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Medianoche

Summary:

Cuando piensan y sienten demasiado, se buscan a la medianoche.

Notes:

notes! ♡

i. Si hay errores en la gramática y línea temporal, finjan demencia. Es entretenimiento, no una tesis.
ii. Solo un poco de mimos ante este domingo raro.
iii. Sean amables, todavía no le agarro la mano a subir historias acá desde el celular. Disfruten <3.

Work Text:

 Ya eran pasadas las doce de la noche y el calor de Austin seguía notándose. A pesar de la habitación climatizada, Lando no podía conciliar el sueño. Su mente iba a mil por segundo no encontrando una solución rápida. Su compañero parecía ajeno a su ansiedad durmiendo plácidamente y por un minuto lo envidió. Suspiró frustrado dando vuelta otra vez en la cama antes de agarrar su celular para revisar sus redes sociales buscando algún entretenimiento o algo de su interés donde poner su atención, como era de esperarse; no lo consiguió. Resignado entró a WhatsApp y el nombre de la persona que parecía no querer abandonar su mente apareció debajo del contacto de su mejor amigo.

 Desde que el piloto argentino había ascendido de la Fórmula 2, había revolucionado todo. Si bien ambos ya se conocían y habían compartido mucho tiempo juntos, el piloto inglés estaba cayendo fuertemente por el chico. Las charlas eran interminables, el acompañamiento y el apoyo era mutuo, las demostraciones de afecto que ambos juraban que eran desapercibidas, todo de a poquito fue calando profundamente en ellos a un nivel enloquecedor al tener que guardar silencio por la incertidumbre del sentir del otro.


Franco :)
On line


heeey, estás despierto?

siii

yo también!

jjajsj si, eso veo
qué pasó??

puedo molestarte
un segundo?

siempre me estás molestando:p
pero mandale mecha pa


sos malo
qué harías si hipotéticamente
estaría en tu habitación ahora mismo?

meterte de los pelos a la cama
a dormir, tarado
estás ansioso, no? 🤨
seen


Lando sonrió ante el mensaje. Miró a su compañero asegurándose de que siga dormido para levantarse y escabullirse fuera de su habitación con una campera liviana y sus ojotas. Caminó cautelosamente hasta el ascensor sintiendo que lo que estaba haciendo era un delito, a pesar de la hora se movía con cautela, nunca se podía confiar del todo ni en su propio equipo. Sentía su cuerpo picar de anticipación, una pequeña dosis de adrenalina corriendo por su sistema al hacer algo que no debe ante los segundos que tardó la caja metálica en abrir sus puertas en el piso donde los pilotos de Williams descansaban.


Franco :)
on line

abrimee
estoy afuera

eh
yo no te invité

y?
estoy afueraa

harto me tenés 😒

no es verdad, me querés;)

por desgracia, tenés razón 😔😔



El inglés escuchó la puerta destrabarse y la imagen de un Franco sonriente le dió la bienvenida. No esperó que hablara para meterse de prepo a la habitación notando una parcial oscuridad debido al velador al lado de la, que suponía, cama del menor y el frío del aire acondicionado lo abrazó.

—Tenés suerte que Alex se fue con George —comentó Franco con la intención de molestarlo acostándose otra vez en su lugar—. ¿Querés dormir en su cama?

 Franco no terminó de hablar siquiera que Lando ya se había tirado a su lado acomodándose bajo la frazada blanca y quedando lo más pegado a él posible. El menor dejó cargando su celular para darse la vuelta quedando cara a cara con el inglés que parecía perdido en sus propios pensamientos. Se animó a llevar una de sus manos a su mejilla tocando con delicadeza los lunares a la vista intentando que le prestara atención. Quería saber qué tenía tan ansioso a su amigo, colega, chongo, no sabía cómo definirlos y si podían hacerlo. Pero tampoco quería presionarlo a hablar aunque parecía que lo único que funcionaba con Norris era exactamente eso: la presión.

 Lando sintió cosquillas en su mejilla soltando una leve risita y eso pareció traerlo de nuevo al presente. Suspiró resignado ante la imagen que la poca luz le devolvía del menor: sus rulos desordenados, la preocupación en su expresión y esos labios que tanto quería volver a tocar. Cerró sus ojos con fuerza e inmediatamente sintió los dedos tibios pasar delicadamente por su cejas.

—¿Estás bien? Me está poniendo un poco nervioso tanto silencio —murmuró Franco.

—Si, si. Mi cabeza no se calla, perdón.

—¿Querés contarme que pasa?

 El inglés estaba en duda. ¿Cómo podía explicar algo que no le salía? Tenía sus días donde no estaba seguro de sí mismo al cien por ciento y tenía dudas de todo; su vida profesional, él mismo como persona, sus decisiones. Sumándole el caos de sentimientos por ese chico que parecía disfrutar de la atención de todo el mundo sin pudor. Se sentía patético por estar así.

