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Hoy era el día. Trunks se había preparado meticulosamente para que su plan marchase a la perfección. Ya era todo un hombre de dieciséis, la edad correcta para poder declarar sus sentimientos y finalmente, tener novio. Nada podía salir mal.
"Mamá, hoy vendrá Goten a pasar el rato! Quiero probar un juego nuevo con él, ¿Puedes pedir algo delicioso para cenar?" La voz del menor irradiaba emoción, por lo que su madre no se podía negar a esa petición tan importante para su hijo.
— Claro, Trunks. Pediré un poco de todo para que la velada sea espectacular —. Bulma enfatizó la última palabra y guiñó un ojo, haciendo que Trunks se paralizará. ¿Acaso su madre sabía que lo tenía en mente? Imposible. Toda la vida había sido cuidadoso con sus palabras y actos hacia su mejor amigo.
Y es que sí, Trunks había desarrollado sentimientos hacia Goten desde que tenía uso de razón. Y tuvo que ocultarse hasta que la edad fuera la ideal para finalmente confesar toda esa oleada de emociones románticas que su amigo le hacía sentir, pues era consciente de que seguramente el sayajin menor no entendería a lo que se referiría con una declaración amorosa.
— Muchas gracias mamá, iré a ordenar mi habitación —. Bulma no tuvo tiempo de responder, pues su retoño se escabulló a la velocidad de la luz hacia el destino mencionado. Ante la acción, encarnó una ceja. "¿Ordenar la habitación? Eso sí que es nuevo..." Susurró.
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Si el plan resultaba perfecto, la pronta declaración no tendría ningún fallo. Y como Trunks ya había soprepensado todo mal escenario, estaba confiado de que no sería el caso.
Ya terminando de limpiar la mesita de noche junto a su cama, sintió un golpe que provenía de la ventana. Inmediatamente Trunks esbozó una sonrisa nerviosa, claramente era Goten. Y tenía razón, pues ya era costumbre que el pelinegro tuviese ese tipo de entrada triunfal a su hogar.
Dirigiéndose con calma, abrió la ventana para permitirle el paso a su querido. "Pasa, mamá pidió comida para nosotros. Y yo te compré unos pockys, sé que te gustan" Con la cabeza apuntó el borde de la cama, ahí yacía una caja llena de pockys de chocolate. Los ojos de Goten se iluminaron.
— Eres el mejor, muchas gracias —. Mencionó mientras abrazaba al mayor fingiendo un llanto, y sin hacerse esperar, el abrazo fue devuelto con ternura. En esas ocasiones, Trunks se preguntaba si Goten era capaz de sentir lo que trataba de transmitirle con hasta el más mínimo tacto, si acaso él también podía llegar a sentir algo más allá de una amistad o si... Se detuvo, era peligroso irse por las ramas cuando tenía a su querido abrazado tan cercanamente. Se deshizo del agarre cuidadosamente y miró a Goten con controlada emoción. "Nos espera una larga noche, Ten, primero vamos a cenar y ya después te patearé el trasero en el nuevo juego que adquirí."
— Ya veremos, ya veremos —. Respondió Goten seguido de una risita burlona.
Risita que Trunks podría escuchar hasta el día de su muerte. O mucho más allá, risita que amaría escuchar en su entrada al paraíso.
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— ¡Muchas gracias por la comida! —. Dijeron ambos chicos al unísono, sin esperar respuesta alguna comenzaron a devorar todo plato que se les cruzase. Bulma frunció el ceño, intentando mantener la cordura con los menores. Sin embargo, era algo sumamente difícil, así que con un golpe en la mesa, llamó la atención de los sayajines. “Niños, por favor coman con un poco más de calma.” Lo dijo con serenidad, pero aquello fue suficiente para que un nervio pasase por la espina dorsal de ambos muchachos, haciendo caso a la petición de la mayor.
Después de unos cuantos minutos degustando la comida. Trunks supo que era momento de poner el plan en marcha. Ya no había tiempo para arrepentimientos, así que con un aura que intentaba ser desinteresada, se dirigió a su madre, lanzando una mirada curiosa. Bulma, con su instinto maternal, supo que su hijo quería preguntarle algo importante. Así que asintió con cariño para que el pelilila tomase la palabra primero. Todo estará bien, se animó Trunks para sus adentros. Si le hacía esta pregunta a su madre, Goten iba a participar y tendría una mejor idea de como invitarlo a salir de esa manera.
