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¡LICHAAAA!

Summary:

Enzo se mando otra cagada y debe recurrir al ser más poderoso que conoce.

Notes:

Enzo y Juli tienen como 12/13 y los demás 19 maso

Work Text:

— ¡Sos un bobo! — Julián no era un chico problemático, en serio que no. Pero Enzo lo sacaba de sus casillas con sus pelotudeces, y en ese momento lo mataría él mismo con sus propias manos… si no fuera porque Enzo era un poco lindo y verlo mucho tiempo a la cara lo ponía nervioso. — ¡Te odio! ¡Me tenés cansado! ¡Le voy a decir a mi hermano que te cagué a piñas por pelotudo!

 

Enzo abrió la boca, sorprendido. No esperaba que su estrategia de conquista estuviera yendo tan mal, pero ahora había algo más urgente en su lista de prioridades: el hermano de Julián. Un gigante como de 1,90m que todas las mañanas lo acompañaba al colegio y que seguro cuando supiera lo que Enzo le había hecho a su hermanito, lo mataría.

 

Y si lo mataba, Enzo no podría ver a River ganar la Libertadores, ni casarse con Julián, ni adoptar tres perros y un gato, ni viajar juntos por el mundo. Todos sus planes arruinados porque el hermano de Julián lo iba a matar.

 

Al notar la cara estupefacta de Enzo, Julián se dio media vuelta y se largó a su casa. Aún llevaba el uniforme manchado de lodo donde se había caído en esa calle horrible sin revocar.

 

Lo que Julián no sabía era que Enzo había intentado cruzarle el brazo por los hombros para abrazarlo y saludarlo. No contaba con que se resbalaría en el lodo y en su intento de recuperar el equilibrio, lo empujaría también a él.

 

Ahora no había opción. Enzo debía recurrir a su más poderoso recurso: hacer una ofrenda y rogar a los Dioses por su favor.

 

En palabras menos dramáticas, tenía que ir a comprar facturas para pedirle a Licha que le hiciera la segunda y lo defendiera del hermano de Julián porque Licha practicaba boxeo y era tan bueno que hasta tenía un apodo, le decían "el carnicero".

 

Cuando llegó a casa de Lisandro, este estaba concentrado leyéndole las cartas o alguna gilada así a Gio, que ya estaba llorando.

 

A-bu-rri-do.

 

De día brujo, de noche peleador pero nunca un laburo real. Uh, buen chiste. Enzo lo guardó en su archivo mental para usarlo más tarde.

 

Cuando se acercó, Lisandro le puso una mano en la cara. Y la puta madre, el gil era re fuerte.

 

— Tenés que esperar tu turno. Estoy en una sesión ahora mismo.

 

— ¡Pero necesito un favor! — respondió Enzo, quitándose la mano de Licha de la cara.

 

— Me chupa bien las dos bolas lo que necesites. Esperá tu turno — replicó Lisandro, empezando a barajar sus cartas.

 

— ¡Te traje facturas!

 

Lisandro dejó de barajar y sonrió de esa forma maligna que dejaba sus hoyuelos a la vista. La mirada que le dedicó a Enzo lo hizo sentir como si le robara los pensamientos. Brujo de mierda. Licha tomó la bolsa y le hizo señas para que se sentara.

 

Hubieras empezado por ahí, Enzito.

 

Gio, por otro lado, miró mal a Lisandro.

 

— ¡Pero si estabas ayudándome a mí!

 

— Sí, pero boludo, no te voy a ayudar a hacer un amarre. ¡Menos al pelotudo de Leandro!

 

Enzo frunció el ceño.

 

Pero si vos le re gustas a Lean.

 

Gio lo miró con ojos llorosos y Enzo puso cara de culo porque el rubio le daba vergüenza ajena. Mirá si te ibas a poner así por el negro fiero de Lean.

 

—¿Qué? ¿¡Posta me decís!?

 

Ajá. — entre más rápido se deshiciera de él, mejor — Lo sabemos todos. Él pensaba que vos igual sabías, pero como no le das bola, cree que no te gusta.

 

Lisandro rodó los ojos.

