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Destino (Omegacember 2024)

Summary:

Lo ultimo que pasó por la cabeza de Yuuji Itadori al aceptar la invitación de su tío, era encontrar a su destinado, sin embargo, debe actuar con precaución si quiere vivir su romance con su alfa destinado.

Notes:

Hola gente hermosa! Como están? Espero que disfruten de esta pequeña historia, la cual he tenido en mente desde hace ya tiempo y si, use de pretexto el reto de omegacember para hacerlo!
También advierto un poco de inexactitud histórica y mucho, pero mucho Ooc! principalmente por motivos de trama, habrás más detalles que poco a poco iré aclarando creo, no lo sé, como sea los dejo con el capitulo

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Revelación de casta

Chapter Text

—Ya veo, fueron ordenes de mi abuelo— murmuró con melancolía.

Su radiante mirada de oro se posó sobré el cambiante paisaje que podía ver a través de la ventana. Viendo como lentamente cambiaba junto al ritmo de su vida. Suspiró con pesadez mientras apretaba la suave tela de su kimono.

—¡No lo tome a mal Itadori-sama! Su abuelo lo ha hecho por su más grande bien— animó el beta sentado frente a él. Haibara Yuu, si bien recordaba.

—¿Cómo es él? Mi tío, solo sé que es hermano gemelo de mi padre y vive en la capital— habló el jovencito cuya mirada aun se hallaba en el paisaje.

Quizás fue lo mejor, pues no notó como los betas frente a él se estremecieron al pensar en el tío del menor, así que, tras un breve silencio donde ambos betas discutían mentalmente si hablar con sinceridad o no, finalmente hablaron.

—Su tío es un individualista de moral muy cuestionable, y muy sádico si me lo pregunta— habló el beta de nombre Nanami Kento mientras cruzaba los brazos y veía al menor— Pero debo admitir que no hay quien se le compare, tras la guerra, ha se ha encargado de restaurar la sociedad de hechiceros y personalmente se ha encargado de fortalecer a las nuevas generaciones. Si me lo permite Itadori-sama, no hay mejor persona para cuidar de usted que su tío— Finalizó el joven aun manteniendo la rígida postura.

El chico de ojos dorados solo pudo ver con escepticismo al chico frente a él. Ciertamente asombrado por sus declaraciones, y es que no mentía, no sabía nada acerca del hermano mayor de su difunto padre, pues él y su madre se encargaron de mantener las relaciones familiares muy cerradas, claro a excepción de su amado abuelo quien lo cuidó tras la fatídica muerte de sus padres y la partida de Choso, su hermano mayor, por lo que creció en el campo, demasiado alejado de la ajetreada vida de su tío como para saber más de él.

Su misterioso tío, Ryomen Sukuna. Su abuelo tampoco compartía mucho, rara vez hablaba de su hijo mayor e incluso de sus padres, por lo que aprendió a no darle importancia. Aunque claro, su tío constantemente enviaba el suficiente dinero como para que él y su abuelo vivieran cómodamente en su casa en el campo, e incluso se encargó de que recibiera la mejor educación gracias a los mejores profesores que solo lo más adinerados podían pagar, los pocos lujos que llegaba a tener eran gracias a Sukuna, sin embargo, cuando la salud de su abuelo empeoro obligándolo a permanecer en cama y ser atendido por numerosos médicos fue entonces que una carta llegó a sus manos.

Por primera vez, Sukuna se comunicaba con él y le ofrecía vivir junto a él en la capital, una oferta que cualquiera hubiera aceptado inmediatamente, pero no fue así con Yuuji, quien estuvo a punto de declinar la oferta para seguir al lado de su abuelo, pero el viejo fue firme y un día simplemente despertó y vio un bello carruaje junto a dos jóvenes betas quienes se presentaron como los encargados de llevarlo junto a su tío.

—¡Pero no hay nada que temer! Pues puedo asegurar que en cuanto su abuelo se comunicó con su gran tío y le dijo sus deseos, Sukuna-sama tiró la casa por la ventana para recibirlo como se merece— Dijo de nuevo Haibara con una sonrisa que contagio al menor.

