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Conservadurismo en la Torre

Summary:

Aegon lleva dos años de relación con Jacaerys. Después de que la familia paterna de su novio le acepte, este insiste en que es momento de conocer a la familia materna de Aegon: los Hightower.

Notes:

Facebook se fresea y me tiró el post original en el grupo Jacegon, así que para los fetichistas religiosos les traigo la versión extendida.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

« Ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones heredarán el reino de los cielos...» 1 Corintios 6:9

 

El de cabello plateado tragó saliva con nerviosismo mientras conducía hacia las imponentes puertas de la propiedad Hightower. Aquí llegaba el momento que había temido durante semanas: presentar a su exuberante y desvergonzado novio, Jacaerys, a su rígida y ultraconservadora familia materna.

No lo malinterpreten, Aegon no es precisamente un modelo de decoro o decencia, pero tiene cierto respeto por la fe ortodoxa de su familia. Después de todo, es hijo de su madre y aún recuerda todos los rezos, así como la cantidad de veces que fue a confesarse con el mismo Cardenal, quién era muy amigo de la familia, por sentir atracción hacia otro hombre.

"¿Estás seguro de que estás listo para esto, cariño?" preguntó, lanzando una mirada de pánico a Jacaerys.

Su novio soltó una carcajada despreocupada mientras se ponía las gafas oscuras como si fueran una vincha.

"¿Listo? ¡Nací listo para deslumbrar a tus estirados y amargados parientes! Además, somos del mismo contexto socioeconómico, así que ya con eso gané puntos, ¿no?"

Aegon frotó las sienes, preguntándose si había cometido un terrible error al llevar a Jacaerys a esta reunión familiar. "Por favor, solo trata de... comportarte. Estos tipos son como dinosaurios. ¿Recuerdas cuánto le costó a mi mamá aceptar que era gay? Bueno, en ellos será dos veces peor."

"¡Bah! Esos viejos retrógrados no saben lo que les conviene," replicó el moreno, volviéndose a colocar las gafas para mirar por la ventana. "Antes de que te des cuenta, estarán invitándome a unirme a su club de té y a rezar el rosario con ellos."

Aegon simplemente negó con la cabeza y rezó en silencio para que su novio no causara un incidente lo suficientemente problemático como para que todo su avance se echara por la borda.

Cuando las imponentes puertas se abrieron, se armó de valor y avanzó por el largo y sinuoso camino de entrada, sin soltar la mano de su pareja. La propiedad Hightower era aún más grandiosa y abrumadora de lo que recordaba, un verdadero bastión del pasado que parecía mirar con desdén a cualquier atisbo de modernidad.

Al detenerse frente a la entrada principal, las puertas se abrieron de golpe, y una mujer de rostro severo, vestida con un elegante traje vino, apareció ante ellos.

"Aegon, querido," dijo la dama en un tono glacial. "Qué inesperada sorpresa. Y... ¿quién es este joven que te acompaña?"

Tragó saliva, sintiendo que no solo su pariente lo juzgaba, sino también las miles de estatuas religiosas que adornaban la entrada. "Tía Lynesse, este es Jacaerys, mi... mi novio."

Los ojos celestes de la rubia se abrieron al máximo, y sus labios se convirtieron en una delgada línea de desaprobación. "Ya veo. Bueno, entren, entren. El resto de la familia los está esperando."

Cuando siguieron a la dama al impresionante vestíbulo, Aegon sintió la mano de Jacaerys entrelazada con la suya. Apretó su agarre con fuerza, rezando para que su novio no dijera nada inapropiado... o él, ni siquiera podía confiar en sí mismo; cuando estaba nervioso, solía decir o hacer demasiadas estupideces. No puede ser... Aemond tenía razón, realmente era un estúpido, estaba condenado.

Durante el recorrido, el silencio parecía primordial, hasta que Jacaerys se animó a hablar, inclinándose cerca de Aegon.

