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Porque, si Ron tenía razón, si esto era una declaración mágica de almas gemelas y compatibilidad, entonces esta era la última prueba, la gota que colmaba el vaso, de que la magia tenía un sentido del humor retorcido y le encantaba joderle la vida.

No había manera, ni la más mínima, ni una en un millón, de que el amor de su vida, el hombre que podía convertirlo en su mejor versión, fuera el maldito Lucius Malfoy.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

 

No lo notó al principio, de la misma forma en que no se daba cuenta de nada relacionado con la cultura mágica, hasta que le sucedió a él. Harry siempre protestaría que, si los magos al menos ofrecieran un mínimo de educación cultural para los nacidos de muggles, o al menos recordaran que había sido criado por muggles, estas cosas no le ocurrirían. O, al menos, no con tanta frecuencia.

No lo notó cuando Hermione bajó una mañana con una sonrisa deslumbrante y abrazó a Ron con fuerza, cuando Hermione levantó un poco la camisa de Ron, cuando Ron echó un vistazo rápido al interior de la blusa de ella, cuando pasaron el resto del día riéndose cada vez que cruzaban miradas o sus dedos se rozaban. Siendo sinceros, últimamente Harry prefería mantener la mirada apartada para evitar ser testigo de esas demostraciones públicas de afecto tan tiernas y, a la vez, incómodas.

Tampoco lo notó cuando Malfoy lo interceptó en un pasillo vacío después de Encantamientos, cuando Malfoy apenas pudo mirarlo a los ojos mientras murmuraba: «Harry Roger». Cuando la mandíbula de Malfoy se tensó y bajó la mirada al suelo mientras Harry se reía y decía:

—¿Eso… eso se supone que es un insulto? Al menos podrías sugerir qué es lo que se supone que estoy rogereando. No es de tus mejores trabajos, Malfoy.

Aunque, para ser justos, Harry estaba más decepcionado de que las primeras palabras que Malfoy le dirigía en los ocho meses desde su juicio fueran semejante disparate.

Ni siquiera se dio cuenta cuando el nombre apareció por primera vez en su piel. De nuevo, Harry señalaría que, si uno no espera que un nombre aparezca de repente en su cuerpo, no se le ocurriría buscarlo, y aunque lo hiciera, no es común que uno mire la parte posterior de su muslo superior, justo debajo del trasero. Y eso suponiendo que pudiera quedarse desnudo frente a un espejo sin preocuparse de que sus compañeros de dormitorio entraran de golpe para ir al baño. Así que no, no lo había notado, pero tampoco era como si se pudiera esperar que lo hiciera.

Pero cuando lo notó.

Cuando por fin lo hizo.

Bueno, se preguntó qué tan difícil sería encontrar el otro colmillo del basilisco en la Cámara.

 

 


 

 

Cuando recuperó el sentido, o al menos algo parecido a ello, lo obvio se le ocurrió. Así comenzó la primera etapa de la Operación ¿Por-qué-demonios-hay-un-nombre-en-mi-trasero?: 

—¿Es una nueva broma de los gemelos? —le preguntó a Ron mientras se ponían las túnicas para bajar a desayunar.  

—¿El qué es una nueva broma? —respondió Ron, para luego contestar de todos modos—. Nah, George no ha hecho nada nuevo en meses. Solo está manteniendo los productos actuales. Vamos, me muero de hambre.  

Ron, distraído por las salchichas, no se molestó en seguir con el tema. Harry, que deseaba poder distraerse con cualquier cosa, no se quejó.