—Ya veo, en ese caso me alegra saberlo— respondió el menor quien nuevamente posó su mirada en la ventana.

El resto del camino se la pasaron en un tranquilo silencio donde el menor seguía viendo el paisaje cambiar, asombrándose cuando lentamente el campo comenzó a cambiar por la urbe en crecimiento. Aunque no pasaron directamente por las calles más transitadas, si pudo admirar un poco más de las adoquinadas calles o las coloridas edificaciones cuyos aspectos comenzaban a semejar a las del occidente. Solo había podido verlas en fotografías, pero jamás pensó que pudiera verlas, e incluso hizo que ambos betas le prometieran acompañarlo a conocer más de la ciudad.

Esta vez más animado, y con una desbordante emoción sacó un poco más la cabeza por la ventana para observar nuevamente el paisaje. Esta vez con una delicada sonrisa en su rostro y cuando pensó que ya no habría más sorpresas; una hermosa lluvia de pétalos rosados lo recibió mientras se acercaban a la residencia de Ryomen Sukuna.

—Se lo dije Itadori-sama, su tío se esforzó para que su llegada fuese lo más cómoda posible— Dijo Haibara mientras Yuuji admiraba los pétalos en el aire.

Cerezos, sus arboles favoritos, su madre y él alguna vez plantaron uno juntos, y por años cuidó del árbol con gran cariño y dedicación; saber que su tío mandó a plantar no uno, sino cientos de cerezos a lo largo del camino a la mansión del mayor, hizo que algo dentro de él lo hiciera sentirse bien, como si estuviera en casa e instintivamente chilló emocionado, más su emoción se transformó en sorpresa cuando logró divisar la gran mansión al final del camino.

—¿Es esa la casa de mi tío? Es muy diferente a lo que pensaba… parece a las de las fotos que manda Choso-nii-san— murmuro el chico en un jadeo.

Desde la lejanía, la mansión se erguía con una majestuosidad tranquila, como si hubiera sido extraída de alguno de las fotografías que su hermano mandaba cada verano, o incluso salido de alguno de los libros que sus tutores lo obligaban a leer.

—Bueno si, digamos que su tío se vio influenciado por la decisión de su buen amigo, Hiromi Higuruma, quien viajo al extranjero y tras el gran incendio de hace siete años es que decidió darle un toque muy… ¿Novedoso? — habló el castaño, pero Kento terminó por darle un golpe en el estomago que lo hizo callar.

—¿Gran incendio? ¿La casa fue incendiada? — cuestionó el chico con curiosidad y preocupación en su faz.

Nuevamente fue el turno de Nanami de hablar.

—Algo así, fue en la guerra de hace cuatro años. En aquel entonces el país se mantenía neutro, pero el país del norte lo tomó como algo negativo y en consecuencia atacaron a los principales pilares del país, entre ellos, se encuentra su tío. El resultado es muy evidente y la casa terminó de construirse hace medio año— explicó el rubio todavía con ese noto neutral y cansado.

—Ya veo… debió ser duro para él, perderlo todo…— respondió el chico aun hipnotizado por el paisaje frente a él.

Finalmente, el carruaje terminó por estacionarse frente a la gran mansión de gran tamaño y nuevamente Yuuji jadeo asombrado. La fachada, amplia y sobria, respiraba una elegancia silenciosa, con la piedra caliza de tonos suaves que cubría sus muros, apenas desgastada, pero aún llena de carácter. El diseño era un diálogo entre dos mundos, con detalles que evocaban tanto la grandiosidad de la arquitectura occidental, así como la serenidad de las casas tradicionales japonesas.

Las ventanas, grandes y alargadas, estaban enmarcadas con madera oscura, tallada con delicadeza en formas clásicas, que contrastaban con las sutiles curvas de las tejas de cerámica que cubrían el techo. La inclinación de las cubiertas recordaba al estilo japonés, con sus suaves pendientes, pero las líneas eran firmes y rectas, características de la arquitectura europea. En la parte superior, los aleros extendían sus sombras largas, creando un juego de luces y sombras que cambiaba a medida que el sol se desplazaba por el cielo.

