Chapter Text
Había una vez en una tierra lejana el gobernante de este lugar, un rey cruel y tirano, que pese a que mantenía el orden y la "paz" en su reino, no estaba ni cerca de ser alguien bondadoso.
Este rey tenía un primogénito, a quién crió con mano de hierro, educandolo desde pequeño con sus principios e ideales, inculcandole su propia visión del mundo, y esperando que cuando sea el momento llegue a gobernar como él.
Uno podría pensar que siempre tuvo todo lo que podría desear, vivir en un castillo, rodeado de lujos y riquezas, servidumbre y un futuro asegurado como el siguiente gobernador, sin embargo no era ni un poco feliz.
La crianza tan fría y severa de su padre, quien parecía sólo recordaba su existencia a la hora de reprenderlo o educarlo, era demasiado para soportarlo.
Se encontraba totalmente solo, no tenía a nadie sincero en el mundo que lo apreciara por quién era. Tanto era así, que pudo haber muerto, quería hacerlo, no le quedaban ataduras en el mundo. Hasta que una noche la encontró.
Llegó por casualidad a una habitación secreta en el amplio castillo, lugar que posteriormente convirtió en su lugar secreto, para huir y esconderse de todo. En ese lugar encontró registros no eliminados de la antigua historia del reino, ya que su padre no fue el rey por ser parte del linaje, si no que usurpó el trono, producto de una traición interna al antiguo rey, e hicieron creerle al pueblo que fue un cambio voluntario. Al menos por lo que ha escuchado de parte de la servidumbre, ya que su padre se niega a contarle nada.
Entre tantos registros, hubo uno que llamó su atención más que ningún otro, una especie de bitácora de viajes. Le perteneció al antiguo gobernador, Kozuki Oden. En ella narraba las aventuras que llegó a tener fuera del reino, vivencias con su familia y allegados, y sus interacciones y mandatos con el reino.
El príncipe, maravillado con tales historias, recuperó algo que lo mantuviera anclado a la vida, encontró en Oden esperanza, un ideal, una figura a la cual admirar. Sintió verdadera afinidad por primera vez a una forma de vivir, y si alguna vez llegara a gobernar, lo haría como él lo hizo.
Fue tanto el como afectó y apoyó Oden en la soledad de Yamato, que tomó su identidad, siendo Kozuki Oden, tendría el valor de enfrentarse a su padre y de vivir libremente, como él.
Sin embargo no salió nada bien, declararse como el antiguo enemigo de su padre y sin cambiar de opinión pese a los castigos, las torturas y el hambre que le hizo pasar, le salió más caro.
Harto, su padre tomó medidas extremas. Solicitó a una bruja que maldijera a su hijo, encerrandolo en una propiedad a las afueras del pueblo. Además del encierro, fue hechizado cambiando su apariencia a la de una bestia, representando lo que para él significaba que su hijo se considerara como su enemigo.
La única manera de romper la maldición, es que aceptara quien era realmente, y no sólo él mismo, deberá lograr que alguien lo ame por quien es. Un reloj de arena encantado, el cual contaba el tiempo de vida que le quedaba para romper la maldición, o permanecería encerrado y con tal apariencia por siempre, y un espejo mágico que le permitía observar lo que nunca podría volver a ver, el exterior, fueron su única compañía.
Al pasar los años, perdió toda esperanza, si aún cuando su apariencia era normal nadie lo amó sinceramente, ahora de esta forma, ¿quién podría amar a una bestia?
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A las orillas del reino, en un pequeño pueblo habitaba un peculiar jóven. De un gran atractivo, cabellera dorada como el sol y ojos azules como zafiros, además de poseer un gran intelecto.
Sin embargo pese a todos sus grandes atributos, siempre es mirado por el rabillo del ojo por la mayoría de habitantes del pueblo.
—¡Buenos días Koala! Luces animada esta mañana, ¿sucedió algo en particular? —preguntó Sabo a su mejor amiga, luciendo alegre también.
—Nada tan especial, es sólo que la señorita Robin me avisó que le llegarían nuevos libros en unos días, pero me ofrecí a recogerlos yo misma para adelantar su llegada, y ella me agradeció invitandome a comer —respondió con un pequeño gritito, irradiando felicidad.