 

 


 

 

Para la segunda etapa de la Operación ¿PQDHUNEMT?, Harry planeó hacer una pregunta hipotética de manera casual. Tenía que ser un esfuerzo calculado, considerando que mentir no era precisamente su fuerte, pero había practicado lo suficiente como para mejorar sus probabilidades. Paso uno: sacar a Hermione de la conversación; ella era demasiado perspicaz y estaba siempre atenta, y jamás había logrado engañarla. Nunca. Hermione iba a ser una madre temible algún día, pero gracias a Circe, no sería la suya. Paso dos: distraer a Ron, lo que era tan fácil como mencionar Quidditch, ajedrez o comida. Dado que no quería esperar hasta finales de mayo para el partido Gryffindor-Ravenclaw para obtener una respuesta a su pregunta, y que Hermione casi siempre estaba presente a la hora de las comidas, Harry sacrificó su orgullo y ofreció su pellejo para ser destrozado en el ajedrez.  

Harry esperó a que Ron esbozara una sonrisa burlona tras mover un peón, la señal inconfundible de su inminente derrota, y deslizó su pregunta mientras Ron avanzaba contra su caballo.  

—Vi a un Ravenclaw con un nombre tatuado en el brazo. ¿De qué va eso?  

—Eh, probablemente sea su alma gemela —respondió Ron, capturando su torre. Espera, ¿en qué maldito momento Harry había dejado su torre desprotegida? 

—¿Alma gemela? ¿Es una cosa de magos tatuarse el nombre de tu novia o novio? ¿O es algo temporal? —Harry movió su reina para evitar el alfil de Ron.  

—¿Qué? No, como su alma gemela de verdad. Como Hermione es la mía.  

—Cuidado, amigo, ya sabes cómo se pone con toda esa basura cliché del destino.

Ron levantó la mirada y Harry se congeló ante la repentina atención que recibió.

—No, no esas tonterías muggles. Me refiero a que Hermione es mi verdadera alma gemela, destinada mágicamente y todo eso.

Ron se inclinó y levantó un poco su camisa, revelando, en una simple letra manuscrita, el nombre "Hermione Jean Granger" justo encima de su cadera izquierda.

El estómago de Harry dio un vuelco hasta su garganta, como si estuviera haciendo una finta de Wronski, pero sin la euforia ni la adrenalina. Más bien, como si se hubiera caído de la escoba en tercer año. Había perdido ese partido, igual que empezaba a preocuparse de estar perdiendo la cabeza. Lo que, de paso, le recordó exactamente lo disparatada que podía ser la magia. Tal vez aún había esperanza.

—¿A qué te refieres con destinada mágicamente?

—Esto es una de esas cosas a las que no prestaste atención, ¿verdad? —Ron negó con la cabeza mientras Harry movía otro peón.

—¡No lo sé! —la voz de Harry se quebró—. ¿Qué clase de cosa es esta?

—Por el amor de Godric... —Ron negó con la cabeza, avanzando su peón hasta el final del tablero y señalando al alfil que Harry había capturado unas jugadas atrás—. Me sorprende que siquiera te hayas dado cuenta de que Quien-Tú-Sabes intentaba matarte, con lo despistado que eres.

—¡Oye! Estaba despistado porque me estaba concentrando en Voldemort.

—Hermione también estaba concentrada en Voldemort, y lo entendió igual —replicó Ron, para luego soltar una risita al pensarlo mejor—. Bueno, olvídalo. Eso es típico de Hermione. A ver, es algo así: cuando maduras lo suficiente y la magia decide que tienes un buen complemento por ahí, alguien que te equilibra, que puede ser el amor de tu vida o simplemente quien te convierte en la mejor versión de ti mismo, entonces ambos son marcados con el nombre del otro.

El corazón de Harry se detuvo. Era una comparación precisa para el shock repentino en su pecho, y nadie podría acusarlo de ser dramático: literalmente había muerto hace menos de un año. Así que Harry sabía lo que era el pánico paralizante.

Porque, si Ron tenía razón, si esto era una declaración mágica de almas gemelas y compatibilidad, entonces esta era la última prueba, la gota que colmaba el vaso, de que la magia tenía un sentido del humor retorcido y le encantaba joderle la vida.

No había manera, ni la más mínima, ni una en un millón, de que el amor de su vida, el hombre que podía convertirlo en su mejor versión, fuera el maldito Lucius Malfoy.