—¡Bienvenido Itadori-sama! — exclama la servidumbre que yacía de pie listos para recibir al joven amo.

Yuuji lucha por varios segundos para salir de su estupor, frente a él había más de lo que alguna vez pudo imaginar, nada comparado a la humilde cosa en la que se crio y por un instante se siente fuera de lugar ya que jamás había sido tratado con tanta formalidad.

—Itadori Yuuji-sama, su tío lo espera, sígame— Dice una sirvienta vestida con un simple traje negro con un delicado delantal blanco atado sobre su pecho y cintura.

El chiquillo asiente con nerviosismo y se deja guiar por la muchacha mientras los demás sirvientes se encargan de bajar sus pertenencias del carruaje, antes de entrar a la mansión, logra divisar a los betas dando claras instrucciones a los sirvientes de donde llevar las cosas; así que tras una formal reverencia hacía sus acompañantes toma el camino que la chica le indicaba.

Al cruzar el umbral, el suelo de madera oscura se combina con alfombras que suavizan el ambiente, mientras que las paredes, de tonos cálidos y neutros, están adornadas con paneles de madera en estilo tradicional que se desplazan para dividir los espacios, con tatamis en áreas seleccionadas, pero también albergan muebles de líneas elegantes y sofisticadas, como sofás de terciopelo y mesas de roble tallado, la mansión está organizada en varios niveles, con habitaciones que se conectan por pasillos de madera pulida y con grandes ventanales que permitían la entrada de la luz natural.

—Es aquí, espere un momento, por favor— dice la muchacha antes de tocar con suavidad la puerta anunciando su llegada.

Solo un par de segundos después puede oír la gruesa voz de su tío dando permiso de entrar. Entonces la joven sirvienta se inclina con respeto hacía el joven quien responde de la misma forma. Al ingresar, el primer impacto es la sensación de amplitud, acentuada por techos altos con vigas expuestas de madera oscura, contrastando armoniosamente con el resto de la casa. El suelo de madera oscura está cubierto con alfombras, mientras que las paredes tienen paneles de madera y detalles de papel shoji, que suavizan la luz natural.

Y ahí tras una gran mesa de escritorio de madera tallada se complementa con una silla de cuero refinada yace sentado su tío.  Tal y como lo imaginaba, imponente, sofisticado, un vistiendo un sencillo, pero elegante kimono blanco con detalles en azul marino, con un haori negro sobre sus hombros, seguía dando un aire de peligro a su alrededor. Un alfa dominante en todo su esplendor.

Nervioso fijó su mirada en las estanterías de madera albergan libros y objetos decorativos que combinan cerámica japonesa. Por tercera vez en el día, el aire abandona sus pulmones y comienza a sentir el nerviosismo recorrer su pequeño cuerpo, aferrándose a la delicada tela de su kimono rosado para tratar de regular su respiración irregular.

—U-Un gusto verlo, tío Sukuna— Murmuró el chiquillo tratando de que su voz sonara normal.

Una suave risa lo hace darse cuenta de que, al lado de su tío, una hermosa omega de cabellos blanquecinos, vistiendo un elegante kimono negro con suaves detalles en blanco creaba un increíble contraste con el de su tío, lo miraba con una expresión de cálido cariño que atenuó el nerviosismo en el muchacho. Al lado de la mujer, yacía un beta, que a diferencia de los otros dos, vestía un traje occidental de color negro y muy elegante.

—Mocoso, acércate para que pueda verte mejor— Dijo su tío con su áspera voz, haciendo saltar al chiquillo que con lentitud se acercó hasta quedar frente al trio de adultos.

Lo siguiente que pasó fue a su tío preguntar por su viaje y por la salud de su padre; cosa que Yuuji respondió todavía cohibido mientras seguía observando la oficina para tratar de calmarse un poco más, sin embargo, jamás esperó que su tío se levantara de la silla y rodeara el escritorio para poder tomar el delicado rostro del chico entre sus grandes manos.