—Ya veo, así que finalmente conseguiste una cita con ella —bromeó ligeramente.
—Cállate, no es como que sea una cita ni nada por el estilo. Solamente voy a poder probar la comida que ella cocinó, una comida casual eso es todo —rió nerviosamente, tratando de ocultar su clara felicidad—. De todos modos, tengo que irme cuanto antes si quiero llegar a la ciudad a recoger los libros antes de que anochezca.
—Jeje como digas —también rió ligeramente al notar el comportamiento de su amiga—. Puedo prestarte mi caballo y la carreta para que te sea más fácil y rápido llegar de vuelta a tu cita.
—¡Ya Sabo! —Lo reprendió golpeando su cabeza altamente avergonzada—. Pero, gracias. Tomaré tu oferta —Suspiró haciendo un ligero puchero.
Así la chica preparó lo necesario para salir del pueblo, el chico esperó para poder despedir a su amiga y así seguir con el mandado que tenía pendiente.
Una agradable interacción matutina, normal para ellos, pero al parecer, escándalosa como siempre entre la gente de los alrededores.
—Mira, ahí va el muchacho de Sabo, como siempre con un libro metido en la nariz.
—Tan temprano y ya leyendo despistado como siempre, pura barbarie lo que consume.
—¿Por qué no puede esos dos ser normales? Seguramente hasta practican brujería.
—Y con lo apuesto que es Sabo, totalmente un desperdicio.
Eran las cosas que solían resonar por donde ese par pasara, especialmente cerca de Sabo. No había día que la gente no susurrara sobre sus peculiares intereses, pero a quien le importaba realmente.
Algún día encontraría alguna de las criaturas y objetos fantásticos sobre los que tanto ha leído. Mientras ambos sean felices así, daba igual la opinión de los demás.
La mañana del joven transcurrió como normalmente, devolvió los libros que había pedido prestados en la librería del pueblo, teniendo una agradable interacción con la bibliotecaria, de las pocas personas que no miraban mal a Sabo ni a Koala.
—Dime Sabo, ¿te gustaron los libros? ¿Aprendiste algo nuevo? —preguntó en un tono sereno la mujer con una amable sonrisa.
—¡Por supuesto que sí! Además, nunca me aburro de leer el libro sobre licantropía, podría leerlo un millón de veces. —Exclamó con gran alegría—. Aunque, por supuesto, estoy ansioso por poder leer algo nuevo.
—Entiendo tu emoción, y tienes suerte ya que tu amiga Koala se ofreció a recoger la nueva tanda que iba a llegar en unos días, y a lo mucho tendremos contenido nuevo para mañana.
—Lo sé, estaba ansiosa por darse prisa en ir y volver para poder comer contigo. —Ante esto ambos rieron ligeramente—. Ojalá salga bien su cita.
—Muchas gracias, Sabo. —agradeció con una pequeña sonrisa, inmutable ante el comentario a diferencia de su amiga, típico en ella—. Además, también quería decirte, si tanto te gusta el libro sobre licantropía, puedes quedartelo, es tuyo.
—¿Está segura? —cuestionó incrédulo.
—Claro, lo lees muy seguido, no veo porque no.
—¡Muchas gracias mandame Robin!
Agradeció, alegre por su adquisición, saliendo de la librería y continuando sus mandados.
Simplemente caminando por las calles, recibió las malas miradas de cierto hombre y sus seguidores. Un tipo llamado Buggy, no puedes decir que sea precisamente popular entre las chicas, y tampoco posee gran fuerza, pero tiene una suerte y labia que lo posicionaron como una de las personas más importantes del pueblo. Sin hacer verdaderamente nada, recibe el crédito de grandes hazañas, siendo alguien egocéntrico y presumido que aspira a la grandeza. Y como cualquier otra persona en el pueblo, ve con malos ojos los intereses de Sabo, buscando oportunidad de molestarlo o criticarlo de vez en cuando.
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Koala ya había partido hace unas pocas horas del pueblo, cabalgando la montura de Sabo y ligeramente apresurada por llegar a su destino. Cabalgó y cabalgó, hasta llegar a un bosque lúgubre, que se ramificaba en muchos caminos. Sin estar totalmente segura de la dirección y sin poder apreciar adecuadamente el mapa, tomó una ruta al azar.
