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Carrera Inacabada [Samyala]

Summary:

Después de la última convocatoria a las Eliminatorias de la Copa del Mundo 2026, los organizadores de la carrera de ciclismo Gran Fondo 7 Lagos invitan al cuerpo técnico de la selección Argentina a participar.
Walter es convencido para ir por Roberto, después de todo, podría ser divertido, ¿no?

Notes:

Se me ocurrió esto después de leer un prompt muy bonito que Mel tiró en su perfil de Twitter, así que se lo dedico. Gracias Mel, espero que te guste.

Work Text:

¿Qué carajo estaba haciendo?

¿Cómo lo convencieron de esto?

¿Cómo mierda había terminado en esta situación?

—¿Una qué?— preguntó, algo sorprendido.

—Una carrera de bicicletas, es este finde en Neuquén, nos ofrecen alojamiento con todo incluído en e l Chapelco Golf & Resort y vamos a tener un día para practicar.

—¿Cuántos kilómetros son?— habló Aimar con los brazos cruzados antes que alguien del cuerpo técnico pudiera contestar.

—No es tanto, en serio— el DT intentó quitarle importancia, pero si había a alguien que no podía mentirle era a Pablo.

—Lionel— dijo con un tono de advertencia— ¿Cuántos son?— el contrario dudó algunos segundos antes de suspirar derrotado y alzó los hombros.

—110 kilómetros.

—¡¿Qué?!— exclamó Walter.

—Estás en pedo— lo siguió Luifa.

—Sé que suena como una bestialidad pero les juro que no es para tanto, a parte ustedes ya anduvieron en las bicis que yo uso, saben que son re cómodas y se la bancan un montón.

—¡Si, anduvimos en la ciudad no en un circuito!— el Ratón exclamó algo ansioso de solo pensar en estar sentado tanto tiempo en el asiento de una bici, ¿cuanto iba a durar eso? ¿dos horas, tres? Que horror, de solo pensarlo le daba náuseas.

—¿Y nosotros que ganamos a parte de un buen dolor de culo y las piernas?— preguntó Manna, Lionel pensó unos segundos antes de hablar.

—Mi… ¿gratitud?— habló con duda y en su lugar ganándose la mirada de fastidio de sus compañeros y su marido— ¡Delen! Nunca quieren ir conmigo a ningún lado y de verdad me gustaría que por lo menos me vayan a ver— un pequeño puchero se hizo presente en su cara, acción que no conmovió a ninguno del CT. O bueno, a casi ninguno.

—Ay Lio— Pablo chistó la lengua y Walter puteó por lo bajo, sabiendo lo que se venía— Bueno está bien, pero quiero algo que me tape la cara, si vamos a ir a pasar el finde con vos quiero que estemos tranquilos.

—¡Vamos!— celebró el DT mientras se acercaba a abrazar al contrario— Si gordo, te juro que no te va a reconocer nadie, hay muchas cosas que podés usar para que no se te vea.

—Más te vale— el hombre de rulos también abrazó a su marido y mientras tanto se giró a ver a sus compañeros, el Ratón negó con la cabeza rápidamente y en su lugar Pablo le hizo una clara mueca que decía “por favor.” Blanqueó los ojos antes de bufar.

—Delen, ¿ustedes no se animan?— preguntó Scaloni apoyando su cabeza en la del menor y sonriendo a sus compañeros, Walter se cruzó de brazos, dispuesto a negarse, pero su marido fue más rápido.

—Bueno, pero nos debes una— dijo señalándolo, Aimar suspiró y Lionel celebró.

—¡La próxima eligen ustedes!— habló mientras empezaba a dar un bailecito todavía abrazando al hombre de rulos, Pablo se quejó.

—¿Fabián?— Walter habló con indignación, el aludido se giró a verlo y posteriormente se acercó a su oído.