– Mamá, ¿cómo puedo invitar a alguien que me gusta a salir? Tu debes saber de eso, ¿no? —. Bulma contempló a su hijo boquiabierta, ¿a que se debía? Con una mirada rápida examinó s Goten, el cual tenía sus ojos exageradamente abiertos, parecía estar alarmado. Y así, algo en Bulma hizo un clic instantáneo. No era nada tonta. Así que con una sonrisa, decidió responder algo impensado.
— Trunks, cariño ¿no lo recuerdas? Tenías cinco años cuando tuvimos esta conversación. — Al ver la expresión confusa de su retoño, continuó — Cuando querías casarte con Goten, incluso luchaste con una máquina de juguetes con tal de conseguir un anillo de plástico.
El plan de Trunks se había ido directamente a la mierda.
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Era la celebración de aniversario de bodas de Vegeta y Bulma, y como padres responsables, esta vez decidieron celebrarlo junto a su pequeño hijo, que ya estaba siendo cada vez más demandante desde que aprendió a caminar y sobre todo ahora, que comenzó a hablar fluidamente.
Estaban en un restaurante, Vegeta y Trunks comían como locos, como si el mundo se fuese a acabar. Bulma ya estaba acostumbrada a esas acciones de sus dos hombrecitos, pero eso no quería decir que no le molestase escuchar como tragaban sin parar. Se aclaró la garganta para llamar la atención de su esposo, el cual acató el llamado rápidamente. Bulma se sensibilizó de repente ante la mirada del amor de su vida, eso era seguro. Alargó su mano para tomar la mano de Vegeta, lanzando una sonrisa tímida.
— Gracias Vegeta, por la familia que me has dado —. Le dio un apretón en señal de agradecimiento. Y al pequeño Trunks, algo le llamó la atención de la escena. Algo que estaba en el dedo anular de sus padres, nunca se había fijado en el anillo que ambos portaban, así que sin aguantar su curiosidad, comenzó a hablar. “Mamá, ¿Para casarse hay que tener sí o sí anillos? ¿Es así, Papá?”
Bulma contuvo la risa, la ternura invadió su corazón y decidió responder la genuina duda de su pequeño. — Para la ceremonia de matrimonio, es necesario usar anillos para sellar la unión de dos personas que estarán juntas para toda la vida, sin separarse.
Los azules ojitos de Trunks se iluminaron, con que para pasar la vida con su Goten solo debía darle un anillo que los juntase para toda la vida. Si era solo eso lo que necesitaba, lo conseguiría. De pronto recordó una máquina de garra que había en el centro comercial, la cual destacaba por tener una variedad de anillos sorpresa. Su plan comenzaría pronto.
— Oh, eso es algo lindo, mamá, quiero casarme. ¿Puedo casarme mañana? Di que sí, por favorcito —. La expresión de sus padres era de total incredulidad. ¡Su pequeño bebé era un agrandado! Igualito a su padre, pensó Bulma.
— ¿Y con quien piensas en casarte, mocoso? —. Esta vez fue Vegetan quien habló, intentando mantener la calma. Trunks era muy bebé aún para pensar en esas cosas. Y si las piensa, es porque seguramente saldrá con una ocurrencia.
Las mejillas del menor se tiñeron de un rojo intenso, y cerró los ojos con fuerza para responderle a su padre. “¡Con Goten, por supuesto!”
La mandíbula de los adultos se fue directo al suelo. ¡Definitivamente su hijo era un rebelde! Bulma se recompuso rápidamente, era algo que debía hablar con su bebé. “Hijo, mírame, ¿Por qué te quieres casar con Goten?” Preguntó con calma, pasando sus manos por el cabello lila de su pequeño. Vegeta susurró algo que no pasó desapercibido para su mujer.
“Eso no lo permitiría” Vegeta miró a su esposa, la cual lo estaba acuchillando con la mirada, indicando que había escuchado. Fue una mirada fugaz, pues toda la atención estaba en Trunks, el cual estaba en su mundo, completamente atontado.
— Pues… — Comenzó a decir con nerviosismo —. ¡Quiero pasar toda mi vida junto a Goten! La paso tan bien a su lado, que estar con él para siempre es mi mayor deseo — Apuntó a sus padres con el índice — ¡Quiero estar con Goten así como están ustedes! Así que, mamá, ¿Podemos ir al centro comercial? Tengo algo que conseguir.