No pasó demasiado tiempo vagando por ese camino, cuando enfrentó un peligro de muerte. Una manada de lobos hambrientos comenzaron a perseguirla con insistencia, ella en su intento de huir terminó descarriando y destruyendo la carreta de Sabo, el caballo terminó por lanzarla fuertemente contra el suelo huyendo despavorido, y hubiera muerto de no ser por la propiedad enrejada que estaba cerca, logrando librarse por un pelo de los lobos, sin embargo terminó con varios rasguños graves.
Finalmente era de noche, el bosque tenía una espesa niebla, y el frío de invierno comenzaba a hacerse más notorio. No podía volver o avanzar sin transporte, así que que decidió adentrarse más a la propiedad a la que había entrado. Era una casa enorme, una mansión, de apariencia andrajosa, llena de enredaderas y rodeada por maleza, lucía totalmente abandonada.
Sin mayor temor se adentró, esto era más el estilo de Sabo, pero también le emocionaba una aventura como esta. De manera temerosa entró, preguntando si había alguien viviendo, a lo que obviamente, no hubo respuesta.
Al ver la mansión por dentro, lucía mucho mejor que por fuera, algo polvoso claro, pero las condiciones eran bastante decentes, casi como por arte de magia. Tomó asiento en lo que parecía una sala, logró encender la chimenea que por alguna razón tenía leña útil. No pudo ponerse más cómoda que eso, ya que una presencia aterradora se apareció.
—¿Quién eres y por qué estás en mi casa? —Cuestionó una voz profunda con un tono amenazante—. ¿Eres otro en busca de tesoros ocultos? ¿Fanático de lo desconocido? ¿O acaso, eres otro de esos que buscan cazar a la bestia y ganar fama y riqueza a costa de mi cabeza?
—No no no, ¡se equivoca! Sólo soy una chica que iba de camino a la ciudad por un mandado y me refugié aquí p-porque había lobos que me querían comer y mi caballo huyó y comenzó a hacer mucho frío y creí que nadie vivía aquí, l-lo lamento me iré enseguida yo- —Comenzó a balbucear, claramente aterrada.
Sin embargo no pudo decir otra palabra, ni moverse, la voz aparentemente incorporea se lanzó frente a ella, deteniendo su paso.
—No te creo nada, ya usaron ese truco una vez, una linda chica que baje la guardia de la bestia para enseguida atacar por sorpresa, nah, no me dejaré engañar de nuevo. —Dijo la ahora visible bestia, un ser enorme, de grandes músculos, pelaje blanco y frondoso y enormes colmillos.
—Serás mi prisionera, cuando decidan atacar negociaré tu vida para que se vayan.
—No, ¡por favor espere! Le juro que sólo me refugié de camino a mi destino no soy cómplice de un atentado contra su vida o algo por el estilo, ¡le ruego me deje ir le juro que no me volverá a ver! —Gritó incansablemente, sin éxito alguno, la bestia, ignorando sus palabras, la tomó por la fuerza y la encerró en lo que parecía ser un almacén.
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Sabo se encontraba en casa, relajándose después de un ajetreado día de compras, y miradas juzgadoras como siempre. No contaba con lo que importunaría su paz de manera repentina.
Un escándalo en el patio delantero, lanzando por el aire sus herramientas de jardín y destrozando sus flores fue lo que lo sacó de su momento de descanso.
Apresurado salió al patio, buscando al culpable del escándalo, viendo solamente a su caballo Karasu. Espera, ¿su caballo? ¿Sin Koala ni la carreta?
Era una clara señal de alerta, tranquilizó como pudo al animal, y preguntó por el paradero de su amiga. Sin prepararse más allá de colocarse un abrigo y tomar el bolso con el que había ido de compras lo montó, esperando que lo lleve al lugar correcto.
No tardó nada en llegar a la mansión, tenía un aspecto abandonado, lúgubre y escalofriante, justo su estilo, algo que en otras circunstancias amaría explorar, pero en este momento Koala era su prioridad. Ató a su caballo en una rama cercana y con cautela entró a la propiedad.
No podía imaginar que estuviera aquí, pero tampoco que estuviera en el bosque, así que no perdió las esperanzas y se siguió adentrando, llamándola por su nombre y preguntando si alguien vivía en el lugar.