—Conozco el hotel del que habla y es precioso, linda vista, privacidad, un spa, un jacuzzi en la pieza— le susurró mientras Lionel hablaba con emoción sobre el recorrido y los amigos que iba a ver mientras Aimar lo cuestionaba y Luifa y Manna seguían negándose a la invitación— Podría estar lindo, andamos un rato en bici para complacerlo a este y después salimos a pasear, o nos quedamos en la pieza, como vos quieras— cuando terminó de hablar se alejó un poco y pudo ver como el semblante de Walter lucía más manso.

Se mordió el labio inferior y lo miró a los ojos unos segundos, una simple sonrisa y un alzamiento de cejas fue suficiente para que el hombre de ojos azules terminara asintiendo.

Al final solo iban a andar en bici, ¿qué tan malo podía ser?”

—No puedo más— habló con dificultad debido a su jadeo, el manubrio temblaba entre sus manos, lo que hacía que el recorrido fuera errático y no ayudaba mucho que estuviera lloviendo.

Finalmente todos terminaron yendo a la dichosa escapada de fin de semana, el primer día había sido tranquilo, todos juntos reunidos en el hotel, disfrutando las instalaciones. El segundo si bien había sido algo agotador lo habían pasado muy bien, el entrenamiento no fue nada fácil y tampoco había sido como las veces que Lionel los llevó a andar en bici, pero el simple hecho de tener el privilegio de ver el paisaje neuquino valía completamente la pena. Ahora, el tercer día ya lo había comenzado como el orto, se levantó con dolor en cada parte del cuerpo, los habían estado filmando parte del desayuno y al momento de ir en la combi hasta la línea de salida le había dolido el simple hecho de estar sentado en el asiento, por lo que el simple hecho de sentarse en el de la bici y poner los pies en los pedales lo hizo ver estrellas.

Apenas llevaba veinte kilómetros cuando empezó a sentir la falta de aire y el dolor en las piernas aumentar, su agarre en el manubrio ya no era firme y su respiración era muy irregular. Mientras tanto el resto del CT ya lo había adelantado bastante, su marido incluido.

—Hijo de remil… putas— murmuró mientras afirmaba las manos para tratar de que el vehículo dejara de hacer movimientos tan erráticos, pero por concentrarse en ver la rueda delantera perdió de vista el camino y a la hora de alzar la cabeza ya era muy tarde— ¡La puta-!

Manna estaba unos cuantos metros más adelante que Roberto, por lo que escuchó perfectamente su grito y el golpe contra el suelo, frenó y al momento de girarse pudo ver como la mitad de la bici estaba casi metida por completo entre los matorrales junto al camino y una de las ruedas de la bicicleta todavía daba vueltas en el piso.

—¡Fabi!— exclamó dejando su vehículo y corriendo hacia su compañero— ¿Estás bien, te lastimaste?

—Si— dijo con pesadez, aún recostado en la tierra mojada y dejando que la llovizna le cayera en la cara— Creo que me voy a quedar acá un rato, andá nomás.

—Dejate de joder, te llego a dejar acá y Walter me hace pollo— dijo mientras se agachaba para sacarle el casco al contrario, Roberto se dejó hacer y posteriormente Matías lo ayudó a sentarse— Creo que ya estás por hoy, ¿no?

—Si, yo desde ayer ya quedé hecho boleta— se quejó mientras hacía un estiramiento con su espalda y movía su brazo izquierdo para alivianar el dolor.

—Uh, la puta madre— Manna agarró su pierna izquierda y la movió un poco haciendo que el contrario soltara una queja, bajó la cabeza y pudo ver un raspón en el lado lateral del gemelo.

—Bueno, lo que me faltaba— se quejó quitando los restos de sangre que la lluvia había lavado de su pierna.

—Cuando pasen los del jeep te ayudo a subir y de paso voy con vos, yo también ya estoy hecho percha— Roberto asintió, porque para ese punto ya se le habían ido hasta las ganas de intentar volver a subir a la bici.

Al cabo de unos diez minutos el jeep se hizo presente, Manna fue el encargado de detenerlo y en cuanto los paramédicos vieron al Ratón en el piso pararon inmediatamente y corrieron a su lado para socorrerlo. Roberto tuvo que repetir tres veces que estaba bien y no necesitaba asistencia más que la cama, pero igualmente le dieron una gasa humedecida con pervinox para que se lo pasara por el raspón.

