita no podía evitar las lágrimas. Hace una semana en el altillo le había asegurado que no le importaba que lo echen del concurso, ni que descubrieran lo que hizo, lo único que le importaba era ella, y hoy acá después de su confesión se lo volvía a asegurar y ella estaba segura que nunca nada se había sentido tan bien, ni tan correcto como esto. La emoción la desbordaba y tomándolo del cuello lo acercó a ella par poder depositar otro beso en sus labios. Beso que fue interrumpido por una voz inquisidora que se escuchó detrás de Margarita.
— ¡Rey! ¿Entonces Margarita sí es tu novia? — preguntó Santi al borde de la emoción. La pareja se separó de golpe y lo miraron riendo al verlo con sus ojos abiertos de par en par.
— Bueno no hubo un pedido formal pero podría decirse que sí. — dijo Margarita agachándose hasta quedar a la altura del más pequeño. — No te molesta, ¿no?
— ¡Para nada! ¡Mí hermano sale con una de mis favoritas del concurso! — gritó emocionado, a lo que el par no pudo evitar reír.
De repente se escuchaban pasos y las voces de Ada y Daisy se hicieron oír por el pasillo
— ¿Cómo que viene un muchacho? ¿Qué muchacho? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo lo conociste? — Se escuchaba decir a Ada.
— No te pongas en modo guardiana. — replicaba Daisy.
— Pero es que el modo guardiana es mí deber para con la corona, ahora no entiendo, ¿no era que te gustaba pipe? — dijo Ada ya entrando en la sala. Mar y Rey se miraron con los ojos bien abiertos al escuchar esto. Ellos no podían dejar de mirarse, de sonreírse, estaban en su burbuja y les encantaba, pero tampoco podían evitar escuchar.
— Eh… no sé Ada, tengo diecisiete años, es edad para que me gusten muchos. — declaraba Daisy risueña. Mar estaba sorprendidísima de su tocayarita aunque un poco le dolía por su Pipon, él estaba hasta las manos por la princesa.
— ¿Cómo muchos? — decía Ada — Ay digna hija de tu padre.
— ¿Qué? ¿Era muy enamoradizo?
— ¿Máximo? — Se escuchó la voz de Delfina entrar. — Tremendo picaflor antes de conocer a Flor, ¿O no?
Mar y Rey no pudieron evitar reír ante esto, llamando la atención de quienes acababan de entrar en la sala.
— ¿Y ustedes que están haciendo ahí? Y ¿el chiquito que es? — preguntó Delfina mirándolos. La pareja quedó congelada.
— Es mí hermano Delfi, me está visitando — apresuró a decir Rey
— ¡Ay pero que lindo! Mucho gusto hermoso, espero que estés disfrutando la visita, sentite como en casa. — pronunció la dueña de casa con la entonación y sonrisa más amable que pudo lograr.
— ¡Gracias Delfi! Este lugar es increíble. Me hace muy feliz estar acá, bueno igual más feliz me hace ¡que Rey y Mar sean novios!
— ¿¡Cómo!? — gritaron Ada y Daisy completamente sorprendidas. Margarita estaba completamente roja pero no podía evitar la sonrisa que se formaba en su cara.
— ¿Cómo que son novios Mar? ¿Desde cuándo? — preguntó Daisy estupefacta.
— Es un poco largo el cuento tocayarita — dijo Mar riendo — pero te prometo que más tarde te cuento absolutamente todo. Pero digamos que sí estamos juntos.
La ruluda miró su leoncito descosido que la miraba sonriente y con ojitos de enamorado, y supo que no iba a arrepentirse, que era acá, y que sin importar que pasara estaban juntos.
