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Ramé

Summary:

Tan caótico como hermosa, era su familia y era tan suya como de él.

 

POR FAVOR LEER BIEN LOS TAGS ANTES DE COMENZAR LEER

Notes:

Aclaraciones

Todos los personajes le pertenecen al gran: Kentaro Miura

Aquí hay:

• Contenido demasiado Fluff demasiado Soft para todo lo que es Berserk
• Personajes muy fuera de personajes :(
• Omegaverse
• Guts: Alfa
• Griffith: Omega
• Embarazo masculino (mencionado)
• Lactancia masculina (mencionado)
• Bebé producto de la unión de un omega y un alfa masculinos.

Una vez aclarado esto, espero que lo pienses antes de leer. Gracias espero que te guste.

Chapter Text

Casca caminaba entre los guardias, devolviendo con una ligera inclinación de cabeza los saludos de algunos de ellos. Sentía las miradas fijas sobre su figura: era la primera vez que usaba la armadura que Griffith le había dado. El escudo de Midland brillaba alto en su hombro derecho, como un emblema de la nobleza de la que ahora formaba parte. Aunque más pequeña que las armaduras de otros caballeros, esta pieza se ajustaba a su figura de manera impecable.

Intentaba mantener una tranquilidad aparente, como su líder le había enseñado a hacer en todo lo relacionado con él. La espalda herguida, un caminar firme y una presencia tranquila ante cualquiera que la viese pasar.

Mientras caminaba, sentía cómo el nerviosismo le quemaba en la piel. Sus manos, ocultas tras su espalda, temblaban de impotencia.

— Un gusto verla, Dame Casca — la saludó Eloise, su voz cálida y fatigada. Se encontraron a mitad de camino. — ¿Le molesta si la acompaño?

— El gusto es mío, Eloise — respondió Casca con una sonrisa que destilaba alivio al verla. Si Eloise estaba ahí, todo debía estar bien. — Sería un placer que me acompañaras.

Eloise dio un par de pasos para alcanzarla y retomar la marcha. Casca no pudo evitar observar cómo la mujer frotaba sus manos con un trapo húmedo, probablemente aún quitándose rastros de la tarea reciente. Quiso preguntar de inmediato, pero temía perder la compostura. En lugar de eso, desvió la mirada hacia el pasillo iluminado por los últimos rayos del sol, que teñían de naranja el paisaje invernal con el aire fresco.

La mujer mayor frotó sus manos para conservar el calor — ¿Hace bastante frío, verdad?

Casca asintió, con la mirada en una de las ventanas con el sol empezando su decenso del cielo — Si, por lo que he escuchado será uno de los inviernos más fríos que pasaran por Midland.

— Entonces tendremos que abrigar bien a los bebés. — comento con simpleza, mientras le sonreía a la mujer morena. La miro con soslayo — Puedes empezar a preguntar, linda, ya no hay ningún guardia.

— ¿Cómo está?¿Cómo están? — la mujer morena se detuvo a mirar a Eloise y colocar su manos sobre los hombros de la partera — He estado rogándole a Guts que me mantuviera informada o enviara a Rickertdesde hace horas, pero no recibí noticias. ¡Ayer parecía que todo estaba bien! — La preocupación la atenazaba. El día anterior, Griffith parecía tan radiante como siempre, sus energías intactas a pesar del avanzado estado de su embarazo. Los doctores decían que faltaban algunas semanas para el nacimiento.

Había confiado en que Guts le avisaría si algo sucedía, pero apenas unas horas atrás se enteró de que Griffith había entrado en labor de parto en la mañana y enfrentaba algunas complicaciones, no sabia que tan grave era, no sabia nada.