"Bueno, cariño, debo decir que esta casona es verdaderamente impresionante. ¡Casi me siento como si estuviera en una catedral!" Lanzó una mirada pícara a Aegon. "Me pregunto si habrá algún lugar aquí donde pueda llevarte a rezar conmigo. ¿Quizás detrás de ese altar?"

Aegon sintió que sus mejillas se encendían ante las palabras sugerentes de Jacaerys. "¡Jacaerys! ¡Por favor, compórtate!" siseó en voz baja.

Jacaerys se rió entre dientes. "Oh, vamos, cariño. Estoy hablando de rendir nuestros respetos a tus santos familiares en privado. ¿Ahora eso está mal?" Le guiñó un ojo traviesamente.

En ese momento, un séquito de parientes Hightower apareció, observando a Jacaerys con una mezcla de curiosidad y rechazo.

"Madre, Aegon," saludó una de las primas más jóvenes de Aegon, una adolescente de aspecto adusto. "Qué... sorpresa tener un invitado." Sus ojos se estrecharon con desaprobación.

Jacaerys avanzó con una sonrisa encantadora. "¡Encantado de conocerlos a todos! Soy Jacaerys, el apuesto y afortunado novio de Aegon."

La mozuela arqueó una ceja. "Ya veo. Qué... interesante."

"¡Oh, sí! Eggy y yo hemos tenido tantas aventuras juntos," continuó el Velaryon, ignorando la tensión palpable. "De hecho, la última vez que estuvimos en una iglesia, casi nos atrapan—"

"¡Jacaerys!" Aegon lo interrumpió rápidamente, cubriéndole la boca con ambas manos y su pálido rostro ardiendo en rubor. "Creo que deberíamos ir a saludar al resto de la familia."

Jacaerys se limitó a asentir mientras era guiado por su novio hasta donde deberían estar los demás. Lynesse y su hija los barrían con la mirada, claramente emitiendo un juicio.

"Ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones heredarán el reino de los cielos." citó la muchacha mientras miraba las figuras de Aegon y Jacaerys desaparecer tras un pasillo. "¿Desde cuándo la tía Alicent se ablandó tanto? ¿¡Cómo pudo permitir una blasfemia como esta!?"

"Es culpa de Otto, desde que la alentó a mezclarse con esos pecaminosos y herejes Targaryen, su destino se selló. Ahora tanto ella como sus hijos están condenados... Una verdadera lástima," explicó con pesar aparentemente genuino Lynesse.

 



 

Detrás de una esquina adornada por varias figuras religiosas, Aegon retiró rápidamente las manos de la boca de Jacaerys. Estaba temblando de pies a cabeza, los nervios a flor de piel.

"¡Puedes cerrar la puta boca por al menos cinco minutos?" le gritó, cubriéndose la cara con ambas manos.

Jacaerys se quedó atónito ante el arrebato de su usualmente sereno novio. "¡Aegon! Tú nunca me has hablado tan feo, ¿qué demonios te pasa?"

Entonces Jacaerys notó el temblor en el cuerpo de Aegon y su expresión se suavizó. "Aegon... Eggy, estás temblando. ¿Amor? ¿Todo bien?" Retiró con delicadeza las manos de Aegon y lo envolvió en un cálido abrazo.

Aegon enterró el rostro en el pecho de Jacaerys, la voz quebrada por la angustia.

"Tengo miedo, ¿de acuerdo? Mi familia es demasiado retrógrada y conservadora para esto... Incluso mi propia madre no quiso que viniéramos. Yo acepté solo porque tú estabas tan emocionado por conocer a mi familia materna... Siento que todos nos juzgan."

Jacaerys le acarició suavemente las mejillas y depositó un beso en su frente.

"Aegon, mi amor... Si no querías, me lo hubieras dicho. Somos un equipo, ¿recuerdas? No quiero ser quien te cause el mínimo daño. Si lo deseas, nos vamos ahora mismo."