 

 


 

 

Harry cerró la puerta con un complicado hechizo de bloqueo que Hermione le había enseñado. No es que estuviera especialmente preocupado de que alguien entrara durante la clase de Transformaciones Avanzadas, pero no quería correr riesgos. Decidió compensar el haberse saltado la clase transfigurando una toalla en un taburete y el pequeño espejo sobre el lavabo en uno de cuerpo entero.  

Se acomodó tan cerca como le permitieron su trasero y el lavabo. Ahí estaba, justo debajo de su trasero, en una caligrafía gris claro que le recordaba dolorosamente a los ojos grises de Malfoy, el nombre: “Lucius Draconi Emmanuel Malfoy”, grabado en su piel morena. La escritura era angulosa y familiar, y Harry sentía unas ganas insaciables de arrancarla con un cuchillo oxidado.  

No había forma, en toda la verde tierra de Godric, de que Lucius “Mi bastón está tan metido en mi propio culo que tuve que comprar uno nuevo” Malfoy fuera su alma gemela. Lucius Malfoy, quien maltrató al leal y sincero Dobby, quien prácticamente esclavizó a su único hijo, quien había pasado artefactos oscuros a una niña de once años para evitar sospechas. Lucius Malfoy, quien juró lealtad y su vida a un mago tenebroso que, en el mejor de los casos, tenía una octava parte más de alma que Harry. Y en el peor de los casos, según Hermione, Voldemort no tenía más de una fracción ínfima de su propia alma antes de transferirle la mitad a Harry.  

¿Qué clase de lamebotas ambicioso y sediento de poder mira a un lunático con un poco de alma en su ser y piensa: ¡Qué tipo tan increíble! ¡Qué líder tan sensato y reflexivo! Debería comprometer mi vida y la de mis seres queridos con este mago que tiene la misma capacidad estratégica que una hiena ciega y hambrienta tratando de masticar su propia pata!  

Un nuevo pensamiento invadió con fuerza su conciencia: ¿y si el alma gemela de Lucius Malfoy había sido Voldemort? Harry estremeció; ¿era él el alma gemela de Lucius porque era la única cosa viva que había sostenido (parte de) el alma de Voldemort? ¿Cómo se sentiría Narcissa al respecto? ¿Realmente Lucius había tenido sexo con Voldemort? ¿Cómo podía alguien tener sexo con ese cadáver pálido, con esos ojos sangrientos y ese cuerpo de serpiente deformada? Tal vez Voldemort simplemente lo había follado por detrás. Aunque Lucius parecía el tipo que preferiría montar la polla de algún tipo, eso le daba toda la ilusión de control y poder, pero al final del día, él seguía siendo el penetrado. Honestamente, era difícil imaginar a Lucius haciendo algo de trabajo; era prácticamente la “princesa de almohada” personificada.  

Por la dulce y sufriente madre de Salazar, ¿acaso acababa de imaginarse cuál podría ser la posición sexual preferida de Lucius Malfoy? ¿Sería posible hacerle un Scourgify a su cerebro? Nunca volvería a estar limpio otra vez. Si tan solo pudiera obliviarse a sí mismo; pedirle a Hermione que lo hiciera requeriría contarle exactamente qué necesitaba que olvidara, y no quería exponer a sus pobres y dulces amigos a eso. Ni mucho menos vivir otra vez esos pensamientos él mismo. No quería exponerse a eso.  

Esto, pensó Harry, era exactamente para lo que se inventó el whisky de fuego.

 

 


 

 

Ron movió las varitas antes que las palabras y comenzó la fase 3 de la Operación ¿PQDHUNEMT? sin previo aviso.

—Entonces —dijo Ron a Hermione mientras se inclinaba sobre la mesa para servirse un poco de pollo asado—, ¿adivina quién acaba de descubrir que las almas gemelas existen?

Hermione soltó un grito ahogado y lanzó un Muffliato a su alrededor.

—¡¿Ya tienes un nombre?!