En un punto llegó a la cocina, la cual estaba en el sótano, un estilo bastante más antiguo que el de las casas actuales. Antes de seguir su camino a otra habitación escuchó fuertes sonidos, se acercó más y más al lugar.
Se apresuró en abrir la puerta de donde provenía el sonido, eran patadas, parecía el almacén de la cocina. Ahí estaba Koala, sin embargo, para sorpresa de Sabo, no se vió aliviada o agradecida, si no que que le pidió que se fuera de inmediato.
—Koala, ¿estás bien? ¿Qué está pasando? ¡Estás herida! ¿Por qué estabas encerrada ahí? —Verdaderamente preocupado al ver el estado de su amiga, cuestionó cosa tras otra, pero antes de siquiera poder decir otra cosa fue interrumpido.
—Sabo, no tengo tiempo de explicar nada, pero por una vez te lo pido, hazme caso y vete. Hay un peligro que no te imaginas, y podría hacerte daño confundiendo la situación, por favor vete. —Trató de explicar de manera superficial desesperadamente.
—¿De qué estás hablando? No puedo irme así nada más, estás sangrando mucho. —Necio a escuchar, arrancó parte de su abrigo para vendar las heridas de la chica, mientras Koala trataba de cualquier modo hacer que se fuera.
No puedo lograrlo, ya que una voz profunda y aterradora los interrumpió.
—Así que, ¿ahora son más inteligentes, eh? Tratar de salvar primero a su compañera antes de enfrentarme. —Dijo en un tono amenazante, sin mostrarse directamente.
—¿Quién está ahí? ¿Acaso fuiste tú quién le hizo estas heridas a mi amiga? ¡Da la cara ahora mismo! —Ajeno a la gravedad de la situación, provocó al desconocido con tal de vengar a Koala.
Como lo solicitó, la voz desconocida se hizo presente, justo frente a ambos, apenas iluminado por la tenue luz de Luna que lograba filtrarse. Era una vista aterradora, incluso con lo poco que lograba distinguirse su figura, pero esas enormes garras y colmillos no mentían, era algo peligroso.
—Yo debería hacer las preguntas. ¿Dónde está el resto de sus compañeros? Si van a pelear háganlo ahora, no tengo ganas de lidiar con esto por más tiempo. —dijo con hartazgo.
—¿Demás compañeros? No sé de que habla, yo sólo vine a buscar a mi amiga, mi caballo volvió sin ella mientras hacía un mandado a la ciudad, no tenía malas intenciones contra usted —Claramente estaba aterrado, tomó todas las fuerzas que le quedaban para responder firmemente a la bestia.
—Así que ambos van a decir eso, como quieran. Sin embargo aunque no hayan venido a pelear, tu amiga decidió entrar a mi propiedad sin mi permiso, estoy harto de que la gente venga y haga lo que le plazca aquí, quizás con esto finalmente termine todo, así que seguirá siendo mi prisionera.
—Por favor déjela ir, sin tratamiento y con sus heridas podría morir, haré lo que sea. —Suplicó comenzando a caer en la desesperación.
—Ya dije que no, no hay nada que puedas hacer —dijo con un tono irritado—. Es mi prisionera ahora.
Con eso en mente, Sabo pensó seriamente lo que diría a continuación, era aterrador, pero sabía que era su única opción.
—Espera, ¿y si yo soy tu prisionero, en su lugar?
—¿Tú? —preguntó casi sarcástico— ¿Tomarías su lugar?
—Sí. Si lo hago... ¿La dejarás ir?
—Por supuesto, pero deberás quedarte para siempre, ¿estás consciente de ello?
—Sí, lo estoy...
En ese instante la bestia tomó nuevamente por la fuerza a la chica, sacándola de la mansión.
—¡No! ¡Espera por favor! ¡Sabo! No puedes hacer esto, buscaremos otra forma, ¡Sabo! —Gritaba desesperadamente entre llanto, tratando de zafarse del agarre de su captor, sin éxito alguno.
—Lo lamento Koala, pero aún tienes una cita a la que asistir. —respondió con una notable tristeza en su voz, pero ofreciéndole una cálida sonrisa, probablemente la última que podría ofrecerle.