El Targaryen asintió en silencio y luego le dijo que creía recordar una salida extra por el cuarto de servicio. Una vez fuera, ni siquiera se molestaron en ir por el auto de Aegon. Salieron por la reja hacia los bosques que rodeaban la propiedad y fue allí, lejos de las miradas juzgadoras, donde finalmente sintió que le regresaba el alma al cuerpo. Inspiró profundamente y se fundió en un abrazo con su adorado impertinente.

"¿Uber o Cabify?" le oyó preguntar a su novio con suavidad.

"Cualquiera, solo vámonos. Mandaré a alguien por mi coche más tarde," respondió, aliviado de poder escapar de esa situación.

 

(...)

 

De camino al penthouse donde vivían juntos, pasaron frente a una iglesia. Jacaerys apretó suavemente el muslo de Aegon y le besó la mejilla.

"Aún quiero otra ronda en la iglesia," dijo Jacaerys con una sonrisa pícara.

Aegon suspiró con resignación. "Eres imposible..."

Jacaerys se rió entre dientes. "Me amas."

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Aegon. "Y mucho."

A pesar de los nervios que había sufrido en la casa de los Hightower, Aegon no podía enojarse realmente con su novio. Sí, su familia iba a ser un desafío y dolor de huevos constante, pero mientras tuviera a Jacaerys a su lado, nada más importaba.

"De acuerdo, supongo que podríamos pasar por la iglesia de camino," cedió Aegon, con un suspiro exagerado.

Los ojos de Jacaerys se iluminaron con entusiasmo. "¡Sabía que accederías! ¡Eres el mejor novio del mundo!"

 



 

Jacaerys presionó su frente contra la de Aegon mientras intentaba recuperar el aliento. Su mirada ámbar se elevó para encontrarse con el violeta de su novio, y simplemente se miraron. Aegon no pudo evitar notar lo oscuros que se habían vuelto los ojos del Velaryon. ¿Era lujuria? O tal vez solo era la luz tenue que se filtraba a través de las vidrieras del sacro recinto.

El moreno estaba deslizando sus manos debajo del dobladillo de la sudadera con capucha de Aegon. "Tu piel es tan suave", dijo, rozando sus narices. "¿Es normal que las iglesias me pongan caliente?"

"Solo sé que se siente igual de incorrecto que la primera vez". Aegon no pudo evitar reírse. ¿Por qué no podían ser una pareja normal y hacerlo en el coche o en un motel? ¿Qué pensaría su abuela si se enterara de esto, justo delante de Jesús?

"¿Verdad? Es tan raro que estemos en una puta iglesia... y somos tú y yo y..." Jacaerys parecía debatirse entre el arrepentimiento y el deseo.

"No, deja de hablar, idiota". Aegon sonrió, presionando sus labios ligeramente sobre los de él. "Y sigue besándome".

Jace se burló de la impaciencia del mayor, rodando los ojos, y lo besó con hambre. Su lengua exploró cada rincón de la boca ajena, mientras sus dedos se colaban bajo la ropa de Aegon. Fue directo a sus pezones, acariciándolos hasta que las puntas rosadas se endurecieron, lo que provocó una sonrisa en Aegon, pues no le tomó casi nada de tiempo.

"Joder, necesito..." Aegon se ahogó entre beso y beso, sin estar exactamente seguro de lo que necesitaba, pero sabía que era Jacaerys.

Las manos del Velaryon estaban perdidas entre los rizos albos, inclinando la cabeza de Aegon hacia atrás para pellizcar su garganta. "Usa tus palabras, niño bonito".

Aegon tragó saliva. ¿Acaso no era obvio? A veces parecía que su novio disfrutaba haciéndole esperar, cuando era él mismo quien siempre se esforzaba por encender la pasión.

"Necesito que me folles", finalmente escupe Aegon, sintiendo que se le escapa la cordura.

