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Sabía que su padre le había comprometido con un hijo de Charlotte Linlin muchos años atrás, cuando aún era una niña pequeña. Le parecía ridículo y molesto en todos los aspectos, porque la idea del matrimonio le parecía una locura ahora, más a sus tiernos doce años. Su padre insistía en que solo era un tema de alianzas y no agresión, pero para ella era completamente ridículo.
Claro, Big mom no era tonta, iría por la única hija biológica de Barba Blanca con tal de asegurar un linaje por parte de las Kujas. Por supuesto que Newgate pensaba que, si eventualmente le parecía necesario, podía romper el compromiso, porque no le temía a Linlin y su creciente ejercito de mocosos. Él mismo había empezado a hacer crecer su propia tripulación donde, a pesar de no tener lazos sanguíneos, los veía a todos como preciados hijos, de la misma forma en que veía a su preciosa Dahlia.
—Crocodile —le había dicho un día de repente—, llámame Crocodile.
—¿Qué tiene de malo tu nombre? Tu madre te lo puso —dijo extrañado al tenerla en su regazo. Seguía viéndose tan pequeña en comparación con él.
—No me gusta —decretó orgullosamente—, suena débil.
—Todas las Kujas tienen nombres de plantas o flores —enarcó una de sus cejas— y ninguna de ellas es débil, te lo aseguro.
—No lo sé, no conozco ninguna —rodó sus ojos. Era un tema incómodo y Barba blanca prefería no tratarlo de momento, quizás era esa fase de rebeldía habitual de la adolescencia; con Kaido había sido terrible en su tiempo.
—De acuerdo, como tú quieras, Crocodile. —cedió—¿Recuerdas a dónde nos dirigimos ahora?
—A ver a Big mom —respondió no muy convencida con la idea—¿Por qué debemos ir?
—Tengo algunas cosas que tratar con ella, además seguro podrás divertirte con sus hijos.
Pero Crocodile sabía que no había manera de que eso sucediera. Había conocido a sus hijos cuando era más pequeña, al menos a algunos, los recordaba vagamente y como solía jugar con algunos de ellos, pero sabiendo lo del tonto compromiso, la idea le resultaba sumamente incómoda. Hizo una mueca antes de bajarse del regazo de su padre para irse con el resto de sus hermanos. Prefería un millón de veces juntarse con la tripulación de Roger a pelear por días que visitar a esa mujer.
…
El Queen Mama Chanter tenía que parecerle el barco mas feo que había visto en toda su vida. Le faltaba la cómoda imponencia del Moby Dick o la elegancia del Oro Jackson. Desconocía si la capitana ya había llegado a tener veinte hijos, ella se veía igual de embarazada que la última vez y ahora todo lo que quería era ignorar las molestas cosas que le hablaban o se acercaban cantando tonterías.
—¿Por qué no van a dar una vuelta por el barco? No hagan ningún destrozo.
Crocodile le miró con algo de aburrimiento antes de marcharse junto a Marco, Thatch, Vista y Jozu. Ciertamente era mejor quedarse cerca de sus hermanos, hacía que todo ese momento se sintiera menos aburrido y tedioso para ella.
—¿Por qué no podemos quedarnos en el barco con los demás? —se quejó tras patear uno de los Homies que se acercaba canturreando.
—Papá claramente quiere que convivas con tu prometido —dijo Thatch con uno tono burlón; sus hermanos rieron y ella gruñó.
—No voy a cansarme con ninguno de sus tontos hijos, nunca —frunció el ceño cruzándose de brazos.
Creí que Katakuri te agradaba —murmuró Marco, algo perdido en la conversación. Crocodile rodó los ojos.
—O tal vez prefieras a uno de los aprendices de Roger —sugirió Vista juguetonamente—¿El pequeño pelirrojo? —los demás soltaron una carcajada
—Que asco, además, es mucho menor que yo —sacó la lengua en señal de desagrado—. Cuando consiga mi propia fruta del diablo me iré muy lejos, tendré mi propia tripulación y el viejo no podrá obligarme a nada.
