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Dicen que las mejores relaciones empiezan de maneras extrañas.
Y lo más probable es que tengan razón.
Anubis nunca había sentido un olor tan peculiar.
No era el típico olor que él, Osiris o Hades tenían. Ellos solo tenían un rastro de las almas que con cada día aumentaban en el inframundo. Pero no era un olor similar al que le llego a su nariz.
Era un olor a muerte, parecido al que algunos humanos arrastraban por el peso de tantas muertes que manchaban y dejaban marcas al caminar. Pero incluso era diferente a eso. Había un toque de nostalgia, tristeza y tragedia.
Anubis siguió el olor, buscando a el dueño. No se dio cuenta (o lo ignoro por completo) de que había terminado en un pequeño jardín, atraído por su curiosidad. La melodía de una lira pronto se extendió por el lugar, lo ignoro deliberadamente, concentrando su atención en su nariz.
No espera encontrarse a Apolo, sentado sobre el verde pasto, tocando una lira dorada con una maestría que cualquier músico profesional envidiaría. No hay una gran sorpresa, cómo cualquier otro hubiera reaccionado. No. Anubis solo se acerca como un cachorro curioso. Apolo nota la nueva presencia, pero solo deja de tocar cuando el dios egipcio tiene su rostro a centímetros del suyo. El brillante dios parpadea un par de veces, desconcertado por la cercanía.
Anubis arruga su nariz, olfateando el aire.
El olor a muerte proviene de ahí.
"Hueles a muerte" declara, sin apartarse.
Apolo muestra una de sus típicas sonrisas, luego de recuperar la compostura. Pero Anubis sigue olfateando el aire.
"Quizás confundes mi perfume. Aunque confundirlo con algo tan obscuro es... curioso"
"Oh no, estoy casi seguro de que viene de ti ¡Seguí tu rastro por millas!"
Anubis toma e rostro de Apolo con poco cuidado, entre sus filosas uñas.
"Olor a muerte ¿eh?"
"No es parecido a algo que antes haya olido" Anubis frunce el ceño, no esta contento en no obtener una respuesta, especialmente con algo en lo que se supone que es su especialidad ¡especialmente cuando es un dios tan antiguo!
" Si voy ha morir al menos espero que sea de una manera hermosa y glamurosa"
"¡No, No, No! estoy seguro que no es tú muerte. Es trágico"
Apolo parpadeo sorprendido un par de veces, hasta que sonrió ligeramente.
"... Bueno, eso es algo interesante ¿Eh? Sabes, eres el primero en decir algo así sobre mi" contesta el dios del sol, soltando una risa.
Anubis cree que Apolo es raro.
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La siguiente vez que se encuentra con Apolo es casualidad, esta vez no se acerca a el dios en busca de repuestas por el olor. Su curiosidad siempre ha sido mucha, así que al ver la teatralidad con la que Apolo actúa le hace preguntarse si el dios es así de llamativo todo el tiempo.
" ¿Los rayos del sol te siguen naturalmente al ser considerado dios del sol o solo es un truco de iluminación barato?"
Apolo parpadea confundido, al igual que la vez pasada. Alza su cabeza y observa a Anubis, que está sobre una columna, en posición de un perro de caza listo para saltar sobre su presa.
“¿Truco barato?”
“Eres muy llamativo ¿Actúas así siempre?” continuo “¿No te cansas? Debe ser cansado”
Antes de que el dios del sol pudiera responde, Susanoo no mikoto irrumpió en la escena, golpeando fuertemente a Anubis en la cabeza.
“Anubis, tienes que dejar de ser tan grosero” regaño suavemente, mientras cargaba al dios egipcio como costal de papas “Lamento las molestias, dios Apolo, últimamente esta mas inquieto que de costumbre”
El japones se dio media vuelta, para irse, mientras Anubis se retorcía y pataleaba buscando liberarse, pero le resulto difícil ante el fuerte agarro de Susanoo.
Apolo parpadeo varias veces, aturdido “Vaya”
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Ha Apolo le sorprende un poco que Anubis vuelva luego de eso.
Esta vez no es el único afectado.
Se encontraba disfrutando de un baño junto ha algunas de las ninfas. Risas por aquí y allá. Hasta qué el agua salpica el rostro del dios, los gritos de sus admiradoras resuenan por todos lados, su cabello termino mojado y algunos mechones pagados a su cara.
“¿Pero qué…?”cuando logra abrir los ojos, luego de la sorpresa inicial, se encuentra con el rostro de Anubis bastante cerca del suyo “¿Tu?”
“Hola” saludo el dios egipcio, ignorando por completo sus alrededores.