—¿Qué? —chilló Harry, casi demasiado rápido—. No, vi un nombre tatuado en alguien y le pregunté a Ron sobre eso. 

La mejor forma de mentirle a Hermione era no mentirle.

—¿Cómo es que no lo sabías? Ah, espera. Toda tu adolescencia perseguido por un mago tenebroso —dijo ella, desechando la protesta con un gesto de la mano—. Supongo que estás excusado.

—Vaya, gracias.

—¿Tienes alguna pregunta?

Desde luego que sí.

—Sí, ¿cómo puedes soportarlo? ¿Otra ronda de toda esta mierda del destino? Me sorprende que lo hayas aceptado, tú que odias la Adivinación y toda esas tonterías.

Sus ojos brillaron y Harry suspiró aliviado por dentro. Hubo muchas veces en las que prefería la brevedad de Ron, pero este asunto de las almas gemelas no era una de ellas. Quería el conocimiento detallado y exhaustivo de Hermione, ese que investigaba todas las posibilidades y todos los resultados posibles, para evitar quedar encadenado al maldito cabrón que era Lucius Malfoy.

—¡Pero es que eso es justamente lo que pasa! ¡No es Adivinación! La magia involucrada en la compatibilidad de las almas gemelas es una de las pocas instancias de magia del alma que ocurre de forma natural. Las varitas son otro ejemplo. Ollivander realmente tiene razón: la varita elige al mago. Tu alma resuena naturalmente con varias plantas y animales mágicos, pero al fabricar una varita, Ollivander intenta amplificar esos efectos. Sin embargo, no puede cambiar cómo responde la magia a tu alma. Si la madera o el núcleo son buenos, pero no son los correctos, los efectos se debilitan. Y es por eso que los eventos que cambian la vida pueden debilitar la forma en que tu varita responde a ti.

—Como Charlie —dijo Ron entre bocados de puré de raíces.

—¿Qué le pasó a Charlie? —preguntó Harry.

—El verano después del sexto año, un artefacto maldito lo envió a los bosques de Rumanía. Estuvo perdido casi seis semanas, pero un dragón malhumorado se aseguró de que tuviera comida y lo mantuvo a salvo. Antes de eso, iba a probar suerte para el Quidditch profesional, o a trabajar en el Departamento de Juegos y Deportes Mágicos. Después de eso, dejó el equipo, comenzó a hacer prácticas con Hagrid, y cuando salió de Hogwarts, se fue directo a Rumanía. Por eso yo tenía su varita en primer año. La suya ya no le funcionaba.

—Tampoco te funcionaba a ti —recordó Harry.

—¿Quién dijo que Lockhart no servía para nada? —roncó Ron. Harry estuvo de acuerdo; Lockhart obliviatandose de sí mismo con la varita de Ron había hecho maravillas para conseguir que los padres de Ron le compraran una nueva.

—Entre menos se hable de él, mejor —dijo Hermione arrugando la nariz.

—Sí, solo porque tenías un crush enorme en él.

—Era joven. Y estúpida.

—Nunca has sido estúpida, 'Mione.

—Bueno, entonces era joven e ingenua. Siguiendo con el tema —Hermione les lanzó una mirada fulminante a ambos, luego se centró de nuevo en Harry—. ¿Crees que ya has conocido a tu alma gemela?

—¿No? ¿No lo sé? ¿Cómo podría saberlo? —Mantener el equilibrio entre responder sospechosamente rápido o sospechosamente lento era complicado.

—No lo sabes, no con certeza. La mayoría de los magos reciben el nombre de su alma gemela entre los 20 y los 50 años. Sin embargo, durante tiempos tumultuosos como la guerra de Grindelwald o, digamos, la guerra que acabamos de terminar, estos nombres suelen aparecer a edades más tempranas, ya que estos eventos estresantes tienen un gran impacto en las vidas de los jóvenes.