Sus hermanos le dedicaron una expresión divertida, al menos porque no creían que de verdad lo hiciera. Mientras seguían avanzando por el animado barco, naturalmente se toparon con los hijos mayores de Big mom.
—Mira Katakuri, pero si es tu novio —soltó Oven con una sonrisa burlona, dándole un codazo a su mellizo.
—Es cierto ¿No quieres ir a recibirlo con un beso? —apoyó Daifuku.
Crocodile se fijó en los trillizos de ya quince años con su ceño fruncido. Le daba igual si se metían con su nula feminidad, no le importaba o eso quería creer, aunque definitivamente reafirmaba su opinión de ellos: Eran unos idiotas. Claro, el mayor de ellos simplemente apartó la mirada, parecía indiferente a sus comentarios y eso le dolió un poco, porque al menos creyó que antes se llevaban bien.
—¡Ya dejen en paz a nuestra hermana! —intervino Marco.
—¡Si! ¡Aunque sea su barco aun podemos darles una paliza! —apoyó Jozu. Thatch colocó sus manos en las cabezas de ambos para calmarlos.
—Ya, no les sigan el juego, estamos aquí para llevarnos en paz ¿No?
Crocodile y Katakuri cruzaron miradas por un momento. Ella frunció el ceño y le mostró su dedo de en medio a los trillizos antes de seguir su camino junto a sus hermanos.
—Que mal que debas casarte con un marimacho, hermano —lamentó falsamente Oven.
—Si ¿No te molesta? Deberías decirle a mamá que ni siquiera cuenta como una chica —prosiguió Daifuku.
Katakuri le vio alejarse en silencio antes de seguir un camino opuesto para buscar a Brulee.
—Ella es muy ruda, si siguen hablando así, les pateará el trasero.
El par se miró bastante perplejo, haciendo una mueca de disgusto. No le discutían nada a su hermano mayor, quizás él veía algo más que una mocosa masculina y malhumorada.
…
Algo que agradecía mucho era que las visitas a Big Mom y su tripulación eran muy raras, no volverían a ese jodido barco en años y eso le hacía sentir mejor. Pese a no querer aceptarlos, las palabras de aquellos idiotas sí que calaban un poco en ella ¿Por qué era distinta de las hijas de Big mom? Ellas siempre lucían muy lindas, pulcras y femeninas pese a ser criadas como piratas igual que ella. La propia Linlin era una mujer bellísima.
Eventualmente enterró esos pensamientos, encontró una fruta del diablo y adquirió una habilidad tipo logia de arena. Decidió posponer un poco su separación de la familia, especialmente después de conocer a Oden y Toki cuatro años después.
El tiempo a bordo del Moby Dick era un constante torbellino de eventos, pero ahora, con aquel par entre ellos, parecía que todo había alcanzado una extraña armonía. Crocodile notaba cómo ambos llenaban el barco con un sentido de propósito diferente, como si su mera presencia inspirara a la tripulación a mirar más allá del horizonte inmediato y soñar con cosas más grandes.
Por su parte, Oden se convirtió en una especie de mentor informal para ella. Aunque la diferencia de estilos entre ellos era evidente: él era apasionado y visceral, mientras que ella siempre se inclinaba por lo calculador. Encontraba en sus lecciones algo que no había recibido de su propia familia: un enfoque en seguir sus propias ambiciones, sin importar lo que eso significara para otros.
—Tu fuerza no será completa mientras no estés completamente decidida sobre quién eres y qué quieres — le dijo una vez mientras practicaban con espadas en la cubierta. A pesar de que su habilidad con la espada era torpe en comparación con los poderosos mandobles de Oden, solo Vista parecía poder seguirle un poco la lucha, ella escuchó sus palabras con atención.
Por otro lado, Toki representaba algo completamente distinto. La elegancia innata de la mujer del futuro, su capacidad para mantenerse firme en medio del caos, la forma en que usaba palabras suaves pero decisivas para comandar respeto; Crocodile no podía evitar sentirse fascinada. Al principio, fue una admiración distante, pero poco a poco se encontró pasando más tiempo con Toki, preguntándole sobre su visión del mundo, sus metas y cómo alguien podía equilibrar poder con gracia. También le estaba ayudando a abrazar ese lado femenino que tanto rechazó por años.