Jacaerys está chupando la piel justo en el punto donde se unen el hombro y el cuello, y Aegon está completamente seguro de que va a perder la cabeza. Su cuerpo se siente como si tuviera una descarga eléctrica constante atravesándolo, y su novio está palmeando su propia polla a través de la ropa interior. Oh Dios, ¿cuándo se desabrochará los pantalones?

"Mierda", murmura, mientras se deshace la polera de Jacaerys con manos temblorosas. "Siento que voy a explotar".

Aegon se ve tan delicioso, la luz tenue ilumina sus mejillas sudorosas, tan enrojecidas. Su pecho sube y baja mientras intenta obtener tanto oxígeno como puede. Ya parece totalmente jodido, y Jacaerys apenas lo ha tocado.

"Lo sé, cariño, está bien", responde Jacaerys, deslizando su lengua lentamente por la curva de su cuello hasta llegar a su oreja, comenzando a besar y chupar el lóbulo. "Déjame adorarte".

Aegon siente que está a punto de venir, y la mano de Jacaerys ni siquiera está en su polla. Se sonroja de vergüenza mientras desabrocha torpemente sus propios vaqueros. ¿Por qué actúa como un estúpido puberto virgen? ¿Es el efecto de las iglesias, quizás?

 

(...)

 

Hay algo estimulante en no poder ver ni usar sus manos. No puede anticipar ninguno de los movimientos de Jacaerys, dónde o cómo lo va a tocar; solo puede imaginar y esperar pacientemente. Esto hace que su corazón se acelere en su pecho, la excitación recorriendo sus venas como lava líquida, dejándolo desesperado por más.

Siempre había estado abierto a probar todo con su novio, pero ¿una estola sacerdotal como antifaz? No sabe si es más enfermo eso o el uso que le han dado al aceite de crisma. Antes creía merecer siquiera el purgatorio; ahora sabe que se irá directamente al infierno.

Sale abruptamente de sus pensamientos cuando Jacaerys lo levanta. Intenta recuperar el equilibrio a ciegas, apoyando ambas manos en la pared llena de cruces frente a él, mientras el Velaryon sustituye sus dedos por su polla y comienza a amarlo con un ritmo rápido.

Ahora todo lo que le importa es el golpeteo de Jace contra él, el chasquido de sus caderas, el aceite consagrado dentro de él, más que solo lubricante; es una blasfemia, lo sabe, pero qué bien se siente.

Siente que va a estallar de placer con cada respiración ruidosa y estertor de Jace; cada célula de su cuerpo grita por más. Es la mejor sensación; se arruinará si alguna vez la pierde. "Te venero, Jace, te venero", sale de él sin esfuerzo y con seriedad.

Ni siquiera se da cuenta de que lo está diciendo una y otra vez. Ama a Jacaerys como un santo a su dios, y ama su mente retorcida, sus manos inteligentes que lo sostienen, y su voz tranquila diciendo cosas retorcidas.

Siente que Jacaerys lo folla con menos coordinación, y lo siente entrar dentro de él con un gemido apenas audible, colapsando contra él. Puede sentir el semen haciendo hormiguear su cuerpo, haciéndolo venir también; se siente pleno.

Es con un grito que Jacaerys amortigua a medias con una mano en su boca. Luego se quedan allí un minuto; Aegon respira pesadamente, Jacaerys inmóvil.

Aegon arriesga su oportunidad y le empuja hacia el altar, montando al que lo hace sentir tan bien, olvidando rápidamente la miseria, la ira y la culpa. Se da la vuelta y mira esos hermosos ojos almendrado, besándolo suavemente en los labios.

Jacaerys permanece inmóvil, pero lo deja.

"Te venero, Jace", quiere decirlo una y otra vez.

 

Notes:

Bueno como dije antes, esto lo escribí en el Uber. Sucede que pasé cerca de una iglesia y recordé la mayoría de cosas que pasé con mi familia ultraconservadore antes de salir del clóset y quise llevarlo en mi ship.