La dejó caer algo bruscamente contra el suelo fuera de la propiedad, desató al caballo, y como por arte de magia, antes de siquiera poder intentar entrar nuevamente, un montón de hierba espinosa rodeó por completo el lugar, impidiéndoselo. Trató de buscar por varios minutos una entrada, pero al notar lo inútil que era, decidió que volver al pueblo en busca de ayuda era la mejor opción.
Una vez alejada del lugar, la criatura regresó dentro, al lugar donde dejó al humano. Lo encontró lamentándose, claramente devastado por la situación en la que se encontraba. Quería decir algo, pero se limitó a seguir con una actitud feroz y distante hacia él.
—Sígueme, si vas a quedarte aquí no voy a dejar que sea en mi almacén.
Sin mucho ánimo en oponer resistencia, Sabo accedió siguiéndolo en silencio.
Mientras llegaban a lo que sería su habitación desginada, la bestia decidió explicar algunas cosas.
—Que quede claro, eres mi prisionero, pero eres libre de explorar la mansión en su totalidad, a excepción de mi habitación, está absolutamente prohibido que entres a ella. Además no puedes alejarte a más de 300 metros de la casa, no preguntes sólo hazme caso.
Explicó con simpleza en un tono ligeramente más tranquilo que con el que estuvo hablando todo el rato. En poco tiempo llegaron a la habitación que ahora sería de Sabo.
Estaba oscura y llena de polvo, pero lucía acogedora. El azul predominaba en la decoración y la cama parecía cómoda.
—Tu habitación. Si tienes hambre bajarás a cenar conmigo, o no cenas. —Fue todo lo que dijo antes de dejarlo solo.
Agotado de mil maneras, Sabo se echó a llorar en la cama, lamentándose tantas cosas, no era la manera en la que le hubiera gustado conocer finalmente una criatura como las de sus libros, solamente podía rogar que Koala estuviera bien.
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Una terrible tormenta de nieve azotó el reino en poco tiempo. Koala había cabalgado a toda velocidad sin importar el mal clima, llegando tan pronto como era posible devuelta al pueblo. Sin importarle siquiera su salud antes que nada, se adentró totalmente exaltada en la taberna, lugar donde solían reunirse la mayoría de personas de habilidad a esas horas.
—¡Auxilio! ¡Por favor auxilio! Necesitamos ir de inmediato ¡quién sabe que podría hacerle, lo tiene como prisionero! —Gritó, sin poder formular una frase coherente.
—Tranquila muchacha, ¿que pasa? ¿Quién tiene prisionero a quién? —preguntó Buggy, quien estaba emborrachandose con sus compañeros, realmente poco atento a lo que decía la chica con tanto alcohol en la sangre.
—¡La bestia! ¡Tiene cautivo a Sabo!
Ante esto, la taberna entera se echó a reir en su cara, comenzaron a mofarse de lo que dijo.
—¿Una bestia? ¿Y era enorme?
—¡Lo era! ¡Era gigantesca!
—¿Y tenía un enorme hocico lleno de grandes colmillos?
—¿Con enormes garras?
—Sí, sí, ¡era terrible! ¡Por favor ayúdenme!
Obviamente nadie la tomó en serio, y sólo rieron más y más, ignorando su desesperación.
—Niños, creo que leer tantos cuentos les aflojó algunos tornillos, mejor vete a casa.
Al notar que nadie la tomaba en serio, salió corriendo de ahí ante la única persona que podría hacerlo, Robin.
Se apresuró a llegar a la librería, pero claro, ya estaba cerrada. Pensó y pensó hasta que logró recordar la dirección de su casa, ha que ahí es donde comerían. Llegó y tocó frenéticamente la puerta, y cuando finalmente le abrió sintió un alivio enorme, lágrimas cayeron por sus ojos, pero lo único que pudo decir fue "ayuda". Las heridas aún abiertas y la hipotermia por pasar tanto tiempo en la nieve sin abrigar le pasó factura, y terminó desmayandose.
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En la mansión se escuchaban ruidos estruendosos, era la bestia, en el bosque de la parte trasera de la casa, rompiendo a diestra y siniestra árbol tras árbol.
—¿¡Es en serio!? ¿¡Y así te haces llamar Kozuki Oden!? ¿Crees que él hubiera actuado así? Y no sólo hoy, ¡todos estos malditos años! Secuestrando a una chica inocente, y ahora tomando un prisionero, ¿¡privandolo de su libertad tal como lo hicieron contigo!?