—Ser femenina no te hace débil, de por sí ya eres muy hermosa —le dijo mientras cepillaba su oscuro cabello ahora bastante largo—, al contrario, puede ser como cualquier otra fortaleza ¿Sabes? Tu arena no tiene que ser tu única arma, además, eres muy astuta, me sorprende que no lo vieras por ti misma.
Se ruborizó un poco por sus halagos. Creciendo entre tantos hombres nunca supo cómo conectar con eso, ni siquiera la presencia de su única hermana le hizo meditar demasiado en ello. Toki tenía un punto.
—¿No te gustaría probar algo diferente? Si no te gusta, puedes volver a tu estilo habitual. Shirohige-san dijo que por tu cumpleaños diecisiete tendrán una reunión con una aliada suya ¿No te gustaría aprovechar la ocasión?
Crocodile hizo una mueca de solo pensar que verían a Big Mom en un día como su cumpleaños. No quería estar cerca de ella o sus molestos hijos, más al pensar que seguro era para reforzar ese tonto compromiso. Aun así, decidió tomar el consejo de Toki.
…
Los piratas de Big mom les recibieron con más animosidad que otras ocasiones, quizás en algo influía la presencia del guerrero de Wano o tendría que ver con algún plan mañoso de Linlin para reforzar el asunto del compromiso. Como fuese, ese día podría decirle que se fuese a la mierda, sentía la seguridad para hacerlo.
Y es que al verse al espejo encontró algo distinto que le había agradado en su nuevo ver. Ni siquiera la tonta cicatriz que atravesaba ahora su rostro, provocada por una batalla un año atrás, arruinaba el perfecto trabajo de Toki.
Incluso sus propios hermanos se mostraron impresionados por el cambio. Debía admitir que le gustaba sentirse de esa manera, femenina, elegante, como si el poder que ahora emanaba fuese superior. Además, estaban encontrando un gusto particular por la joyería.
—Oye Katakuri ¿No vienes a saludar a tu no…?
Las palabras normalmente burlonas de Daifuku quedaron en el aire al ver a la muchacha ante él. Katakuri, que usualmente evitaba cualquier muestra de sorpresa, alzó sus cejas al ver a Crocodile. Su expresión era inescrutable, pero sus ojos delataban una ligera impresión. Quizás no esperaba que la hija de Barbablanca, siempre conocida por su actitud reservada y ruda, pudiera proyectar tanta elegancia y, no era tonto, lucía bellísima.
—¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua el gato, Katakuri? —intervino Perospero con una risa burlona, dándole un empujón ligero a su hermano.
Crocodile mantuvo su compostura al ver al muchacho, mucho más alto que la última vez, con un aspecto más fornido y rudo a sus ya diecinueve años. Sería una completa mentirosa si decía que no se le hacía atractivo ¿Cuándo pensó así de un hombre? Jamás en su vida, bueno, quizás de Gold Roger, pero eso era un secreto muy personal.
Aun así, sonrió con autosuficiencia. Había llegado el momento de enfrentar a los tontos hijos de Big Mom con la frente en alto y el nuevo aire de confianza que había cultivado con la ayuda de Toki la hacía sentir imparable. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, Katakuri habló.
—Has cambiado —dijo, con su voz profunda y tranquila
—¿Para bien o para mal? —respondió ella, desafiándolo con la mirada.
—Para bien. Aunque no pensé que te preocuparías por algo como esto.
—A veces es divertido sorprender. Y a veces es necesario para que otros entiendan que no pueden controlarte.
Él acercó sus dedos a su rostro para acomodarle un mechón de cabello sobresaliente. Ese gesto la tomó un poco por sorpresa, aunque no se apartó pese a sentir sus orejas calientes por un segundo. Le sostuvo la mirada en todo momento con altivez.
—Te ves muy hermosa, pero siempre consideré que lo eras —soltó con una naturalidad algo abrumadora.
