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Hoy, Liu Qingge llegaba un poco más tarde de su clase de artes marciales mixtas. Con los músculos ardiendo satisfactoriamente, empujó la puerta de entrada de su apartamento. Xiao Tang lo estaba esperando en el recibidor, su cola esponjosa temblando por la alegría de verlo otra vez. Derrotando ante la ternura de su gata, Liu Qingge se inclinó, rascando el mentón y las orejas oscuras.
Con un golpe sordo, Liu Qingge dejó su bolso de deporte en el piso del recibidor. Más tarde se encargaría de sacar la ropa sucia. Xiao Tang estaba más que feliz por olisquear su bolso y refrescar las marcas que ha dejado cientos de veces.
En realidad, su nombre completo era Tangtang Gongzhu, pero Liu Qingge preferiría morir antes de llamarla así.
━Bienvenido a casa, Qingge.
Sentado en una de las sillas de la cocina, Jiang Cheng levantó la vista de su teléfono para saludarlo. Con una pequeña sonrisa estirando sus labios, Liu Qingge sintió como la calidez inundaba su pecho.
Impulsado por una necesidad, Liu Qingge se inclinó para robarle un suave beso de los labios a su esposo. Contento por su hazaña, se dejó llevar. Repartió besos sobre sus mejillas, en el puente de la nariz y puntuando sus pómulos, en la sien y el centro de su frente.
Como si pudiera leerle el alma, Jiang Cheng simplemente comentó:
━Yo también te extrañé.
El sonido de una bolsa de plástico siendo movida viró su atención de su encantador esposo. Sobre la barra de la cocina Xiao Tang curioseaba un paquete transparente, golpeándolo suavemente con su pata.
━Xiao piao piao, deja eso, después te conseguiré tus propios dulces.
Acariciando el lomo de Xiao Tang, Jiang Cheng la alzó con cuidado y la dejó sobre el suelo.
Xiao Tang maulló descontenta.
━¿Qué es eso?
Recogiendo el paquete de la barra, Liu Qingge pudo ver que se trataba, en palabras de Jiang Cheng, de unos dulces redondos. Pesándolos en sus manos, cada uno era casi del tamaño de su palma, de color crema y con un relleno que parecía caramelo.
Jiang Cheng dejó de juguetear con Xiao Tang para abrir la bolsa.
━Los vende una de mis compañeras de la oficina. Me recordaron a los macarons, pero ella me explicó que son cosas distintas ━Jiang Cheng sacó uno, revisando la etiqueta━. Se llaman alfajores y estos son los más sencillos, rellenos de… ¿dulce de leche? Y coco. Así que pensé que quizás te gustarían.
A Liu Qingge adoraba los dulces.
Encantado por el gesto, Liu Qingge tomó uno con cuidado de no romperlo. Era suave al tacto y olía ligeramente a coco. Curioso, se comió la mitad de un solo mordisco. Se le desmoronó en la boca. Suave, como había acertado, y ligeramente arenoso; un toque de coco le inundó primero la lengua. Luego, un sabor dulce que no había probado antes; era como el caramelo, pero con un deje lechoso que le pareció único.
━¿Qué tal?
Liu Qingge levantó la vista. Jiang Cheng estaba apoyado sobre la barra, con la barbilla acunada en su palma. Sonreía, los hoyuelos marcando preciosos relieves en sus mejillas. Sus ojos de acero brillaban, con adoración. El cabello oscuro enmarcando su rostro.
━Me encanta.
Declaró Liu Qingge con el corazón en la mano.