 

— ¡Vos sabías! — acusó Giovani — ¿¡Por qué no me dijiste nada!?

 

— ¡El destino marcaba que debías darte cuenta solo! — respondió Lisandro.

 

Claro que nada tenía que ver con que Giovani —que atendía el kiosco del barrio— hubiese estado muy atento con el morocho alto que ya había llamado la atención de Licha.

 

Quizá Lisandro fuese secretamente rencoroso... no tan secretamente.

 

— Bueno, ya fue, Giovani. Andá a chuparle la pija a Lean o lo que sea — intervino Enzo — Licha, escuchame por favor.

 

El mencionado alzó una ceja y sacó una factura de la bolsa. Giovanni se despidió rápidamente porque, de hecho, si iba a ir con Lean. No a chuparle la pija. O a lo mejor sí. Ojalá sí.

 

Ajá, decime, Enzo.

 

—¡Necesito que me hagas la segunda porque hoy, por accidente, empujé a Juli al lodo y se enojó conmigo! ¡Dijo que le iba a decir a su hermano y su hermano me da miedo!

 

—¿Quién es Juli?

 

—¡El pibe que me gusta!

 

—Bueno, ¿y el hermano?

 

Enzo no podía decirle a Licha que estaba a punto de mandarlo a enfrentarse a una bestia enorme, así que pretendió no saber.

 

—¡No sé! ¡Pero no puedo cagarme a piñas yo con él! ¡Cuando vaya a pedir la mano de Juli, su hermano me va a ver, me va a odiar, y no tendremos la bendición de su familia, y—

 

—Dios, nene, cerrá el orto. ¿Cuándo te dijo que te iba a cagar a piñas?

 

Enzo suspiró aliviado.

 

—Mañana, a la entrada del colegio. ¡Acompañame, Licha! ¡Por favor!

 

Lisandro suspiró.

 

Y a la mañana siguiente, Lisandro volvió a suspirar una cantidad incontable de veces mientras caminaba con Enzo hasta el colegio. Le dio bastantes consejos para que dejara de actuar como un pelotudo con el pobre Julián y lo ayudó a relajarse, asegurándole que nadie lo iba a matar.

 

Licha tampoco tenía intenciones de pelear con nadie. Solo iba a hablar con el hermano del pibe. Estaba seguro de que Enzo estaba exagerando todo, como siempre.

 

Cuando llegaron a la entrada de la escuela, Cristian y Julián ya estaban esperando. En cuanto Cristian vio al morochito que venía con el brujo, se quedó mirando quizá más de lo que debía.

 

Había visto su anuncio en Marketplace sobre lectura de cartas y otras cosas. Quizás también había revisado el perfil del chico para saber su nombre, aunque solo aparecía como “El brujo de Gualeguay” .

 

Era más bajito de lo que Cristian había imaginado, pero eso no le quitaba lo lindo. Además, llevaba una térmica que le marcaba todos los músculos.

 

En fin. Julián le tomó la mano a Cristian y recordó a qué habían ido. Así que caminaron juntos hacia el tal Enzo y, oh. Justo era el que venía con el brujo.

 

— ¡Cris! ¡Él fue el que me tiró al lodo! — Cristian, obviamente, no iba a hacerle nada a un niño de secundario, pero tampoco podía negarse a la petición de su hermanito de asustar al pibe que lo había estado molestando.

 

— ¡Juli, te juro por el Diego que fue un accidente! — respondió Enzo casi llorando.

 

— ¡Me ensuciaste hasta la mochila! ¡Tuve que traer la de Cris hoy porque la mía todavía no se secó! — replicó Julián, enojado. Pero Cristian le sacó la ficha al toque: a Julián le gustaba el morochito.

 

El brujo interrumpió lo que parecía ser Enzo disculpándose de nuevo. Le tapó la boca y lo sostuvo con fuerza.

 

— ¿Entonces querés matarlo de una? Mirá que en nada tocan la campana — preguntó el brujo, con una media sonrisa que dejó al descubierto un hoyuelo.

 

Cristian lo miró divertido.

 

—¿Vos decís? — preguntó, siguiéndole el juego.