—Vine para romper nuestro tonto compromiso, no voy a casarme contigo solo porque otros así lo decidieron.
—Me parece muy bien, creo que es admirable que siempre hayas buscado tu propio camino.
—¿No te molesta?
—No, aunque seguro mamá no estará contenta.
—Muero por ver eso.
La sonrisa confiada y desafiante de Crocodile le pareció encantadora, una parte de él desearía ser igual de rebelde, prefería no desobedecer a su madre por el bien de sus hermanos. Al menos ella tenía el respaldo de Shirohige, su madre jamás se enemistaría con él.
—¿Quieres dar una vuelta por el barco mientras llega la hora del té? —ofreció y ella accedió, menos fastidiada que en visitas anteriores—¿Debo llamarte Dahlia de nuevo?
—No —negó mientras avanzaban—, Crocodile sigue siendo mi nombre, aunque Lady Crocodile suena más elegante.
—Seguro que sí —sonrió ligeramente bajo su bufanda, al menos ella estaba segura consigo misma, eso lo admiraba mucho.
Mientras ellos se alejaban caminando, sus hermanos simplemente los veían a la distancia con algo de tensión.
—¿De verdad planea romper el compromiso? ¿Se ha vuelto loca? —cuestionó Perospero alarmado.
—Tal vez, con ella nunca se sabe —Thatch se encogió de hombros—, pero tu hermano no le es indiferente, si no es un idiota como ustedes, entonces tal vez les salve el culo de una rabieta de su madre.
Marco, Jozu y Vista rieron ante la expresión de desespero del mayor y los mellizos de Katakuri. Claro, el mayor de los trillizos nunca fue grosero con ella en sus visitas, incluso cuando eran mas niños solían jugar juntos retándose a hacer cosas, luego vino la indiferencia y ahora algo que no sabían como describir ¿Cómo acabaría ese día? Ninguno podía imaginarlo, solo rogaban que no de la peor manera.
…
Pese a que su matrimonio con Katakuri había sido arreglado, al final se salió con la suya de hacer las cosas a su manera, porque ahora estaba mas segura de quien era y lo que quería. No sería otra comandante de los piratas de Barba blanca y tampoco sería la nuera trofeo que conectaría a Linlin con el linaje de las Kuja, forjaba su propio destino.
Tenía sus planes, tenía sus metas y, con la muerte de Roger, se propuso que ella sería quien encontrara el One piece y obtendría el título de rey de los piratas. Una meta bastante grande y difícil, una que se esforzaba día a día en obtener. Ahora ostentaba un título que le quitaba de encima a la Marina, se había deshecho de su apellido paterno y mantenía su relación con los Charlotte oculta. Para el mundo era simplemente Lady Crocodile y eso estaba bien.
El Den Den mushi en su oficina dentro de Rain dinners empezó a sonar. Exhaló un poco de humo de su puro antes de caminar y tomar la bocina.
—Crocodile —la voz de su esposo le hizo sonreír ligeramente. Sí, estaban casados, pero tal como quería, todo fue a su manera, nunca permitió a Linlin manejar su relación de ninguna manera.
—Katakuri, que curioso que llames ¿Todo bien? ¿Cómo están las gemelas?
—Todo está bien, aunque quería pedirte algo.
—Soy toda oídos —tomó asiento y cruzó una de sus piernas sobre la otra.
—Una de mis hermanas desapareció, tu red de informantes tal vez podría encontrar algo al respecto.
—¿Cuál de todas? Tienes muchas. —se rio burlonamente.
—Lola, te agradecería mucho si consigues alguna información de ella, solo quiero saber si está bien y…mamá no debe saberlo.
—No se lo diría de todos modos. Que bueno que al menos uno de tus hermanos decidió escapar de tu bruja madre.
—Crocodile…
—Haré lo que pueda, saluda a las niñas de mi parte, querido.
—Te agradezco, cuídate.
La llamada terminó y ella se removió en su cómodo asiento. Definitivamente todo seguía el curso que deseaba, y aunque eso le alejaba considerablemente de su familia, todo estaba bien mientras pudiera seguir labrando su propio camino.
FIN