—Conociendo tu suerte —comenzó Ron, empapando su plato con un panecillo—, lo más probable es que tu alma gemela sea Draco Malfoy.

—Ojalá —murmuró Harry para sí mismo. Mejor Draco Malfoy que su padre, se estremeció cuando Ron comenzó a ahogarse a su lado.

—¡Harry! ¿Hay algo que necesitas contarnos? —preguntó Hermione con una alegría reprimida mientras le servía un vaso de agua a Ron.

—¿Qué? ¡No! Solo quiero decir que, conociendo mi suerte, acabaré con un Mortífago o algún fan espeluznante que me haya estado acechando desde que tenía doce años.

—Amigo, Malfoy es un Mortífago. O lo era.

—No realmente. Lo obligaron a tomar la Marca. No le interesaba la tortura, y, aunque lo amenazaran de muerte, era completamente incapaz de matar. Podía ser un idiota, pero nunca fue realmente un Mortífago.

Hermione, haciendo un obvio gesto de mirar por encima de ellos, sonrió con malicia.

—Y dejando de lado su personalidad, tampoco está tan mal para mirar, ¿verdad?

—Vale, sí. Está bien, es inteligente, y puede ser ingenioso, cuando no está siendo un maldito prejuicioso. 

Oh Dios... ¡¿Malfoy se convertirá en mi hijastro?!

—Oh, no ha sido tan abiertamente prejuicioso en unos años. No desde que Voldemort acampó en su casa y les mostró lo que realmente podía hacer el prejuicio. Y este año él ha estado... —se quedó en silencio.

—Ha estado callado —terminó Harry, insatisfecho—. Sin bromas, sin comentarios mordaces, nada de las discusiones verbales en las que solíamos meternos. En realidad, lo extraño; él era una de las pocas personas, aparte de ustedes dos, en las que podía confiar para que no me tratara como el maldito Niño Que Vivió.

—Entonces tal vez ya has conocido a tu alma gemela.

—No —dijo Harry con firmeza—. No hay ninguna manera de que Draco Malfoy sea mi alma gemela.

—No hay forma de saberlo, no hasta que tengas un tatuaje —Ron se encogió de hombros.

Harry les lanzó una mirada fulminante a ambos y luego, molesto, clavó su tenedor en la carne asada.

—Estoy tan jodidamente harto de la magia del alma.

 

 


 

 

—¿Hoy en los invernaderos? —preguntó Harry mientras Neville le pasaba unos guantes de piel de dragón y un cesto.

—Estaba pensando en el Bosque, si te parece bien.

—Sin problema —Harry tiró su bolsa a un lado y cogió su capa para abrigarse. Metiendo los guantes en su bolsillo, él y Neville caminaron en silencio, disfrutando de la compañía, hacia el borde del Bosque Prohibido, donde el sol se asomaba entre las nubes. La semana pasada, durante su período libre compartido, se habían resguardado de la humedad y la tormenta en la cálida y acogedora cocina, mientras los elfos domésticos los mimaban con montones de galletas de butterscotch.

—Estoy buscando esquejes de malvalisco, plangentines y asplenio para replantar —dijo Neville mientras se acercaban al borde del bosque—. La nueva profesora de Pociones le pidió a la profesora Sprout que los añadiera a su inventario.

—La profesora Avogadro —completó Harry.

—Sí. Me da miedo —Neville no estaba equivocado; Avogadro hablaba exclusivamente con agudas e hirientes ocurrencias, como si fueran armas.

—Aquí vamos —Neville dejó el cesto en el suelo y se agachó ante un montón de lo que parecía una pila de bludgers amarillo-anaranjados con pelucas verdes de musgo—. Plangentines. Son flores, pero sus formas esféricas les permiten capturar el agua de lluvia, que se endulza con los pétalos. —Arrancó la peluca de musgo, despelujó un par de capas de pétalos de la parte superior de la esfera y luego bebió varios tragos del agua que había dentro—. ¿Ves?