Bulma dubitó, miró a su marido, el cual estaba de brazos cruzados intentando no perder la cabeza. Pero no podía ignorar los ojitos de cachorro con los cuales la estaba mirando Trunks. Así que asintió, y en respuesta recibió un abrazo y un besito en la mejilla del pequeño. Y aunque no dijesen nada, ambos padres estaban asustados por la determinación tan temprana que el menor presentaba.
Después de aquel momento, la cena transcurrió normalmente.
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— ¿Y que pasó al final, tía Bulma? —. El corazón de Goten latía con rapidez al descubrir lo que su mejor amigo pensaba en hacer junto a él a sus inocentes cinco años. Y en verdad, la idea no le desagradaba del todo, ya que inclusive él se llegó a imaginar toda una vida junto a Trunks. Pero no con el matrimonio como desenlace, aunque como pensó, eso no le desagradó del todo.
Miró a Trunks, y la escena lo derritió completamente. Su amigo, estaba hundido en su asiento con la cara completamente roja, sus piernas temblaban y podía asegurar que su labio inferior también. Se veía hermosamente tierno. Y Bulma no pudo ignorar la atmósfera que se estableció en el lugar. Quizá debía continuar, después de todo, era una historia tierna de recordar. “Oh, querido Goten, fue tanta la insistencia de Trunks que fuimos a aquel centro comercial, y estuvimos alrededor de unas tres horas esperando que pudiese agarrar un anillo sorpresa de la máquina de garra. Vegeta hasta sugirió comprar uno real para poder contentar a Trunks, pero después ya no fue necesario, pues mi bebé había conseguido el anillo perfecto… para ti”
Goten se sentía sudoroso, ¡tenía tantas dudas! quería saber si el anillo en cuestión aún existía, pero considerando que habían pasado más de diez años, seguramente no. Por lo que se sintió decepcionado. Nuevamente dirigió su mirada a Trunks, y esta vez la expresión del moreno era distinta. Parecía que estaba a punto de llorar… y de gritar. Eso hizo que el corazón del pelinegro se hiciera chiquito. Estaba totalmente dispuesto a resolver las cosas con su ¿amigo? Sin duda había mucho que resolver.
— Muchas gracias por la historia y la comida, tía Bulma, lamento esto pero debo hablar con Trunks de inmediato, con permiso —. Se deslizó con rapidez y tomó la mano de Trunks con agilidad, llevándolo consigo a la habitación del mismo.
Bulma pensó que se metió en un problema con el mayor de sus hijos. Ups.
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El agarre de las manos continuó hasta ya estar dentro de la habitación, pues ninguno tenía la intención de soltarse voluntariamente del agarre del otro. Goten quiso comenzar a hablar, pero fue interrumpido por el otro. “Esto no tenía que darse así, Ten.” Comentó en voz bajita, su voz estaba notablemente herida. Luego, el pelilila retiró su mano del contrario, y llevó sus ambas manos a su rostro, totalmente apenado. “Discúlpame, por favor.” Dijo entre sollozos.
— No, Trunks, Espera —. Rodeó la cintura del moreno con su brazo, atrayendo su cuerpo como si fuese un imán. — Podemos hablar, necesito hablar.
Finalmente, Trunks miró a su querido con los ojos cristalizados. Sabía que era el momento de afrontar la realidad del asunto. Que sea lo que Kami quiera, dictaminó. “¿Qué quieres saber, Ten?”
— ¿Por qué no me diste el anillo en ese entonces? — Hizo una pausa, intentando no sonar muy enojado, ya que realmente no lo estaba. — Lo hubiese recibido felizmente, ¿sabes?
Trunks ahogó un suspiro al escuchar aquellas palabras, ¿Acaso Goten también…? No. Todo a su tiempo, la noche es larga. Se acercó más a su cuerpo y comenzó a responder “Bueno, yo estaba listo para entregarlo al día siguiente, ¿sabes? Pero esa noche papá entró a mi habitación y me dijo que no lo hiciera. Yo pensé que había hecho algo malo al confesar que quería casarme contigo, Ten, pero no. El solo me dijo que te lo diera cuando tuviese claro el concepto de amor de… pareja, y que a los cinco años ese concepto estaba a años luz de sentirlo. Me habló habló tanta seriedad del tema que pude entender un poco a lo que se referiría, así que decidí esperar. Solo que… la espera se hizo muy larga. Trunks hizo una pausa para examinar la expresión de su amigo, el cual se mostró un poco herido con lo último, por lo que se apresuró a continuar. “Pasaron los años y yo, diablos, Ten, pasaba el tiempo y yo cada vez tenía más y más seguridad sobre mis sentimientos. Al principio esperé a que me gustase una chica… o un chico, claro. Pero no, nada de eso pasó. Goten, siempre fuiste tú, mi alma te eligió desde que naciste y así será.”