Fue entonces que Yuuji vio en detalles el rostro de Sukuna, de pie era más alto de lo que ya era, tenía marcas por todo su rostro y un parche sobre su ojo derecho, su cabello rosado era un tono más oscuro que el suyo y perfectamente peinado hacía atrás, dándole un aspecto elegante al alfa frente a él.

—Eres idéntico a tu madre, pero tus ojos, son los mismos que los de mi hermano— dijo el alfa antes de soltar el rostro del muchacho y rodearlo con sus brazos en un fuerte abrazo.

Entonces las lagrimas comenzaron a salir de los ojos del chico quien se aferró al alfa, tal y como si temiera que se evaporara en el aire, sin embargo, solo sintió los fuertes brazos de su tío tomarlo con delicadeza. Con temor aspiro un poco del olor del hombre, olía a incienso, pero esta vez tenía un suave toque dulce, revelando que estaba feliz.

Se mantuvieron así por varios minutos más hasta que el alfa separó al chico con delicadeza y lo invito a sentarse en una de las sillas frente al escritorio, antes de que él tomara de nuevo su lugar. Fue entonces que el beta se aclaró la garganta antes de darle una carta al muchacho quien lo miró dudoso.

—Tu abuelo lo envió una semana después del incidente en Sendai— habló el beta.

La habitación permaneció en silencio mientras Yuuji leía con detenimiento la carta, dejando que nuevamente lágrimas salieran de sus dorados ojos y suaves jadeos salieran de los rosados labios del chico quien al termino de leer dichosa carta la apretó contra su pecho.

Ante la mirada de los tres adultos, el jovencillo llevó su mano al vendaje que se encontraba alrededor de su cuello y con delicadeza comenzó a retirarlas mientras lentamente el lugar comenzaba a llenarse de un suave olor a lavanda y manzanilla, era suave y un poco dulzón. El alfa cerró los ojos disfrutando por breves segundos la fragancia natural de Yuuji, solo para mirar fijamente a su esposa quien asintió con la cabeza, cuando repentinamente oyeron la voz del joven.

—¿Qué sucederá conmigo? — preguntó Yuuji aun sin mirar a nadie.

—Creo que es muy evidente, eres un omega al igual que tu madre, un omega puro, uno en un millón, por lo que estarás bajo la tutela de tu tío Ryomen Sukuna y su esposa Ryomen Uraume, quienes aceptaron cuidar de ti hasta que cumplas la mayoría de edad o te enlaces con tu destinado— Dijo el hombre de traje con voz amable.

—¿Y solo puede ser mi destinado? — Cuestionó el chico levantando la mirada.

—Si, tus padres eran destinados, por lo tanto, es probable que tú también lo tengas, hasta entonces Sukuna-sama y yo nos haremos cargo de ti— dijo la omega con suavidad.

El menor permaneció varios segundos en silencio antes de tocar con suavidad la parte trasera de su cuello, justo donde estaba su desnuda glándula. Una noche antes de dejar su hogar, una de las criadas le colocó un ungüento natural para poder disimular un poco más su olor que lo delataba como omega. No era tonto, sabía lo que significaba serlo, sus tutores le dejaron muy en claro el riesgo que significaba ser un omega sin familia o pareja que lo reclamase, y aun así, odiaba la situación en la que se encontraba.

—Sukuna-sama, los hechiceros, Satoru y Suguru Geto, han regresado y solicitan una reunión con usted— Se escuchó la voz de una sirvienta al otro lado de la puerta.

El alfa suspiró con pesadez antes de volver a posar su mirada en el omega quien aun se mantenía en silencio, por lo que le susurró algo a sus acompañantes quienes asintieron con seriedad antes de que se pusiera de pie.

—No necesitas responder ahora, pero recuerda que debe ser lo antes posible… Esta noche habrá una cena para celebrar tu bienvenida así que, hasta entonces, no causes ningún problema— dijo el alfa quien caminó hasta la puerta siendo seguido por la omega de cabellos blancos —Bienvenido, sobrino mío—