Harry tomó la bola de flores, olió el líquido y, no ofendido por el aroma, se tragó el último trago que Neville había dejado. Estaba aguado y apenas dulce, como agua con un muy débil sabor a té con una gota de miel.

—Acabo de enterarme sobre las alma gemela —admitió Harry, sin venir a cuento, devolviendo la bola de flores vacía. La etapa 4 de la Operación ¿PQDHUNEMT? había comenzado.

—Vale —Neville guardó la peluca y la bola vacía en el cesto mientras Harry se agachaba a su lado—. ¿Y qué dijo Hermione?

—Ron nos distrajo. Y lo hizo incómodo.

Neville soltó una risa—. Tiene bastante talento para eso. Mira, ¿ves este sitio aquí, debajo de las hojas? Ahí es donde tienes que cortar. Trata de no derramar el agua, pero no pasa nada si lo haces. —Moviendo el esqueje fresco a un lado, continuó—. Entonces, ¿qué piensas? ¿Sobre las almas gemelas?

—Es una tontería. Pensé que Hermione odiaría todo este rollo del destino, pero hasta ella está a favor. Solo porque es magia del alma. ¡Como si la magia del alma no hubiera sido responsable del infierno que ha sido nuestra vida durante la última década!

—Yo hubiera podido vivir sin la serpiente gigante, la verdad.

—¡Exacto! ¿Y confiar en un maldito tatuaje mágico? —Harry resopló—. ¿Se dan cuenta de que los muggles llevan siglos haciendo tatuajes, no? ¡Miles de años, incluso! ¿Qué detendría a todos esos locos enamorados de tatuarse mi nombre?

—Bueno, por eso tenemos nuestro nombre de nacimiento y el nombre de nuestra alma, ¿no? No pueden tatuarse ni hacer un glamour con el nombre de tu alma si no lo saben.

—¿Mi qué?

—El nombre de tu alma. El que tus padres te dieron en una ceremonia de nombramiento poco después de nacer, no el que aparece registrado en el Ministerio.

—Solo tengo un nombre. ¿Qué ceremonia de nombramiento? ¿Es esto una cosa de los sangre pura?

—¿En serio? ¿Cómo no sabías... Oh, claro. Criado por muggles, perseguido por un loco con forma de serpiente. Vale, los nombres del alma. Sí, es una tradición de sangre pura, pero solo un poco. La comunidad mágica europea lo ideó hace siglos, justo por las razones que dijiste: había casos de magos intentando usar el glamour o pintarse los nombres de los ricos o poderosos para mejorar su propio estatus.

—¿Cómo ayuda una ceremonia de nombres? —Harry preguntó, colocando un plangentín que goteaba junto a los demás—. ¿Y cómo sabe la magia qué nombre usar?

—Les tomó décadas a los Inefables de esa época descubrirlo, pero finalmente descubrieron que las antiguas ceremonias de nombramiento en las que los padres nombraban a sus hijos asignaban técnicamente nombres al alma del niño para que la magia los identificara. Este siempre fue el nombre que la magia utilizaba en los asignamientos de nombres del alma. Así que, para proteger las líneas familiares, la riqueza, el poder y esas cosas, los padres empezaron a usar un nombre alternativo en la vida diaria. El nombre que usas todos los días es tu nombre de nacimiento, y el nombre con que tus padres te bendijeron ceremoniosamente cuando eras un bebé es el nombre de tu alma.

Neville se levantó.  —Ya debería haber suficientes esquejes de plangentín. Vamos a la zona del asplenio. —Apartó unas ramas para dejar pasar a Harry hacia un área rocosa llena de helechos.

—¿Y cómo funciona para los nacidos de muggles? ¿O para personas como yo, que fueron criadas por muggles? ¿Qué pasa con las personas que cambian su nombre? —Harry estaba lleno de preguntas.

Apoyando una rodilla en una roca para sacar cuidadosamente las raíces de un helecho de asplenio incrustado, Neville continuó con su lección improvisada.

