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Leones macho (poco cazadores)

Summary:

Grandes, torpes y descuidados; es por eso que un león macho no siempre cazará. Kelly es una leona emparejada -pero no apareada- con un león macho llamado Max, a quien encarga la caza del día en represalia por "pasársela todo el día persiguiendo su propia cola" en lugar de cuidar de la cachorra de Kelly: Penélope. En su búsqueda, se encontrará con el alfa de una pequeña tribu de liebres, a quien intentará, sin éxito, cazar.

─Si te quedas, te daré deliciosas comidas todos los días─ susurró la presa en el oído de su depredador, ¿Y no es eso un ganar-ganar?

Notes:

No me gusta hacer este tipo de aclaraciones, ya que me generan una sensación similar a la incomodidad, aunque más cercana a la culpa por "romper" la magia que envuelve la lectura de un relato sin interrupciones del autor. Sin embargo, considero que en este caso es justo hacer una excepción.

El presente trabajo maneja a los personajes partícipes como si fueran animales, pero no lo son por completo. Su cuerpo es el mismo, sin necesidad de pelaje o andar todo el día en cuatro patas; tienen manos humanas aunque se les dirá "patas", tienen boca humana aunque se les dirá "hocico" y así con todas las extremidades excepto las orejas, las cuales tendrán en el lugar y en la forma que tendría su respectivo animal. También tendrán cola, que nacerá en su espalda baja.

Aunque obvio, cabe destacar que no todos los personajes tendrán las mismas características animales a otros, como los colmillos, las garras y la cabellera larga de los leones (Max tendrá el cabello a la altura de los hombros)

También, no sé si dentro de este pequeño mundo imaginario se considere "canibalismo" devorar presas que son iguales a los protagonistas, pero espero vengan con la mente abierta.

Puedes imaginarlos con pantalones holgados en el caso de los machos… a no ser que tires por la opción nudista. No se te juzgará al respecto.

LAS LIEBRES Y LOS LEONES NO COMPARTEN HÁBITAT, es meramente libertad creativa (cofcofguióncofcof)

Si no se me olvida nada más que aclarar, me salgo del fandom en breve.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Su estómago emitió lloriqueos por séptima vez en el día, Max no tuvo más remedio que presionarse el vientre ligeramente y tratar de sobrevivir al calor y el mareo que lo azotaban en plena caza. Si no fuera tan educado, gritaría improperios a su pareja, pero Max no tenía ni las energías para despotricar contra una Kelly que no estaba ahí para escucharlo.

"Ve y búscanos algo para comer ya que yo, a diferencia de ti, estoy ocupada cuidando de mi cachorro" Recordaba la sentencia como si fuera una maldición y, en parte, lo era.

Los leones macho no son cazadores; no es su fuerte.

Nadie entendía el amor de Max por correr libremente la extensión de la tierra, de sentir el viento menear su cola y llevarlo hasta donde ya no pueda seguir más. Era una pasión que incluso su padre intentó suprimir… antes de ser aplastado por una tribu de temerosos elefantes, claro.

Gruñó e hizo pucheros al sentir su boca salivar, no había presa que no huyera de entre sus garras ¿cuándo se habían vuelto todos tan escurridizos? Se tumbó tras la sombra de un gran árbol deliciosamente fresco para recuperar algo de sus inexistentes fuerzas.

─Que triste,─ murmuró resignado ─nadie escuchará mis últimas palabras.

Empujó una piedrita que estaba cerca de su pie y después suspiró, antes de escuchar el repiqueteo entre los arbustos que estaban cerca. Su olfato captó el dulce aroma propio de una presa y su estómago gruñó de emoción, se mantuvo en su lugar hasta que vió un par de orejitas salir de entre la vegetación. Frente a sus ojos, una extraña criatura saltó y cazó con éxito algún insecto, soltándolo y después viéndolo con una admiración tan inocente que no hacía más que incitar el hambre en Max y sus deseos por devorarlo. Era un animalito extraño, pero carne es carne y el león no estaba en su mejor momento para ponerse digno con la comida.

Sin pensarlo más, se preparó y se abalanzó contra la criatura, la cual de un brinco escapó de sus dientes y provocó que el león se golpera el rostro contra la tierra.

─¿POR QUÉ TE MOVISTE?─ Le reclamó en cuanto logró recuperarse y la otra criatura solo atinó a bajar su oreja para no escuchar el grito amplificado por mil.

─¡Ay! Lo siento, ¿tu intención era comerme?─ Levantó la cabeza y lo miró, un muchacho de pecas y ojos marrones, que además utilizaba una curita sobre el tronco de su nariz.

─¡Precisamente!─ Declaró cruzándose de brazos, mirando al otro que parecía contemplar tal afirmación.