Gritaba para sí mismo, liberando su frustración en cada golpe, cada zarpazo, cada lágrima.
Mientras la criatura se castigaba a si misma, Sabo no pudo evitar mirar por la ventana de una de las tantas habitaciones, ya que había decidido explorar un poco el lugar en vez de seguir lamentándose, pudo ver que quizás no era alguien peligroso, o verdaderamente cruel.
No podía simplemente olvidar lo que había pasado, pero podría intentar darle una oportunidad, así que asistiría a cenar a su lado.
La noche había caído y la hora llegó, olía bastante bien. Encontró algunos trajes viejos en el armario de su habitación, así que cambió los ahora harapos que llevaba por ropa. Era un traje bastante lindo, muy de su estilo.
Decidió bajar, aún algo temeroso por interactuar con su captor. Al llegar al comedor, la sorpresa en el otro era notablemente, al parecer no esperaba que realmente fuera a bajar a cenar junto a él.
—Así que, ¿tanta era tu hambre? —intentó sonar casual, pero sonó algo descortés.
—No realmente, además, tampoco he perdonado toda la situación de hoy, sin embargo, he decidido darte una oportunidad, a explicarte si es que hay algo que explicar. —respondió más sereno de lo que esperaba logar estar, mientras tomaba asiento—. Además, debo admitir que huele bastante bien, ¿cocinaste tú?
—No es que haya más gente viviendo aquí, ¿o sí? Yo tengo que hacerme cargo de no morir de hambre, así que supongo que he desarrollado cierto sazón. —dijo mientras terminaba de servir.
Lucía bastante apetecible, parecía haber sopa de cebolla, algún tipo de carne en una salsa, acompañado de pasta y puré de papas, sería difícil de creer que una bestia como él sabría cocinar, y hacerlo tan bien, ya que el primer bocado que Sabo dió fue como morder el cielo. La carne era tan jugosa y suave, que parecía derretirse cuál mantequilla en la boca, la pasta era quesosa y podía sentirse el sabor de cada especia, pero de una manera equilibrada y la sopa era deliciosa, sabía mucho a mantequilla, verdaderamente la mejor cena que ha tenido en años.
—Debo decir que en serio sabes cocinar eeh —trató de decir, aunque estaba básicamente atragantandose con la comida, era raro verlo, utilizaba correctamente los cubiertos y la servilleta, pero con la boca llena como un pueblerino cualquiera—. Perdón, creo que nunca te pregunté tu nombre verdad? Yo soy Sabo, es un placer, creo —pudo decir cuando finalmente pasó toda la comida con ayuda del vino que acompañaba la cena.
—Puedes llamarme Oden —respondió a secas mientras también comía, era parecido a Sabo, sabía usar los cubiertos, pero se llenó todo el rostro de salsa, comiendo como si se fuera a terminar.
—¿Ese es tu nombre? Curioso. Ahora que lo pienso, ¿eres un licántropo o algo así? No recuerdo haber leído sobre alguna criatura como tú, además puedes hablar, sabes cocinar y tienes un nombre, sin mencionar que vives en esta gran mansión, ¿qué eres? —Cuestionó, como si ya hubiera olvidado el terror que le causaba siquiera verlo a la cara.
—Lo que yo sea... no es de tu incumbencia. —Al parecer dudó un poco a que decir.
Sabo quería preguntar muchas más cosas, pero notó que aún no era momento para eso.
Después de la cena, cada quién regresó a sus asuntos de nuevo, Oden se encontraba en uno de los tantos cuartos del lugar, y Sabo siguió explorando el lugar. Entre tantas habitaciones, encontró una que llamó su atención. Tanto las paredes como la puerta estaban rasgadas, eso usualmente sería una señal de peligro para cualquiera, pero él decidió adentrarse. Parecía otra habitación más, pero bastante desarreglado. Entre todo el desastre, hubo algo luminoso que llamó su atención. Al acercarse, pudo ver que se trataba de un reloj de arena, bastante hermoso, además de que la arena caía extremadamente lento. Justo cuando estuvo a punto de tocarlo, fue detenido.
—¿¡No te dije que tenías prohibido entrar a mi habitación!? —El tono bestial y aterrador regresó, pero peor que nunca.