“¿Tiendes a entrar mucho de esta manera?” Murmuro. Anubis por su parte se inclino, olfateando a Apolo descaradamente. Los chillidos y el cuchicheo de las ninfas aumentaron, especialmente luego de que Apolo inclinaba su cabeza hacia aun lado, permitiendo mejor acceso a su olor “Si sigues haciendo eso, podría llegar a pensar que estas cayendo bajo mis encantos ¿Sabes?”
“No eres mi tipo” dijo, mientras hacía una mueca algo exagerada de disgusto “Demasiado brillante”
Se soltaron algunas exclamaciones ofendidas, mientras Apolo se llevaba una mano a al pecho.
“¿Cómo puedes decir algo como eso cuando interrumpes en mi templo de esa manera en mi templo?” Chillo.
“No quiero cagar brillos si te muerdo”
Apolo jadeo. Mientras las ninfas intercambiaban miradas entre los dioses. “¿Disculpa? ¡Podría ser tu tipo si quisiera!”
“Lo dudo mucho, solecito” fue lo único que Anubis contesto antes de saltar fuera del agua e irse.
El lugar se quedo en silencio, las ninfas miraron a Apolo, esperando alguna reacción de su parte.
“¡Actúa de esa manera y se atreve a ponerme un apodo!” Se quejo, mientras se cruzaba de brazos “Qué mal educado” farfullo.
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La próxima vez que Anubis interrumpe en su templo, es igual de ruidoso que la anterior.
“¿Qué se supone que haces?”
No le sorprendió tanto como la otra vez, pero aún así, la voz del dios egipcio fue suficiente para que el lápiz labial, qué Apolo estaba aplicando en sus labios, se desviara en forma de una mancha.
Tuvo que respirar un par de veces para calmarse, sintiendo como la ira se apoderaba de él. Era paciente con muchas cosas, con su maquillaje no.
Inhala y exhala.
No lo convertirás en un Hot dog. Se repitió mentalmente.
“Ah, otra vez tu” murmuro mientras intentaba apaciguar su enojo. A tientas, tomo un pañuelo para limpiar el espantoso accidente.
Anubis, ajeno al peligro, se bajo con agilidad del marco de la ventana sobre la cual había estado muy bien equilibrado “¿Qué le paso a tu maquillaje? ¿Es algún nuevo estilo o algo así?”
Apolo se giro lentamente, clavando una fuerte mirada sobre el dios intruso qué se encontraba a unos pocos pasos.
“Voy a matarte”
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Mientras Susanoo se encontraba esperando al ansioso dios que lo acompañaría el día de hoy, se encontraba un poco distraído en pensar algunas habilidades que practicar más tarde.
“Susanoo” su línea de pensamientos se vio interrumpida por la voz familiar. Se giro rápidamente, para recibir a su compañero.
“Anubis, al fin…” se detuvo al atragantarse con sus propia saliva al observar al dios egipcio, quien tenía el rostro repleto de marcas de besos, aunque eso parecía no perturbarlo para nada, manteniendo su habitual energía juguetona.
“¿Qué?” Cuestiono Anubis ante el rostro de confusión de el Japonés “¿Tengo algo en la cara?”
Susanoo abrió la boca para dejar salir un ruido ahogado. Si saber si comentar sobre el llamativo lápiz labial que en ese momento adornaba su cara.
“Nada”
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Mientras Apolo hacia su rutina de cuidado de rizos, su templo se mantenía en un agradable silencio, era una agradable mañana para disfrutar.
Hasta que su momento de paz acabó.
“¡Emboscada!” Grito Anubis mientras habría las puertas de golpe.
En un rápido movimiento, Apolo tomo la botella de perfume qué estaba cerca, apuntando y rociando al dios directamente. Anubis estornudo repetidas veces antes de recomponerse, empapado en el dulce olor que le producía un cosquilleo en la nariz.
“¡Agh! Así no es como se reciben a los invitados” se quejo, mientras agitaba los brazos “¡Qué olor más dulce! Es horrible”
“Es un perfume que va acorde conmigo. Es divino, hermoso, glamuroso.” dijo mientras baja la botella qué tenía aun en mano “Debes de dejar de entrar de esa forma. Casi me provocas un paro cardíaco ¡Y soy un dios!”
“Eh, no”
Apolo parpadeo confundido, deteniendo sus quejas “¿Cómo dices?”
“Que No”
“¿Qué no, qué?” insiste.
“Ese perfume. No lo necesitas” dijo Anubis, mientras se desplomaba en el suelo de dramaticamente.
“¿Ah si? ¿Y por que no?”
“Ya tienes tu propio olor. El perfume solo lo opaca”
Apolo ladeo la cabeza a un lado, con curiosidad “¿Cuál es ese dichoso olor?”