 

Julián lo miró horrorizado. ¡Solo quería asustar a Enzo, no hacer algo de verdad! Enzo logró soltarse antes de que Licha respondiera.

 

— ¡No! ¡No me mates, por favor! ¡Yo lo amo a Juli!

 

— Pelotudo.

 

— ¿Qué?

 

El mencionado se puso rojo hasta las orejas y no tardó en responder.

 

— ¡Dios, Enzo! ¿¡Qué decís!?

 

— ¡Perdón por ser un boludo, Juli! ¡Te amo, te lo juro! ¡Me re gustás y cuando te veo me pongo pelotudo porque sos muy lindo y no puedo pensar bien!

 

La campana sonó justo en ese momento, para alivio de Julián. En un instante de valor, tomó la mano de Enzo (que no podía creerlo) y ambos entraron caminando juntos a la escuela, sin despedirse de sus respectivos acompañantes.

 

— Que boludos. 

 

Cristian se rió por el comentario y luego miró al brujo atentamente.

 

— No iba a matarlo igual. — Aclaró Cristian.

 

Antes de responder, Licha no pudo evitar que su mirada se desviara al pecho del otro pibe.

 

Fue solo un pequeñísimo instante, pero duró lo suficiente para que Cristian lo notara.

 

— Podés mirarme a la cara, ¿sabés?

 

Licha se rió y se mordió el labio, observando la sonrisa tímida de Cristian, que claramente no estaba acostumbrado a ser tan directo.

 

— ¿Cómo te llamás, lindo?

 

Cristian se sorprendió por el tono descarado, pero no iba a desperdiciar la oportunidad.

 

— Cristian. Me dicen Cuti. ¿Y vos?

 

— Lisandro. Licha.

 

— ¿Y qué onda? ¿Siempre lo rescatás a tu hermano cuando se manda cagadas?

 

— Es mi primo Enzo. Y nomás cuando me hace buenas ofrendas.

 

— Oh. ¿Es porque sos brujo? —preguntó Cristian, genuinamente curioso, dándose cuenta demasiado tarde de que con eso se estaba delatando.

 

Licha lo miró con una ceja alzada y se humedeció los labios.

 

— Mirá vos. Me tenías fichado ya.

 

— ¡Vi tu publicación en Marketplace! — Cristian lo miró avergonzado, y al más bajo le encantó esa secuencia.

 

— Daaaah, mal ahí. Yo ya te había visto en el kiosco de los Lo Celso.

 

Cristian se sorprendió un poco, y por un instante no supo qué decir. El silencio no era incómodo, pero sí muy tenso.

 

— ¿Tenés algo que hacer ahora? —preguntó Cristian.

 

Licha tampoco iba a dejar pasar la oportunidad.

 

— Nah, podemos ir a desayunar si querés. Yo invito.

 

— B-bueno.

 

 

 


 

 

 

Bonus:

 

— ¡LICHA! ¡PRESTAME TU BICI PORFA, ES QUE TENGO UNA CITA CON JULI!

 

Enzo abrió de golpe la puerta y, en vez de encontrar a Licha meditando o haciendo alguna gilada, lo vio sentado en el suelo con el hermano de Julián encima, chapando.

 

Licha notó cómo Enzo los miraba con sorpresa.

 

¿Y horror?

 

Parecía traumado.

 

Cristian salió de encima de Licha y se sentó en la cama, agradeciendo a Dios que el pibito no los había interrumpido en algo más. Licha lo miró haciendo puchero, y Cristian no pudo evitar inclinarse y besarlo.

 

— ¿¡USTEDES SE CONOCEN!? ¿¡ESTÁN SALIENDO!?

 

— Nos conocimos hoy y estamos teniendo una cita. ¿Te podés andar? Porque la estás interrumpiendo — respondió Licha, fastidiado.

 

Enzo asintió, respetuoso del amor ajeno, y cerró la puerta.

 

— No sabía que estábamos en una cita.

 

Licha se puso de pie y sostuvo el rostro de Cristian con una mano.

 

— ¿Querés que sea una cita?

 

— Me gustaría mucho.

 

Volvieron a besarse.