—Lando.

 Fue rápido el movimiento. Habían cambiado de posición confundiendo del todo al argentino que terminó sentado en el abdomen bajo del inglés mientras que este solo lo abrazaba por la cintura escondiéndose en su cuello mientras se acomodaba en el respaldo de la cama.

 En la mente de Franco, las canciones populares tuvieron realmente sentido “Okupa”, “Rompecabezas de amor”, “Suerte”, “Más allá”, “Antes y después” y un largo repertorio de Taylor Swift y sus favoritos ochentosos se reproducen. No iba a negar que él, amando dormir, estaba despierto porque el inglés no abandonaba su mente también y se había imaginado miles de escenarios así donde todo se desvirtuaba.

—¿Me escuchaste? —Lando mordió con poca fuerza su cuello queriendo su atención escuchando un leve jadeo de su parte y se separó unos centímetros para poder verlo.

—No, perdón. Ahora el que no sale de su mente soy yo. —Jodió—. Me estás contagiando tu ansiedad, salí.

 Lando ya cansado de sobrepensar y que su confesión no había sido escuchada se arriesgó a acunar las mejillas del menor para besarlo de una manera exasperada. No fue correspondido por los primeros segundos, pero Franco rodeó su cuello con sus brazos y le siguió el ritmo desesperado.

 Todo había escalado rápido. Sus manos no se quedaban quietas y todo era una forcejeo ante sus propias barreras por el esfuerzo físico que requerían en unas horas para la clasificación. Se separaron por falta de aire, pero unieron sus frentes a la vez que recuperaban el aliento. Se sentían distintos, visiblemente más relajados y el ambiente tenue movió algo dentro de ellos.

—¿Eso me estabas diciendo? Que poco original —molestó Franco y rió cuando Lando pellizco con suavidad su cintura.

—No. No voy a repetirlo, eso te pasa por no prestarme atención —reclamó el mayor con un puchero.

—Bue. ¿Justo vos estás hablando de falta de atención? Esos gatos atrás tuyo no dicen lo mismo. —El primer palazo. No sabía qué podía salir de eso, pero ya que estaban en el baile, iban a bailar

—Es verdad que no me escuchaste, muppet. —Lando se burló cambiando de posición otra vez, recostando al argentino sobre el colchón y subiéndose él encima usando sus manos como soporte para no aplastarlo—. Solo te lo repito porque sos muy lindo: me gustas un poco mucho y no sabía cómo decirlo. Parte de mi ansiedad era por eso y también por lo que pasa en la pista, pero ese es otro tema. Esos gatos que decís no son otra cosa que el pasado.

—¿Me perdí tu confesión por pensar en canciones de Taylor Swift? Dios, lo hubieras hecho mejor, inglesito —provocó Franco con diversión, pero era solo una fachada. El chico por el que hace demasiado tiempo se moría, le estaba correspondiendo sus sentimientos y no huyó cuando vió esa parte de él que tanta pena le daba, esa parte de su esencia que tenía que controlar porque el mundo de un día a otro le dijo que no estaba bien. No sintió esas supuestas mariposas, no sintió esa ansiedad catalogada como buena: una calma y calidez arropó su pecho. La confesión, tal vez espontánea, era una confirmación de que nada estaba en su cabeza y acertó a todo el magnetismo que había cuando estaban en la misma habitación.

—Prometo hacerlo mejor mañana. —Aseguró el piloto británico y lo volvió a besar con delicadeza—. ¿No te parece raro entonces?

 El argentino rió viéndolo acomodarse para taparlos con la frazada ¿cómo le explicaba que desde que se conocían sus sentimientos no se fueron por nadie más?

—Lando, nos acercamos mucho más desde que subí de categoría, pero ¿te acordas de esa cena de fin de año? ¿La segunda vez que coincidimos con el entrenador? ¿Nuestro primer beso en la fiesta de Gonza? No hubieras hecho nada si yo no quería lo mismo. —Franco se sinceró, subiendo su mano acariciar su mejilla viendo sus hoyuelos aparecer al sonreír—. Vos también me gustas mucho, inglesito.

 Lando siento como toda la ansiedad y el temor se había drenado de él. La tranquilidad lo abrazó permitiendo relajarse después de tanto tiempo con la guardia alta en una lucha constante por controlar sus emociones en la pista como fuera de esta. Se acomodó lo mejor que pudo contra el menor dejándole un pequeño beso sintiendo el sueño apoderarse de su organismo. Franco sintió la mano callosa posarse sobre su cintura por debajo de su remera y suspiró sintiéndose feliz.

 El sueño los alcanzó a ambos y ya no tuvieron palabras para decir en ese momento. Las confesiones, las citas oficiales, las noches juntos, todo vendría a partir de ahí. Las piezas se empezaban a acomodar y nada podría hacerlos ir marcha atrás.