“Girasol, miel, laurel y el olor a muerte que solo un genial dios de los muertos como yo puede detectar”
Apolo parpadeo, sorprendido, aunque rápidamente logro recobrar su compostura. Una sonrisa tranquila se extiende por su bello rostro “Eres él único que me dice esa clase de cosas”
“¿Enserio?” Apolo solto un sonido afirmativo “Pensé que con lo ególatra que eres, harías que tus admiradoras te dijeran cosas como esa todo el tiempo”
Anubis recibió una risa del dios del sol como respuesta. El silencio volvió a reinar entre ambos, lo cual era una sorpresa. Apolo había regresado a su rutina de embellecimiento, tarareando alguna canción que especialmente ese día le gustaba más. Anubis estaba al borde del aburrimiento, no esta acostumbrado a estar quieto mucho tiempo. Así que cuando sintio que no podía más, se levanto, listo para irse.
“Tu hueles a tierra mojada, pero el toque de jazmín me gusta”
Anubis se detuvo a medio camino, fijo su mirada en Apolo, que no había despegado su atención del espejo, actuando con normalidad, como si ese comentario no fuera la gran cosa. El dios egipcio salio decidió no comentar nada al respecto, así que salio de ahí con su habituad actitud enérgica.4
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“Honestamente, pensé que te quejarías más de mi presencia” comento Anubis.
“¿Quejarme?, ¿Por qué lo dices?” el dios del sol ladeo la cabeza, fingiendo ignorancia.
“Te creía más arrogante”
“¿Más arrogante de lo que ya soy?” pregunto Apolo, llevando una mano a su pecho. Anubis soltó una risa “No tengo razones para quejarme. Así es tu forma de ser, es la forma en que demuestras tu propia belleza. Además de que eres de los pocos dioses que no es una compañía horrible”
“¿Eso es un alago?” cuestiono con burla.
“Te lo digo yo, ¡claro que es un alago!” farfullo con indignación “ Pero no te acostumbres demasiado”
“¡Y ahí esta el Apolo de siempre!” Anubis extendió sus brazos, señalando a Apolo “Por un momento empezabas a preocuparme. Por un momento pensé que te habían cambiado”
El dios del sol bufo, sin saber si mostrarse irritado o divertirse.
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“¡Apolo, Apolo!” grita Anubis mientras entra, prácticamente pateando una de las dos grandes puertas del templo. Es segundos se encontraba arriba de la gran mesa del comedor, un gran lugar para observar a Apolo comer, que parece bastante tranquilo. Algunas ninfas se quejaron ruidosamente he intentan bajarlo de la mesa, pero les resulta imposible.
“¡Esta arruinando el mantel!”
“¡El señor Apolo no debe soportar esto!”
“¡Por favor, bajesé ahora mismo!”
“Anubis” contesto el brillante dios, mientras se comía otra uva “Te he dicho que no interrumpas de esa forma, algún día mataras a alguna de mis ninfas del susto”
“¿Y a mi que?” murmuro desinteresado.
Algunas ninfas saltaron indignadas, listas para echar al dios egipcio de una vez por todas, pero Apolo reacciono más rápido y le tendió un plato a Anubis justo debajo de su nariz. El dios egipcio parpadeo confundido. El plato tenía algunos corazones de pollo, perfectamente preparados, que instantáneamente hicieron babear a Anubis y arrebato el plato de las manos de Apolo, para comenzar a devorar.
“Si que tienes un buen chef” hablo entre bocados “Debería llevarlo para que me prepare platillos así más seguido”
Apolo se río entre dientes, mientras tomaba una fresa para degustar. “Lo siento, pero abandonar mi templo no esta mis planes”
Anubis aparto su rostro de su plato, confundido, pasando su mirada entre las ninfas y Apolo.
“¿Qué?”
El dios de sol se encogió de hombros “Mencionaste que te gustaban los corazones de pollo ¿no?”
Anubis parpadeo un par de veces, antes de inflar su pecho con orgullo y miran a las ninfas con superioridad, quienes se cruzaron de brazos y le miraban con enojo o celos, una de ellas incluso le hace una pedorreta de manera infantil.
“Dios presumido” dijo una de ellas.
“Ni crea que ha ganado” concordó otra.
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Una de las nuevas actividades diarias de Anubis cada que visita a Apolo es pelear.
“¡El señor Apolo no puede oler a muerte!”
“¡Es inaudito!”
“¡No lo es!” contesto Anubis “¡Soy un dios de la muerte! ¡Puedo oler el olor de muerte y tragedia de Apolo desde kilometros!”
Pelearse con las ninfas.
“¡Alguien tan hermoso como él no puede oler a algo tan horrible!”
“¡Horrible seras tu!” gruño la respuesta.
“¡¿Disculpa?!”