—La magia reconoce el nombre completo de nacimiento de los nacidos de muggles como el nombre de su alma, de la misma manera en que lo hacía con los magos antes. Sin saberlo ni preguntar, puedo asumir con certeza que el nombre del alma de Hermione es el mismo que su nombre de nacimiento. Y se ajusta si la persona cambia su nombre. Para algunas personas, su nombre es tan integral a lo que son, que la magia no asigna los tatuajes del nombre del alma hasta después de que la persona cambie su nombre. Por ejemplo, Wood y Flint. Se conocían desde el primer año, pero no fue hasta que Flint cambió su nombre a Thessalonica y su familia celebró una segunda ceremonia de nombramiento que aparecieron los tatuajes del nombre del alma de ella y de Wood.

—¿Es posible renombrar el alma? —preguntó Harry, impresionado.

—Mientras hagas la ceremonia correctamente, claro. Ahora, ¿recuerdas cómo te dije que es solo un poco de tradición de los sangre pura?

Harry asintió, levantando un palo del suelo para ayudar a sacar las raíces del asplenio entre las grietas rocosas.

—A estas alturas, cada mago que tiene al menos un padre mágico sabe cómo hacer esto. Entonces, tu madre era una bruja, pero sus padres eran muggles, así que no pudieron enseñarle. Pero tu padre era un mago sangre pura, así que no hay forma de que no tengas un nombre del alma diferente al de tu nombre de nacimiento. Lo mismo con Seamus y Dean.

—¿Y cuál es el nombre de tu alma?

—Ah. —Neville frunció el ceño y caminó unos metros hacia otra pila de rocas cubierta de asplenio—. El asunto es…

Harry lo siguió, apresurándose tras Neville. —¿No se supone que debo preguntar, verdad?

Neville hizo una mueca, luego se disculpó. —Lo siento. Sé que no lo dijiste con mala intención, pero es un tema muy tabú preguntar. Es difícil no reaccionar.  

—¿Funcionaría si tratamos con hipótesis? O sea, pongamos que John Smith es un mago. ¿Entonces el nombre del alma de John Smith podría ser algo como, Michael Jones?

—Bueno, no. El apellido siempre será el mismo. Quiero decir, no es mágicamente obligatorio, pero la ascendencia es demasiado importante para los magos como para no hacerlo. La mayoría de las familias tienen pautas tradicionales para nombrar el alma. Así que, en el caso de John Smith, su nombre del alma podría incluir el nombre de su padre, el nombre de su madre, el apellido de soltera de su madre… ¡Oh! ¡Tienes una raíz tan buena! —exclamó Neville, viendo la última plantita de Harry, sin notar los ojos abiertos y sorprendidos de Harry, ni su rostro pálido.

—¿Dónde estaba? Ah, sí, podría incluir el apellido de soltera de la madre, los nombres de los padrinos, apellidos antiguos de la familia… Y cuando digo antiguos, quiero decir que podrían ser de siglos o incluso milenios atrás. Es común que el nombre del alma incluya una variación del nombre de nacimiento, por lo que el nombre del alma de John podría ser Jean o Juan si tiene raíces francesas o españolas. Si su nombre de nacimiento es solo John, el nombre de su alma podría incluir Johnathan.

—Así que, aunque existen muchos patrones comunes para asignar los nombres del alma y los nombres de nacimiento, hay suficiente variación como para que sea casi imposible adivinarlo. Y por eso los intentos de encantamientos, tatuajes o cualquier otro truco para hacerle creer a alguien que eres su alma gemela no son viables. —Neville colocó otro helecho en su cesta y miró hacia arriba—. ¿Tiene sentido? ¿Harry? ¿Estás bien?

Harry estaba recostado contra la pila de rocas, la cesta en el suelo, mirando fijamente a los árboles. Dado todo lo que Neville había dicho, y normalmente tenía razón, al menos en herbología y cultura mágica, esto significaba… el nombre significaba...