—Lo lamento, no tenía idea de que esta era tu habitación, se que indicaste el pasillo pero no sabía que exactamente ésta era tu habitación, y lo lamento mucho —La confianza que finalmente había ganado para estar aquí, fue despojada por culpa de su curiosidad, es probable que ahora sí muera.
—¡Fuera! —Gritó furioso, provocando pánico en el rubio, obligándolo a salir huyendo del lugar.
No le gustaba huir así, pero seamos sinceros, ¿qué haría un simple humano desarmado contra una bestia de su tamaño?
Salió fuera de la mansión, y pese a que prometió no alejarse más allá de 300 metros del lugar, la nieve y el terror lo nublaron, corriendo y corriendo hasta estar cerca de ese límite.
Sin embargo antes de siquiera lograr alejarse así, la manada de lobos que había atacado anteriormente, esta vez decidió tomar a Sabo como su presa. Se mantuvieron por los alrededores, y su espera no fue en vano ya que la presa perfecta estaba ante ellos. Intentó defenderse como fuera, usando palos, rocas o sus puños, pero una sola persona desarmada contra una manada hambrienta de lobos en medio de una tormenta de nieve o tenía muchas posibilidades.
Vió su vida pasar ante sus ojos, a punto de ser devorado, hasta que no sintió nada, y escuchó varios quejidos. Al abrir los ojos, pudo ver a Oden, la bestia, atacando a los lobos uno a uno, era difícil distinguirlo, especialmente por su pelaje blanco, pero estaba seguro de eso.
Pese a que era más grande y fuerte, eran demasiados, y claro que ganó, pero no sin recibir algunas heridas.
Sabo se acercó rápidamente a comprobar su estado, no era grave, y afortunadamente aún podía moverse. No era gran cosa, pero trató de apoyar parte de su peso en él mientras regresaban a la mansión.
Lo sentó en el sofá de la sala principal, encendió la chimenea y preparó algunos ungüentos medicinales para tratar sus heridas.
Era claro que le dolía, pero procuró no quejarse o moverse, se notaba afligido.
Cuando Sabo terminó de curarlo, habló con firmeza pero aún así más calmado de lo que usualmente era.
—Puedes irte. —Soltó finalmente, con una mirada llena de arrepentimiento.
—¿De que hablas? —preguntó confundido.
—Ya no eres mi prisionero, cuando la tormenta mejore, eres libre de irte.
El joven pensó mucho que diría a continuación, en realidad no esperaba este cambio en los acontecimientos. Apenas en la tarde incluso rogaría por dejarlo ir, su promesa era lo único que lo abstenia de hacerlo. Sin embargo ahora... No sentía ganas de irse realmente.
—Pero, ¿y si no quiero hacerlo? —finalmente dijo— En realidad, todo esto fue mi culpa, entré a tu habitación y casi salgo de la distancia límite que me pusiste. Sé que suena hasta loco en este punto pero, me gustaría quedarme un poco más. —respondió con suavidad, tratando de no irritarlo de nuevo, mientras recogía todo lo que utilizó.
—No, no me ilusiones así, por favor. Además, yo fuí quien se comportó horrible todo este tiempo. Fui en contra de los ideales de Oden, mis ideales, te privé de tu libertad y te grité sin razón desde que nos conocimos. Ya no tengo arreglo a este punto, acepté mi destino finalmente, así que vete, por favor. —Su voz sonaba tan frágil, totalmente diferente a lo que era desde que lo conoció.
—Todo eso ahora me provoca más curiosidad, ¿hablas de ti mismo en tercera persona? Mira, sé que empezamos con dos pies izquierdos, pero voy a ser sincero, siempre he tenido fascinación por lo desconocido, especialmente por criaturas misteriosas, como tú. Y me gustaría tener la oportunidad de convivir con una, quiero decir, conocerte, ¿sabes?
Pero no respondió en un rato, hasta que suspiró pesadamente, y se puso de pie.
—Haz lo que quieras, ahora eres libre, y si quedarte aquí es lo que quieres, está bien. Y por cierto... Mi nombre es Yamato, no es realmente, Oden. —dijo antes de dejarlo solo en aquella gran sala.
Ese era apenas el inicio para lograr profundizar su relación, al menos parecía ir por mejor camino.