Su primer instinto fue correr a su lado, a pesar de que no tenía ninguna relación directa con el niño y líder. Pero las circunstancias conspiraron en su contra. Estaba acompañando a la princesa Charlotte como guardia personal en una fiesta de aristocratas, y aunque intentó varias veces convencer a otros guardias para que se hicieran cargo de la princesa, Charlotte insistió en que se quedara, se nego rotundamente a dejarla ir mientras la arrastraba a unirse más a la fiesta. Quería presentarle a una amiga y no dejó de insistir hasta que aceptó.

Cuando finalmente se le permitió irse, se despidió apresuradamente de Charlotte, de Lady Farnese y del guardián de esta, Serpico. Trato de olvidar el escalofrio que sintio al tener la mirada de Lady Vandimion sobre su persona durante toda la fiesta.

Como si el destino se burlara de ella, al salir se topó con Judeau y le preguntó si sabía algo de Griffith o del bebé, pero él tampoco tenía información. Al borde de perder la paciencia, recordó que le había pedido a Judeau estar pendiente si Guts no la informaba de nada. Finalmente, lograron llegar juntos a los aposentos de Griffith, solo para ser interceptados por un guardia que los llamó a una reunión de emergencia. Apenas terminó, Judeau se quedó conversando para que ella pudiera escapar y alcanzar a Eloise.

Ahora Eloise se encontraba acariciando con delicadeza la espalda de la mujer morena en modo de consuelo porque parecía que estaba a nada de entrar en un ataque de nervios mientras le contaba que había hecho para llegar hasta ahí. Eloise le dedicó una sonrisa tranquila, como si nada en el mundo pudiera afectarla.

La mujer regordeta tenía una suave sonrisa en su rostro mientras seguía acariciando suavemente — Ya, ya. Todo salió bien Dame Casca, su majestad Griffith se encuentra en perfecto estado y el bebé está más que sano.

Casca suspiró, dejándose llevar por la confianza den el trabajo de la otra, quien era toda una experta en su oficio. La mujer mayor le hizo un gesto para seguir caminando, y Casca, más tranquila, se tomó un momento para escoger sus palabras. Cuando Eloise la invitó a avanzar, no pudo contener más la pregunta:

— ¿El bebé es......?

Eloise se detuvo, comprendiendo la pregunta en silencio. Casca la observó detenidamente mientras ella esbozaba una sonrisa suave en la que Casca no distingue una alegría genuina.

— Es igual a su padre — respondio la partera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Casca entró en la habitación, deteniéndose para observar el ir y venir de las damas de compañía que ordenaban los muebles y recogían las sábanas. Sonia, quien doblaba mantas con ayuda de Rickert, levantó la vista al verla entrar y le dedicó una breve sonrisa de bienvenida.

El desorden en la habitación, las cubetas de agua y los trapos teñidos de rojo la hicieron palidecer. Se iba a desmayar en cualquier momento.

Se acercó a la doncella con paso apresurado. —¿Dónde está Gri....

Sonia le hizo un gesto para que guardara silencio. — Shhh. Mi señor está descansando. Por favor, hable en voz baja — susurró la joven rubia con cortesía.

Casca lanzó una mirada acusadora a Rickert, quien al verla se encogió ligeramente, abrumado por la tensión. —¿Y tú? ¿Estás bien? — le preguntó, conteniéndose apenas.

— ¡Te pedí solo una cosa! — le susurró con furia, intentando no alzar la voz.

— No fue como otras veces... había tanta sangre. Griffith estaba de mal humor... — respondió Rickert en un susurro nervioso.

Casca se estremeció al recordar la mención de la sangre. — ¡Con más razón debías decirme!

El murmullo alterado de ambos fue interrumpido por Sonia, quien le dio un leve golpe en la cabeza a Rickert, como una reprimenda. — Rickert, termina de ayudarme con esto — ordenó en un tono firme y, mirando a Casca, añadió: — Dame Casca, puede entrar. Pero por favor, en silencio.

Casca apretó los puños, suspiró y avanzó finalmente hacia la habitación, guardando el silencio que Sonia había pedido.