—¿Qué? —preguntó Harry, dándose cuenta de que Neville le había hecho una pregunta y procesándola con retraso—. Ah. Sí. Estoy bien.

Harry estaba casi seguro de lo que la explicación de Neville implicaba, pero tenía que preguntar. Necesitaba escucharlo de alguien más.

—Entonces, hipotéticamente, solo como ejemplo, digamos que alguien encuentra un nombre en su cuerpo y dice —Harry respiró hondo—: “Lucius Draconi Emmanuel Malfoy.” Eso significaría que el alma gemela de esta persona hipotética no sería Lucius Malfoy, sino...

Los ojos de Neville se agrandaron y su voz se volvió suave y amable. La hipótesis de Harry no lo engañaba ni un poco.

—El alma gemela de esta persona hipotética es casi con toda certeza, cien por ciento, Draco Malfoy.

 

 


 

 

Harry notó la forma en que los ojos grises de Malfoy se agrandaron cuando Harry lo vio junto al Gran Lago y le dijo: —Malfoy, ¿tienes un momento?  

Harry diría durante años que fue en ese momento cuando notó por primera vez esos ojos, hermosos cuando no formaban parte de una mueca maliciosa dirigida hacia él, cuando estaban abiertos y expectantes, pero estaría mintiendo. Habría sido ciego si no los hubiera notado antes. Hermione le recordaría que ella no era ciega, y que no había notado en absoluto los “brillantes ojos plateados” de Malfoy, pero Harry la ignoraba. ¿Qué tan observadora podía ser, si no había caído rendida ante una vista tan deslumbrante?

Notó lo profundamente que se sonrojó Malfoy cuando Harry se sentó en la colina cubierta de césped y tiró de Malfoy para que se sentara a su lado. Harry pensó con nostalgia en las últimas veces que se habían tocado: aferrándose a la vida con el rugido del Fuego Demoníaco, una lucha brutal con varitas, las manos de Harry tratando de detener la hemorragia en el baño de Myrtle. Pasó una mano por el brazo de Malfoy donde lo había tirado, suave y reconfortante.

Notó cómo Malfoy sonreía radiante, una sonrisa eufórica iluminando su rostro cuando Harry se acercó y no dijo más que:

—Lucius Draconi Emmanuel Malfoy.

Harry diría durante años que fue en ese momento cuando se enamoró por primera vez de la risa alegre y genuina de Malfoy, y esta vez estaría diciendo la verdad. Ni siquiera le importó cuando Malfoy le dio un golpecito en el brazo y exclamó: —¡Eres un completo imbécil! ¡Te lo pregunté hace meses!

Notó la tristeza en el rostro de Malfoy cuando admitió que no sabía, que no sabía nada de todo eso, y luego notó la determinación de Malfoy.

—Te ayudaré —declaró Malfoy—. Te enseñaré todo lo que deberían haberte contado. Todo lo que te has perdido.

Notó la adoración en los ojos de Malfoy cuando le preguntó por el nombre de su alma, y con una voz suave y amorosa, Malfoy le dijo:

—Hariraja Evans Potter. Sabía que no podía haber sido nadie más. No habría querido que fuera otro.

Y cuando lo notó.

Cuando por fin lo hizo.

Bueno, se preguntó cómo había podido pensar alguna vez que esto podría terminar, no, que podría empezar de otra manera.

 

Notes:

TNT: Miren, la autora, autor, autore que escribió esto no publica nada desde 2021; de hecho, esta historia fue la última que publicó. Le dejé un comentario pidiendo permiso, pero subí la traducción sin su respuesta. Ahora, como tengo un poco de sentido común, si esta persona me llega a responder y me dice que no le gustaría que la tradujera o que elimine mi traducción, obviamente lo haré. Dicho esto, bye.

 

TNT: Ah, en cuanto a cuando Draco dice "Harry Roger", se debe a la pronunciación que los ingleses hacen de "Hariraja". Harry no escuchó bien y entendió "Roger", porque además de ciego, también es un poco sordo.