─Oh, ya veo… hmm…─ Murmuró enmedio de su meditación, cosa que irritó un poco al hambriento león.

─Bueno, ¿me dejarás comerte o qué?─ Insistió y se cruzó de brazos, impaciente.

─Amigo, es que eso no me conviene.─ Declinó con un suspiro y reafirmó con un meneo negativo de su cabeza.

─Maldita sea, ¡entonces déjame cazarte!─ Ofreció con entusiasmo bañado en desesperación, podría jurar empezar a ver doble debido al hambre.

─Oh… hmm…

─¿Estás intentando enfadarme, o no?─ Soltó entre dientes, empezando a sentirse realmente molesto. La presa levantó las manos rápidamente y negó con la cabeza.

─¡No, no! Tranquilo, es que tengo una idea mejor.─ Sonrió, pero antes de que pudiera explicarse, Max ya se le había abalanzado en un ataque que le quitó por completo las fuerzas y lo desmayó sobre el pelaje del pecho de su presa.

Al despertar, el lugar era fresco y parecía estar en una pequeña guarida, con túneles conectados a muchas habitaciones diferentes. Antes de que pudiera levantarse y explorar, un cuerpo cayó frente a él, tembloroso y en sus últimas. Al levantar la cabeza, la presa pecosa lo estaba viendo desde arriba.

─Puedes comerlo, él era mi amigo y también alguien muy fuerte. Sé que lo disfrutarás.─ Y Max no se negó al festín frente a él.

Devoró hasta saciarse, lamiéndose las patas delanteras para lavarlas de la sangre ajena. Sintió un peso a su lado, notando por primera vez y a la luz del fuego aquello que se había perdido entre sus alucinaciones: parecía ser una liebre, una bastante fuerte y alta como para ser presa, las pecas que adornaban su rostro le recordaron a las estrellas que a veces contemplaba en el cielo junto a Penélope, solo que un poquito más bonitas, además, tal vez fue cosa del movimiento del fuego o un truco que le jugó el cerebro, pero parecían haber pequeñas motas de verde en esos ojos marrones. Lindo, encantador.

─Si te quedas, te daré deliciosas comidas todos los días─ susurró contra el oído del león, pasando los dedos sobre su mejilla.

─No te conozco.─ respondió el depredador, aunque lejos de desanimarse, la presa mostró una sonrisa casi siniestra que puede o no haber erizado alguno de sus cabellos.

─Entonces hay que vincularnos ─ Declaró antes de derribar al león contra el suelo y sujetar sus manos sobre su cabeza. Max se resistió, sorprendiéndose cuando la liebre no liberó sus manos aún cuando hizo su mayor esfuerzo.

─¿¡Oye, que crees que estás haciendo!?

─¡Hay que vincularnos, entonces me conocerás a mí y yo te conoceré a ti!

─¿Y eso qué demonios-? Oh…─ suspiró, sintiendo el aliento de la liebre contra su cuello y un mordisco suave en un sitio específico que inevitablemente lo hizo respingar.

─¿Te gusta?─ Max no se atrevió a abrir la boca para responder, no sabía cuán tan traidora podría ser. ─Lo usamos en nuestras mujeres.─ Bueno, eso definitivamente hizo molestar al león.

─Malnacido, ¡suéltame!

─¡Yo no lo he hecho! Eres el primero con el que me vinculo ¿Lo estoy haciendo bien?

─¿Cómo puedes preguntarme algo como eso, tarado? Hngg… solo cállate y…─gimoteó en cuanto sintió la boca del otro separarse de su cuello, cerrando sus ojos por la vergüenza ─¡solo cállate y síguelo haciendo!

La presa, traviesamente satisfecha, hundió sus dientes en las zonas aprendidas por su tribu. Sintió los escalofríos del depredador bajo su cuerpo, soltando sus muñecas para mover su mano hasta su cola mientras su rodilla frotaba sobre su entrepierna. En cuanto el león sintió una suave humedad entre sus piernas, calambres inquietos le hicieron apretar las piernas en búsqueda de contacto.

─¡Ah, mierda! Detente o… haz lo que tengas que hacer ¡Ya no juegues!

Pero la presa, en lugar de alegrarse, solo hizo pucheros.

─¡Ay, no! El vínculo no funcionó.─ exclamó rendido, mirándolo con una frustración muy diferente al tipo de frustración que estaba empezando a sentir el león.

─¿De qué carajo estás hablando? ¿por qué te detuviste?─ se sentó junto al pecoso, quien parecía muy ajeno al momento.

─Tal vez solo funciona con los de nuestra especie…─murmuró pensativo, pasándose un dedo bajo la barbilla.

─¿Y eso es importante?─ preguntó Max, moviendo su cola de un lado a otro con enojo.

─Pues si porque no podré follarte.─ explicó con desánimo, el león solo entornó los ojos.