Ambos compañeros se subieron al auto después de dejar las bicis en la parte trasera y arrancaron, por lo que les contaron los auxiliares, había varios paramédicos en medio del camino que seguían de cerca a los competidores y que ellos eran el último grupo. A medida que avanzaban se fueron cruzando uno que otro ciclista que comenzaba a adelantarse al ver como competía con el último paramédico móvil, pero hubo uno que no lo hizo. Casi al kilómetro 66 se encontraron con Luifa que estaba sentado en el piso mojado al lado del camino y al verlos les hizo una seña, indicando que no podía más.

El Profe tuvo que tomar el lugar de Manna y él tuvo que sentarse en sus piernas para que todos entraran en el vehículo, ya que Roberto alegó que estaba lastimado. Mati siguió el resto del camino con cara de culo y Luifa se reía de eso, al igual que el Ratón.

Cuando llegaron al kilómetro 90 uno de los paramédicos recibió una llamada, notificando que al estar tan cercanos a la meta, los jeeps empezaban a llegar junto con los participantes, así que ellos tenían permiso de adelantarse. Fue así como en los últimos 10 kilómetros, el jeep se cruzó a los últimos participantes, incluídos los del CT que quedaban por llegar, Walter Samuel y Pablo Aimar.

Walter se veía cansado de pedalear, pero Pablo parecía estar en otro plano, no podía distinguirle bien la cara por las gafas gigantes que se había puesto, pero podía jurar que lo veía amarillo.

Cuando estuvieron junto a ellos Roberto bajó la ventanilla y sacó la cabeza.

—¡Dale gordo, vos podés!— gritó alzando un brazo con el puño cerrado, la cara de Walter se desfiguró al escuchar la voz de su marido y cuando miró de donde provino casi aprieta el freno por instinto.

—¡¿Fabi qué hacés ahí?!

—¡Me caí pero ya estoy bien!— alzó el pulgar con una sonrisa, pero la declaración solo hizo que el contrario soltara otro grito.

—¡¿Qué?!

—¡Dale que faltan diez kilómetros, en la llegada te cuento!— le restó importancia para después dirigirse a Pablo— ¡Dale Payasito, metele nitro!

La cara de cansancio de Aimar se esfumó en el momento que escuchó ese apodo para después girarse a ver a su amigo.

—¡¿Cómo me dijiste?!

—Acelerá maestro que con el humor que tiene lo ahorca desde la bici— le dijo Manna al conductor y él obedeció después de soltar una risa.

Los últimos diez kilómetros fueron tortuosos para los ciclistas, pero el regocijo de escuchar los aplausos dedicados a ellos al momento de llegar a la línea de meta fue invaluable. Pablo necesitó ayuda para bajar de la bici y para caminar hasta un asiento, algunos de los compañeros que acababa de conocer tuvieron la amabilidad de ayudarlo.

Mientras tanto Walter olvidó el temblor que sentía en las piernas los últimos veinte kilómetros y empezó a buscar el jeep en el que estaba su marido, por suerte en el camino ninguno de los participantes y admiradores quiso molestarlo pidiéndole fotos o firmas, parecían entender que estaba deshecho después de 110 kilómetros.

Finalmente después de un rato, encontró a Fabián, Luifa y Manna en un banco junto al jeep en el que llegaron, quiso correr pero los tirones que le daba la pierna fueron un tanto fuertes, por lo que simplemente fue caminando rápido.

—¡Fabi!— exclamó para llamar su atención cuando estuvo a unos metros suyo, el aludido se levantó con algo de dificultad mientras se acercaba a él.

—¡Felicidades!— dijo llegando a su lado para abrazarlo— Me alegro de que hayas llegado gordo, lo hiciste re bien.

—Gracias Fabi, pero decime qué te pasó, ¿estás bien?— preguntó algo preocupado, el contrario se rió.

—Si, tranquilo, quedé medio tocado de ayer y me terminé cayendo, pero estoy bien, solo me quedó esto— señaló el raspón que se hizo y Walter tuvo la intención de agacharse a tocarlo, pero recordó a tiempo el lugar en el que estaban.