Goten no daba crédito a lo que oía, ¿cómo no de dió cuenta antes de que su Trunks sentía lo mismo que él? Contempló al ojiazul con lentitud. Se veía tan hermoso. La luz de la luna que atravesaba la ventana iluminaba con perfección los cabellos morados de Trunks, y su cara… su cara era arte puro. De manera sutil, tomó el rostro del contrario con ambas manos, obligando que el contacto visual mutuo fuera fijo. Es el mejor día de mi vida, pensó Ten. Quería besarle, pero tenía otras dudas antes. Así que, dejando un beso rápido en su frente y mejilla, decidió preguntar.
– ¿Aún lo tienes? — Aclaró fugazmente —. El anillo, quiero decir.
El sonrojo fue instantáneo en las mejillas de Trunks. No se esperaba ese contacto con Goten, y mucho menos la pregunta. Así que solo atinó a responder asintiendo su cabeza y se levantó, dirigiéndose al cajón que estaba bajo llave de la mesita de noche. La abrió, y con la mano, le hizo un gesto al menor para que se acercase. Y este automáticamente lo hizo, quedando deslumbrado por lo que estaba viendo.
Fotos de ambos. Cartas tontas con groserías y dibujos mal hechos. Entradas de distintos eventos a los cuales asistían. Podría jurar que hasta vio dientes de leche de ambos. Y justo en la esquina, había una caja de terciopelo rojo con una nota encima.
“Para mi compañero de vida, Ten”
Trunks tomó la cajita y Goten se llevó ambas manos a su boca por la impresión. ¿Tanto amor tenía acumulado en un cajón? No lo podría creer. Y menos pudo creer cuando Trunks se arrodilló totalmente avergonzado, abriendo la caja. En ella había un anillo en perfecto estado, a pesar del desgaste, era de plástico y lo decoraba una fresa del mismo material. Las fresas eran la fruta favorita de su Goten.
— Creo que ya dije lo que quería decir, aún así —. Comenzó a decir Trunks desde el suelo, aún arrodillado.— ¿Quieres ser mi compañero de vida para toda la vida? —. Hizo un énfasis en la palabra toda. Esperando una respuesta, sintió una fuerza que lo derrumbó al suelo y unos labios posicionándose sobre los suyos.
Goten lo estaba besando. El sueño del mayor se estaba haciendo realidad. Sin perder el tiempo, Trunks siguió el beso casi desesperado. Como si de los labios del contrario viviese. Como si no pudiera vivir sin ellos nunca más. Goten era su oxígeno.
Y sin oxígeno se estaban quedando después de pasar al menos cinco minutos besándose. El pelinegro decidió separarse y hablar. “Espero que esto te haya indicado que claramente acepto estar contigo para siempre. Trunks, he sido devoto de ti desde que tengo memoria. Y a medida que crecimos juntos, sabía que mi lugar correspondía solo a tu lado. Tuve miedo, pensaba en que quizá no soportaría que alguien más tomase ese lugar incondicional junto a ti. Y me moría de celos. Al final solo pensaba en que si tu eras feliz, yo también lo sería. Aunque admito que sería mejor si eras feliz conmigo. Y gracias, de verdad gracias por permitirme esta felicidad contigo, Te amo.”
Te amo.
— También te amo, Ten —. Apresuró a decir Trunks, dejando un corto beso en los labios de su amado. — Eres pesado, vayamos a la cama para seguir hablando, y jugando. No lo olvides, no por esto te dejaré ganar.
Goten rió genuinamente, todo esto estaba siendo muy bueno para ser real. Se levantó, y echó un vistazo rápido a la cama del mayor, fijándose en la caja de pockys que aún estaba ahí. Con una sonrisa pícara, tomó una caja y la agitó para llamar la atención de Trunks. “Tengo una mejor idea, ¿Y si jugamos con esto?”
Trunks sonrió, definitivamente un juego que implicaba besar a Goten, era bastante mejor.