─No necesitas un estúpido vínculo conmigo para follarm-

En un segundo, su pantalón y el de la liebre desapareció, y el dolor se abrió paso en su cuerpo junto a la polla del pecoso estúpido conejo.

─¡IMBÉCIL!─ Exclamó apretando los ojos y presionando el cuerpo contra el suelo. ─¡Me dolió!

─¡Lo siento, es que llevo mucho tiempo aguantándome!─ se excusó y volvió a moverse, sin darle descanso a su depredador.─¡Verte dormir me complicó las cosas! Pero carajo, ¡qué bien te sientes!

El pasivo sintió la mano de su presa sobre su propia erección, masajeando el órgano en un exitoso intento de distracción. Pronto, las piernas del pasivo rodearon las caderas del activo y sus garras amenazaron con arañar su espalda si no se movía.

─¡H-hm, espera! Se sintió bien… un poco… ¡Ahí!─ Exclamó y hundió su rostro contra el cuello del otro, aferrándose a su cuerpo con fuerza. ─¡Oh, por favor! ¡AHÍ! ¡MÁS!

─¿Ahí?─Recibió un dulce gemido cantado cerca de su oído.─Hm, creí que ese lugar solo le gustaba a las muj-

─¿No puedes follar en silencio, tarado?─ suspiró pasándose un brazo sobre los ojos, con su mano libre apretando sin arañar el brazo de la liebre.  La sensación es abrazadora pero misteriosamente no lo abruma hasta la inconsciencia, puede sentir el gran órgano profanar su cuerpo y la punta reacomodarle las entrañas, una sensación de la cual se había privado a sí mismo con la llegada de Kelly a su vida, pero ahora ya no podía pensar más en esa familia, no ahora.

Se descubre el rostro y empuja a la liebre contra el suelo, quien con su aparente sorpresa le ha arrancado una sonrisa dificultosa a Max. Sin salir mucho, da un sentón sobre su regazo y se hunde lo más profundo que puede, sintiendo como si le faltara el aire pero aún no fuera suficiente. Las manos de su presa ahora se levantan y lo motivan a seguir en movimiento, persiguiendo el ruido sordo que se produce al chocar sus cuerpos. Lágrimas empezaron a picarle en los ojos debido a la explosión de tantos sentimientos, obligándolo a esconder su rostro en el hombro del pecoso por la humillación de llorar frente a un inferior.

─No te detengas, no te detengas, no te… detengas…─ musitaba entre gemidos ahogados, con palabras apenas claras y pensamientos erráticos. Pronto, el león sintió que tocaban un punto que le hizo ver estrellas, antes de correrse entre el abdomen de ambos. No tardó en sentir su interior llenarse de una calidez extraña pero bienvenida, sacándoles un suspiro de los labios.

─Maldita sea…─ resopló sobre su hombro, sintiendo las manos del pecoso en sus mejillas y buscando crear un contacto visual, cosa que no le negó.

─Si… me sorprendiste, leoncito.─ halagó y repartió besos en su rostro, provocándole inquietud a su depredador.

─No me digas así, tú… uh.

─Sergio─ Dijo con una sonrisa.─ mi nombre es Sergio, tú…

─Max─ murmuró desviando la mirada─ mi nombre es Max.──Permanecieron así un momento, hasta que el león empezó a removerse incómodo en su lugar.─ ¿Ya me puedo bajar?

─¿Te gusta estar abajo? Creí que te gustaba estar arriba, ya sabes, por algo me montaste con tanto vigor.

─¡Cállate, Sergio! No es por eso, quiero dormir.─ explicó con un terrible sonrojo antes de que su presa reaccionara.

─¿¡Dormir!?─ repitió antes de darle vuelta y dejarlo con el rostro contra el suelo y las caderas levantadas.─ te dejé descansar, no hemos terminado aún.

─Qué demonios- ¡Ah, Sergio!─ presionó el rostro contra la firmeza tierrosa bajo su boca, tragándose su propia voz al sentir una embestida profanar su trasero sin piedad ni aviso.

─¡Vamos, Max! Tenemos que tener crías ¡Soy el alfa de mi tribu y necesitamos herederos! Muchos, muchos, muchos de ellos.─ La idea le provocó terror en un principio pero su cerebro poco a poco se fue apagando, volviéndolo irracional.

─¡M-más fuerte! Ah... Ahh estoy cerca... carajo- TARADO, NO TE DETENGAS.

─¿Cerca de qué? ¿¡La luz!? Oh, Dios ¿Te morirás?

─Eres un-

Y así, el león de leones permaneció con el macho alfa de la pequeña tribu de liebres silvestres… las cuales escogerán un nuevo líder después de algún tiempo, ya que león y liebre son incompatibles.

Notes:

Bodrio.