“¡Por eso yo soy el favorito!”
“¡Eso no tiene nada que ver!” chillo una de las ninfas.
“¡Señor Apolo, dígale algo!”
El brillante dios, que era el tema de la discusión, se encontraba sentado en una silla acolchonada. Entretenido al ver como se desarrollaba la pelea frente a él. Cuando la atención se dirigió hacia él, hizo un gesto pensativo, fingiendo meditar la respuesta.
“Bueno, beauties, creo que en esta disputa estoy del lado de Anubis” Las ninfas se mostraron incredulidad “Ese olor es resultado de experiencias, incluso si fueron poco agradables, qué me hicieron ser aún más hermoso de lo que ya era. Así que no puedo negarlo”
Anubis inflo el pecho con orgullo, presumiendo su victoria de esa ocasión.
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Una de las tantas veces en las que se encuentra con Apolo, Ares lo usa de escudo, intentando ocultar su musculoso cuerpo de la presencia del dios.
“¡Pero si es mi diosamigo Ares!” Apolo, extiende sus brazos con elegancia, para saludar.
“¡Aléjate!”
A Hermes suele divertirse con estas interacciones, y siempre es una gran oportunidad para chismear con Apolo sobre un nuevo escándalo que haya surgido. Sigue los movimientos teatrales de Apolo con su mirada, recordando el evento de la reunión.
Se tarda un poco en darse cuenta de las pequeñas mordidas marcadas en las manos de Apolo, son apenas perceptible, pero están ahí. Mordidas en sus dedos que pasaban desapercibidas.
“Perdón por interrumpir esta hermosa reunión” dijo para llamar la atención “Pero, Apolo, ¿qué es lo que tienen tus manos?”
El dios ladeo la cabeza, sin comprender, hasta que pareció entender lo que Hermes quería decir y simplemente sonrió.
“Ah~ ¿Te refieres a esto?” Miro con indiferencia los distintivos sutilmente rojos, qué Anubis había dejado esa mañana. Estaba demasiado inquieto, y decidió que usar al brillante dios Apolo como un juguete para morder “Es parte de mi nuevo estilo”
Tanto Hermes como Ares le miraron con confusión.
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Hermes es un chismoso.
No es una novedad para nadie, aunque prefiere ser llamado alguien que se informa. Es la única forma en la que puede divertirse cuanto tiene que soportar a su padre Zeus
Por eso, aveces puede llegar a ser divertido asistir a las reuniones entre panteones, siempre puede descubrir algo nuevo. La calve estaba en “aveces”, ya que en ese momento, las cosas estaban siendo bastante aburridas.
Heracles estaba a su lado y Ares intentaba alejarse lo más posible del trono de Apolo mientras le mandaba miradas furtivas, que milagrosamente había decidió presentarse esta vez (Hermes lo arrastro en contra de su voluntad) a la asamblea.
Podía ver como el dios del sol tamborileaba sus dedos en el reposabrazos de su trono de oro, podía ver el fastidio en su cara y solo por eso la reunión estaba valiendo la pena.
Aparto su mirada del irritado Apolo, para intentar concentrarse en los discursos sumamente largos de los presentes. Fue un pequeño descuido, pero luego de que se extendieron aun más, Hermes decidió verificar el estado de Apolo y su se había derretido en su propio aburrimiento.
Para su sorpresa, la expresión ligeramente molesta de su hermano había desaparecido, en su lugar lo reemplazaba un gesto más relajado, acompañado de una de sus típicas sonrisas (que Ares odiaba y las llamaba molestas), mientras ladeaba lentamente la cabeza a un lado para luego hacer lo mismo del otro lado, manteniendo su mirada fija en algo ¿Pero qué era?
Hermes, siguió cuidadosamente la mirada de Apolo para descubrir a quien veía con tanto interés. Su sorpresa solo aumento al ver a Anubis, dios del panteón egipcio, de cuclillas mirando a Apolo con la misma intensidad, con una sonrisa que dejaba a relucir sus colmillos.
Si Anubis inclinaba su cabeza hacia la izquierda, Apolo seguía el gesto, había pocos momentos en los que parpadeaban ya que si Apolo lo hacía Anubis sonreía como si hubiera ganado algún torneo e incluso me sacaba descaradamente la lengua, mientras Apolo se cruzaba de brazos y miraba hacia otro lado, para después volver a su extraña interacción.
Hermes se obligo a parpadear y apartar su mirada de la rara escena que se desarrolla frente a él y frente a todos ¿Cómo es que nadie más se había dado cuenta? Estaban siendo demasiado obvios.
El mensajero suspiro. Quizás solo se trataba de otras de las excentricidades de Apolo y esto no significa nada.
¿Cierto?