—Ay gordo— se quejó en voz baja— Vamos al hotel así te curo, nos bañamos y descansamos un rato— Roberto sonrió y si de él dependiera le hubiera encajado un beso ahí mismo, pero se contuvo mordiendo su labio inferior.

—Como te amo— contestó desbordando felicidad para después girarse a ver a sus amigos, quienes seguían sentados en el banco— Busquemos a los otros dos y vayamos yendo, que no doy más— Luifa y Manna asintieron para después levantarse y revisar el perímetro para ver donde estaban tanto el DT como el primer asistente.

—Esto es fácil, si encuentran a uno encuentran a los dos— dijo Walter mientras pasaba un brazo atrás de la cintura del Ratón para evitar que haga mucho peso con la pierna lastimada, Roberto blanqueó los ojos con una sonrisa para después disimular haciendo lo mismo.

—Y… Lio está donde esté la multitud-

—Ya lo vi— interrumpió Manna señalando una marea de gente que estaba acumulada unos metros más adelante, Lionel recibía felicitaciones, abrazos, posaba para fotos y firmaba una que otra camiseta mojada por la lluvia. Detrás de ese modelo frustrado, con una muy notoria cara de traste, estaba Pablo, esperando porque su marido se dignara a dejar de hacerse el lindo con todo Neuquén.

—Vamos antes de que lo mate— dijo Luifa y tanto él como Matias corrieron hacia Aimar.

***

El camino al hotel fue cuanto menos complicado, tanto por los dolores como Pablo reclamandole a Lionel que se restregara tanto y fuera tan toquetón con todos los que iban a saludarlo, mientras el DT intentaba excusarse, Roberto se durmió en el hombro de Walter, quien en la privacidad de la combi en la que iban se permitió acariciar los alrededores del raspón que se había hecho su marido, Luifa y Matías decidieron mirar por la ventana o su celular con tal de fingir demencia.

Cuando llegaron frente al hotel, Walter se vio obligado a despertar al Ratón.

—Fabi, Fabi, despertate— le habló con suavidad mientras lo movía, finalmente, el aludido comenzó a abrir los ojos con dificultad, sintiendo como el dolor comenzaba a apoderarse de su cadera, la zona con la que había aterrizado al caer.

—Ahg Dios— se quejó mientras se removía en el asiento, miró a su alrededor, notando como casi todos habían bajado— ¿Ya llegamos?

—Si— asintió mientras se alejaba para darle espacio para moverse, finalmente bajó del vehículo y le extendió la mano para ayudarlo a descender— ¿Te podés parar?

—Si, tranqui, solo necesito un apoyo— dijo con algo de dificultad mientras se arrastraba con cuidado a los brazos de Walter y se paraba, forzando la pierna buena.

—¡Para, no puedo pisar no entendés!— escucharon el grito de Pablo al otro lado de la combi, Walter no pudo evitar blanquear los ojos.

—Bueno, deja que te ayude.

—¿Y qué vas a hacer, traerme una silla de-? ¡No, Lionel!— Manna, quien seguía sentado en uno de los asientos del lado contrario, se giró para ver qué pasaba por la ventana— ¡Bajame tarado, me vas a tirar!— luego de unos segundos pudieron ver el porqué del escándalo, Lionel, ya completamente curtido por el ciclismo de las montañas de España, apenas estaba un tanto cansado por la pedaleada, por lo que decidió ayudar a su marido que apenas podía poner un pie en el piso y lo alzó en brazos, como una novia recién salida de la iglesia.

Matías dejó salir una risa nasal y Roberto apretó los labios para evitar reír, Luifa no fue tan discreto.

—¡¿De qué te reís?!— le gritó Aimar sobre el hombro de Scaloni, finalmente después de unos segundos bufó y decidió esconder la cara contra el cuerpo de Lionel y rezar porque no hubiera nadie en todo el camino a su pieza. Y si no, ya tenía pensado cómo amenazar con demandar a alguien si le sacaban una foto en ese estado.

Roberto y Matías, finalmente libres de la presencia de su amigo cordobés, rieron libremente de la situación, aunque la risa de Ayala no duró tanto al girar la cabeza y ver como Walter lo miraba con curiosidad, como pidiendo permiso.

—Me llegas a alzar así y te tiro por el balcón de la pieza, ¿escuchaste?— habló con voz firme y eso fue suficiente para que Samuel agachara la cabeza y rodeara la cintura de su marido para comenzar a ayudarlo a caminar hacia la habitación.

El camino fue un tanto complejo ya que el lugar estaba repleto de escaleras, así que a la hora de subir las piernas para pisar un escalón, capaz Roberto deseó muy en el fondo haber aceptado la propuesta de Walter. Al final, Luifa tuvo que ayudarlo para terminar de subir.

Cuando por fin llegaron a la pieza, Roberto le importó poco tener la ropa manchada de barro, se recostó sobre la colcha y se agendó mentalmente dejarle una muy buena propina a la camarista.

—¿Cómo está eso?— Walter se acercó del otro lado de la cama y apareció sobre la cabeza de Roberto, él sonrió para tranquilizarlo.

—La buena noticia es que voy a sobrevivir, si no era por la caída el dolor iba a venir por la pedaleada, las consecuencias de ser un defensor muy jugado a los veinte, vos sabes— el contrario asintió— La mala es que hoy no te toca, así no me tocas ni un pelo.

Walter se rió antes de dejar un beso en la frente ajena.

—Ya lo tenía previsto, mira si íbamos a tener energía después de todo eso— se enderezó para después caminar al baño— Voy a preparar la bañera, ahora te ayudo.

Roberto no pudo evitar dar un suspiro repleto de paz al escuchar eso.

***

La ducha fue bastante relajada para el cuerpo de ambos, el agua tibia les devolvió el calor perdido y calmó un poco el dolor del Ratón, Walter se encargó de hacerle masajitos en la cabeza mientras le lavaba el pelo y después enjuagarlo, también pasó sus pulgares firmemente por sus hombros, cervical y parte de su espalda, Roberto tuvo que luchar para no quedarse dormido ahí mismo. Estaba demasiado cansado.

Aunque pensándolo bien, él había abandonado antes de llegar a medio camino, ¿Walter no tendría que estar más cansado que él?

Es algo que se preguntó en medio del baño pero en lo que tardó en razonarlo notó que ya se encontraba en la cama con tres almohadas en la espalda y vestido con el pijama que había llevado, capaz si se quedó dormido.

—¿Cómo te sentís?— Walter habló a su lado, se giró y pudo ver como tenía en una mano una taza llena de té y en la otra sus pastillas recetadas para el dolor.

—Bien, gracias— agarró ambas cosas y después de ingerir la pastilla miró como su marido llevaba su propio té a la mesita de luz de su lado y se metía en la cama— ¿Me dormí?

—Maso menos— alzó los hombros, restándole importancia— Seguías consciente pero si te preguntaba la hora me ibas a decir un color— el Ratón rió mientras le daba un sorbo a su té y observaba como el contrario agarraba el control y buscaba alguna plataforma— ¿Qué querés ver?

—Pone una de Disney— contestó por instinto y se enderezó en su lugar al instante— Es que las veo cuando me siento cansado, me dan ganas de dormir.

—¿Tierra de Osos o El Rey León?— preguntó con una sonrisa. Roberto soltó una risa nasal, era una contestación que tenía guardada mentalmente por si alguien saltaba con “¿no estás un poco grande para ver esas películas?”, el pequeño detalle era que Walter compartía su afición por ellas.

—Tierra de Osos— dijo para después dejar su té en la mesita de su lado y sacar una de las almohadas de su espalda para ponerla en donde iba, en el lugar de Walter— Toma, no la necesito.

—¿Seguro? No me molesta.

—Si gordo, lo único que necesito es esto— se acomodó para recostarse y después abalanzarse sobre el contrario para dejar un beso en su boca, Walter respondió inmediatamente.

Capaz había terminado adolorido, cansado y algo lastimado, pero sin duda había valido la pena.